Por fin un trozo de buen tiempo. La ruta prevista promete mucho. Hace tiempo que no hacemos un pico de los de verdad. El Castillo
de Ciebana es una cumbre modesta. (Bueno en realidad son dos picos según el magnífico mapa de Manuel Carrero: La Peña Ciebana de 955 m. y El Castiello de 967 m. Sea uno o sean dos ahí arriba estuvimos y que nadie desprecie su modesta altura porque la vista desde la cumbre es muy difícil de olvidar.
Las 9h. 50. Estamos en La Fragua a 310 m. sobre el nivel del mar. Ascendemos por la carretera en una larguísima cuesta que hay que procurar vencer despacio y con una buena conversación. Llegamos hasta la a
ldea de Ligüeria a 640m. Desde este precioso lugar se domina todo el valle del río Infierno. El pueblo está muy bien conservado con edificaciones restauradas y alguna reciente. Está habitado y podemos hablar con un habitante que nos informa de la mejor aproximación. La ermita pequeña, abierta, blanca y dedicada a San Tirso. Salen dos caminos desde aquí. Nos aconsejan seguir el que arranca a la izquierda de la ermita. El otro también sube pero es mucho más pindio. Es un camino empedrado, importante. Cuando cogimos algo de altura miramos hacía atrás. Se ve Omedal, su foz y su río. A los pocos minutos tenemos la primera vista de nuestro objetivo de hoy. Es un monolito bastante vertical que
parece vigilar toda la comarca desde su impresionante torre.
Alcanzamos el Collado Ciebana a 880 m. El haber llegado hasta aquí ya merece la pena. La vista es extraordinaria. La nieve enmarca todas las cimas. Estamos rodeados de belleza en estado puro. El sol sigue luciendo para nosotros. No se puede pedir más. Sin embargo queremos hacer pico. La subida parece sencilla por una rampa hacia la izquierda que sube bruscamente para luego hacer toda la crestería. Vamos poco a poco. La caída hacia los dos lados es importante. La roca no muy segura en algunos tramos.
Hay que hacer alguna pequeña trepada. Subida con mucho estilo montañero. Por fin arriba. Subimos las dos cimas. La vista desde lo alto nos quita la respiración. No podemos movernos apenas pues la plataforma es muy pequeña para los ventitantos. Se adivinan precipicios a ambos lados. Son las doce y media. Se subió a buen ritmo. Ahora vamos a descansar un poco y a contemplar, mudos de admiración.
¿Qué podemos decir de esta vista circular, brillante al Sol, cercana y a la vez lejana? Enfrente El
Vízcares, a nuestra derecha El Maoñu, detrás la Sierra de Xiblaniella y el Faceu. Entre todas estas alturas y con la referencia del Maoñu se ve un extraordinario conjunto de tres colosos alineados: La Llambria, El Campigüeños y El Tiatordos y un poco más lejos, en la tajadura que deja el Collado Traslafuente, la inconfundible silueta blanca de la Peña Santa. Con alguna dificultad logramos hacer fotos del grupo. Hay que pensar en bajar lo que produce algún respingo de r
espeto.
Contrariamente a lo que parecía la bajada es buena si se toma con calma. Volvemos al Collado. En la base la Cueva Oscura con una placa a una joven montañera fallecida hace trece años. Nos recuerda que siempre hay que ir con precaución.
Una aventura nueva empieza: nadie conoce esta bajada. El sendero está muy marcado aunque encharcado en varias zonas. Las cabañas derruidas, testigos de un tie
mpo pasado. Siguiendo este sendero que cada vez es mejor saltamos varias riegas con cuidado por lo resbaladizo de la piedra. El camino se va volviendo extraordinario entre fayas centenarias. La Pesanca debe quedar muy debajo de nosotros en el valle. Pasado el río Ortigal volvemos a rodear la Ciebana, ahora por debajo. Es un camino armado, muy bien trazado, muy conservado.
En el recodo del camino que salta un pequeño contrafuerte erizado de rocas picudas, observamos toda la falda del Vízcares con
riegas y cascadas y sendas de subida. Una gozada. Estos contrafuertes forman en el fondo del valle las foces del Infierno. Las ramas desnudas semejan los demonios de este Infierno, dispuestos a abrazarnos con algún encantamiento misterioso. Por si acaso vamos siguiendo el camino con susurros de voz. Volvemos a ver todo el valle. Bajamos con una amplia curva a Riofabar. El autocar está junto a la ermita. Vamos a reponer fuerzas a Espinaredo en el siemp
re acogedor Mesón Vízcares.
La gente está muy contenta. Una excursión montañera inolvidable. Intercambiamos pareceres sobre la próxima ruta que recorreremos por estos valles: la primera semana de mayo nada menos que la Pasada del Trallán subiendo por la Foz de los Maserones. El territorio alto de Piloña está literalmente cuajado de “foces”. Algunas ya conocidas. Pero hay un montón de nombres sugerentes: “Del Molín”, “de los Cubilones”, “del Abeyón”, “del Pedregal”, “del Potral”, “del río Om
edal”... ¿nos animaremos a recorrerlas todas? En un mundo en el que casi ha desaparecido la aventura, quedan rincones en Piloña en los que se puede vivir intensamente.
Tras la larga sobremesa nos encontramos un grupo que viene desde Nava por el GR-105 que atraviesa Les Praeres en etapa hacia Covadonga. Esta etapa ya la hizo el Grupo Las Xanas.
Próximo sábado: un clásico entre los clásicos, la subida al Cueto de Arbás en ruta circular desde Leitariegos. Fácil y bonita excursión. Allí nos veremos de nuevo.
FRESINES
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