25 de enero de 2014
Nuestra procesión penitencial
sigue adelante. Para llegar a la Santina tenemos que pasar penalidades. La luz
sólo se domina después de cruzar la oscuridad del túnel. Así con lluvia
continua, muy mojados, salimos de Puente Miera. Retrocediendo un poco al sur
dejamos el río de La Marea, abundante de aguas para empezar a subir en fuerte
desnivel hasta la aldea de Fresnedal. Buenos hórreos y paneras como todo el
concejo piloñés.
La cuesta sigue pinando para
arriba. Sudamos para mantener un ritmo. La humedad se cuela por todas partes. A
la altura de un arroyuelo nos dividimos dirigiendo Miguel a un grupillo hacia
un enhiesto picachón triangular, blanco, refulgente con el brillo del agua en
la caliza. Suben como cohetes. Mientras el resto con menos ganas de aventura
seguimos el camino principal que ahora es una especie de trocha en el bosque
bastante inclinada y en la que arroya en cada revuelta el agua desbordada. A la
altura de la siguiente campera nueva división: la gente de Lito sigue rumbo a
Espinaredo. El grupo más grande sigue la programación subiendo al afilado y
peligroso por la lluvia Picón Acevasis.
Menos mal que ayer tuvimos la
Asamblea Anual en la que hicimos buenos propósitos de marchar juntos. Hoy sólo
nos dividimos en tres. ¡Estamos progresando!. Cualquiera de las subidas que
hacemos no tienen más sentido que entretener el rato y entrenar las piernas,
porque desde arriba prácticamente la vista a las cumbres está vedada y es una
pena porque estas cuerdas tienen que ser hermosísimas.
Bajamos del Picón. El camino, se
convierte en pista y podemos llanear a más velocidad. La lluvia, a ratos
orbayo, no da tregua. Hay una charca importante. En la pradera abundantes
huevas de rana recién puestas. La charca bulle de vida. Las ranas rojizas están
en su elemento. Muchas parejas intentando aumentar la población ranil, tan
amenazada que en este momento está prohibida la recolección de estos pequeños,
útiles y simpáticos batracios.
Seguimos caminando fuerte. Desde
lo alto del cordal se ven tramos del camino del Sellón. Y muy por debajo la
carretera al Puerto de Arnicio, no muy lejano. Un poco más arriba llegamos a la
Collada Llamosa, encrucijada de los dos valles. Desde aquí podríamos iniciar la
subida al Faceu, siempre en dirección sur. Pero la meteorología no facilita
mucho las cosas. Otra vez será. En el Collado comemos algo para entrar en
calor. El viento da sensación de frío. Arrancamos. Volvemos a parar para
esperar a los que vienen por detrás.
Ya juntos torcemos para empezar a
bajar hacia Omedal. Este valle siempre deja ver un paisaje de ensueño. En el
día de hoy menos. El camino 105, siempre bien señalado, brujulea por el bosque.
Podemos hacer pequeños atajos por la ladera pero teniendo en cuenta lo que
resbala el barro es mejor hacer pocos experimentos.
En varias revueltas en bajada
llegamos a Rozapanera. En la aldea de muy pocas casas juega una niña solitaria.
Nos da para muchas conversaciones sobre la ventaja de lo rural y los males de
lo urbano. Pero la niña sigue jugando sola, soñando, especulo, que llegue el
lunes para volver al cole y encontrar amigos.
Pocas revueltas más y la pista
carretera desemboca directamente en la plaza de Espinaredo donde nos espera
ropa seca, un lujo, y el Bar Vízcares, otro lujo. Cumplimos con todos los ritos
pertinentes y como no hay sitio para comer el numeroso grupo que somos, nos
marchamos a Nava donde encontramos la semana pasada un sitio cómodo y agradable,
del que tomamos buena nota. Total otra jornada de montaña, otro lluvioso día,
menos kilómetros para llegar a la meta.
Sin embargo estas rutas gustan.
Porque llueva, truene o haga frío el autocar va lleno una semana y otra. Las
Xanas nunca se rinde. El ánimo del grupo sigue siendo nuestro principal valor.
Es algo contagioso. Vamos a continuar así. Lo único que podremos hacer pronto
es una Asamblea para rogar que bajemos todos juntos un mes de estos. Por la
buena voluntad no queda.
En febrero el estrenos es la
etapa 5ª del camino. Desde Espinaredo subimos a Porciles y desde allí a lo alto de la Sierra de Aves,
en la Collada Espina. Seguiremos si el tiempo nos deja hacia el Niañu,
desviándonos del GR-105, para retomarlo en Tebrandi y desde allí bajar unos
quinientos metros para bajar a La Matosa y a La Vega donde contamos que estará
esperándonos el autocar de Jano, contando con que pueda dar la vuelta en el
puente La Matosa. Toda la zona que vamos a atravesar es de orientación
complicada, pues aunque el 105 está bien señalado, la vegetación ha ido tomando
todo el terreno. Teniendo en cuenta que son valles muy cerrados marcados por el
curso de los cuatro ríos que bajan al Piloña: El Nueva, el Color, El Pequeño y
el Tendi. Al Tendi queremos llegar nosotros.
Los otros tres hacen unas preciosas e intrincadas foces (qué bien se divisan
desde el Vízcares) que nos proponemos explorar algún día.. Hasta el sábado.
FRESINES
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