tomándolo del adyacente collado desde el que se suele realizar la parte final de la ascensión. Y en Viboli los más antiguos del lugar, la llaman Peña Pedrosu, que también tiene su lógica ya que en su ladera oeste se encuentra el Monte Pedrosu. Pero desde el sábado pasado tiene otro nombre, esta vez puesto por los integrantes del Grupo de Montaña Las Xanas que la conquistaron: Peña Maravillosa.Maravillosa era la expresión m
ás común cuando se hablaba de la ruta. Fue una palabra repetida multitud de veces para tratar de expresar algo que en aquel momento no podíamos definir con palabras. Y no es para menos. A la dura, pero entretenida ascensión a esta emblemática cumbre, debemos añadir el magnífico día que la climat
ología nos brindó. Gracias a él, las estupendas vistas que la cumbre brinda, pasaron a ser fabulosas, maravillosas, divinas.
Pero empecemos por el principio. El Autocar nos deja delante del bar ubicado junto al Puente Huera o de Ajuera, que aún se encontraba cerrado. Tras descargar todos los bártulos, nos pusimos en marcha por la carretera, en
muy mal estado, que comunica este lugar con los casi abandonados pueblos de Viboli y Casielles. Dicha carretera transcurre por un espacio inverosímil ganado a la montaña y con el rugiente río Viboli al otro lado, discurriendo por el estrecho y profundo barranco.
Antes de la carretera, el camino estaba compuesto por andamios de madera que colgaban sobre
ese mismo barranco permitiendo el paso de personas y animales. De aquí que se conozca a la zona como la Foz de los Andamios. Por ella debemos recorrer como un kilómetro antes de llegar a la altura del Punte La Sota del que parte otra carretera con un ciento de curvas que sube ladera arriba hasta el Alto La
Iglesia del pueblo de Casielles.
Frente al puente, en el lado opuesto de la carretera de los Andamios, parten dos caminos, uno a la izquierda que se dirige al Valle Yorgosu, y otro a la derecha que sube más vertical por las laderas del Monte Cabañin. Este segundo es el que nosotros elegimos como acercamiento a la cumbre del Pedrosu. No todos, ya que un pequeño grupo quiso probar
otra subida que desde la cara oeste de la Sierra de Miesca, transcurre por la Canal de Bodiellu. Para ello continuaron por la carretera en dirección a Viboli hasta cerca del cruce que se dirige al pueblo, para coger un camino o pista que sale con dirección este, a buscar la mencionada canal, por la que se atraviesa la Sierra de Miesca hasta dar vista a la Majada de Miesca donde se unen a la ruta que nosotros estamos iniciando.
Nuestro sendero sube dando zigzag con una inclinación importante que nos corta la respiración. Pero pronto nos aclimatamos a la dura subida y esta parece que se hace menos dura, gracias en parte, al buen trazado del camino. Entre viejos y robustos castaños va subiendo la senda hasta alcanzar un primer collado en el que vemos
restos de las construcciones de una de las minas que antaño hubo en esta zona. Estamos en La Boya.
Si miramos atrás podemos contemplar en la parte baja, las casas de El Cándano, muy cerca de la carretera y del puente de La Sota.
También contemplaremos la serpenteante carretera que sube a Casielles y claro está, las casas de este pueblo y la iglesia en todo lo alto. Por la izquierda la caliza del Pico Vibolines y la alta majada de Tuba. A la derecha, las paredes pétreas de Derrabau y la cerrada Canal de Viarcellos con la
redondeada cumbre del Valdepino a modo de tapón.
Pero debemos seguir subiendo que aún nos resta mucho camino. Lo hacemos ahora por una zona herbosa salpicada de cabañas en mejor o peor estado de conservación y
comenzamos a vislumbrar nuestra cumbre. El camino se pierde a veces entre la maleza pero no es difícil averiguar por donde ir: para arriba todo el tiempo.
Alcanzamos un nuevo hombro y al fondo podemos ver la amplia collada Torbeñu y a la izquierda la silueta de Peña Ñorin, de difícil trepada. Aquí debemos decidirno
s por uno de los dos posibles caminos a tomar. Si cogemos el de la izquierda subiremos toda la lomera cubierta de maleza hasta la Collada Torbeñu y desde esta, ala derecha, alcanzaremos la Collada Ceñal. Pero para llegar a la Collada Ceñal, también lo podemos hacer
yendo por la derecha, que al final es por donde fuimos nosotros, descendiendo a las verdes camperas de Muesca, donde ya vemos algunas de sus cabañas.
Como digo, así lo hicimos y ascendimos por su empinada cuesta, alcanzando el pequeño bosque que la cierra por arriba. Cuando después de b
astante tiempo, por la dureza de la cuesta, y tras cruzar el bosquecillo, vemos a la derecha las ruinas de lo que fue un almacén de la desaparecida mina de cobre de Ceñal. Cerca de nosotros, otras ruinas nos llaman la atención. Se trata posiblemente, de los restos de un cargadero.
Si seguimos subiendo con tendencia un poco a la izquierda, alcanzaremos la ya nombrada Collada Ceñal, pero nosotros lo hacemos con tendenci
a a la derecha que parece más lógico, ya que en esa dirección se encuentra nuestra cumbre.
Sea de una u otra forma, alcanzamos el final de la cuesta de lo que nos damos cuenta rápidamente, pues de seguir de frente, descenderíamos con verticalidad a Tolivia. No queda más que seguir subiendo por le borde de la cresta. Un sendero
apenas marcado, nos dirige hacia la cumbre. Así alcanzamos la antecumbre y ya solo nos resta el tramo final, que podemos hacer por la derecha o por la izquierda. Por ambos sitios hay sendero.
La cumbre de Peña Subes es una fina cresta de piedra en la que nos encontramos con una cruz de hierro y su b
uzón montañero y una placa colocada por el Grupo de Montaña Las Xanas, en recuerdo del montañero de grupo Teran, muerto en estos lugares un día de noviembre, tras hacer cumbre, cuando se dirigía hacia el Sen de los Mulos por la cresta que los une.
El descanso en esta cresta, trae consigo las vistas que al comienzo de este escrito comente y así las alabanzas por
esas mismas vistas. Al frente, por donde vinimos, El Cantu Cabronero y Peña Beza hacen de anfitriones a la reina del espacio, la Peña Santa totalmente cubierta de hielo. Si de hielo, pues esa es la sensación que tenemos al mirarla. A su lado el Torco es como un cubo de hielo. Igual que las estilizadas cumbres de las Torres de Enmedio y de la Horcada. A la derecha, tras un corte, Los Moledizos nos dan paso a La Bermeja y tras ella, EL Central nos separa del Jario que a su vez nos da paso al valle que forma el Sella al abrirse en tierras leonesas de Sajambre. Por el otro lado ese valle está cerrado por el Ni
ajo y el Pozalón, cuya mole tenemos muy cerca. Más cerca aún se encuentra la contigua cumbre del Sen de los Mulos. Siguiendo en la misma dirección, otras dos moles nos intimidan. Son Peña Ten y el Pileñes y más a la derecha el Collao Zorro, al que le siguen el Tiatordos, Campigüeños, La Llambria, Pierzu y Carria, con quien cerramos el círculo.
No solo la cumbre es un magnífico mirador, el día, con un bonito cielo azul con algunos retazos de nubes, hace destacar de manera especial el blanco manto de nieve-hielo de algunas cumbres, dándoles una visión especial. Maravillosa.
Aunque el lugar es maravilloso y el día estupendo, aún nos resta mucho camino y es tiempo de pensar en el descenso. Quizá por eso, por lo grato de la estancia, hicimos el descenso por turnos. Algunos nos
resistíamos a abandonar la cumbre y cuando la dejamos, quedaban solo la cruz y la placa.
Lo que subiendo era una pindia cuesta, para el descenso se convierte en una pronunciada caída, con muchos resaltes, pero que debemos acometer con precaución. Desandamos todo lo recorrido hasta el Collado Ceñal del que sale por la derecha un sendero por el que rodeamos el montículo que nos separa de la Collada Torbeño.
Descendemos a la amplia collada dando un último vistazo a Cabroneru y Beza, en esta
ocasión acompañadas de la cercana cumbre de Ñorin. En el centro de la collada hay una piedra redondeada y desde allí comenzamos el descenso a la derecha, sur. Algunas cabañas y cierres de prados es lo que queda de la humanidad por estos lares. El descenso es una pradera al principio, para cruzar después el cierre de piedras y volver a cruzarlo más abajo, un poco a la izquierda donde da comienzo un sendero que va hacien
do zigzag por la empinada ladera. No tiene pérdida, ya que de lo que se trata es de descender y por el centro del valle también se puede hacer, pero el sendero tiende a la derecha convirtiéndose en una pista más amplia que sigue dando vueltas para acercarse a las primeras casas de Tolivia.
Tolivia es una desidia. El pueblo casi ha desaparecido y lo único que vemos son restos de edificaciones de buen p
orte, cubiertas de maleza. Los tejados casi han desaparecido todos y los que quedan, pronto lo harán. Desde la última vez que estuve aquí se ve palpablemente la destrucción de un trozo de nuestra cultura. La fuente, con la indicación de “año 1928”, está inutilizada. No sale agua por su brocal aunque si que hay, pues el entorno está completamente anegado. Lo único que aún queda en pie, es el pequeño hórreo beyusco, con tejado a dos aguas, bajo el que tenemos que pasar para dirigirnos a lo que queda de la iglesia. La casona que hay junto a él, está a punto de desmoronarse y posiblemente que cuando lo haga, el hórreo correrá la misma suerte. De la iglesia no quedan más que los muros y la
espadaña y un minúsculo cementerio en el que hay una sola tumba. Es una pena, pero cuando salimos de allí, creo que un suspiro de despedida salió del corazón de muchos. Quizá sea la última vez que podamos recordar que allí hubo un pueblo.
Por la izquierda de la iglesia, según se mira su espadaña, sale un sendero señalizado con marcas
de color amarillento, que nos indican el camino a seguir para descender al Sella. El sendero asciende a cruzar la Horcadita de Tolivia, donde dejamos de ver el pueblo y se nos abre la vista hacia el vacío por el que discurre el atormentado Río Mojizo, tras recibir las aguas del Canalita y de la Riega de Las Cruces que viene de Tolivia.
El sendero armado y de buen caminar, circula por toda la pared de nuestra izquierda bajo los desplomes de Peña Ñorin. A nuestra derecha el descenso vertiginoso hacia el río y enfrente, muy abajo, la carretera de los Beyos y el Sella. Vamos descendiendo poco a poco, pasando primero al lado de un paredón rocoso en el que hubo algunos cierres que sirvieron de
cuadra para las cabras. Es la Cueva el Beyo. Se extiende por un rato siguiendo el camino. Luego, tras una curva a la izquierda, el sendero empedrado pasa entre dos rocas haciendo una curva a derecha para evitar el profundo descenso al río y tras un zigzag, volvemos al sendero de tierra con el que llegamos a un hombro desde el que vemos el resto del camino que nos queda. Es el Colladín de Espina.
Descendemos como por una escalera de caracol para situarnos frente por frente al Puente Espina que cruza el Mojizo a sorprendente altura, en un estrechamiento de la foz que tal parece que estamos en una cueva. Por debajo del nuevo puente de hierro pintado en color verde, vemos los restos del antiguo puente de hormigón.
Al otro lado del puente, el sendero asciende con el sella a nuestra izquierda, hasta las Cuernas de Quixiendi, la parte mas alta del sendero que parece atravesar una cueva, para luego descender en zigzag por un camino de tierra hasta el nuevo puente de madera de Vaguardo, por el que cruzamos el Sella para subir por el margen opuesto a la carretera de los Beyos. Como el autocar era grande, tuvimos que caminar cerca de dos kilómetros por la carretera, dirección Asturias, ya que nos encontramos en la provincia de León, hasta llegar al aparcamiento donde pusimos punto y final a esta dura pero gratificante ruta por tierras de Ponga.
La próxima semana el grupo pretende hacer la ruta que el pasado año quedó pendiente a causa de la niebla. Vamos a la Collada de Arnicio para subir al Pico Faceu y descender a Infiesto por el Selló. La ruta es:
Collada de Arnicio (916 m) – Collado Muezca (1.088 m) – Pico Faceu (1.232 m) – Collada Llamosa (805 m) – El Sellón – Lozana (335 m) – Santianes (274 m) – Infiesto (176 m)
Las inscripciones ya están abiertas pero he de deciros que en esta ocasión tenéis que llamar a Jorge (680358404) o a Lito (985220027 – 669189569). Que lo paséis muy bien.


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