lunes, febrero 24, 2014

AGRADABLE PASEO POR LA COSTA DE CUDILLERO: DE CASTAÑERAS A CADAVEDO



22 de febrero de 2014

Para terminar el mes y variar algo en la casi monótona peregrinación a Covadonga en siete etapas, emprendimos la marcha costera por los terrenos del concejo de Cudillero y luego por el de Valdés para completar el recorrido. Poca costa llegamos a ver aunque quisimos ir lo más pegados posible a ella. Y es que lo accidentado del terreno, lleno de quebradas y barrancos nos sacó una y otra vez a la carretera cuando no pudimos seguir el camino de Santiago.

En Castañeras, donde ahora se llega en una patada salimos por el camino de Santiago para salvar el primer barranco del día: el del río Cándano. Volvemos a salir al mar por la Playa de Gairúa dejando la playa Calabón detrás de la Punta la Forcana. El camino está indicado y se anda bien, aunque el terreno bajo los eucaliptos no es el mejor para largas caminadas. El mar está tranquilo, no hay los vientos de las semanas pasadas. Tenemos que saltar bastantes alambradas para encontrar el camino del Mirador. Hasta veintidós conté y puede que me quedara corto. En fin no hubo chispazos y pudimos pasar al Mirador, torreón semidestruido, con pozo y bajada complicada a la playa. Muy bonito: se ve hasta el cabo Vidio, incluso el camino por el que salimos  a la playa del Silencio; hace un año de esto.

Luego el camino se vuelve a meter bajo árboles, damos varias vueltas y acabamos en la vía del FEVE, entrando por la abandonada estación de Sienra u saliendo por encima del túnel en el que se hunde la vía. Nuevas vueltas por el prado para recalar en Santa María donde una paisana que maneja un enorme tractor nos dice que nada, que hay que seguir a la carretera. Y allá recabamos haciendo unos kilómetros pesados en revuelta continua (las famosas curvas de Cadavedo, ¿o es que se nos olvidó?). Por suerte el tiempo es primaveral y se circula bien a la sombra. Y apenas hay tráfico. Encontramos una entrada con flecha amarilla que es de nuevo el Camino de Santiago. Sube por una larga ladera. El viento hizo de las suyas y hay multitud de ramas y troncos obstruyendo el camino. Los madereros que están despejando están contentos porque les salió trabajo con el temporal. Bajamos por el otro lado todo lo que hemos subido y tenemos dos grandes praderías por delante que cruzamos para ver el mar de nuevo. Nos asomamos a la costa y discutimos si la breve playa que se ve allí es la de Tayadeiro o la de Ballota. En el fondo todo es lo mismo, lo que ocurre es que la marea está muy alta y parecen playas separadas. La punta Vieras es una aguja afilada que penetra en el mar. Ya vemos, a buena distancia la silueta blanca de la Regalina.

Ahora la discusión recurrente es si salimos ya de Cudillero para entrar en Valdés o todavía no. La raya está en el río Cabo y desde la carretera a la que hemos vuelto es difícil de apreciar. A unos doscientos metros está una buena pista que baja por el bosque a la Playa de Cadavedo. Muy guapa playa, pedregosa, con antiguo molino convertido en chiringo de playa. Se ha convertido en una playa urbana la que antes era semisalvaje. Por fin una foto de cumbres. Numeroso grupo de surferos en el oleaje.

Subimos por el acantilado hasta La Regalina, todo acondicionado para la fiesta de la última semana de agosto. El recuerdo del padre Galo siempre presente. Realmente hermosa costa. Luis nuestro nuevo compañero me cuenta que en la playa de abajo se recolectan pulgas para los pescadores. También me cuenta el sentido de los poyetes de hormigón que están clavados junto al hórreo de la derecha. Es el sitio de la fiesta de prado, donde baila el grupo folklórico prácticamente sobre el borde del acantilado.

Entramos en Cadavedo por el largo camino del Padre Galo. Se ven muchos estilos de casas: antiguas, arregladas, establos de piedra y pizarra, villas… Algunas muy hermosas. Siempre fue pueblo de veraneantes. El Sol pega bien por este inacabable camino. La temperatura en la farmacia: 20º. En la parada de autobús paramos. Vamos a comer en el restaurante de enfrente. Nos faltaba cosa de un kilómetro para llegar a Villademoros, pero ya estuvo bien que llevamos 20 caminados. En fin una jornada soleada en la que todo salió bien teniendo en cuenta que la orientación se ha puesto complicada y que falta haría que continuaran por la costa el camino de Santiago  la Senda Costera y que señalizaran algo mejor las entradas y salidas.

En la primera de marzo vamos a Cangas del Nancea. Saldremos de molino Salce para subir a la Folgueirosa y bajar a La Viña. Aquí mandan Manuel y Miguel que son de la zona.

No olvidéis que tenemos encargado un jabalí con palatinos para el día 15 de marzo. Los que quieran apuntarse y todavía no lo hayan hecho que den un toque de móvil o un correo electrónico y rápidamente serán admitidos. 

FRESINES

miércoles, febrero 19, 2014

7ª ETAPA DE LA RUTA DE LAS PEREGRINACIONES: DE CANGAS DE ONIS AL SANTUARIO DE COVADONGA



15 de febrero de 2014

Completamos el itinerario propuesto. Desde Oviedo 110 kilómetros más o menos. El último tramo, aunque algo monótono, no exento de belleza. Lo primero que hicimos es una foto de recuerdo sobre el Puente Romano sobre el Sella. Precioso el río y rico en aguas. A continuación salimos hacia el sur para pasar junto a la iglesia de la Asunción hoy convertida en casa de cultura y museo de la monarquía asturiana. Desde este alto Cangas de Onís tiene otra silueta, distinta a lo habitual de turistas recorriendo su calle principal.

El siguiente paso consiste en bordear el cementerio, para acceder al área recreativa del Llano del Cura. Cuenta con un buen asador de carnes y entramos rápido al trapo de lo que se podría cocinar en un sitio como este. Incorregibles. Subimos por la escaleras, entre cipreses, al mirador sobre la villa. Hermoso espectáculo de una aldea transformada en un centro de servicios turísticos que atrae a miles de visitantes cada año. Buena vista de las sierras del Sueve y la de Escapa. También vemos el recorrido que hicimos hace varios años por el pico Faces y el Monte Cogolla, con una “U” bien trazada y bajada a Cangas de Onís monte a través.

Estamos en la pista que va a Següenco. Es monótona pero es una buena divisoria de horizontes: La Pica de Peñamellera (que tenemos en el calendario del 2014) y la Sierra del Cuera que recorrimos de punta a punta con la programación de Jorge. Abajo en un repliegue de la falda de la montaña una buena casería rodeada de verdor. Vamos a subir a las antenas. Mejor por la loma oriental que es más tendida. Es un extra en la programación pero subimos la mayoría. Es larga la cuesta. Arriba está el privilegiado mirador de Següenco que domina una amplísima vista, mar Cantábrico incluido. También se ve el repliegue que forman los montes dando lugar a la profunda hendidura del valle de Covadonga.

La bajada, monte abajo hacia las praderas de Següenco. Por cierto, en las inmediaciones una pareja de corzos retoza muy cerca de las primeras casas. De nuevo pista, itinerario largo, tendido, sin problemas. En una de las  revueltas hay un arenal en el suelo, lleno de huellas: las clásicas de un jabalí grande y las más pequeñas de tejón o melandro, un pequeño oso, que deja marcadísimas sus uñas y su profunda huella sobre el terreno blando. Luego está el grupo de cabañas donde Los Pallares. Unos kilómetros más adelante un grupo de cazadores sin suerte. No han cobrado pieza. Al poco, y dejando el Pico Reboiros para otra vez, que no hay ganas de subir más, entramos en el Parque Nacional de los Picos de Europa. Por Sulapeña, y luego tras breve subida por la Cueñe el Carru rodeamos la falda del monte Estellero. Por aquí bajamos hace un año cuando veníamos de los picos Sienra y Cebeo, bastante nevados. El terreno es más desigual. Aparece el barro en la subida al collado Bustio.

Cerca de la majada de Peñalba empieza a granizar. Dura poco y no nos inquieta la nieve. Pero no dejamos de admirar la exactitud de las predicciones meteorológicas que daban agua para las tres. Faltan escasos siete minutos. A partir de aquí mejora el terreno y una buena pista bordea el monte Auseva por el bosque. Bajamos al Real Sitio.

Se entra por arriba, a la altura de la Basílica. Hay gente, pero más bien escasa. La temperatura es muy buena y sorprendemos al turismo con nuestras mangas cortas. Una pareja de guardias estudia con los prismáticos la caída de la Cuesta de Ginés, totalmente quemada y pelada, por la subsiguiente corta de árboles. Bajamos dejando atrás el edificio del museo, y la Casa Capitular. En una terraza del camino el edificio azul del Hotel Pelayo, cerrado hasta la temporada alta. Foto de grupo delante de la Santa Cueva. Hoy, abundante el agua, cae por todas las hendiduras produciendo ese rumor especial que esperas oír en Covadonga. Varios compañeros encienden velas, arriba, después de subir por la escalera del perdón, para cumplir promesas o encargos.

Mientras esperamos a que llegue el último, bajamos al Huerto del Ermitaño a tomar una cerveza bien merecida. Hay una leyenda de Ambrosio de Morales, comisionado por Felipe II, para ver el estado del Real Sitio y este en su informe sobre la cueva, alaba lo hecho “por dejar lo más que se pudiera de lo natural”. Acierto que tuvieron nuestros antepasados y que nosotros desearíamos para las generaciones que vienen. Y así terminamos la aventura del grupo que empezó un frío día de enero en la capilla de Covadonga de Oviedo, y que terminó, después de siete recorridos en otra capilla de Covadonga con más renombre: “Aquí en el Monte Auseva llamo al peregrino a la morada de Santa María de Covadonga, inspiradora de Pelayo, Rey de Gijón…”  Oye, eso no lo perdonamos, faltaba que los de Xixón tuvieran reyes y todo…

Terminamos febrero recorriendo la costa occidental. Desde donde lo dejamos el año pasado en Castañera vamos a ir al Mirador, pasar por Ballota y sus playas, para llegar a La Regalina de Cadavedo y Villademoros, donde acabaremos esta interesante excursión marina. 

FRESINES

viernes, febrero 14, 2014

6ª ETAPA DE LA RUTA DE LAS PEREGRINACIONES: EMPEZAMOS EN LA VEGA Y LLEGAMOS A CANGAS DE ONÍS.



8 de febrero de 2014

En esta jornada no repetimos el éxito de gente de las primeras, aunque tampoco estuvo mal. Llegada a La Vega, solitario paraje, empozado entre colinas suaves. La Mota Centín es el monte más relevante con diferencia, por su cercanía y silueta. Nada más empezar hay que subir, y subir por la ardua pista hormigonada hasta superar la aldea de Villarcazo todavía en tierras piloñesas y un poco más arriba la siguiente aldea de Fresnediello en la que unas casas están en Piloña y las de enfrente en Onís. Llueve ligeramente. Esperamos a cubierto. Deja de orballar. Buena noticia, se mantendrá así el resto del camino.

En el alto abandonamos la pista y carretera que hemos venido siguiendo para afrontar la cuesta de la sierra de Bodes, que subiendo de loma en loma, va dándonos buena altura y mejor perspectiva. El sendero es bueno y aunque cuesto, pasa junto al pico Masalto con gran dominancia sobre Sevares y todo el valle del Piloña. La Sierra de Bodes marca dos vertientes de agua, por la derecha nuestro conocido río Tendi y por la izquierda el Beleño. La bajada es larga, pues hay que perder mucha altura hasta la vega.

La ladera está limpia de vegetación donde quemó la ladera en reciente incendio. Donde no, la vegetación no es muy alta pero incordia. Salimos por la ladera para caer sobre un eucaliptal que nos sirve de referencia. Cuando llegamos bajo los árboles hay que volver a subir un poco para encontrar, al otro lado de la cerca de alambre un buen camino que acaba en una pradería. Van dos horas de viaje. La vida es un peregrinar, siempre estamos en camino y para Las Xanas esta es nuestra condición.

Pasada la casería el camino-pista sigue por la margen derecha del río Piloña, ancho, majestuoso, torrencial con las lluvias de enero. Por la pista llegamos a Llames. Nos estamos acostumbrando a estas rutas con bar incluido. Es un rincón muy acogedor con una enorme mesa que no se parece mucho en su tecnología a las de Ikea, esta es algo más sólida.

Reemprendemos la marcha. En un continuo sube y baja hasta una hermosa ermita en la confluencia de caminos. Allí esperamos un poco a los rezagados. Continuamos por la pista de tierra que va girando con el río. Llegamos a la altura del Monasterio de Villanueva, magnífico y bien restaurado edificio, convertido en hospedería de lujo. No queremos bajar a la carretera así que continuamos por la senda a la Vega Los Caseros y al polígono industrial  de Prestín, no muy boyante de instalaciones productivas.

Salimos, algunos a la carretera y los demás por el camino de la Reina que venimos siguiendo desde hace varios kilómetros y que acaba en el puente sobre el Sella, donde nos hacemos una foto de recuerdo. De aquí arrancará nuestra próxima ruta. A ver si la Santina completa el milagro y este próximo sábado nos libra de la lluvia que amenaza una vez más. Llegaremos a Covadonga, a la Santa Cueva, completando así los 105 kilómetros que nos hemos marcado en estos dos meses de peregrinaje por el territorio astur.

FRESINES

miércoles, febrero 05, 2014

5ª ETAPA DE LA RUTA DE LAS PEREGRINACIONES: DESDE ESPINAREDO EN COMPLICADA TRAVESÍA A LA VEGA



1 de febrero de 2014

Siguiente etapa del camino. Estamos más cerca del objetivo. Hoy vamos a darle un buen empujón que nos dejará a dos etapas de Covadonga. Partimos de Espinaredo. Subiendo por la carretera arriba hasta El Barro (una premonición de lo que nos espera) y por el desvío de la derecha empezamos a subir a Porciles. La rampa es larga, el cielo está muy cubierto y más vale empezar rápido. Cuando llegamos a Porciles hay un resolillo agradable. Seguimos subiendo teniendo cuidado de no confundir caminos pues confluyen en muchos puntos el GR-105, el nuestro, y el GR-109 de la Asturias del Interior.

Saliendo de esta bonita aldea, de casas cuidadas y buenos hórreos y paneras la cuesta empieza a suavizarse algo. El que empeora es el tiempo: empieza a lloviznar. Hay que ponerse ropa de abrigo. El viento es frío. La pista va bordeando el cono de Sopiedra. Superados los 500 metros de desnivel, junto al abrevadero, estamos cerca de la Collada de Sopiedra. Está nevando y el horizonte se ha cubierto de nubes bajas.

Abandonamos la pista para alcanzar el collado Tayada. El camino que estamos siguiendo es de los entallados en piedra, realmente precioso. Dos kilómetros más y otros 360 metros de subida nos dejan en Sopiedra. El aire se ha convertido en un nuevo protagonista: sopla con fuerza y literalmente nos nueve. Un grupillo se ha ido con Lia a intentar el Niajo. Se quedan en el primer pico, creo que el Robleu, porque el aire puede con ellos.

Nuevo collado conseguido: El Pendedor que se alcanza pisando por encima de un paso de troncos para evitar el barrizal. Ya se ve, inmenso, el Valle Campiello preciosa subida a la sierra El Abedular. Un poco más y llegamos a la primera cabaña del Collado Llarenes. Vuelve a nevar. El suelo se ha cubierto levemente. Empezamos un nuevo faldeo, esta vez por el pico La Escoba. Con vistas al valle La Castañar, profundo valle marcado por el río Pequeño, que nos disponemos a cruzar por su parte alta. Es uno de los terrenos que nos quedan por explorar: las Foces del Río Pequeño prometen aventura. Ya cruzando la sierra el Abedular la orientación se convierte en un problema: seguimos una sucesión de vallinas y contravallinas en un continuo sube y baja. Las marcas de pista han desaparecido o están perdidas por el tiempo y la humedad. Lo malo es que el terreno es un chagüanal continuo. Sales de una chamarga, peleas con los toxos, entras en otro chamargón cuidando de no perder una bota y tropiezas con árgomas, mientras te desenganchas de las espineras. Se hace duro el avance. El barro es de una categoría especial, se pega como hace tiempo no recordábamos. Vamos avanzando pero con dificultad. Cansados. Pero al fondo hay una pradería verde que promete. Es el Collado la Perra y está muy cerca de Trebandi. Estamos en lo más profundo y retirado de Piloña. Contra los obstáculos que nos pone el terreno tenemos hoy una ventaja: estrenamos los nuevos radio trasmisores que nos ha regalado José Juan. Funcionan muy bien, nos localizamos en un momento y creo que acertamos con esta apuesta por la tecnología. ¡Gracias J.J.!

Llegamos a Trebandi.  Paró el viento, ya no nieva tampoco. Ahora hay un buen camino y vuelven a aparecer las marcas rojas y blancas. Nuestras amigas. Por un raro despiste, al querer evitar subir la Carba Trebandi, equivocamos el camino y seguimos el trazado directo, siempre al este. Tenemos que buscarnos la vida por una amplia ladera siguiendo caminos de cuadrúpedos, mejor dotados que nosotros para estos menesteres. Salimos a las cabañas del Cerralín. Desde aquí hay una buena pista, que seguimos por lo alto, aunque nuestro track tiene que ir mucho más bajo. A buen paso por la pista llegamos a una bifurcación. Desde lo alto se divisa en lontananza la Matosa. Queda todavía su buen par de horas. Por la izquierda la pista acaba en el centro de Villamayor. Nuestro camino sigue por el otro ramal hasta pasar junto al depósito de agua para la extinción de incendios. Descendemos. Hay que bajar mucho para encontrarnos a la altura de la carretera. Además todavía tenemos que superar el valle del río Color antes de dar con el valle del río Tendi que será la meta que buscamos.
Así que monte abajo por la ladera, hasta una buena cabaña, que tiene un camino alto y uno bajo que van bordeando el bosque, un bonito bosque. En un momento determinado parece que estamos retrocediendo. Sólo es apariencia porque acabamos cortando por el prado para acercarnos al ruidoso río Color. Bien puesto el nombre, porque si algo predomina es la intensidad de los verdes y los marrones invernales. ¿Hay puente para cruzar? Cuando llegamos lo podemos ver: es un puente de troncos tipo “suspiroso”, lo más sólido es el pasamanos formado por un cable de acero, que a su vez está enclavado en las fatigadas vigas. Por si las moscas cruzamos de uno en uno. Y aguanta.

Ya estamos cerca. Si miro para donde venimos se ve la silueta del Vízcares poderosamente cubriendo todo el horizonte. Y delante la Mota Cetín, la Peña Beza, el Canto Carbonero, todo nevado. Volvemos a bajar ladera abajo por el bosquete, con las rodillas pidiendo descanso, pero lanzados a buscar el paso a la Matosa. Hay una pista que podría ser la buena, pero que también retrocede. Volvemos a encontrar las marcas del camino, ahora son flechas amarillas. Estamos en el buen camino, por fin. Armados de un poco de paciencia superamos los últimos desniveles, ya podemos ver La Matosa al alcance de la mano. Empezamos a sacudirnos el barro, porque todo parece más civilizado. Pasada La Matosa, por una amplia pradería en descenso, cruzamos una riega menor, y enfocamos directamente el paso por el puente que cruza el río Tendi. Estamos en La Vega, por fin.

No imaginaba esta etapa tan dura. Se nos ha ido a siete horas, para quince kilómetros bien contados. Y parando muy poco. La pelea con los elementos ha sido fuerte. Agua, viento, nieve, barro, sol, nos han acompañado en esta jornada invernal. Esta parte de Piloña es realmente salvaje, la hemos cruzado de oeste a este, saltando tres valles profundos marcados por otros tantos ríos. Las vistas a pesar de todo, creo que son inolvidables. Y si lo dudáis, mirad las fotos de Miguel y las de Peña. La suavidad de los picos, lo filoso de las crestas redondeadas, son muy engañosas. Es una travesera difícil de recorrer. Y estamos bien cansados. Nos vamos a comer a ese nuevo refugio que hemos encontrado en Nava.

El día 8 tenemos una nueva etapa del camino: Empezamos donde lo dejamos, en La Vega, si podemos subiremos al Masalto y al Bodes, para salir desde allí al Monsaterior de Villanueva, y terminar en Cangas de Onís. Un aviso: estamos apuntando a la gente para la comida del jabalí al que nos invita José Juan. La comida tendrá lugar en Casa Linares de Abantro el 15 de marzo al terminar la ruta desde la Collada de Arnicio a Tanes. El menú es fundamentalmente sopa, jabalí guisado y postres, café y vino. El precio rondará los 12-15 euros. Los que estéis interesados avisar por algún medio para hacer las previsiones sobre la cantidad de caza a llevar. No lo dejéis para última hora.

FRESINES

jueves, enero 30, 2014

4ª ETAPA DE LA RUTA DE LAS PEREGRINACIONES: DE PUENTE MIERA A ESPINAREDO, CONCEJO DE PILOÑA



25 de enero de 2014


Nuestra procesión penitencial sigue adelante. Para llegar a la Santina tenemos que pasar penalidades. La luz sólo se domina después de cruzar la oscuridad del túnel. Así con lluvia continua, muy mojados, salimos de Puente Miera. Retrocediendo un poco al sur dejamos el río de La Marea, abundante de aguas para empezar a subir en fuerte desnivel hasta la aldea de Fresnedal. Buenos hórreos y paneras como todo el concejo piloñés.

La cuesta sigue pinando para arriba. Sudamos para mantener un ritmo. La humedad se cuela por todas partes. A la altura de un arroyuelo nos dividimos dirigiendo Miguel a un grupillo hacia un enhiesto picachón triangular, blanco, refulgente con el brillo del agua en la caliza. Suben como cohetes. Mientras el resto con menos ganas de aventura seguimos el camino principal que ahora es una especie de trocha en el bosque bastante inclinada y en la que arroya en cada revuelta el agua desbordada. A la altura de la siguiente campera nueva división: la gente de Lito sigue rumbo a Espinaredo. El grupo más grande sigue la programación subiendo al afilado y peligroso por la lluvia Picón Acevasis.

Menos mal que ayer tuvimos la Asamblea Anual en la que hicimos buenos propósitos de marchar juntos. Hoy sólo nos dividimos en tres. ¡Estamos progresando!. Cualquiera de las subidas que hacemos no tienen más sentido que entretener el rato y entrenar las piernas, porque desde arriba prácticamente la vista a las cumbres está vedada y es una pena porque estas cuerdas tienen que ser hermosísimas.

Bajamos del Picón. El camino, se convierte en pista y podemos llanear a más velocidad. La lluvia, a ratos orbayo, no da tregua. Hay una charca importante. En la pradera abundantes huevas de rana recién puestas. La charca bulle de vida. Las ranas rojizas están en su elemento. Muchas parejas intentando aumentar la población ranil, tan amenazada que en este momento está prohibida la recolección de estos pequeños, útiles y simpáticos batracios.

Seguimos caminando fuerte. Desde lo alto del cordal se ven tramos del camino del Sellón. Y muy por debajo la carretera al Puerto de Arnicio, no muy lejano. Un poco más arriba llegamos a la Collada Llamosa, encrucijada de los dos valles. Desde aquí podríamos iniciar la subida al Faceu, siempre en dirección sur. Pero la meteorología no facilita mucho las cosas. Otra vez será. En el Collado comemos algo para entrar en calor. El viento da sensación de frío. Arrancamos. Volvemos a parar para esperar a los que vienen por detrás.

Ya juntos torcemos para empezar a bajar hacia Omedal. Este valle siempre deja ver un paisaje de ensueño. En el día de hoy menos. El camino 105, siempre bien señalado, brujulea por el bosque. Podemos hacer pequeños atajos por la ladera pero teniendo en cuenta lo que resbala el barro es mejor hacer pocos experimentos.

En varias revueltas en bajada llegamos a Rozapanera. En la aldea de muy pocas casas juega una niña solitaria. Nos da para muchas conversaciones sobre la ventaja de lo rural y los males de lo urbano. Pero la niña sigue jugando sola, soñando, especulo, que llegue el lunes para volver al cole y encontrar amigos.

Pocas revueltas más y la pista carretera desemboca directamente en la plaza de Espinaredo donde nos espera ropa seca, un lujo, y el Bar Vízcares, otro lujo. Cumplimos con todos los ritos pertinentes y como no hay sitio para comer el numeroso grupo que somos, nos marchamos a Nava donde encontramos la semana pasada un sitio cómodo y agradable, del que tomamos buena nota. Total otra jornada de montaña, otro lluvioso día, menos kilómetros para llegar a la meta.

Sin embargo estas rutas gustan. Porque llueva, truene o haga frío el autocar va lleno una semana y otra. Las Xanas nunca se rinde. El ánimo del grupo sigue siendo nuestro principal valor. Es algo contagioso. Vamos a continuar así. Lo único que podremos hacer pronto es una Asamblea para rogar que bajemos todos juntos un mes de estos. Por la buena voluntad no queda.

En febrero el estrenos es la etapa 5ª del camino. Desde Espinaredo subimos a Porciles  y desde allí a lo alto de la Sierra de Aves, en la Collada Espina. Seguiremos si el tiempo nos deja hacia el Niañu, desviándonos del GR-105, para retomarlo en Tebrandi y desde allí bajar unos quinientos metros para bajar a La Matosa y a La Vega donde contamos que estará esperándonos el autocar de Jano, contando con que pueda dar la vuelta en el puente La Matosa. Toda la zona que vamos a atravesar es de orientación complicada, pues aunque el 105 está bien señalado, la vegetación ha ido tomando todo el terreno. Teniendo en cuenta que son valles muy cerrados marcados por el curso de los cuatro ríos que bajan al Piloña: El Nueva, el Color, El Pequeño y el Tendi.  Al Tendi queremos llegar nosotros. Los otros tres hacen unas preciosas e intrincadas foces (qué bien se divisan desde el Vízcares) que nos proponemos explorar algún día.. Hasta el sábado.

FRESINES