Pasaron ya dos semanas desde la última excursión. La segunda de julio la suprimimos porque nos quedaba por hacer una última ruta
con Senén. En los días siguientes a la emotiva despedida en la ermita del Alba, la naturaleza se derramó en lluvia durante toda la semana en su honor. Siempre que pasemos por Quirós miraremos de refilón la silueta del Alba. Algo nuestro dejamos allí. Una persona que se hizo querer.
Y como lo que mejor sabemos hacer es subir ladera arriba, es justamente en lo que nos empeñamos ascendiendo desde Tuiza por el camino del Meicín y doblando a la derecha en busca de la mítica Forqueta del Portillín. Hoy la riega del Portillín Fonderu estaba seca del todo. Sin embargo la Fu
ente Bachao nos regaló su precioso líquido cuando ya apretaba Lorenzo. La ascensión se hizo dura, son muchos metros de desnivel. La meteorología nos echa un capote en forma de niebla lo que nos permite subir más frescos. Ya estamos arriba en las Lleras de Cueva Palacios. Según Lueje en hora y media se llega arriba. Me parece que siempre exageró con los tiempos. Nosotros tardamos un cuarto de hora más, lo que no está nada mal. Delante de nosotros va una cordada hacia los Fontanes. Un guaje de pocos años marca el ritmo. Así se hace afición. Suerte. En este momento no se ven las altas cimas, la niebla lo envuelve todo. Paramos un momento para abriga
rnos teniendo los Joyos de Cueva Palacios a vista de pájaro. Los Foyos y los Cintos cierran este recóndito rincón de paz. Al fondo los Puertos de Agüeria, ese paraje soñado... hasta tiene un pequeño “chagu” en su centro.
Reemprendemos la marcha. Bordeando en horizontal llegamos hasta el pedrero que baja de la Horcada del Canalón. Manolo y tres más han subido directamente a la Palazana por el Canalón. El Pico del Canalón Oscuro es una mole negra y de piedra deshecha situada al oeste. La trepada es fácil, pero hay que agarrarse a las hierbas pa
ra evitar resbalones. En el pico hay una placa oxidada pero legible. Se está bien aquí, aunque nos falta la vista de los altos del macizo de Ubiñas. A ratos desaparece La Palazana. Pero seguimos oyendo el vozarrón de Manolo indicándonos el camino de subida. Los contrafuertes del vaso de Rueda son un recreo para la vista.
Bajamos con precaución para volver a subir por una canal herbosa casi vertical al principio, luego con alguna trepada. La Palazana es un pico esbelto, puntiagudo, destacado desde la braña Meicín, formado por estratos circulares que le dan un aspecto único. El acceso por el este es casi un paseo de vacas. La cordada que iba al
Fontán ya está arriba, aunque no se distingue más que siluetas en la niebla. Es la una y cuarto.
Ahora teniendo delante las agudas agujas del Alto La Llera (la “Chera” para los quirosanos), las bordeamos por el sur hasta situarnos frente a la ventana de la cueva “natural” que se uso de refugio en la guerra. Subimos trepando, en roca de muy buenas aristas hasta el corredor natural que comunica con la cueva. Hay restos de trinchera. Desde la ventana de la cueva primera visión de “las tres Ubiñas”. Vaya observatorio de primer nivel. Hasta aquí llegamos en septiembre del año pasado en una jornada montañera de muy grato recuerdo viniendo d
esde el Fariñentu. Es la misma línea cumbrera con el Pie Ferreru por el medio.
Pasamos con facilidad al Alto de los Camisos en cuya cima hay construido un refugio circular de piedra labrada y en buen estado de conservación. Hay trincheras avanzadas hacia el abismo y otras que retroceden hacia la alta peña. No hay traza de abrigos, aunque Toño busca posibles localizaciones de refugios de guerra, más o menos precarios, que pudieran haber albergado tropas. El Canalón del Infierno tiene una caída espectacular sobre los Joyos. Al otro lado el Prau y el Colines
cierran nuestro horizonte. Es bien curioso este nombre de Camisos: De “kamb”, valle con pequeños rellanos empozados, o sitio de “cameo” del ganado.
Seguimos progresando por este crestón aéreo, subiendo ahora un pico sin nombre conocido, situado entre Los Camisos y el Prau. La Ubiña tímida empieza a mostrarse entre jirones de niebla. Entre dos nublones podemos ver el duro perfil de los Castillines y el Siete durante breves momentos.
Para llegar al Prau del Albo hay que meterse en una entretenida
trepada con breves descansos. En su cima un gran jito solitario. Estamos en territorio prestado, las cumbres no son de nadie y éste es un espacio para la libertad. Como decía el gran Mallory: “Lo que todo esto me aporta es aventura y felicidad, después de todo, eso es lo que buscamos en la vida...”
Abandonamos esta sucesión vertiginosa de Picos bajando a los Pozos de Corrales. Buscamos el sendero tapado por la alta hierba. Ya no se siegan estas laderas. No hay ganado. La gente de los pueblos se ha hecho mayor. En la fuente no canta el agua. Ya m
etidos en el valle de Corrales aprieta el calor y el deseo de llegar. Salimos por la Plana cerrando el circuito que habíamos comenzado unas seis horas antes en Tuiza de Arriba.
Comemos en el centro de interpretación. Es un sitio agradable a la sombra. Van llegando montañeros a lo largo de la tarde desde todos los rincones del macizo. Esta ha sido una aventura más del bravo Grupo Las Xanas. Las Ubiñas tie
nen un algo especial en su silueta, en su color, en los duros recuestos y las inmensas paredes verticales. Ha sido otra jornada montañera memorable.
El 23 de julio, y visto que no podemos parar, otra de las que justifican una temporada: LA TORREZUELA de 2.322 metros. Con madrugón incluido. Recordar que la aproximación es larga y la caminata nos puede llevar unas ocho o nueve horas. Ya sabéis que Picos es tacaño con el agua y que conviene llevar bocadillo para comer en la cima. Hasta el sábado, valientes.
FRESINES
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