miércoles, septiembre 24, 2014

FUIMOS AL HUEVO DE FARO



20  de septiembre de 2014

A punto de empezar el otoño, con las fiestas de San Mateo encima, las Xanas vuelve al monte. Esta vez al valle del Curueño, maravilloso, cercano en la distancia, lejano por carretera. Llegamos hasta el corazón mismo de Vegarada, el refugio cerrado.

Sopla un viento terrible, frío, desapacible. Ascendemos por la larga cuesta hacia Fontanillas, región de lagunillas y llamargas. Los ricos arándanos endulzan la dura remontada con su sabor acidillo. Bordeamos el Cueto Cabanas y seguimos ascendiendo en diagonal por el amplio valle glaciar que da vista a Vegarada. El viento trae algo de agua. Está tapado por arriba y hay dudas. Entramos por la Portilla de Faro, singular formación entre peladas formaciones de pizarra.

Al pasar al valle siguiente el viento se convierte en incómodo protagonista. Hace frío y sólo queda seguir ascendiendo para entrar en calor. Hasta la Collada de Faro. Subir hasta la cima de Faro es muy fácil, aunque la niebla no deja ver mucho. En un momento despeja y se pueden ver multitud de cumbres que rodean Vegarada, incluidas las cercanas del Jeje y el Nogales y las más lejanas de San Isidro. La cima es una bajada bastante bien escalonada de buena piedra y volvemos a la collada. Para volver a subir a continuación al Huevo que ahora también se ha destapado. Gran vista a los valles del sur de León, especialmente la formación geológica de las Hoces de Valporquero, tan quebradas.

Bajamos por un lateral de la cumbre siempre al oeste. Vamos a seguir todo el cordal hasta el final. Y es un rato largo. A media ladera sobresale de la hierba un inmenso corredor de estratos calizos; dan la impresión de que sostienen la montaña. Pasamos junto a la cima del Pico Llastres, desde arriba del Faro vimos sus numerosas lagunillas en la vertiente de Vegarada. A lo lejos muy abajo, se ve una cantera en explotación. Llama la atención por el corte horizontal y blanco de la piedra. Pasamos varias cumbres menores todas por encima de los dos mil. Para afrontar finalmente la subida de La Morala, el gran vértice en la media luna que estamos trazando.

El viento ha moderado un tanto, sale el sol tímidamente. Descansamos un poco. Seguimos la cuerda de las peladas montañas. La pizarra desecha hace formaciones increíblemente talladas por la erosión del agua y los vientos. Pasamos por El Restallar y bajo el Bustaquero. La travesía se empieza a hacer larga. Acortando por el cortafuegos se llega subiendo otra vez al Pico de la Ablazosa. Desde aquí se ve un pueblo, Cerrulleda, y la tentación es dirigirse a él bajando por el largo valle.

Una franja caliza y bastante vertical nos impide seguir el viaje. Habría que rodearla por debajo. Eso supone Bajar mucho. Hay que hacer una “xanada”: de frente por el barranco para tirar a la derecha a una bajada encajonada entre rocas en la que hay que echar las manos para hacer un pasillo sencillo de bajar. Mucha piedra poco asentada. Pasamos al otro lado para comprobar que todavía no estamos en el valle de Redipuertas que tenemos que seguir a los sierros Negros, subiendo por su gran cortafuegos. Desde allí comienza la larga bajada que va rodeando el monte por una buena pista rural. Interminable pista, algo embarrada. Fácil para la conversación. Salimos a la carretera. Medio kilómetro hasta Lugueros.

El autocar a la entrada del pueblo. El río Curueño baja alegre, fresco. Meter los pies es múy agradable. Lavados y planchados, listos para comer. En la terraza del bar. Viendo el puente rústico de tres ojos sobre el Curueño y con el fondo del pico Bodón. ¿Se puede pedir más? Es el cumple de Gelu y nos invita a las bebidas, cafés y licores. Gracias y que cumplas muchos. Después del chupito ni nos acordamos del frío de la mañana.

Para empezar el otoño volvemos a Somiedo. Partiendo del precioso pueblo leonés de La Cueta vamos a subir a la Mortera y al Pico Las Morteras para acabar en Lago de Valle, bajando después al Coto de la Buenamadre, donde daremos por finalizada esta preciosa salida.

FRESINES

viernes, septiembre 19, 2014

RUTA DE DOS DÍAS: TORRECERREDO Y ALGUN APERITIVO ANTERIOR



13  de septiembre de 2014

Nuestro gran verano montañero termina. Pero de la manera más gloriosa. Después de haber subido al Jucantu, al Gildar, a la Morra de Lechugales, a la canal oeste de la Ubiña Pequeña, al magnífico Yordas, al enhisto Jultayu, a la Torre de Santa María por la Grieta Rubia, glorioso día, al Prau y los Fontanes, en una grandísima jornada, rematando el comienzo de septiembre con la ascensión al Cabezo Llerosos, nos quedaba este fin de semana tan completo para acabar esta sensacional faena montañera, cuajada de cumbres, de compañerismo y de vibrantes sensaciones.

Así que salimos de buena madrugada de la ciudad para encontrarnos a nosotros mismos en el entorno más natural, en la embriagadora belleza de los Picos de Europa. Sobre las 10 nos plantamos en la Curvona de Sotres, con tres autocares maniobrando y varias docenas de coches esperando. Finalmente podemos posarnos y atacamos con valentía la subida a Pandébano. El camino viejo alivia con su buena sombra. La mitad del grupo vamos a la Cueva de hielo de Peña Castil. Así que subimos antes de la Tenerosa por la larga cuesta que accede a la canal de las Moñas. Subida que se atraganta aunque afortunadamente se nubla el sol. Antes de la Horcada Camburero nos llueve intensamente. Afortunadamente dura poco, cosa de un cuarto de hora. Pasamos la Horcada para emprender el camino a media ladera. En cuestión de unos veinte minutos damos vista a la inmensa oquedad.

Bajamos despacio por la empinada y desecha cuesta que remata en un nevero que acaba siendo un lago de hielo azulado. Por la pared se desliza una gran cascada helada, mucho menos gruesa en verano. Es muy bello espectáculo. El secreto de la Cueva de hielo cada vez es más conocido, detrás de nosotros aparecen nada menos que cuatro grupos de personas.

En la siguiente parte de la ruta nos dividimos: la mitad decide subir a Peña Castil, mientras que la otra mitad seguimos al oeste rumbo al Jou del Carnizoso. Llebamos un tiempo muy intrigados Ángel y yo por descubrir el trazado de esta ruta tan poco transitada y que lleva directamente al refugio. Allá vamos. Al llegar al Collado del Agua se abre inmenso a nuestros pies el terriblemente solitario Jou del Carnizoso. Continuamos al Sur por la senda de bajada. Es un lugar pavoroso en su desnudez, tan vacío, puro pedregal. Bajamos mucho y luego hay que remontar una dura cuesta hasta la Horcada del Carnizoso. Hay una gran oquedad a media ladera. La senda no es en absoluto complicada, aunque se hace dura la remontada por las piedrecillas sueltas. El fondo del gran agujero es una difícil horcada entre la Castil y la Torre del Carnizoso. A medida que avanzamos el Picu se hace cada vez mayor, lleno de detalles desde este privilegiado balcón. En la Horcada, por fin. De ahí a la antecima unos fáciles 20 metros y a la cumbre otros tantos. Gran gozada estar aquí arriba, tan cerca de todo y tan lejos del mundo. La pared Noreste del Urriellu tan cerca y tan lejos. Llamo la atención a mis compañeros sobre la inmensa “Y GRIEGA”  sobresaliente en la caliza gris, por debajo de la Gran Cornisa. Justo desde ahí empieza la vía de escalada de Cepeda. Por aquí subieron también Schulze y los Martínez. Parece hasta fácil.

Bajamos a la canal de la Celada. Una pareja sube con dos perros, todos pegados a la pared este del Urriellu. Cuando llegamos al fondo de la canal se oye llorar a uno de los perros. No les gustó el ascenso. Giramos con el arco que traza la canal bordeando el gran diedro asturiano, emblema de todos los escaladores europeos. Tenemos que volver a subir pero el Refugio está a la vuelta de la esquina.

Unas cervecitas para apagar la sed. Ocupamos nuestra habitación para 24, la de “La vía de los Martínez”, ¡qué honor! De los nuestros no hay casi nadie. Un grupo se ha ido con Taboada y las chicas a escalar a la Torre de Pomelo, situada justo encima del Jou de los Boches. Al poco rato les vemos volver tan felices, de haber hecho una escalada arriesgada. Piques sobre quien ha hecho más y quién menos, todo para pasar el rato. Queda una hora para la cena, que aprovechamos para los trámites administrativos con el refugio. Tomás nos acomoda estupendamente en nuestro rincón  habitual del comedor. Cena: sopa, y potaje de garbanzos con algún tropiezo perdido nadando. Como hay hambre no importa. Los de Castil llegaron hace media hora buscando una extraña bajada al Jou Tras el  Picu. Estábamos algo preocupados por la niebla que está cayendo.

Un poco de charla en el exterior y a las once a la cama que mañana hay mucha tela que cortar. Nunca una noche más silenciosa en un refugio. Los edredones cumplen su función aunque allí dentro hace más bien calor. El refugio está hasta los topes y hay gente vivaqueando fuera. El mejor invento que pudieron poner es el de la almohada.

A las seis de la mañana Taboada agita el gallinero: Si queremos desayunar antes de las siete ganamos tiempo al temporal que viene. Naturalmente decimos que cuanto antes. Y efectivamente a menos diez estamos cumplidos con la mochila preparada, el frontal en la cabeza y dispuestos a caminar. Los que han salido un poco antes son pequeñas estelas de luz en la espesa negrura. Hay quién comenta que es de locos salir así. A pesar de todo avanzamos a buen paso, buscando el siguiente paso minuciosamente. Benditos jitos que favorecen nuestra arriesgada aventura. Empieza a asomarse la rosada aurora, un punto brillante de luz entre masas negras nubosas. Estamos subiendo a la Brecha de los Cazadores.

En la esquina ya hay un sol brillante. Lito y sus chicas bajan hacia el camino viejo de Sotres a Tielve. En la Brecha han instalado un cordino, tras el accidente del chaval de Santa Cruz de Mieres que se despeñó por aquí más o menos en el momento que coronábamos la Morra de Lechugales. Luego el camino conocido: La horcada Arenera, el Jou de Cabrones, cerrado por el Neverón de Urriellu (algún día caerá también) y la ya pisada Párdida, luego el pico Boada, junto a la Horcada Don Carlos. ¿Recordáis el casi accidente que vimos aquél día?

Bordeamos el Jou. La aridez es absoluta, nada más solitario, nada más apabullante. Tras el inmenso rodeo que implica bordear su extremo norte o su frontera sur, estamos en la base del Cerredo. Dios. Asusta su altura, su inclinación. La vista recorre una y otra vez la canal de aproximación, y luego la mucho más empinada ladera que va hasta la antecima.

Nos organizamos bien. Subimos diecisiete. Con calma. Sin voces que distraigan, concentrados. La aproximación ya en la ladera va ascendiendo en llambriales pelados, chimeneas y desmontes que hay que trepar. Son buenos los apoyos para las manos. A pesar de todo recomendamos probar cada asidero, siempre asegurando. Estamos en una alta meseta. Queda mucho por subir. Nadie tiene miedo, o no lo cuenta. Los cordinos que llevamos no salen de la mochila. Empieza la trepada de verdad. Esta gente es brava de tres pares de narices. Me asusta verlos con tal seguridad. La subida es una gozada, divertida, variada, ajenos al mundo, ajenos al temporal que rueda sobre nuestras cabezas, sólo atentos al compañero que va delante, siempre pendientes del que viene por detrás. Una nueva chimenea se nos planta en la subida. Superada. Ahora por el gran diedro lateral en el que se intuye que está la antecima. Afortunadamente vamos guiados por gente que ya estuvo aquí: Taboada, Carrete, Miguel, Manuel, Rosa, Roberto…

Hecho una mirada hacia abajo: el patio produce congoja. Mejor tirar para arriba, superamos el último y vertical muro, trepadas del  II+. Llegamos. Felicitaciones. Fotos ante la imagen de la Santina. Vistas de ensueño. No nos gustan las nubes que entran por detrás. El cercano Espigüete engaña a la vista: hay más de cuarenta kilómetros en línea recta. Vamos a bajar. Con orden.

Siempre apoyándonos. La consigna es no tirar piedras. Alguna rueda brevemente. Pero observo que el grupo ha adquirido una gran experiencia en moverse por terrenos inestables. Se baja como se puede, mejor de cara a la pared, pero también algún culiarrastro. Superada la vertical pared, la bajada se me hace muy larga. Llego, como siempre, el último. Qué le vamos a hacer, si la maquinaria funciona a este ritmo pausado. Grito al llegar: ¡CHAPEAU PARA TODOS1¡CHAPAEU PARA EL GRUPO Y LOS QUE NOS ACOMPAÑAN!  Superamos otra prueba en este complicadísimo verano, tan exigente, tan apasionante. No tenemos más remedio que estar enamorados de la montaña.

Nuestro itinerario continúa superando el Jou Negro, el glaciar permanente del Central. Volvemos a bajar, difícil bajada, piedrecilla menuda, poco agarre, volvemos a subir. El Refugio de Cabrones está cerca pero nunca llegamos a él. Superada la loma se ve el brillo de su techo al sol.

Nos tomamos algún refresco. Apurando que la tormenta está anunciada para las cinco. Seguimos a los Traves. Pasamos sin tocar las cuerdas. Uno de los chicos del Bierzo cae. Sin problemas sólo son los piés poco acostumbrados a este abalizamiento. Por fin la deseada collada de descenso. Y la bonita bajada flanqueada por un cordino vertical que tenemos a gala no tocar. Se nos había olvidado la complicación de este camino que va bordeando profundas depresiones y que tiene que continuar a través de llambrias bastante verticales.

Por fin las cabañas de Amuesa. Y a la Canal. Eterna. Al principio muy rápido descenso. Pero al llegar al estrechamente las mil revueltas se hacen eternamente pesadas. >Manuel se queda con el muchacho de Ponferrada que viene ya dolorido y deseando pillar el funicular. Llegamos abajo, se ha hecho eterno. La fuente es un alivio. No paramos en Bulnes porque va entrando un nubarrón negro, negrísimo por el fondo de Peña Main.

Nunca he bajado la Canal del Tejo a esta velocidad. Volamos literalmente. Pero que larga es la condenada. Al final la nube corre más que nosotros y nos pilla cuando nos quedan unos  diez minutos para el puente de la Jaya. Dura poco pero es intenso el chaparrón. En Poncebos ya está todo el mundo. Se ha impuesto el plato de “la abuela”: chorizo, jamón, huevos fritos y patatas. Todo un éxito para calmar nuestro vacío organismo que lleva diez intensas horas caminando sin apenas meter nada de combustible. Hemos terminado otra jornada gloriosa. Nos felicitan por lo organizado que está el grupo, por la experiencia que se tiene en roca, por lo que se apoya a todo el mundo en las grandes escaladas. Orgullo de ser de las Xanas, por si alguien tiene una fe más vacilante.

El próximo sábado tenemos una ruta más que asequible para todo el mundo por el puerto de Vegarada. La subida es al Huevo de Faro y a la Morala. No hace falta hacer todo y supongo que habrá una alternativa más fácil y un grupo de ambiciosos que quieran cubrir todas las cimas desde el Estorbín al Pico Lagunas. Benditos ellos que pueden.

FRESINES

miércoles, septiembre 10, 2014

SUFRIMOS LA RUTA MÁS CALUROSA DEL VERANO EN EL CAÓTICO TERRENO DEL CABEZO LLEROSOS



6  de septiembre de 2014

Transcurrió buena parte de nuestro verano montañero con buenas sensaciones, varios miles de metros de desniveles salvados y un clima bastante bueno para hacer cumbres. Pero llegó septiembre y con él el calor. La ruta de hoy ya es larga de por sí pero cuando empezó a apretar el sol se hizo bastante más dura de lo que ya es de por sí.

Los del tiempo, unos agoreros dando grandes tormentas para el fin de semana que sólo se cumplieron aL final del día. El caso es que madrugando y todo no empezamos la ruta propiamente dicha hasta las 10 de la mañana. Teníamos permiso para subir como grupo pero todavía nos retuvieron algún tiempecito en el control de acceso. El ALSA tenía prioridad, qué cosas. El caso es que comenzamos muy bien. Fuerte ritmo de subida, sabiendo que la ruta es muy larga.

Las vistas sobre la Torre de Santa María y los Traviesos, inmejorables. Allí estuvimos hace dos semanas; parece que ha pasado un siglo. La Cemba Vieya aguantando su capa de nieve hasta la próxima nevada. Mucha actividad alrededor de la Vuelta Ciclista que mañana sube por aquí. Vamos cortando recto hasta Belbín para coger luego el camino de la Brañarredonda (1h), bajo el Cabeza Redonda, y otra más para la de Camplengo Vieyu. En teoría estamos cerca del Pico. A partir de aquí es más bien difícil orientarse por la sucesión de jous y parés que no facilitan una localización más exacta. Mientras se ve el Jascal es más fácil y allí suben los Tres M (Manuel, Mariajosé, Miguel) más Hugo de escudero. Empezamos a subir en serio por el camino bien trazado. El Collado Verancielles  cae finalmente, rendido a nuestras botas. Nos circundan las inmensas paredes grises marcadas por surcos de lapiaces, canales profundos en la dura roca. Por algo llaman a esta zona Los Jondones.

A cada depresión sucede otra, y eso significa que hay que remontarla para bajar al hoyo y volver a subir por el otro lado. Cuento hasta doce grandes depresiones aunque alguna la podemos salvar por encima. Una de ellas, la majada Beresna, tan idílica, tan solitaria, sólo cabras y rebecos. Han pasado casi tres horas y todavía no vemos la silueta del Llerosos tapado por los montes de las estribaciones. Las majadas bastante verdes para esta época del año. Un pastor de Camarmeña me explica que, aparte de que ha llovido mucho y hecho poco sol, el rocío de la mañana es un buen riego para el pastizal.

Ya en la Horcada Los Bueyes. Nos pasamos de frenada y vamos a entrar al pico más al oeste de lo que estaba previsto. El esfuerzo lo vamos a pagar con media hora más. Subimos bien, sorteando pequeños desmontes y pasillos de roca, pisando por encima de las afiladas cuchillas. Miguel llama desde la cumbre. Han corrido como galgos, seguramente el terreno que pisaron era bastante mejor que el nuestro. La primera subida tiene algo de engaño porque superado un gran desnivel hay que volver a bajar algo a una gran hoya para enfrentarse a la última cima propiamente dicha. Llegamos a las tres menos veinte. El calor ha hecho estragos en la tropa.

Nos da el tiempo justo para hacer los ritos habituales, foto, tarjeta, identificación de cumbres. Las fotos desde este mirador son excepcionales en la vista suroeste-sureste. Nunca habíamos apreciado con tanto detalle la Aguja Saint-Saud y la Torre Labrouche clavadas a la derecha de Torrecerredo, donde esperamos estar la semana próxima.

A las tres menos cinco abandonamos con pesar la cumbre. Cuando se está tan poco tiempo en la cima no da tiempo a recuperar, por lo menos esto me pasa a mí. La meteorología está acompañando, el cielo bastante empedrado, no tiene ninguna pinta de llover. Bajamos literalmente en línea recta, siempre al oeste, siguiendo perfectamente el track que nos mandó Peña. Gracias a su descripción teníamos claro que no había que equivocarse al escoger el valle de bajada.

El único problema estuvo en el propio terreno en el que continúa desfilando una sucesión de profundísimos hoyos. Cada vez cuesta más remontarlos. Por fin salimos por un alto desviándonos inmediatamente a la majada Beceña (1478), por el Valle Terenos, para buscar agua que alivie nuestra sed. Ángel tiene buena vista y bajamos a “abrevar” en un agua no muy limpia, no muy fresca, pero que cumple su cometido. Seguimos la canal de las Vacas (?) que baja por pasillos de roca de una depresión a la siguiente. Más sube y baja. No seguimos el camino de la descripción pero hasta aquí no abandonamos buenas sendas de ganado. Cuando salimos por fin con vista al Murallón de Amuesa (desde esta altura se ve bastante más pequeño) estamos a medio camino entre Ondón y Pregüeles. Es el camino que buscaba Ángel. La caída parece vertiginosa. Y sin embargo estamos seguros de que hay una senda de comunicación entre majadas. Recordamos el día en que estuvimos en la Ciella, con Senén y Jorge, nada menos, categoría montañera especial.

Ángel baja a explorar, le siguen Manuel, Mariajosé y Hugo. Los demás nos tentamos la ropa y rectificamos en dirección a la Canal de la Bobia que está muy cerca, siguiendo la cabaña Esmenadorio. Entramos en la Canal, son las cinco menos cuarto. Veo muy difícil poder arraancar el autocar de vuelta a las siete menos cuarto como estaba previsto. La Canal de la Bobia cada vez está más desmontada. A pesar de eso se baja bien, con cuidado por la piedra suelta. Vamos dando todos los giros y contragiros con el Picu siempre protagonista. El camino gira hacia la pared, la zona de las temidas ortigas. Más vueltas y revueltas hasta la primera cabaña. Luego entramos al bosque. Todavía quedan más de veinte minutos a Camarmeña.

Lo primero que buscamos es la fuente para mitigar la gran seca que llevamos. Luego el conocido bar amarillo de Camarmeña donde paramos lo justo para tomar una cerveza. Otro cuarto de hora y abajo. No pudimos comunicarnos por falta de cobertura, así que pensamos que tendrán algo decidido sobre la hora y la manera de salir el autocar. Lo primero que decimos al llegar es que no nos importa marchar ya. Pero lo tienen bastante bien arreglado y van a poner un segundo conductor desde Oviedo. Eso nos da un margen de veinticinco minutos para comer y sobretodo para beber. Gracias a la organización.

El próximo fin de semana volvemos a ir de refugio, esta vez al de Urriellu. Queremos hacer la subida a Torrecerredo. Las plazas del autocar están todas cubiertas aunque no sabemos si fallará alguien. Habría que mejorar la manera de gestionar el apuntarse a un refugio para evitar las vacilaciones de quien organiza este lío. La tarde de llegada hay varias ideas de lo que se puede hacer. Consensuaremos una ruta o dos en el autocar. Evitando darnos una paliza pues al día siguiente la tenemos garantizada. Puede ser el mejor remate de este exigente calendario que nos hemos impuesto este verano. Sólo hace falta que el tiempo acompañe un poco. No hacer demasiado caso a los meteorólogos locos.

FRESINES

martes, septiembre 02, 2014

VOLAMOS POR ENCIMA DE LOS ALPES SUIZOS: EL PRAU Y LOS FONTANES



30  de agosto de 2014

Muy buena manera de rematar este mes tan montañero que llevamos. Cambiamos de cordal desplazándonos esta vez a nuestra queridas Ubiñas, nuestros pequeños Alpes Suizos, que no desmerecen de otras grandes montañas.  No hay más que recorrer las canales de subida y la de bajada para admitir que podrían ser comparables con cualquiera de las de Picos. Empezamos en Torrebarrio a las nueve y diez. Nos acompañan Julio y tres aguerridos montañeros llegados desde Ponferrada. Hora y veinte de pista para bordear el choco donde termina la misma, ascendiendo el cerro de la Loma Verde más a la derecha. Nos quedan más de cuatrocientos metros de intenso sufrir.

De lejos se ve la canal de aproximación, pegada al paredón de roca de las caídas del Crestón. Una canal que termina en una zona diagonal de color amarillo. No es buena elección entrar por ella. A pesar de eso entran Miguel y alguno más por ella, no siendo una ascensión cómoda. El resto giramos a la izquierda al llegar al primer murallón, para bordearlo ascendiendo en terrazas. El camino oficial sigue todavía más bajo y más hacia el puerto de Ventana. Pero, siguiendo grandes jitos, vamos girando por la alomada ladera, bastante pendiente, de mal piso y mucha piedra suelta. Hay que agarrarse en algún momento para superar pequeños desplomes.

Seguimos subiendo por la aterrazada ladera, mejor por fuera del camino en cómodos escalones. En un pequeño descanso esperamos a una rezagada del grupo de nuestros amigos leoneses, que no viene muy bien. Otra nueva subida por la lomera, bastante inclinada, larga, pero no difícil, para salir por fin al Collado del Prau, donde volvemos a encontrarnos todos, incluso a los que no habíamos visto durante toda la subida, ¡qué prisa llevaban! Muy agradable estancia en la cumbre, al buen sol de Castilla.

La Babia vista en escorzo. Cientos de cumbres. El lejano macizo del Cornión. Por allí anduvimos la semana pasada. Foto de cumbre, tarjeta, avituallamiento y a seguir. La literatura sobre el pasillo a los Fontanes es algo escabrosa: hacemos una llamada para pasarlo todos juntos. Así que salimos en descenso hacia el farallón de caída del Prau que cae abruptamente sobre la Loma Verde. Bajamos bastante para empezar a remontar en una breve canal que hay que subir trepando a 2031 m. de altitud. Luego hay un pequeño rellano seguido de un pasillo más bien ancho y con mucho patio por la izquierda. Pero el bloque de roca es sólido y tiene donde agarrarse. Cuando salimos de este tubo el comentario unánime es que dónde estaba la temida dificultad.

Subimos de nuevo hasta alcanzar la rota cima del Fontán Norte girando algo a la izquierda. Alcanzamos la cota más alta de las Ubiñas. Apenas cabemos en la abigarrada cima. Encontramos a Francisco Javier del Vetusta, del que enseguida nos hacemos amigos. Tanto que está dispuesto a venir al refugio de Urriellu con nosotros. Estrecha foto de cumbre. Mucha gente en la Ubiña grande. Maravillosas vistas sobre el Jou Longo, Socellares y los Puertos de Agüeria, todavía verdes.

No sé por qué pero parece que la gente, hecha la foto, tiene prisa por descender. Un grupillo nos dirigimos al Fontán Sur, mientras los más se bajan corriendo a buscar el Canalón del Buey. Nos despedimos de dos de los amigos ponferradinos, a los que muy probablemente volvamos a ver en el refugio de Urriellu. Buscamos la canal de bajada. Como volvemos a salir a la fachada de Torrebarrio me despisto pensando que la canal de bajada tiene que estar inmediata al Fontán Sur. Cuando se lo anuncio medio en broma hay rebelión en la flota. Ojo que por aquí subió Toño Huerta cuando escribió el libro. Les tranquilizo; no bajamos porque la verdad es que mete miedo.

Así que bordeando la cima, y descendiendo por el pequeño corredor embocamos el embudo de inicio de la canal. Empezamos el vertiginoso descenso. Se oye continuo ruido de piedras al caer. Pero sin consecuencias. Ya sabéis lo que es el ski-piedra tan practicado en estas montañas. Salimos del primer desfiladero pegados a la pared de la izquierda. Luego, ya con toda la caída por debajo hay quien opta por tirarse de frente por el marcado senderillo de piedras. Los más seguimos pegados a la pared de la derecha que por lo menos permite apoyarse en muchos momentos en los que la pendiente supera el 40%. Mal que bien, despacio o corriendo llegamos abajo, con las botas cargadas de piedrecillas. La Pasada del Siete por la que recomendábamos pasar a Julio y sus muchachos, es una enorme e inclinadísima veta de nieve-hielo, peligrosísima, a mi juicio. Y me alegro enormemente que se hayan dado la vuelta por donde subimos. La rimaya de nieve tiene unos tres metros de altura.

Nos esperan en la Forqueta del Portillín como es tradición en el grupo. Y, después del vinillo enfriado en el nevero, bajamos a muy buen paso al Meicín, que no se que tiene porque siempre se ve pero nunca se alcanza. Todo llega, podemos saludar a los refugieros Tania y Lionel, que ya nos conocen de otras aventuras.

Son las cuatro y diez cuando salimos del Meicín. Las existencias de cervezas han quedado muy mermadas. En Tuiza entramos a las cinco menos diez. Y El invento de los inventos: han puesto seis duchas en el aparcamiento del centro de interpretación. Precarias pero eficaces. Los varones vamos de cabeza. La caliente no funciona muy bien. Ellas fueron más pudorosas. Hoy olemos mejor nosotros. La gente se niega a terminar en bares que no tengan duchas. A partir de ahora hay que espabilar para incluir el duchado de rigor en el calendario. Que si no, la gente se enfada. Comemos fuera. Algunos el plato del día con contundente picadillo. Planes para el refugio. Tenemos todas las plazas llenas y una pequeña lista de reserva. A ver cómo lo negociamos.

Una buenísima excursión por la alta montaña, muy exigente, muy solitaria, enormemente bella. En la primera de septiembre una clásica del grupo: subir a Cabezo lloroso desde Los Lagos, por las escondidas y abandonadas majadas de altura, para bajar por Ondón y la canal de la Bobia a Poncebos. Dura pero maravillosa salida.

FRESINES