jueves, marzo 03, 2011

LA RUTA DE LOS MIRADORES: SAN ESTEBAN DE PRAVIA- CUDILLERO

26 de FEBRERO de 2011

Empezamos el recorrido en San Esteban de Pravia recorriendo su puerto y su largo espigón. Cualquiera puede darse cuenta de que el puerto ha venido a menos con sólo fijarse en el estado en que se encuentran sus repintadas grúas. El superpuerto del carbón, al que llegaba el mineral por barcazas navegando Nalón abajo y, más modernamente, mediante el tren que a través varias conexiones, recogía el mineral de las cuencas del Nalón, del Caudal, de los valles de Trubia y del Narcea. Hoy parece un pueblo fantasma, declarado de interés histórico-industrial. Sólo se ha salvado el astillero de barcos deportivos. Paseando por esas piedras uno no deja de sentir nostalgia de un pasado esplendoroso. Hay quién opina que la mayor mina de Asturias está hoy debajo de estas aguas después de ciento cincuenta años de actividad ininterrumpida.

Entre neblina vislumbramos las playas de Bayas y de los Quebrantos. Al otro lado del Nalón San Juan de la Arena hoy reconvertido en lugar turístico.

Llegamos a las playas de la Guardada y el Garruncho. Hoy el mar está de color plomizo, reflejando un cielo pesado. Subimos al mirador del Espíritu Santo en la punta del mismo nombre. Cuatrocientos doce escalones. (Fifi los contó) La vista buena. Lamentaciones por lo nublado del día. Se ve a lo lejos la playa de Aguilar, nuestro primer destino. La bruma es parte del paisaje de una costa emborrinada. No deja de tener su belleza. El orvallo nos acompaña todo el camino. Es un compañero de viaje, aunque algo pesado, muy de esta tierra.

Pasamos por encima de la playa Cazonera recorriendo el bosque Reborio poblado de ocalitos que, siendo extraños, se han convertido en parte del paisaje de toda la costa cantábrica. La conversación buena, el camino calmo, la pendiente de bajada resbaladiza. Cruzamos con cuidadín los puentes de madera. ¡cómo puede llegar a resbalar tanto! Subimos al Alto de las Llanas. Breve parada a cubierto de la lluvia, aunque como es racheada entra por todas partes. La sección infantil del grupo entrenando en este punto para tomar la alternativa. Algunos bajan hasta el mirador de los Glayos. Pasamos por encima de las playas de las Llanas y de la Cazonera solitarias y batidas por el mar. Muy bellas en su soledad. La lluvia arrecia. Bajamos hasta la playa de Aguilar. Son las doce y media. Dos horas hasta aquí. Nos refugiamos bajo los soportales de un merendero. Un paisano sale de nadar en la frígida mar. Coloradote y sano. No vemos la Xana de la cueva por ningún lado. A lo mejor porque la ruta la hacen con nosotros algunas hechiceras...

Ahora toca carretera hasta Cudillero. Pero este es el Grupo de Montaña Las Xanas ¿quién dijo carretera? ¡Al monte que es lo nuestro! Añoranza de las cotoyas. Subimos el promontorio, nos metemos en el bosque de ocalitos, vamos directos a una riega profunda. Rectificamos buscando caminos en los bordes del sembrado. Volvemos a la carretera. Hemos ahorrado un kilómetro de carretera con tres cuartos de hora de vueltas y revueltas. Eso sí: descubrimos, gracias a Diana “puntos románticos” para estar juntos mirando al mar mano con mano. Y nosotros que no sabíamos que P.R. en los mapas significa Punto Romántico. Hay que viajar para saber.

De nuevo en el asfalto, buscamos carreteras comarcales que nos separen de la general. A ella acabamos volviendo a la altura del Pito. Las Escuelas Selgas, hoy Instituto de Enseñanza Secundaria y el Palacio del Pito cuyo jardín se vislumbra entre ráfagas de lluvia, nos dan una idea de la importancia de los indianos en la zona. Torcemos a la derecha hacia la Atalaya. Volvemos a lamentar la falta de visibilidad. El panorama de Cudillero desde la altura merece la pena. Bajamos por un tobogán de rampas y escaleras. A pesar del día el aparcamiento del puerto está bastante lleno y la gente se acerca a los bares a comer. Cosa que pretendemos también hacer nosotros pues va siendo hora y llevamos casi cinco horas caminando, aunque hoy nos lo hemos tomado con mucha calma. Comemos en el bar del puerto y aunque parezca increíble cabemos todos. Luego practicamos un rato de risoterapia concentrada por aquello del dicho de que “a mal tiempo, buena cara”. Lo que dan de sí los “P.R”. de la costa. En resumen quinientos metros de desnivel , ocho playas, dos puertos, varios miradores, lluvia abundante, lamentos por el clima, buen humor, gente contenta.

La próxima semana cambio de registro total: en el concejo de Piloña subiremos al Pico Ciebana (966 m) y pasando por el auténtico museo forestal vivo de La Pesanca (un lujazo), bajaremos a Riofabar.

FRESINES

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