Si te quieres quedar para prendado para siempre de Ponga no tienes más que emprender esta travesía que hicimos nosotros en
un semicírculo glorioso de collados y majadas a cual más esplendorosa. Atravesamos todo el espinazo del Zorro entre el Ponga y el Sella. Nuestro recorrido fue como sigue: El autocar llegó hasta Les Bedules (1082 m.) ahorrándonos un tramo de camino. Se agradece. Hora de comienzo: diez en punto. Tiempo meteorológico: nubes y claros, viento más o menos intenso, masas de nubes moviéndose a gran velocidad, arracimadas sobre el Tiatordos y sobre Ten y Pileñes. No nos asustamos. No hace calor, puede ser un día andariego a más no poder.
Pasamos enseguida por Biforco y en poco tiempo por la fuente El Es
calín debajo del Recuenco. Hoy la subida hubiera sido diáfana por la bien marcada senda. Seguimos nuestro camino por el monte Les Formes hacia los Collados Les Caldes. Nuestro primer vistazo sobre Peloño es alucinante: una sucesión de Picos desde Salón, Subes y Sen de Mulos que termina bruscamente en el inmenso corte que traza el río Canalita. El mayor y mejor conservado bosque de Asturias. Es un placer para la vista. Seguimos a la Collada Pumerín (1512) empujados por los mugidos de un inmenso toro que acude a controlar su rebaño. Continuamos por el camín del Valle Cogullu hacia el Pico Lluengu que traza su inmensa ladera hasta las plácidas majadas del Valle del Antiguo, por donde bajamos el año pasado.
En esta ocasión hay más suerte con el tiempo. Pasamos el espolón tallado en roca del Lluengu. Otro toro nervioso muge sintiendo la presencia del que se acerca. Vibra el suelo literalmente. Cuando el toro advenedizo llega, olisquea a toda su vacada. Control total. Nos recuerda las instructivas lecciones sobre las tribus de monos que nos acaba de dar la señora presi. No hay tiempo para más observaciones. Subimos otra vez a los Colla
ínos de la Saeta pasando por delante del Zorru. En frente, lejanos en el horizonte el Canto Cabronero, la Peña Beza y la Peña Santa.
A las 12h 50 estamos en lo alto de los Puertos de Sus (1700) tomándonos un breve descanso, metidos contra la cabaña que nos protege del helador viento oeste. Magnífica foto del Porrón de Viaño, del Maciédome y del bosque de Pandellanza al que volveremos en noviembre. –“¿Estaremos ya a mitad de nuestro recorrido?”. Paréceme que no. Hay que bajar para bordear por su izquierda el pico La Peña, inconmovible pirámide del cordal del Zorru. Con un poco de paciencia encontramos senda. Nos baja a les collaes Obrangu (1450) tapizadas de un verde especial, cromático, intenso, enmarcado por Pileñes. 
Para atravesar a Cazoli hay que meterse por el bosque Les Balses. La temperatura aquí es más agradable. El camino embarrado, el hayedo en penumbra. Troncos caídos, tonos suaves de líquenes mates. Volvemos a subir con suavidad. De repente salimos al Collado Cazoli, que da vista a toda su amplísima vega. Ballesteros recomienda su acceso desde abajo por el río Pedrero. Nuestra apuesta es más valiente y más aérea teni
endo en cuenta que caminamos todo el tiempo por sendas trazadas. Sólo queda una cabaña en pié. En su parte baja la majada termina en una suave recogida de aguas. Es la zona de Combos. Una larga manguera hace las veces de fuente. Este es otro de esos sitios para recordar entre sueños como la majada Entregüé, bajo la Becerrea de San Pedro. Es una de las grandes de Asturias. Es bellísima, solitaria y lejana. Nos disponemos a atravesarla por completo para subir al Collada Balberán a 16745 metros de altitud. Largo recuesto. A paso tranquilo vamos superando esta nueva dificultad del camín. Hasta ahora todo lo pateado ha sido en dirección sur. Pero la panorámica se nos abre ahora hacia el este, con los contrafuertes de Peña Ten en el frente y la Campera Larga abriéndose paso hacia Arcenorio. La Peña Mora cierra este espectáculo visual. A
lgunos suben el pico Combos (1742). El luengo valle sube lentamente al Collado Las Arriondas. Según Ballesteros tuvo lugar aquí la batalla de Pontuvio (por el “Pontón”) en la que las tropas moras capitaneadas por Umar se dirigían a Galicia. El temible Fruela les salió al paso y dicen que cortó la cabeza al general enemigo. Todo esto en el 765 a penas cuarenta años después de la batalla de Covadonga.
Bajamos: unos por el camino, siguiendo a Manolo y sus bien estudiadas rutas, y otros más osados buscando a derecho el río Robaín,
que hay que atravesar. ¡Caramba, desde arriba no parecía tan encajonado! Cuando salimos al otro lado hace rato que el otro grupo está metido en la larga campera de Arcenorio. Los atajos es lo que tienen.
Por la majada corre una manada de guapos caballos de monta. Fotos de rigor en la ermita. Un trago de agua en la fría fuente. Y seguimos, que es tarde. A la derecha la peña El Fito sembrada de agujas desafiantes. Subimos a la collada Campa, llena también de ganado. Siempre hacia arriba, aunque ahora las pendientes son más suaves, pronto estamos en Llaete (1405) con la vista puesta en el Pozalón. Pero ¡si es que hemos estado en casi
todos los picos que vemos hoy!
Tomamos nota de la entrada a Llue por la collada Reces para terminar el círculo que hemos empezado hoy. A este paso logramos el título de especialistas en Ponga. ¡Ojalá! Nosotros seguimos intentándolo. Realmente merece la pena, porque el concejo guarda una belleza que sólo se puede admirar entrado y saliendo, bajando y subiendo. Es lo nuestro.
Ahora ya sólo tenemos que bajar por la larga y pronunciada pista a Pío que está 650 metros por debajo. En el horizonte, al otro lado del Sella la Pica Ten, pirámide bien a
sentada en el terreno. En la cuarta revuelta está bien señalado el atajo al pueblo, que nos permite descender evitando la monotonía de la pista de tierra. Volvemos a salir a la misma. El pueblo está ahí mismo, siguiendo a la derecha tras breve y costosa subida.
Son las cinco y media de la tarde. Para recorrer los veintidós kilómetros hemos empleado ochos horas y media y a muy buen paso. La gente está cansada. Estas rutas son duras, pero sin comparación con la famosa bajada de Llamedo, de la semana pasada. En septiembre vo
lveremos por Pío para atravesar por los canales del Sera hacia Tolivia. ¡Vaya nivel de rutas! Media hora escasa para comer algo en el nuevo bar del pueblo. Regreso con un jolgorio inmenso. Pero ¿qué hay que hacer para cansar a esta gente? Hasta una extracción de garrapata hubo en el autocar.
Para el último sábado de junio una clásica: la ascensión al Canto del Oso. Se parte desde Isoba para bajar por la majada L’Ablanosa y terminar por las cabañas de Llario en la carretera de Tarna. Ruta algo larga pero guapa, guapa a más no poder.
FRESINES
No hay comentarios:
Publicar un comentario