20 de septiembre de 2014
A punto de empezar el otoño, con
las fiestas de San Mateo encima, las Xanas vuelve al monte. Esta vez al valle
del Curueño, maravilloso, cercano en la distancia, lejano por carretera.
Llegamos hasta el corazón mismo de Vegarada, el refugio cerrado.
Sopla un viento terrible, frío,
desapacible. Ascendemos por la larga cuesta hacia Fontanillas, región de
lagunillas y llamargas. Los ricos arándanos endulzan la dura remontada con su
sabor acidillo. Bordeamos el Cueto Cabanas y seguimos ascendiendo en diagonal
por el amplio valle glaciar que da vista a Vegarada. El viento trae algo de
agua. Está tapado por arriba y hay dudas. Entramos por la Portilla de Faro,
singular formación entre peladas formaciones de pizarra.
Al pasar al valle siguiente el
viento se convierte en incómodo protagonista. Hace frío y sólo queda seguir
ascendiendo para entrar en calor. Hasta la Collada de Faro. Subir hasta la cima
de Faro es muy fácil, aunque la niebla no deja ver mucho. En un momento despeja
y se pueden ver multitud de cumbres que rodean Vegarada, incluidas las cercanas
del Jeje y el Nogales y las más lejanas de San Isidro. La cima es una bajada
bastante bien escalonada de buena piedra y volvemos a la collada. Para volver a
subir a continuación al Huevo que ahora también se ha destapado. Gran vista a
los valles del sur de León, especialmente la formación geológica de las Hoces
de Valporquero, tan quebradas.
Bajamos por un lateral de la
cumbre siempre al oeste. Vamos a seguir todo el cordal hasta el final. Y es un
rato largo. A media ladera sobresale de la hierba un inmenso corredor de
estratos calizos; dan la impresión de que sostienen la montaña. Pasamos junto a
la cima del Pico Llastres, desde arriba del Faro vimos sus numerosas lagunillas
en la vertiente de Vegarada. A lo lejos muy abajo, se ve una cantera en
explotación. Llama la atención por el corte horizontal y blanco de la piedra.
Pasamos varias cumbres menores todas por encima de los dos mil. Para afrontar
finalmente la subida de La Morala, el gran vértice en la media luna que estamos
trazando.
El viento ha moderado un tanto,
sale el sol tímidamente. Descansamos un poco. Seguimos la cuerda de las peladas
montañas. La pizarra desecha hace formaciones increíblemente talladas por la
erosión del agua y los vientos. Pasamos por El Restallar y bajo el Bustaquero.
La travesía se empieza a hacer larga. Acortando por el cortafuegos se llega
subiendo otra vez al Pico de la Ablazosa. Desde aquí se ve un pueblo, Cerrulleda,
y la tentación es dirigirse a él bajando por el largo valle.
Una franja caliza y bastante
vertical nos impide seguir el viaje. Habría que rodearla por debajo. Eso supone
Bajar mucho. Hay que hacer una “xanada”: de frente por el barranco para tirar a
la derecha a una bajada encajonada entre rocas en la que hay que echar las
manos para hacer un pasillo sencillo de bajar. Mucha piedra poco asentada.
Pasamos al otro lado para comprobar que todavía no estamos en el valle de
Redipuertas que tenemos que seguir a los sierros Negros, subiendo por su gran
cortafuegos. Desde allí comienza la larga bajada que va rodeando el monte por
una buena pista rural. Interminable pista, algo embarrada. Fácil para la
conversación. Salimos a la carretera. Medio kilómetro hasta Lugueros.
El autocar a la entrada del
pueblo. El río Curueño baja alegre, fresco. Meter los pies es múy agradable.
Lavados y planchados, listos para comer. En la terraza del bar. Viendo el
puente rústico de tres ojos sobre el Curueño y con el fondo del pico Bodón. ¿Se
puede pedir más? Es el cumple de Gelu y nos invita a las bebidas, cafés y
licores. Gracias y que cumplas muchos. Después del chupito ni nos acordamos del
frío de la mañana.
Para empezar el otoño volvemos a
Somiedo. Partiendo del precioso pueblo leonés de La Cueta vamos a subir a la
Mortera y al Pico Las Morteras para acabar en Lago de Valle, bajando después al
Coto de la Buenamadre, donde daremos por finalizada esta preciosa salida.
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