viernes, octubre 03, 2014

EN LAS MORTERAS, SOMIEDO, LUZ, VERDE, SOLEDAD



29  de septiembre de 2014

Acabamos el mes de septiembre con esta magnífica excursión por los altos valles de León. Terminamos en La Cueta, a donde llegamos después de muy largo viaje en el autocar con el conductor instalado en la calma chicha. El caso es que llegamos, todavía tenemos que esperar a que pase una inmensa rebañada de vacas sin cuernos, ¡qué curioso! Por fin podemos salir al aire serrano.

La Cueta pueblo muy arreglado, del que parten tres caminos, los tres muy conocidos. Bueno, pues por las cosas de la infraestructura técnica, cada vez más abundante en un grupo de montaña, me retraso excarvando en el fondo de la mochila. Me esperan Silvio y Miguel. El resto de la expedición salió volando. El caso es que tomamos el camino de la Pecha Chana. Nos damos cuenta enseguida de que hemos errado el inicio de la marcha al bordear la iglesia del pueblo por la izquierda. No hay un segundo puente, y como llevamos un paso endiablado ya teníamos que haber cogido al pelotón hace rato.

Un pastor nos señala el camino de la rectificación, todo con tal de no dar la vuelta atrás al pueblo. Así que tiramos, y tiramos por encima del río hacia una braña amplia para subir a una collada de paso donde por fin tenemos comunicación con toda la tropa que marcha bastante por delante de nosotros por el fondo del valle, que no llegamos a divisar. Se encontraron en los Prados de Cebolledo un gran rebaño de oveja custodiado por fieros mastines y tuvieron que dar un pequeño rodeo por encima para evitar problemas. Para acercarnos a ellos tenemos que superar la larga cuesta de La Paredina que hace de contrafuerte para entrar en las excelsas vegas somedanas. No queremos perder altura así que bordeamos y bordeamos esta inmensa pared. Al final es inevitable perder altura para volver a subir por el otro lado hacia el paisaje excavado en mil “morteras” que le dan este aspecto tan característico. El grupo ha seguido subiendo por el fondo en una suave colina.

Nosotros tenemos que subir, de frente, para pillarlos. Así que en una dura remontada y siguiendo sendas de cabras ganamos altura hasta el roquedal que nos separa de la antecima por la que les hemos visto pasar hace un rato. Varias trepadas por las agradecidas llambrias y estamos arriba. Siguiendo el filo fácil del cordal llegamos a continuación a Las Morteras donde nos espera Manuel. El resto del grupo ha seguido a La Peña Mortera, la máxima elevación del día. Así que volvemos a descender al collado para subir con facilidad a la Peña, donde están Peña y los demás. Las fotos picadas con el fondo el Lago del Valle son de las que difícilmente se olvidan. María, que se estrena hoy con nosotros, ha tenido que remendar la bota con cinta aislante, esperando que aguante.

Bajamos por una canal que hay a la izquierda. El grupo donde voy tira de frente separándose del grupo. Yo, por no hacer otro número, sigo por donde fueron los más. Pero me quedo sólo en un momento. Ya sabéis como baja esta gente. Total que la canal por la que bajaron me parece complicada y busco otra más a la izquierda que esta jitada y que parece menos inclinada. Bajo como un avión, pero esto es largísimo y además la inclinación es grande y el piso es de areniza suelta. Total que me están esperando abajo, otra vez. Hoy no es mi día. Les digo que sigan que conozco bien esta zona. Pero visto como transcurrió el día no se fían. Total que nos encontramos en Murías Chongas, la más maravillosa de todas las maravillosas brañas somedanas. Recuperamos el aliento, todos juntos y agrupados, por fin, y bajamos por la larga pista que acaba empalmando con la pista de Valle de Lago. Muchos turistas hoy por Somiedo, disfrutando del maravilloso otoño recién estrenado. Superados los siete kilómetros de rigor, por fin llegamos a las primeras casas de barrio d’arriba. Como hay tiempo y sed, una cervecita de camino no nos la quita nadie. Rezamos para que el autocar haya subido hasta el aparcamiento y no tengamos que bajar hasta el Coto a buscarlo.

No está en el aparcamiento pero los que hicieron la travesía sin subir a ningún pico lo tienen localizado en la recurva de la carretera a medio kilómetro del pueblo. Mejor porque hay una buena fuente donde lavarse. El conductor todo nervioso que tiene que volver pronto. Bajamos a Pola de Somiedo a comer. Antes de salir del autocar nos advierte por el micro que tenemos que estar a las siete listos para volver (?). Son las seis, no dejamos de mostrar nuestra extrañeza. Instalamos una larga mesa en la terraza y con todo apunto empiezan a caer cuatro gotonas, que pronto se convierten en lluvia torrencial. Volver a levantarse, volver a instalar una larga mesa en el interior. Qué gente más amable la de este bar. Poniendo cara de buena voluntad salimos sobre las siete y media. No sabemos por qué, porque tenemos contratadas, como siempre, quince horas de autocar.

Ahora el panorama cambió y volvemos escopetados, con algún brusco frenazo incluido. Entramos en Oviedo con todos los semáforos rebeldes. Más frenazos. En la plaza América, descargando todavía mochilas y bastones el autocar arranca con el portón abierto. ¿Pero esto qué es?  La repanocha, lo nunca visto. Creo que siguió encontrando todos los semáforos cerrados. A pesar de todo antes de las diez entraba en el garaje en Trubia. ¿A qué tanta prisa? Nunca en años y años de funcionamiento habíamos tenido una bronca como esta. Esperamos en serio que esto jamás vuelva a ocurrir.

Para la primera de octubre tenemos la subida al Miravalles, la más occidental atalaya de toda la Cordillera Cantábrica. Iremos por Villablino y procuraremos hacer una parada a la ida y otra a la vuelta para estirar un poco las piernas. El día lo dan bueno y soleado.

FRESINES

miércoles, septiembre 24, 2014

FUIMOS AL HUEVO DE FARO



20  de septiembre de 2014

A punto de empezar el otoño, con las fiestas de San Mateo encima, las Xanas vuelve al monte. Esta vez al valle del Curueño, maravilloso, cercano en la distancia, lejano por carretera. Llegamos hasta el corazón mismo de Vegarada, el refugio cerrado.

Sopla un viento terrible, frío, desapacible. Ascendemos por la larga cuesta hacia Fontanillas, región de lagunillas y llamargas. Los ricos arándanos endulzan la dura remontada con su sabor acidillo. Bordeamos el Cueto Cabanas y seguimos ascendiendo en diagonal por el amplio valle glaciar que da vista a Vegarada. El viento trae algo de agua. Está tapado por arriba y hay dudas. Entramos por la Portilla de Faro, singular formación entre peladas formaciones de pizarra.

Al pasar al valle siguiente el viento se convierte en incómodo protagonista. Hace frío y sólo queda seguir ascendiendo para entrar en calor. Hasta la Collada de Faro. Subir hasta la cima de Faro es muy fácil, aunque la niebla no deja ver mucho. En un momento despeja y se pueden ver multitud de cumbres que rodean Vegarada, incluidas las cercanas del Jeje y el Nogales y las más lejanas de San Isidro. La cima es una bajada bastante bien escalonada de buena piedra y volvemos a la collada. Para volver a subir a continuación al Huevo que ahora también se ha destapado. Gran vista a los valles del sur de León, especialmente la formación geológica de las Hoces de Valporquero, tan quebradas.

Bajamos por un lateral de la cumbre siempre al oeste. Vamos a seguir todo el cordal hasta el final. Y es un rato largo. A media ladera sobresale de la hierba un inmenso corredor de estratos calizos; dan la impresión de que sostienen la montaña. Pasamos junto a la cima del Pico Llastres, desde arriba del Faro vimos sus numerosas lagunillas en la vertiente de Vegarada. A lo lejos muy abajo, se ve una cantera en explotación. Llama la atención por el corte horizontal y blanco de la piedra. Pasamos varias cumbres menores todas por encima de los dos mil. Para afrontar finalmente la subida de La Morala, el gran vértice en la media luna que estamos trazando.

El viento ha moderado un tanto, sale el sol tímidamente. Descansamos un poco. Seguimos la cuerda de las peladas montañas. La pizarra desecha hace formaciones increíblemente talladas por la erosión del agua y los vientos. Pasamos por El Restallar y bajo el Bustaquero. La travesía se empieza a hacer larga. Acortando por el cortafuegos se llega subiendo otra vez al Pico de la Ablazosa. Desde aquí se ve un pueblo, Cerrulleda, y la tentación es dirigirse a él bajando por el largo valle.

Una franja caliza y bastante vertical nos impide seguir el viaje. Habría que rodearla por debajo. Eso supone Bajar mucho. Hay que hacer una “xanada”: de frente por el barranco para tirar a la derecha a una bajada encajonada entre rocas en la que hay que echar las manos para hacer un pasillo sencillo de bajar. Mucha piedra poco asentada. Pasamos al otro lado para comprobar que todavía no estamos en el valle de Redipuertas que tenemos que seguir a los sierros Negros, subiendo por su gran cortafuegos. Desde allí comienza la larga bajada que va rodeando el monte por una buena pista rural. Interminable pista, algo embarrada. Fácil para la conversación. Salimos a la carretera. Medio kilómetro hasta Lugueros.

El autocar a la entrada del pueblo. El río Curueño baja alegre, fresco. Meter los pies es múy agradable. Lavados y planchados, listos para comer. En la terraza del bar. Viendo el puente rústico de tres ojos sobre el Curueño y con el fondo del pico Bodón. ¿Se puede pedir más? Es el cumple de Gelu y nos invita a las bebidas, cafés y licores. Gracias y que cumplas muchos. Después del chupito ni nos acordamos del frío de la mañana.

Para empezar el otoño volvemos a Somiedo. Partiendo del precioso pueblo leonés de La Cueta vamos a subir a la Mortera y al Pico Las Morteras para acabar en Lago de Valle, bajando después al Coto de la Buenamadre, donde daremos por finalizada esta preciosa salida.

FRESINES

viernes, septiembre 19, 2014

RUTA DE DOS DÍAS: TORRECERREDO Y ALGUN APERITIVO ANTERIOR



13  de septiembre de 2014

Nuestro gran verano montañero termina. Pero de la manera más gloriosa. Después de haber subido al Jucantu, al Gildar, a la Morra de Lechugales, a la canal oeste de la Ubiña Pequeña, al magnífico Yordas, al enhisto Jultayu, a la Torre de Santa María por la Grieta Rubia, glorioso día, al Prau y los Fontanes, en una grandísima jornada, rematando el comienzo de septiembre con la ascensión al Cabezo Llerosos, nos quedaba este fin de semana tan completo para acabar esta sensacional faena montañera, cuajada de cumbres, de compañerismo y de vibrantes sensaciones.

Así que salimos de buena madrugada de la ciudad para encontrarnos a nosotros mismos en el entorno más natural, en la embriagadora belleza de los Picos de Europa. Sobre las 10 nos plantamos en la Curvona de Sotres, con tres autocares maniobrando y varias docenas de coches esperando. Finalmente podemos posarnos y atacamos con valentía la subida a Pandébano. El camino viejo alivia con su buena sombra. La mitad del grupo vamos a la Cueva de hielo de Peña Castil. Así que subimos antes de la Tenerosa por la larga cuesta que accede a la canal de las Moñas. Subida que se atraganta aunque afortunadamente se nubla el sol. Antes de la Horcada Camburero nos llueve intensamente. Afortunadamente dura poco, cosa de un cuarto de hora. Pasamos la Horcada para emprender el camino a media ladera. En cuestión de unos veinte minutos damos vista a la inmensa oquedad.

Bajamos despacio por la empinada y desecha cuesta que remata en un nevero que acaba siendo un lago de hielo azulado. Por la pared se desliza una gran cascada helada, mucho menos gruesa en verano. Es muy bello espectáculo. El secreto de la Cueva de hielo cada vez es más conocido, detrás de nosotros aparecen nada menos que cuatro grupos de personas.

En la siguiente parte de la ruta nos dividimos: la mitad decide subir a Peña Castil, mientras que la otra mitad seguimos al oeste rumbo al Jou del Carnizoso. Llebamos un tiempo muy intrigados Ángel y yo por descubrir el trazado de esta ruta tan poco transitada y que lleva directamente al refugio. Allá vamos. Al llegar al Collado del Agua se abre inmenso a nuestros pies el terriblemente solitario Jou del Carnizoso. Continuamos al Sur por la senda de bajada. Es un lugar pavoroso en su desnudez, tan vacío, puro pedregal. Bajamos mucho y luego hay que remontar una dura cuesta hasta la Horcada del Carnizoso. Hay una gran oquedad a media ladera. La senda no es en absoluto complicada, aunque se hace dura la remontada por las piedrecillas sueltas. El fondo del gran agujero es una difícil horcada entre la Castil y la Torre del Carnizoso. A medida que avanzamos el Picu se hace cada vez mayor, lleno de detalles desde este privilegiado balcón. En la Horcada, por fin. De ahí a la antecima unos fáciles 20 metros y a la cumbre otros tantos. Gran gozada estar aquí arriba, tan cerca de todo y tan lejos del mundo. La pared Noreste del Urriellu tan cerca y tan lejos. Llamo la atención a mis compañeros sobre la inmensa “Y GRIEGA”  sobresaliente en la caliza gris, por debajo de la Gran Cornisa. Justo desde ahí empieza la vía de escalada de Cepeda. Por aquí subieron también Schulze y los Martínez. Parece hasta fácil.

Bajamos a la canal de la Celada. Una pareja sube con dos perros, todos pegados a la pared este del Urriellu. Cuando llegamos al fondo de la canal se oye llorar a uno de los perros. No les gustó el ascenso. Giramos con el arco que traza la canal bordeando el gran diedro asturiano, emblema de todos los escaladores europeos. Tenemos que volver a subir pero el Refugio está a la vuelta de la esquina.

Unas cervecitas para apagar la sed. Ocupamos nuestra habitación para 24, la de “La vía de los Martínez”, ¡qué honor! De los nuestros no hay casi nadie. Un grupo se ha ido con Taboada y las chicas a escalar a la Torre de Pomelo, situada justo encima del Jou de los Boches. Al poco rato les vemos volver tan felices, de haber hecho una escalada arriesgada. Piques sobre quien ha hecho más y quién menos, todo para pasar el rato. Queda una hora para la cena, que aprovechamos para los trámites administrativos con el refugio. Tomás nos acomoda estupendamente en nuestro rincón  habitual del comedor. Cena: sopa, y potaje de garbanzos con algún tropiezo perdido nadando. Como hay hambre no importa. Los de Castil llegaron hace media hora buscando una extraña bajada al Jou Tras el  Picu. Estábamos algo preocupados por la niebla que está cayendo.

Un poco de charla en el exterior y a las once a la cama que mañana hay mucha tela que cortar. Nunca una noche más silenciosa en un refugio. Los edredones cumplen su función aunque allí dentro hace más bien calor. El refugio está hasta los topes y hay gente vivaqueando fuera. El mejor invento que pudieron poner es el de la almohada.

A las seis de la mañana Taboada agita el gallinero: Si queremos desayunar antes de las siete ganamos tiempo al temporal que viene. Naturalmente decimos que cuanto antes. Y efectivamente a menos diez estamos cumplidos con la mochila preparada, el frontal en la cabeza y dispuestos a caminar. Los que han salido un poco antes son pequeñas estelas de luz en la espesa negrura. Hay quién comenta que es de locos salir así. A pesar de todo avanzamos a buen paso, buscando el siguiente paso minuciosamente. Benditos jitos que favorecen nuestra arriesgada aventura. Empieza a asomarse la rosada aurora, un punto brillante de luz entre masas negras nubosas. Estamos subiendo a la Brecha de los Cazadores.

En la esquina ya hay un sol brillante. Lito y sus chicas bajan hacia el camino viejo de Sotres a Tielve. En la Brecha han instalado un cordino, tras el accidente del chaval de Santa Cruz de Mieres que se despeñó por aquí más o menos en el momento que coronábamos la Morra de Lechugales. Luego el camino conocido: La horcada Arenera, el Jou de Cabrones, cerrado por el Neverón de Urriellu (algún día caerá también) y la ya pisada Párdida, luego el pico Boada, junto a la Horcada Don Carlos. ¿Recordáis el casi accidente que vimos aquél día?

Bordeamos el Jou. La aridez es absoluta, nada más solitario, nada más apabullante. Tras el inmenso rodeo que implica bordear su extremo norte o su frontera sur, estamos en la base del Cerredo. Dios. Asusta su altura, su inclinación. La vista recorre una y otra vez la canal de aproximación, y luego la mucho más empinada ladera que va hasta la antecima.

Nos organizamos bien. Subimos diecisiete. Con calma. Sin voces que distraigan, concentrados. La aproximación ya en la ladera va ascendiendo en llambriales pelados, chimeneas y desmontes que hay que trepar. Son buenos los apoyos para las manos. A pesar de todo recomendamos probar cada asidero, siempre asegurando. Estamos en una alta meseta. Queda mucho por subir. Nadie tiene miedo, o no lo cuenta. Los cordinos que llevamos no salen de la mochila. Empieza la trepada de verdad. Esta gente es brava de tres pares de narices. Me asusta verlos con tal seguridad. La subida es una gozada, divertida, variada, ajenos al mundo, ajenos al temporal que rueda sobre nuestras cabezas, sólo atentos al compañero que va delante, siempre pendientes del que viene por detrás. Una nueva chimenea se nos planta en la subida. Superada. Ahora por el gran diedro lateral en el que se intuye que está la antecima. Afortunadamente vamos guiados por gente que ya estuvo aquí: Taboada, Carrete, Miguel, Manuel, Rosa, Roberto…

Hecho una mirada hacia abajo: el patio produce congoja. Mejor tirar para arriba, superamos el último y vertical muro, trepadas del  II+. Llegamos. Felicitaciones. Fotos ante la imagen de la Santina. Vistas de ensueño. No nos gustan las nubes que entran por detrás. El cercano Espigüete engaña a la vista: hay más de cuarenta kilómetros en línea recta. Vamos a bajar. Con orden.

Siempre apoyándonos. La consigna es no tirar piedras. Alguna rueda brevemente. Pero observo que el grupo ha adquirido una gran experiencia en moverse por terrenos inestables. Se baja como se puede, mejor de cara a la pared, pero también algún culiarrastro. Superada la vertical pared, la bajada se me hace muy larga. Llego, como siempre, el último. Qué le vamos a hacer, si la maquinaria funciona a este ritmo pausado. Grito al llegar: ¡CHAPEAU PARA TODOS1¡CHAPAEU PARA EL GRUPO Y LOS QUE NOS ACOMPAÑAN!  Superamos otra prueba en este complicadísimo verano, tan exigente, tan apasionante. No tenemos más remedio que estar enamorados de la montaña.

Nuestro itinerario continúa superando el Jou Negro, el glaciar permanente del Central. Volvemos a bajar, difícil bajada, piedrecilla menuda, poco agarre, volvemos a subir. El Refugio de Cabrones está cerca pero nunca llegamos a él. Superada la loma se ve el brillo de su techo al sol.

Nos tomamos algún refresco. Apurando que la tormenta está anunciada para las cinco. Seguimos a los Traves. Pasamos sin tocar las cuerdas. Uno de los chicos del Bierzo cae. Sin problemas sólo son los piés poco acostumbrados a este abalizamiento. Por fin la deseada collada de descenso. Y la bonita bajada flanqueada por un cordino vertical que tenemos a gala no tocar. Se nos había olvidado la complicación de este camino que va bordeando profundas depresiones y que tiene que continuar a través de llambrias bastante verticales.

Por fin las cabañas de Amuesa. Y a la Canal. Eterna. Al principio muy rápido descenso. Pero al llegar al estrechamente las mil revueltas se hacen eternamente pesadas. >Manuel se queda con el muchacho de Ponferrada que viene ya dolorido y deseando pillar el funicular. Llegamos abajo, se ha hecho eterno. La fuente es un alivio. No paramos en Bulnes porque va entrando un nubarrón negro, negrísimo por el fondo de Peña Main.

Nunca he bajado la Canal del Tejo a esta velocidad. Volamos literalmente. Pero que larga es la condenada. Al final la nube corre más que nosotros y nos pilla cuando nos quedan unos  diez minutos para el puente de la Jaya. Dura poco pero es intenso el chaparrón. En Poncebos ya está todo el mundo. Se ha impuesto el plato de “la abuela”: chorizo, jamón, huevos fritos y patatas. Todo un éxito para calmar nuestro vacío organismo que lleva diez intensas horas caminando sin apenas meter nada de combustible. Hemos terminado otra jornada gloriosa. Nos felicitan por lo organizado que está el grupo, por la experiencia que se tiene en roca, por lo que se apoya a todo el mundo en las grandes escaladas. Orgullo de ser de las Xanas, por si alguien tiene una fe más vacilante.

El próximo sábado tenemos una ruta más que asequible para todo el mundo por el puerto de Vegarada. La subida es al Huevo de Faro y a la Morala. No hace falta hacer todo y supongo que habrá una alternativa más fácil y un grupo de ambiciosos que quieran cubrir todas las cimas desde el Estorbín al Pico Lagunas. Benditos ellos que pueden.

FRESINES

miércoles, septiembre 10, 2014

SUFRIMOS LA RUTA MÁS CALUROSA DEL VERANO EN EL CAÓTICO TERRENO DEL CABEZO LLEROSOS



6  de septiembre de 2014

Transcurrió buena parte de nuestro verano montañero con buenas sensaciones, varios miles de metros de desniveles salvados y un clima bastante bueno para hacer cumbres. Pero llegó septiembre y con él el calor. La ruta de hoy ya es larga de por sí pero cuando empezó a apretar el sol se hizo bastante más dura de lo que ya es de por sí.

Los del tiempo, unos agoreros dando grandes tormentas para el fin de semana que sólo se cumplieron aL final del día. El caso es que madrugando y todo no empezamos la ruta propiamente dicha hasta las 10 de la mañana. Teníamos permiso para subir como grupo pero todavía nos retuvieron algún tiempecito en el control de acceso. El ALSA tenía prioridad, qué cosas. El caso es que comenzamos muy bien. Fuerte ritmo de subida, sabiendo que la ruta es muy larga.

Las vistas sobre la Torre de Santa María y los Traviesos, inmejorables. Allí estuvimos hace dos semanas; parece que ha pasado un siglo. La Cemba Vieya aguantando su capa de nieve hasta la próxima nevada. Mucha actividad alrededor de la Vuelta Ciclista que mañana sube por aquí. Vamos cortando recto hasta Belbín para coger luego el camino de la Brañarredonda (1h), bajo el Cabeza Redonda, y otra más para la de Camplengo Vieyu. En teoría estamos cerca del Pico. A partir de aquí es más bien difícil orientarse por la sucesión de jous y parés que no facilitan una localización más exacta. Mientras se ve el Jascal es más fácil y allí suben los Tres M (Manuel, Mariajosé, Miguel) más Hugo de escudero. Empezamos a subir en serio por el camino bien trazado. El Collado Verancielles  cae finalmente, rendido a nuestras botas. Nos circundan las inmensas paredes grises marcadas por surcos de lapiaces, canales profundos en la dura roca. Por algo llaman a esta zona Los Jondones.

A cada depresión sucede otra, y eso significa que hay que remontarla para bajar al hoyo y volver a subir por el otro lado. Cuento hasta doce grandes depresiones aunque alguna la podemos salvar por encima. Una de ellas, la majada Beresna, tan idílica, tan solitaria, sólo cabras y rebecos. Han pasado casi tres horas y todavía no vemos la silueta del Llerosos tapado por los montes de las estribaciones. Las majadas bastante verdes para esta época del año. Un pastor de Camarmeña me explica que, aparte de que ha llovido mucho y hecho poco sol, el rocío de la mañana es un buen riego para el pastizal.

Ya en la Horcada Los Bueyes. Nos pasamos de frenada y vamos a entrar al pico más al oeste de lo que estaba previsto. El esfuerzo lo vamos a pagar con media hora más. Subimos bien, sorteando pequeños desmontes y pasillos de roca, pisando por encima de las afiladas cuchillas. Miguel llama desde la cumbre. Han corrido como galgos, seguramente el terreno que pisaron era bastante mejor que el nuestro. La primera subida tiene algo de engaño porque superado un gran desnivel hay que volver a bajar algo a una gran hoya para enfrentarse a la última cima propiamente dicha. Llegamos a las tres menos veinte. El calor ha hecho estragos en la tropa.

Nos da el tiempo justo para hacer los ritos habituales, foto, tarjeta, identificación de cumbres. Las fotos desde este mirador son excepcionales en la vista suroeste-sureste. Nunca habíamos apreciado con tanto detalle la Aguja Saint-Saud y la Torre Labrouche clavadas a la derecha de Torrecerredo, donde esperamos estar la semana próxima.

A las tres menos cinco abandonamos con pesar la cumbre. Cuando se está tan poco tiempo en la cima no da tiempo a recuperar, por lo menos esto me pasa a mí. La meteorología está acompañando, el cielo bastante empedrado, no tiene ninguna pinta de llover. Bajamos literalmente en línea recta, siempre al oeste, siguiendo perfectamente el track que nos mandó Peña. Gracias a su descripción teníamos claro que no había que equivocarse al escoger el valle de bajada.

El único problema estuvo en el propio terreno en el que continúa desfilando una sucesión de profundísimos hoyos. Cada vez cuesta más remontarlos. Por fin salimos por un alto desviándonos inmediatamente a la majada Beceña (1478), por el Valle Terenos, para buscar agua que alivie nuestra sed. Ángel tiene buena vista y bajamos a “abrevar” en un agua no muy limpia, no muy fresca, pero que cumple su cometido. Seguimos la canal de las Vacas (?) que baja por pasillos de roca de una depresión a la siguiente. Más sube y baja. No seguimos el camino de la descripción pero hasta aquí no abandonamos buenas sendas de ganado. Cuando salimos por fin con vista al Murallón de Amuesa (desde esta altura se ve bastante más pequeño) estamos a medio camino entre Ondón y Pregüeles. Es el camino que buscaba Ángel. La caída parece vertiginosa. Y sin embargo estamos seguros de que hay una senda de comunicación entre majadas. Recordamos el día en que estuvimos en la Ciella, con Senén y Jorge, nada menos, categoría montañera especial.

Ángel baja a explorar, le siguen Manuel, Mariajosé y Hugo. Los demás nos tentamos la ropa y rectificamos en dirección a la Canal de la Bobia que está muy cerca, siguiendo la cabaña Esmenadorio. Entramos en la Canal, son las cinco menos cuarto. Veo muy difícil poder arraancar el autocar de vuelta a las siete menos cuarto como estaba previsto. La Canal de la Bobia cada vez está más desmontada. A pesar de eso se baja bien, con cuidado por la piedra suelta. Vamos dando todos los giros y contragiros con el Picu siempre protagonista. El camino gira hacia la pared, la zona de las temidas ortigas. Más vueltas y revueltas hasta la primera cabaña. Luego entramos al bosque. Todavía quedan más de veinte minutos a Camarmeña.

Lo primero que buscamos es la fuente para mitigar la gran seca que llevamos. Luego el conocido bar amarillo de Camarmeña donde paramos lo justo para tomar una cerveza. Otro cuarto de hora y abajo. No pudimos comunicarnos por falta de cobertura, así que pensamos que tendrán algo decidido sobre la hora y la manera de salir el autocar. Lo primero que decimos al llegar es que no nos importa marchar ya. Pero lo tienen bastante bien arreglado y van a poner un segundo conductor desde Oviedo. Eso nos da un margen de veinticinco minutos para comer y sobretodo para beber. Gracias a la organización.

El próximo fin de semana volvemos a ir de refugio, esta vez al de Urriellu. Queremos hacer la subida a Torrecerredo. Las plazas del autocar están todas cubiertas aunque no sabemos si fallará alguien. Habría que mejorar la manera de gestionar el apuntarse a un refugio para evitar las vacilaciones de quien organiza este lío. La tarde de llegada hay varias ideas de lo que se puede hacer. Consensuaremos una ruta o dos en el autocar. Evitando darnos una paliza pues al día siguiente la tenemos garantizada. Puede ser el mejor remate de este exigente calendario que nos hemos impuesto este verano. Sólo hace falta que el tiempo acompañe un poco. No hacer demasiado caso a los meteorólogos locos.

FRESINES