22 de febrero de 2014
Para terminar el mes y variar
algo en la casi monótona peregrinación a Covadonga en siete etapas, emprendimos
la marcha costera por los terrenos del concejo de Cudillero y luego por el de
Valdés para completar el recorrido. Poca costa llegamos a ver aunque quisimos
ir lo más pegados posible a ella. Y es que lo accidentado del terreno, lleno de
quebradas y barrancos nos sacó una y otra vez a la carretera cuando no pudimos
seguir el camino de Santiago.
En Castañeras, donde ahora se
llega en una patada salimos por el camino de Santiago para salvar el primer
barranco del día: el del río Cándano. Volvemos a salir al mar por la Playa de
Gairúa dejando la playa Calabón detrás de la Punta la Forcana. El camino está
indicado y se anda bien, aunque el terreno bajo los eucaliptos no es el mejor
para largas caminadas. El mar está tranquilo, no hay los vientos de las semanas
pasadas. Tenemos que saltar bastantes alambradas para encontrar el camino del
Mirador. Hasta veintidós conté y puede que me quedara corto. En fin no hubo
chispazos y pudimos pasar al Mirador, torreón semidestruido, con pozo y bajada
complicada a la playa. Muy bonito: se ve hasta el cabo Vidio, incluso el camino
por el que salimos a la playa del
Silencio; hace un año de esto.
Luego el camino se vuelve a meter
bajo árboles, damos varias vueltas y acabamos en la vía del FEVE, entrando por
la abandonada estación de Sienra u saliendo por encima del túnel en el que se
hunde la vía. Nuevas vueltas por el prado para recalar en Santa María donde una
paisana que maneja un enorme tractor nos dice que nada, que hay que seguir a la
carretera. Y allá recabamos haciendo unos kilómetros pesados en revuelta
continua (las famosas curvas de Cadavedo, ¿o es que se nos olvidó?). Por suerte
el tiempo es primaveral y se circula bien a la sombra. Y apenas hay tráfico.
Encontramos una entrada con flecha amarilla que es de nuevo el Camino de
Santiago. Sube por una larga ladera. El viento hizo de las suyas y hay multitud
de ramas y troncos obstruyendo el camino. Los madereros que están despejando
están contentos porque les salió trabajo con el temporal. Bajamos por el otro
lado todo lo que hemos subido y tenemos dos grandes praderías por delante que
cruzamos para ver el mar de nuevo. Nos asomamos a la costa y discutimos si la
breve playa que se ve allí es la de Tayadeiro o la de Ballota. En el fondo todo
es lo mismo, lo que ocurre es que la marea está muy alta y parecen playas separadas.
La punta Vieras es una aguja afilada que penetra en el mar. Ya vemos, a buena
distancia la silueta blanca de la Regalina.
Ahora la discusión recurrente es
si salimos ya de Cudillero para entrar en Valdés o todavía no. La raya está en
el río Cabo y desde la carretera a la que hemos vuelto es difícil de apreciar.
A unos doscientos metros está una buena pista que baja por el bosque a la Playa
de Cadavedo. Muy guapa playa, pedregosa, con antiguo molino convertido en
chiringo de playa. Se ha convertido en una playa urbana la que antes era
semisalvaje. Por fin una foto de cumbres. Numeroso grupo de surferos en el
oleaje.
Subimos por el acantilado hasta
La Regalina, todo acondicionado para la fiesta de la última semana de agosto.
El recuerdo del padre Galo siempre presente. Realmente hermosa costa. Luis
nuestro nuevo compañero me cuenta que en la playa de abajo se recolectan pulgas
para los pescadores. También me cuenta el sentido de los poyetes de hormigón
que están clavados junto al hórreo de la derecha. Es el sitio de la fiesta de
prado, donde baila el grupo folklórico prácticamente sobre el borde del
acantilado.
Entramos en Cadavedo por el largo
camino del Padre Galo. Se ven muchos estilos de casas: antiguas, arregladas,
establos de piedra y pizarra, villas… Algunas muy hermosas. Siempre fue pueblo
de veraneantes. El Sol pega bien por este inacabable camino. La temperatura en
la farmacia: 20º. En la parada de autobús paramos. Vamos a comer en el
restaurante de enfrente. Nos faltaba cosa de un kilómetro para llegar a
Villademoros, pero ya estuvo bien que llevamos 20 caminados. En fin una jornada
soleada en la que todo salió bien teniendo en cuenta que la orientación se ha
puesto complicada y que falta haría que continuaran por la costa el camino de
Santiago la Senda Costera y que
señalizaran algo mejor las entradas y salidas.
En la primera de marzo vamos a
Cangas del Nancea. Saldremos de molino Salce para subir a la Folgueirosa y
bajar a La Viña. Aquí mandan Manuel y Miguel que son de la zona.
No olvidéis que tenemos encargado
un jabalí con palatinos para el día 15 de marzo. Los que quieran apuntarse y
todavía no lo hayan hecho que den un toque de móvil o un correo electrónico y
rápidamente serán admitidos.
FRESINES
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