Día de los Pepes. Nos llega un regalo en forma de buen tiempo. Ya está aquí la primavera. El raitán en las ramas,
los regatos cargados de agua. El día promete. Llegamos a Carpienzo. El autocar pasa bajo el Pico Xanas en cuya cueva habitan las xaninas que diz se aparecen a los puros de corazón. A las diez menos veinte arrancamos carretera arriba. Veinte minutos después estamos bajo el cartel que nos indica la altitud: 775 metros en Conforcos. Buscamos la pista que sale de Cimalavilla. Es una pista bien trazada. La pista es a trechos un regato porque hoy el agua rebosa de todas las p
raderías. El murmullo del agua nos acompaña durante toda la subida. El grupo que marcha delante tiene azoguillo por llegar pronto. Se van marcando todas las bifurcaciones. Menos una en la zona de Rebildeo. A todos nos parece evidente el camino pero los primeros siguen la senda por abajo y los que vienen detrás siguen un sendero por arriba. “¡Vaya!, esta vez no marcasteis el desvío”.
Bueno, pues nos v
eremos arriba, si hay un poco de suerte. Total que seguimos cada grupo por su lado. Pasada una cabaña llegamos a unas brañas que interpretamos como la Braña l’Osu. Buscamos las prometidas cascadas en el regueru Las Pasas. Nada de nada. (¿Despiste con un mapa que tiene dos rutas de acceso? ¿o necesidad de un curso de topografía rápida?) Total que estamos justo frente al contrafuerte de la Peña Texe
ra. Hay multitud de sendas que se cruzan y vamos saltando de una a otra como “salteadores” de caminos, mejor dicho, en nuestro caso más modesto, “saltadores” de caminos. Subida fuerte y por tallado contrafuerte a la collada y de ahí al pico.
Perdimos de vista al resto de la expedición. Aquí hacemos un cambio de narrador. Los que tienen más prisa, ya se encuentran en lo alto del Pico la Texera. Los rezagados que caminan con algo más de lastr
e, continúan por un tramo un poco perdidos. Una de las bifurcaciones se tomó mal y la maleza se adueñó del camino. Cruzamos una de tantas riegas por las que baja alegre el agua y retornamos al amplio camino de la Braña Cordal.
El camino atraviesa un bonito bosque en el que las fayas centenarias son su principal aliciente. Entrelazados troncos cubiertos de verde y brillante musgo jalonan el camino. Vamos subiendo constantemente y en las últimas riegas aparecen las ansiadas cascadas. La primera es una preciosa cola de caballo que cae desde el propio camino perdiéndose entre los árboles, no sin antes dejarnos la visión de su retorcido deslizamiento. Hacia arriba el reguero se pierde entre la maleza mostrándonos los verdes del musgo alumbrados por lso rayos de sol que se
cuelan entre las hojas.
Poco más allá, una nueva cascada, esta más ancha que larga, nos saluda con sus cantarines sones. Entre fayas continuamos, ahora algo más llano, por el buen camino que nos lleva a la Braña el Cordal, una buena zona de pastos desde la que apreciamos todo el valle que se dirige a Conforcos. El sendero continúa en ascenso al Alto el Cordal entre las praderas de la braña. Comenzamos a pisar nieve y ya esta no nos abandona hasta el Atro la Vallinosa, uaa amplia collada con el pico la Texera al frente, el Aramo y las Ubiñas a la izquierda y las nevadas cumbres de San Isidro a la derecha. A nuestras espaldas, también nevadas, tenemos todo el cordal de Piedrafita. Ya solo nos queda
continuar por la pista hasta la cumbre de la Texera, donde nos esperan nuestros trepadores compañeros. ¡Para una vez que la pista llega al pico, ellos optan por subir agarrándose a las árgumas! Le cedo la pluma a Fresines.
Todo se ve rozagante de vegetación. El Estorbín, soberbio rodeado de sus súbditos el Cuaña, el Robequeras, Los Picos de la Liebre.
Brillan al sol las cimas nevadas. El Torres, Toneo, Fuentes, Faro, Nogales... Ante nosotros toda la serranía de Cotobello, intenso verde en la pradería. Todo el Aramo. La gran Ubiña y sus ayudantes. Cambiamos la vista al este: la carretera a San Isidro es un hilo que recorre el valle del Aller. Detrás Peña Mea, soberbia silueta oscura enmarcada en un cielo azul. Y más y más cordilleras... Un
pico tan modesto que tiene una vista muy amplia.
A las dos y cuarto salimos del alto bajando por los neveros. Buscamos la pista que nos mete bajo el Pico Cueto. A la altura de las cuadras del Rebellao cambiamos a otra pista que se introduce en un bosque de fayas. Nuevo cambio de dirección y enfilamos hacia Collanzo. No sé si vimos “cascadas” pero lo cierto es que estamos bien “cascados”. No importa. Ponerse guapos y a por la comida, que después de siete horas de ruta ya está bien ganada. Nos esperan en Piñeres. Nue
stro querido bar Menéndez que nos pone merienda-comida como si fuera a acabarse el mundo. Tras el flan de piña (soberbio) regalo de vajilla fina para las montañeras y un reconstituyente ribereño para ellos. Bien por la mozas de Piñeres. Paéceme que volveremos.
Con algún kilo de más, y muchas ganas de jolgorio por aquello de la “superluna” hacemos propósitos para la próxima semana. Iremos otra vez al concejo de Laviana, al Pico Cordal con subida desde Lorio siguiendo el PR AS-53 y vuelta al mismo sitio. Si nos vuelve a acompañar el tiempo puede ser una ruta muy interesante. Que el buen humor os acompañe.
FRESINES
1 comentario:
¡Qué ruta tan bonita! Vaya tiempo tan estupendo, da para unas fotos preciosas. "Afortunados los que sábado tras sábado podéis disfrutar de semejante lujo..."
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