viernes, agosto 29, 2014

SENSACIONAL TREPADA A LA TORRE DE SANTA MARIA DE ENOL



22 y 23  de agosto de 2014
   
Llegó el esperado día del Refugio de Vegarredonda. Salimos a las 4 de Oviedo, un poco apurados para llegar a la cena del Refugio, que empieza a las ocho. Era nuestro compromiso y teníamos algunas dudas al respecto, aunque contando también con la amabilidad de Marta y Javier Malo. Así que apurados y sin parar. A las seis y cuarto parábamos en Les Valeres. Está neblinoso y para llegar hay que atravesar la nube espesa que rodea las cumbres del Cornión.
 
Y llegamos. Los primeros a menos cuarto, los más a las ocho y los rezagados a las ocho y cuarto. Llegamos bastante mojados por la espesa neblina que nos envuelve. A las ocho y cuarto, con puntualidad prusiana nos sirven una reconfortante sopa, una buena ensalada y una exquisita carne guisada. Además hay un rico bizcocho borracho de postre. Hacemos una tertulia muy agradable, con el comedor del refugio hasta los topes.

Encargamos el desayuno para las siete y media y algunos optimistas poner la alarma del móvil para las siete. Un poco de tertulia a la puerta del refugio y casi enseguida a envolverse con la manta. Hace frío y la manta queda un poco escasa. Más teniendo en cuenta que algún gracioso se levantó de noche y decidió refrescar nuestras ideas dejando la puerta bastante entreabierta. En mi escapada nocturna compruebo con satisfacción que la noche está muy estrellada.

Así que antes de las siete ya estamos danzando. Desayuno rápido para los veinticinco. Y preparando el equipo en una madrugada hermosa y fresca. Acaban de llegar cuatro refuerzos pistonudos. Salimos como tiros que queda mucha tela que cortar. Otro grupo de ocho nos sigue más despacio para hacer una alternativa por La Fragua y Justillagar. Se sube a un ritmo endemoniadamente rápido. Es para entrar en calor. Dos horas hasta el collado las Merinas.  Está amaneciendo sobre las cumbres cercanas, un señor espectáculo. A lo mejor no lo valora la gente porque es algo gratuito que sucede todos los días. Pero si te paras a pensarlo es un regalazo.

El camino por el Jou Luengo, muy rápido. Orientamos a una pareja que tira al Jou de Las Pozas.  Empezamos a subir a la Horcada Santa María. Más descompuesta que nunca. Algunos optamos por subir por el cordal de rocas que hay a la derecha. Y prácticamente todos tardamos casi lo mismo se suba por donde se suba.

Descendemos unos 50 metros al Jou Santo. Apabullados por su belleza sin par. Situados bajo la inmensa corta de la Grieta Rubia, giramos un poco más al norte para cogerla en buena trepada algo más abajo, evitando el famoso paso empotrado del medio.

La primera subida es una gateada francamente divertida. No hay sensación de peligro y eso que el patio es imponente. Pero los agarres son muy buenos y la montaña está llena de repisas.

En la primera terraza dejamos las mochilas, no todos, claro, por el miedo a que alguien “no nos homologue, como en la Morra”. Luego entramos en la Grieta propiamente dicha: es un primer semitubo que se sube pegándose a la pared. Cuando ya hemos pasado casi todos y sólo queda Julio metido en el falso túnel, un rebeco aparece en lo alto y baja, a toda velocidad por entre en medio de todos. Nuestro amigo de Ponferrada se pega como lapa a la roca. Los saltos que da el animal son prodigiosos y suelta a su paso una lluvia de fina piedra. Ha sido todo cuestión de segundos, pero a mí me vale para tomar conciencia de los peligros que puede surgir en cualquier momento. Este era un buen sitio para subir con casco.

Hay un ligero descanso y otro tubo fácil de superar. Bajan dos montañeros, armados para la escalada. Se admiran del numerosísimo grupo que está subiendo. Ahora hay que dar la vuelta a un peñón redondo o superarlo por encima. Cada uno como puede lo supera, los más con un gran abrazo a la piedra. Manolo no pierde comba en todos los pasos difíciles. Miguel, Mariano, Silvio se desviven por ayudar a todo el que necesita una mano y una tranquilidad suplementaria.

Llegamos a la parte más complicada. Se trata de pasar por un corredor, pegados a una llambria totalmente lisa y sin agarre alguno. Tiene mucha  caída. La gente lo pasa muy bien, con la condición de no mirar abajo. Ahora todo es más fácil. Agarrándose a las aristas se supera el último tramo. Taboada dirige muy bien esta expedición. Miguel está en la zaga orientando el paso de los últimos.

Salimos al collado sobre la Aguja de Enol. Se ve en las Barrastrosas las señas del campamento de los espeleólogos. Hay por lo menos dos personas en la Peña Santa. Giramos a la izquierda para subir por un canalizo fácil que nos pone en la cumbre. Son las doce menos cuarto. Veinte personas haciendo cumbre, en la segunda cima del Cornión. Orgullosos de haberlo logrado, orgullosos de ser de Las Xanas. A mí me dijeron hace muchos años: “todo el que sale un par de veces con Las Xanas, es de Las Xanas”. Pues, aplicaros el cuento amigos Julio, Maxi, Tomás, Elena, Fany, Isabel, Txomin.

El grupo se ha comportado admirablemente y nos felicitamos todos en la cumbre. Asturias está debajo de la nube. Pero vemos los montes de alrededor, la Torre del Medio y la del Torco llaman mucho la atención. Mariano se va a explorar la bajada del Corredor del Marqués por la cara Norte que para muchos es más fácil que la sur, aunque es mucho mayor el riesgo de caída de piedras y que también hay que tener en cuenta el nevero permanente.

Media hora en la cima. Salimos con pena de dejar este tan extraordinario balcón. Algunos suspiros por el miedo a la bajada. Pero nos hemos repartido de una forma muy equilibrada y todo el mundo tiene el apoyo que necesita. Se baja bien, aunque en progresión lenta. Superamos la llambria lisa. Llegamos hasta las mochilas. Dioni, premio a la desgracia, ha parado con su cuerpo dos piedras perdidas. Afortunadamente sólo un raspón. Y eso que el aviso de que caen piedras de los que vienen por detrás es frecuente. Toda prudencia es poca y con Las Xanas se aprende incluso a andar por encima de los chinarros sin soltar ni una esquirla.

Ahora, para bajar hasta el nevero del Jou Santu, seguimos hacia la izquierda entrando por una sucesión de canalizos bastante verticales. Algunos pequeños atascos son inevitables con tanta gente. Por fin salimos al nevero,  casi permanente, vista la cantidad de nieve que acumula. El grupo hace una pequeña parada de aprovisionamiento. Bienvenida parada para los lentos del grupo entre los cuales me incluyo. Será por aquello de parar a hacer fotos que siempre es una buena y artística excusa.

Reanudamos la marcha. El sol hasta se agradece saliendo del Jou Santo. Volvemos la vista repetidamente a la enorme Torre de Santa María de Enol no creyéndonos del todo el haber hollado sus alturas voladas. Ahora miramos la cara norte de la Torre con su corredor del Marqués cortándola por el medio. Algún día quizá caiga, amigo Felix… Vete preparándote para ello. La sección de mujeres del grupo (por no llamarlo “sección femenina” de tan malas connotaciones históricas) estuvo a la altura con notable alto: Chapeau para Gripi, Dioni, Tere, Lia, Elena, Maria José.

Sobre las cuatro estamos en Vegarredonda otra vez. Para recoger las mochilas y tomarnos una cervecita. Agradecemos a Javier el refugiero sus atenciones. Y tomamos una decisión “arriesgada”. Como no teníamos bastante decidimos bajar por Justillagar, por nada “pa conocelu…” Y allá vamos quince quijotes a meternos una paliza suplementaria a la que ya teníamos encima. Estuvo bien, entramos por vaguadas desconocidas que resultaron ser admirablemente bellas. El único problema es que hay que volver a subir la larga cuesta del Collau por el Caleyón del Francés para descender a la primera vega. Son tres seguidas, separadas todas por pequeños altos que hay que superar para volver a descender. Un rompepiernas continuo. Qué le vamos a hacer. A cambio todo está precioso, de un verde radiante, son rincones que respiran paz. La presencia de ganado es numerosa. Incluso encontramos una enorme vaca, recién fallecida. Ya hay algún buitre oteando la carroña. Su trabajo sin duda, como algunos malditos políticos… pasando por el paso de Entreporros (se llama así, sin ninguna lectura suplementaria, ¿eh?) llegamos a la Fuente de la Vergüenza desde donde podríamos haber salido a la Vega de Enol, como creo que hicieron Peña y sus acompañantes.

Pero no lo íbamos a hacer fácil. El camino que cogimos era el “directísimo” así que llegamos, tras dura remontada a un paso sin salida a no ser que bajes al profundo tajo del río Resecu, aquél de la discusión con Jorge en una remontada con espesa niebla. Así que reconocimos el sitio nada más verlo. Aquella vez Silvio acertó y no nos queda otra que bajar hasta el Resecu, que hoy lleva agua corriendo. Luego, cuando entramos en la cascada de la Meona, el río se sumió, aunque la bajada sigue siendo muy resbaladiza. Salimos a la vega del Bricial, el tercer lago cuando llueve. Volvemos a subir, otra cuestecita, para bajar a la Ercina, superar la vega y volver a subir por Entrelagos a la Buferrera donde nos esperan impacientes los demás expedicionarios. Llevan aquí, en Sohornín, desde las tres de la tarde. Nuestra bajada desde Vegarredonda nos ha llevado tres horas y cuarto. Están ateridos de frío envueltos por la espesa neblina “meona” que todo lo moja. Así que muertos de cansancio bajamos a Cangas de Onís, para por fin, reponer algunas de nuestras mermadas fuerzas. Y eso que la gente está exultante por el día y la ascensión acometida. Yo les miro atentamente y aparentemente no veo  casi nadie cansado. Y me pregunto: “¿Serán humanos?..."

El próximo sábado 30, rematamos este montañerísimo mes con la subida al Prau desde Torrebarrio parta pasar a los Fontanes y descender por el Canalón del Buey y la Forqueta del Portillin a Tuiza. Gloriosa excursión tras los pasos de Lueje. Naturalmente hay una alternativa. El tiempo da bueno aunque nublado. Así que no tenéis excusa. Apuntaros.

FRESINES

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