miércoles, junio 29, 2011

UN DIA RADIANTE EN EL CANTO DEL OSO. CALOR Y MAJADAS

25 de junio de 2011

Volvimos a Redes. Otra perspectiva a vista de pájaro sobre las majadas escondidas que conforman toda la actividad ganadera del Parque. Está despejado, va a hacer calor, el cielo es de un azul intenso. Nos prometemos una buena jornada montañera.

Poco antes de las diez entramos en Isoba para acometer el sendero señalizado que nos mete por el valle Pinzón, bordeando el San Justo. Saltamos el arroyo y en amplio giro comenzamos a subir el pendiente recuesto entre brezos que nos dejará en la Muezca Brugu (1802) tras una hora y media de buena caminata. Primera vega del día: la regada por el río Pociello empotrada en un circo natural de lomas y colinas. A su derecha otro lugar con encanto: Busumberón. Desde la Muezca emprendimos hace unos años, una buena ruta de grato recuerdo hasta los Porrones de Moneo y el Remelende.

Siempre en dirección NO ladeamos la falda del Pico el Páramo. El camino es cómodo y está sembrado de arandaneras. Alcanzamos el Collado de las Arenas y a continuación ascendemos al collado del Puerco por una senda muy bien trazada en una pared bastante vertical que comunica ambos collados, enfocando ya la Sierra de Pries que comienza en las Planas, sigue por el Porrón Cerrosa y termina en lo alto del Canto del Oso.

Superada esta colladina que por la izquierda nos bajaría a Brañagallones, volvemos a descender, con harto dolor de nuestro corazón, teniendo en cuenta que luego hay que volver a subir lo bajado. Además esta vez el hoyo en el que entramos es importante porque está prácticamente a la misma altura que San Isidro. Para nuestra sorpresa Angel y Peña trepan más que suben al Porrón Cerrosa, los dos únicos fieles al programa. Los demás suplicamos piedad que la cosa empieza a estar muy calurosa y todo lo que hemos tirado hacia arriba se nos va para abajo sin remedio.

Por vez primera vemos Brañagallones, espléndida, a pesar de su inútil hotel. A algunos gestores medioambientales habría que enseñarles a vivir en una de estas majadas, por lo menos quince días seguidos. Todo cambiaría mucho. Al fondo, la majada Piñueli, también de origen glaciar, rodeada por las estribaciones del Cascayón y la sierra La Canalina que atravesamos cuando todavía Senén venía con nosotros. Un pico triangular negro más a la derecha es el Visu La Grande, en el que estuvimos al principio de este mes, seguido de la Becerrera de Atambos y La Pelacera.

Buscando el senderillo que a veces se pierde por los lapiaces, unos por lo alto del serrote (trece dientes le conté) y otros más abajo, vamos todos encaminados al duro recuesto que por el collau antecimeru nos acabará dejando en la pica del Canto del Oso. Un bonito buzón lleno de literatura que Rosi relee. Todo el mundo va llegando con la lengua fuera pues empieza a apretar fuerte el sol. Buena subida montañera, buen ambiente de cumbre, increíbles panorámicas en todas las direcciones. Ahora que vemos la parte oeste de la cima tenemos casi delante la Ablanosa por la que queremos salir de este laberinto. Más allá el Maciédome y el orgulloso Tiatordos. La infranqueable Llambria. Si miramos hacia los Picos de Europa la silueta de Peña Santa es una vertical clavada en medio del mundo. Por algo lo llaman “El Cornión”.

No podemos olvidar los montes palentinos que están casi al alcance de la mano: Espigüete, tremenda y solitaria cumbre, precedida por el Murcia. Ahí estuvimos hace poco viendo la caída del sol reflejada en la blanquísima caliza del Espigüete. Entre ambas la cima cuarcítica del Curavacas, con su característica silueta en ese, y un poco más al norte Peña Prieta, mole con sus dos cimas veteada de neveros tardíos. La vista es total. Aquí en lo alto nos sentimos los reyes del mundo, absorbiendo toda la belleza que atrapamos con nuestros sentidos y que casi no somos capaces de contar después. Belleza que es la naturaleza misma. Pero “por mucho que recorramos el mundo detrás de la belleza, nunca la encontraremos si no la llevamos con nosotros.” Esta magnífica frase de Louis Audobert, escalador y pirineista de gran altura, nos pone en nuestro sitio. Seamos un grupo de amantes de lo bello, lo puro, la naturaleza tal como es... Es nuestro gran reto. En definitiva las montañas nos humanizan, nos hacen más humildes, nos envuelven en su magia. ¿Será por esto por lo que recorremos semana tras semana esta Asturias verde e inabarcable?

Fin de la filosofía. Volvemos a la montaña. Es un sueño estar aquí arriba. Y más contando con la brisa que nos mantiene frescos. Tres horas nos ha llevado ascender a los 1800 metros del Canto del Oso. Algunos voluntarios salen a explorar la bajada. Es posible por la Collada de Fuentes. No parece una canal adecuada para todo el mundo. Se impone el sentido común por lo que volvemos hacia el sur para descender por el Collado la Muezca 120 metros más abajo. Por aquí el paso es factible y nos facilita la travesera por lo que llaman La Senda, entre las verticales paredes del Canto del Oso y el bosque del Fabucado. El sedo trascurre paralelo a la peña a gran altura y está muy bien trazado por el paso del ganado. Merece la pena recorrerlo. En la cercanía del Cerro Fuente se impone bajar por donde se pueda. No es mucho problema: después de la Canal de Llamedo este grupo está doctorado en bajadas.

Encontramos el camino que se encamina al mayau Cerreu. Hay una fuente con poca agua. Estamos salvados, el calor aprieta de lo lindo. Sin apenas tiempo para ver las cabañas que en lugar de tejas tienen lajas de madera, tiramos fuerte hacia la Ablanosa. El camino es poco visible porque está comido por las cotoyas. Los del pantalón corto gritamos de pura satisfacción. En la Ablanosa buena fuente para calmar la sed, ya que la temperatura pasa de los treinta. El Cuito Negru es ahora el objetivo de las cámaras. Bajamos como rayos a avisar al autocar que espera en Tarna para que nos recoja en La Armadiella a la salida de la Foz de Canaleya. La travesera por la pista se hace dura porque el calor es infernal metidos como estamos en la hondonada. Alguna lipotimia acaba por llegar. Todo el mundo un poco al límite, pero aguantado que hay que pasar el puente ‘l Corral sobre el Nalón y volver a subir por el bosque Saperu.

Salimos en seguida a Casa Linares. Comemos en un cuarto de hora, con apenas tiempo para beber algo. Va, lo de siempre. Comentamos entre dos rápidos bocados: ¿y esa ruta que tenemos pendiente por la margen derecha del río Monasterio que nace en la cueva de Valdebezón?. Desde luego en un día menos caluroso que el de hoy, por favor. Ocho horas caminadas bajo un sol de fuego, y luego metidos en una hondonada que rezuma humedad, ya valieron.

Y como no tenemos remedio para la primera semana de julio más montañas: por los cerros pelados de Caldas de Luna nos dirigiremos hacia el Pico la Seita, el Pico Felechosa y la Llastrona (1.767m). Como la ruta acaba en Villafeliz, nos prometemos un final de ruta tranquilo, en el que podamos charlar con tranquilidad y tener sobremesa y todo. Es un buen deseo. Nos ha costado tener una descripción de la ruta pero al fin está en la página del grupo. Llevad crema solar por si acaso.

FRESINES

No hay comentarios: