6 de septiembre de 2014
Transcurrió buena parte de
nuestro verano montañero con buenas sensaciones, varios miles de metros de
desniveles salvados y un clima bastante bueno para hacer cumbres. Pero llegó
septiembre y con él el calor. La ruta de hoy ya es larga de por sí pero cuando
empezó a apretar el sol se hizo bastante más dura de lo que ya es de por sí.
Los del tiempo, unos agoreros
dando grandes tormentas para el fin de semana que sólo se cumplieron aL final
del día. El caso es que madrugando y todo no empezamos la ruta propiamente
dicha hasta las 10 de la mañana. Teníamos permiso para subir como grupo pero
todavía nos retuvieron algún tiempecito en el control de acceso. El ALSA tenía
prioridad, qué cosas. El caso es que comenzamos muy bien. Fuerte ritmo de
subida, sabiendo que la ruta es muy larga.
Las vistas sobre la Torre de
Santa María y los Traviesos, inmejorables. Allí estuvimos hace dos semanas;
parece que ha pasado un siglo. La Cemba Vieya aguantando su capa de nieve hasta
la próxima nevada. Mucha actividad alrededor de la Vuelta Ciclista que mañana
sube por aquí. Vamos cortando recto hasta Belbín para coger luego el camino de
la Brañarredonda (1h), bajo el Cabeza Redonda, y otra más para la de Camplengo
Vieyu. En teoría estamos cerca del Pico. A partir de aquí es más bien difícil
orientarse por la sucesión de jous y parés que no facilitan una localización
más exacta. Mientras se ve el Jascal es más fácil y allí suben los Tres M
(Manuel, Mariajosé, Miguel) más Hugo de escudero. Empezamos a subir en serio
por el camino bien trazado. El Collado Verancielles cae finalmente, rendido a nuestras botas. Nos
circundan las inmensas paredes grises marcadas por surcos de lapiaces, canales
profundos en la dura roca. Por algo llaman a esta zona Los Jondones.
A cada depresión sucede otra, y
eso significa que hay que remontarla para bajar al hoyo y volver a subir por el
otro lado. Cuento hasta doce grandes depresiones aunque alguna la podemos
salvar por encima. Una de ellas, la majada Beresna, tan idílica, tan solitaria,
sólo cabras y rebecos. Han pasado casi tres horas y todavía no vemos la silueta
del Llerosos tapado por los montes de las estribaciones. Las majadas bastante
verdes para esta época del año. Un pastor de Camarmeña me explica que, aparte
de que ha llovido mucho y hecho poco sol, el rocío de la mañana es un buen
riego para el pastizal.
Ya en la Horcada Los Bueyes. Nos
pasamos de frenada y vamos a entrar al pico más al oeste de lo que estaba
previsto. El esfuerzo lo vamos a pagar con media hora más. Subimos bien,
sorteando pequeños desmontes y pasillos de roca, pisando por encima de las
afiladas cuchillas. Miguel llama desde la cumbre. Han corrido como galgos,
seguramente el terreno que pisaron era bastante mejor que el nuestro. La
primera subida tiene algo de engaño porque superado un gran desnivel hay que
volver a bajar algo a una gran hoya para enfrentarse a la última cima
propiamente dicha. Llegamos a las tres menos veinte. El calor ha hecho estragos
en la tropa.
Nos da el tiempo justo para hacer
los ritos habituales, foto, tarjeta, identificación de cumbres. Las fotos desde
este mirador son excepcionales en la vista suroeste-sureste. Nunca habíamos apreciado
con tanto detalle la Aguja Saint-Saud y la Torre Labrouche clavadas a la
derecha de Torrecerredo, donde esperamos estar la semana próxima.
A las tres
menos cinco abandonamos con pesar la cumbre. Cuando se está tan poco tiempo en
la cima no da tiempo a recuperar, por lo menos esto me pasa a mí. La
meteorología está acompañando, el cielo bastante empedrado, no tiene ninguna
pinta de llover. Bajamos literalmente en línea recta, siempre al oeste,
siguiendo perfectamente el track que nos mandó Peña. Gracias a su descripción
teníamos claro que no había que equivocarse al escoger el valle de bajada.
El único problema estuvo en el
propio terreno en el que continúa desfilando una sucesión de profundísimos
hoyos. Cada vez cuesta más remontarlos. Por fin salimos por un alto
desviándonos inmediatamente a la majada Beceña (1478), por el Valle Terenos,
para buscar agua que alivie nuestra sed. Ángel tiene buena vista y bajamos a
“abrevar” en un agua no muy limpia, no muy fresca, pero que cumple su cometido.
Seguimos la canal de las Vacas (?) que baja por pasillos de roca de una
depresión a la siguiente. Más sube y baja. No seguimos el camino de la
descripción pero hasta aquí no abandonamos buenas sendas de ganado. Cuando
salimos por fin con vista al Murallón de Amuesa (desde esta altura se ve
bastante más pequeño) estamos a medio camino entre Ondón y Pregüeles. Es el
camino que buscaba Ángel. La caída parece vertiginosa. Y sin embargo estamos
seguros de que hay una senda de comunicación entre majadas. Recordamos el día
en que estuvimos en la Ciella, con Senén y Jorge, nada menos, categoría
montañera especial.
Ángel baja a explorar, le siguen
Manuel, Mariajosé y Hugo. Los demás nos tentamos la ropa y rectificamos en
dirección a la Canal de la Bobia que está muy cerca, siguiendo la cabaña
Esmenadorio. Entramos en la Canal, son las cinco menos cuarto. Veo muy difícil
poder arraancar el autocar de vuelta a las siete menos cuarto como estaba
previsto. La Canal de la Bobia cada vez está más desmontada. A pesar de eso se
baja bien, con cuidado por la piedra suelta. Vamos dando todos los giros y
contragiros con el Picu siempre protagonista. El camino gira hacia la pared, la
zona de las temidas ortigas. Más vueltas y revueltas hasta la primera cabaña.
Luego entramos al bosque. Todavía quedan más de veinte minutos a Camarmeña.
Lo primero que buscamos es la
fuente para mitigar la gran seca que llevamos. Luego el conocido bar amarillo
de Camarmeña donde paramos lo justo para tomar una cerveza. Otro cuarto de hora
y abajo. No pudimos comunicarnos por falta de cobertura, así que pensamos que
tendrán algo decidido sobre la hora y la manera de salir el autocar. Lo primero
que decimos al llegar es que no nos importa marchar ya. Pero lo tienen bastante
bien arreglado y van a poner un segundo conductor desde Oviedo. Eso nos da un
margen de veinticinco minutos para comer y sobretodo para beber. Gracias a la
organización.
El próximo fin de semana volvemos
a ir de refugio, esta vez al de Urriellu. Queremos hacer la subida a
Torrecerredo. Las plazas del autocar están todas cubiertas aunque no sabemos si
fallará alguien. Habría que mejorar la manera de gestionar el apuntarse a un
refugio para evitar las vacilaciones de quien organiza este lío. La tarde de
llegada hay varias ideas de lo que se puede hacer. Consensuaremos una ruta o
dos en el autocar. Evitando darnos una paliza pues al día siguiente la tenemos
garantizada. Puede ser el mejor remate de este exigente calendario que nos
hemos impuesto este verano. Sólo hace falta que el tiempo acompañe un poco. No
hacer demasiado caso a los meteorólogos locos.
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