miércoles, septiembre 24, 2014

FUIMOS AL HUEVO DE FARO



20  de septiembre de 2014

A punto de empezar el otoño, con las fiestas de San Mateo encima, las Xanas vuelve al monte. Esta vez al valle del Curueño, maravilloso, cercano en la distancia, lejano por carretera. Llegamos hasta el corazón mismo de Vegarada, el refugio cerrado.

Sopla un viento terrible, frío, desapacible. Ascendemos por la larga cuesta hacia Fontanillas, región de lagunillas y llamargas. Los ricos arándanos endulzan la dura remontada con su sabor acidillo. Bordeamos el Cueto Cabanas y seguimos ascendiendo en diagonal por el amplio valle glaciar que da vista a Vegarada. El viento trae algo de agua. Está tapado por arriba y hay dudas. Entramos por la Portilla de Faro, singular formación entre peladas formaciones de pizarra.

Al pasar al valle siguiente el viento se convierte en incómodo protagonista. Hace frío y sólo queda seguir ascendiendo para entrar en calor. Hasta la Collada de Faro. Subir hasta la cima de Faro es muy fácil, aunque la niebla no deja ver mucho. En un momento despeja y se pueden ver multitud de cumbres que rodean Vegarada, incluidas las cercanas del Jeje y el Nogales y las más lejanas de San Isidro. La cima es una bajada bastante bien escalonada de buena piedra y volvemos a la collada. Para volver a subir a continuación al Huevo que ahora también se ha destapado. Gran vista a los valles del sur de León, especialmente la formación geológica de las Hoces de Valporquero, tan quebradas.

Bajamos por un lateral de la cumbre siempre al oeste. Vamos a seguir todo el cordal hasta el final. Y es un rato largo. A media ladera sobresale de la hierba un inmenso corredor de estratos calizos; dan la impresión de que sostienen la montaña. Pasamos junto a la cima del Pico Llastres, desde arriba del Faro vimos sus numerosas lagunillas en la vertiente de Vegarada. A lo lejos muy abajo, se ve una cantera en explotación. Llama la atención por el corte horizontal y blanco de la piedra. Pasamos varias cumbres menores todas por encima de los dos mil. Para afrontar finalmente la subida de La Morala, el gran vértice en la media luna que estamos trazando.

El viento ha moderado un tanto, sale el sol tímidamente. Descansamos un poco. Seguimos la cuerda de las peladas montañas. La pizarra desecha hace formaciones increíblemente talladas por la erosión del agua y los vientos. Pasamos por El Restallar y bajo el Bustaquero. La travesía se empieza a hacer larga. Acortando por el cortafuegos se llega subiendo otra vez al Pico de la Ablazosa. Desde aquí se ve un pueblo, Cerrulleda, y la tentación es dirigirse a él bajando por el largo valle.

Una franja caliza y bastante vertical nos impide seguir el viaje. Habría que rodearla por debajo. Eso supone Bajar mucho. Hay que hacer una “xanada”: de frente por el barranco para tirar a la derecha a una bajada encajonada entre rocas en la que hay que echar las manos para hacer un pasillo sencillo de bajar. Mucha piedra poco asentada. Pasamos al otro lado para comprobar que todavía no estamos en el valle de Redipuertas que tenemos que seguir a los sierros Negros, subiendo por su gran cortafuegos. Desde allí comienza la larga bajada que va rodeando el monte por una buena pista rural. Interminable pista, algo embarrada. Fácil para la conversación. Salimos a la carretera. Medio kilómetro hasta Lugueros.

El autocar a la entrada del pueblo. El río Curueño baja alegre, fresco. Meter los pies es múy agradable. Lavados y planchados, listos para comer. En la terraza del bar. Viendo el puente rústico de tres ojos sobre el Curueño y con el fondo del pico Bodón. ¿Se puede pedir más? Es el cumple de Gelu y nos invita a las bebidas, cafés y licores. Gracias y que cumplas muchos. Después del chupito ni nos acordamos del frío de la mañana.

Para empezar el otoño volvemos a Somiedo. Partiendo del precioso pueblo leonés de La Cueta vamos a subir a la Mortera y al Pico Las Morteras para acabar en Lago de Valle, bajando después al Coto de la Buenamadre, donde daremos por finalizada esta preciosa salida.

FRESINES

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