29 de septiembre de 2014
Acabamos el mes de septiembre con
esta magnífica excursión por los altos valles de León. Terminamos en La Cueta,
a donde llegamos después de muy largo viaje en el autocar con el conductor
instalado en la calma chicha. El caso es que llegamos, todavía tenemos que
esperar a que pase una inmensa rebañada de vacas sin cuernos, ¡qué curioso! Por
fin podemos salir al aire serrano.
La Cueta pueblo muy arreglado,
del que parten tres caminos, los tres muy conocidos. Bueno, pues por las cosas
de la infraestructura técnica, cada vez más abundante en un grupo de montaña,
me retraso excarvando en el fondo de la mochila. Me esperan Silvio y Miguel. El
resto de la expedición salió volando. El caso es que tomamos el camino de la
Pecha Chana. Nos damos cuenta enseguida de que hemos errado el inicio de la
marcha al bordear la iglesia del pueblo por la izquierda. No hay un segundo
puente, y como llevamos un paso endiablado ya teníamos que haber cogido al
pelotón hace rato.
Un pastor nos señala el camino de
la rectificación, todo con tal de no dar la vuelta atrás al pueblo. Así que
tiramos, y tiramos por encima del río hacia una braña amplia para subir a una
collada de paso donde por fin tenemos comunicación con toda la tropa que marcha
bastante por delante de nosotros por el fondo del valle, que no llegamos a
divisar. Se encontraron en los Prados de Cebolledo un gran rebaño de oveja
custodiado por fieros mastines y tuvieron que dar un pequeño rodeo por encima
para evitar problemas. Para acercarnos a ellos tenemos que superar la larga
cuesta de La Paredina que hace de contrafuerte para entrar en las excelsas
vegas somedanas. No queremos perder altura así que bordeamos y bordeamos esta
inmensa pared. Al final es inevitable perder altura para volver a subir por el
otro lado hacia el paisaje excavado en mil “morteras” que le dan este aspecto
tan característico. El grupo ha seguido subiendo por el fondo en una suave
colina.
Nosotros tenemos que subir, de
frente, para pillarlos. Así que en una dura remontada y siguiendo sendas de
cabras ganamos altura hasta el roquedal que nos separa de la antecima por la
que les hemos visto pasar hace un rato. Varias trepadas por las agradecidas
llambrias y estamos arriba. Siguiendo el filo fácil del cordal llegamos a
continuación a Las Morteras donde nos espera Manuel. El resto del grupo ha
seguido a La Peña Mortera, la máxima elevación del día. Así que volvemos a
descender al collado para subir con facilidad a la Peña, donde están Peña y los
demás. Las fotos picadas con el fondo el Lago del Valle son de las que
difícilmente se olvidan. María, que se estrena hoy con nosotros, ha tenido que
remendar la bota con cinta aislante, esperando que aguante.
Bajamos por una canal que hay a
la izquierda. El grupo donde voy tira de frente separándose del grupo. Yo, por
no hacer otro número, sigo por donde fueron los más. Pero me quedo sólo en un
momento. Ya sabéis como baja esta gente. Total que la canal por la que bajaron
me parece complicada y busco otra más a la izquierda que esta jitada y que
parece menos inclinada. Bajo como un avión, pero esto es largísimo y además la
inclinación es grande y el piso es de areniza suelta. Total que me están
esperando abajo, otra vez. Hoy no es mi día. Les digo que sigan que conozco
bien esta zona. Pero visto como transcurrió el día no se fían. Total que nos
encontramos en Murías Chongas, la más maravillosa de todas las maravillosas
brañas somedanas. Recuperamos el aliento, todos juntos y agrupados, por fin, y
bajamos por la larga pista que acaba empalmando con la pista de Valle de Lago.
Muchos turistas hoy por Somiedo, disfrutando del maravilloso otoño recién
estrenado. Superados los siete kilómetros de rigor, por fin llegamos a las
primeras casas de barrio d’arriba. Como hay tiempo y sed, una cervecita de
camino no nos la quita nadie. Rezamos para que el autocar haya subido hasta el
aparcamiento y no tengamos que bajar hasta el Coto a buscarlo.
No está en el aparcamiento pero
los que hicieron la travesía sin subir a ningún pico lo tienen localizado en la
recurva de la carretera a medio kilómetro del pueblo. Mejor porque hay una
buena fuente donde lavarse. El conductor todo nervioso que tiene que volver
pronto. Bajamos a Pola de Somiedo a comer. Antes de salir del autocar nos
advierte por el micro que tenemos que estar a las siete listos para volver (?).
Son las seis, no dejamos de mostrar nuestra extrañeza. Instalamos una larga
mesa en la terraza y con todo apunto empiezan a caer cuatro gotonas, que pronto
se convierten en lluvia torrencial. Volver a levantarse, volver a instalar una
larga mesa en el interior. Qué gente más amable la de este bar. Poniendo cara
de buena voluntad salimos sobre las siete y media. No sabemos por qué, porque
tenemos contratadas, como siempre, quince horas de autocar.
Ahora el panorama cambió y
volvemos escopetados, con algún brusco frenazo incluido. Entramos en Oviedo con
todos los semáforos rebeldes. Más frenazos. En la plaza América, descargando
todavía mochilas y bastones el autocar arranca con el portón abierto. ¿Pero
esto qué es? La repanocha, lo nunca
visto. Creo que siguió encontrando todos los semáforos cerrados. A pesar de
todo antes de las diez entraba en el garaje en Trubia. ¿A qué tanta prisa?
Nunca en años y años de funcionamiento habíamos tenido una bronca como esta.
Esperamos en serio que esto jamás vuelva a ocurrir.
Para la primera de octubre
tenemos la subida al Miravalles, la más occidental atalaya de toda la
Cordillera Cantábrica. Iremos por Villablino y procuraremos hacer una parada a
la ida y otra a la vuelta para estirar un poco las piernas. El día lo dan bueno
y soleado.
FRESINES
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