2 de julio de 2011
Apretaba ya el sol a las 10 de la mañana. Un poco antes hacíamos las fotos de rigor en el monumento al pastor situado en Robledo de
Luna, que realizó la artista Isabel Pérez, natural de este pueblo. Un digno reconocimiento a la trashumancia que cada año mueve miles de ovejas hacia los pastos del Norte. Tan importante es este movimiento que los lugareños de Luna preguntan a los pastores: -“¿Vas para la Oviña?”, aludiendo naturalmente a nuestra conocidísima Peña Ubiña. La etimología no engaña: el origen del nombre tiene que ver con su pasado ovejero. 
Nos dice una paisana: -“Pero ¿a dónde vais con esta calor? Cuidado que por arriba está todo muy malo”. Lo tendremos en cuenta. Subimos por encima del cementerio del pueblo en una cómoda senda. Ya se agradecían los pasos en la sombra del robledal. Doscientos sesenta metros por encima del pueblo y estamos en La Collada (1h 15), bajo el Pico La Seita, tremenda mole de paredes verticales. Antes nos cruzamos con unos escaladores que iban hacia alguna de sus paredes. Tres buitres esperaban su turno en lo alto de una aguja, por aquello del riesgo, ya se sabe.
Rodeamos la Seita por la izquierda, siguiendo uno de los mil caminos que se entrecruzan y que embocan todos a lo alto del collado. Una brisa fresca nos acompañará el resto del día mientras campamos por las alturas. Ahora estamos enfilados al norte. El collado en una horcada cerrada entre la Seita (1636) y El Monte (1697). Lia, Luis y yo subimos la Seita, trepada fácil y elegante.
Tras volver a la collada, nueva subida por la derecha de La Felechosa, pegados a un tremendo roquedal desconchado de caliza gris y rojiza. Por un momento nos creemos en los Picos de Europa. Subimos al pico. (1737, 1h 55). Cinco más firman la tarjeta. Javier G. Lavín entre ellos, hoy está incombustible. Vemos uno de los laterales del embalse del Luna, construido en 1957 y que sumergió quince pueblos bajo sus aguas. Dicen los naturales que el pantano dulcificó el clima.
Bajamos por la amplia meseta siempre siguiendo el norte. Nos agrupamos todos en una aireada colina. Falta Jorge. Con los prismáticos vemos a un montañero que sube La Felechosa: camisa blanca, pantalón gris. Tiene que ser él. Nos dividimos: Ocho continuaremos a la Lastrona, el resto bajarán a Villafeliz, en la Babia baja. Desde aquí arriba sólo hay que continuar por el amplio valle acompañando al arroyo La Loba o del Puerto. Cuando estamos ya muy arriba vemos que el grupo que quedó abajo se divide en dos: unos vuelven por la derecha hacia La Felechosa y otro grupo mayor se dirige por la izquierda hacia Sena de Luna. Pues nos habíamos equivocado, están buscando a Jorge.
Desde aquí no podemos hacer mucho. Empieza a ser el día del móvil y la cobertura. También cuenta mucho el llevar la batería cargada, por si hay una emergencia. Y la clásica recomendación de no andar sólo por el monte. Encontramos refugios de la guerra. Las paredes hacia la Carba, son absolutamente verticales. Abajo Robledo. Está colocado en el centro de un amplísimo valle del que nosotros ocupamos el flanco izquierdo. Al frente el Pico las Rozas y cerrando este circo La Peña Los Bueyes, La Silla, Los Estribos y La Cirbarnal, farallón impresionante que nos deja entrever las alturas de
Aralla. Pasa un rebeco solitario.
Es una sierra erguida de picos y nos hace dudar sobre cual es la verdadera Llastrona. Todo esto por ahorrarnos la bajada hasta el valle para no tener que volver a subir. Finalmente perdemos altura. Desde aquí la cima es una especie de cabeza de perro algo caída sobre sí misma y con un largo cuello con una cinta verdosa. Es un pico francamente bonito. Al Norte inmensa La Ubiña. Desde Robledo se aprecia la pista que sube al puerto Pinos y al valle del Negrón. Paramos poco en la cumbre porque no dejamos de estar preocupados. Ayudan a echarnos unas enormes hormigas voladoras que no hacen la estancia agradable. Están en celo y parece que los machos no sobreviven más de un día a la operación.
La gente que va con Manolo baja hasta Sena de Luna. Tranquilos que Jorge pasó por aquí. Piden ayuda al autocar para llegar a Villafeliz. Y nosotros dale que dale a la dichosa cobertura (y echando maldiciones de los que dejan en móvil en la mochila y ésta en el autocar). Bajamos rápido. Otro engaño para la vista. Nos dijimos: -“En una hora en el pueblo”; ja, ja.
Entramos en el valle del Pinedo. Seguimos siempre la margen izquierda. Conseguimos hablar con Jorge que espera feliz en Villafeliz. Nos estamos metiendo en una garganta de difícil paso. Preferimos cruzar el arroyo y volver a subir por el cerro que nos dejará en la pista, ya junto al pueblo. Tan solitaria es la zona que nos sale un corzo en estampida. El terreno es muy malo y difícil de pisar. Un puente que nos salva de más rodeos y la pista. Visita turística al pueblo. Y a continuación a lavarse en el río Luna de frías aguas. Villafeliz sabe bastante de inundaciones primaverales.
Bastante calorcillo que en el Mesón Luis nos ayudan a sobrellevar. Especialidad caldereta de cordero. Una agradable sobremesa en la terraza a la sombra. –“Por fin tenemos sobremesa”. –“¡No!, por fin tenemos hasta mesa”. A la cuarta semana creo que nos lo habíamos ganado. Además celebramos el cumpleaños de Javier G. Lavín deseándole muchos más.
Terminamos de sidratarnos en la Plaza Requejo que no es mal sitio para estar. Y felices y contentos por el buen día que hemos pasado quedamos para el próximo sábado en el que queremos hacer esta ruta:
Pto. de Somiedo (1.486 m) - EL DIENTE (1.829 m) - PUTRACON (1.909 m) - PEÑA SALGADA (1.979 m) - EL REBEZU (1.909 m) - LOS MICHOS (1.874 m) - La Cueta (1.442 m)
Que tengamos una buena jornada montañera en las tierras somedanas.
FRESINES
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