8 de febrero de 2014
En esta jornada no repetimos el
éxito de gente de las primeras, aunque tampoco estuvo mal. Llegada a La Vega,
solitario paraje, empozado entre colinas suaves. La Mota Centín es el monte más
relevante con diferencia, por su cercanía y silueta. Nada más empezar hay que
subir, y subir por la ardua pista hormigonada hasta superar la aldea de
Villarcazo todavía en tierras piloñesas y un poco más arriba la siguiente aldea
de Fresnediello en la que unas casas están en Piloña y las de enfrente en Onís.
Llueve ligeramente. Esperamos a cubierto. Deja de orballar. Buena noticia, se
mantendrá así el resto del camino.
En el alto abandonamos la pista y
carretera que hemos venido siguiendo para afrontar la cuesta de la sierra de
Bodes, que subiendo de loma en loma, va dándonos buena altura y mejor
perspectiva. El sendero es bueno y aunque cuesto, pasa junto al pico Masalto
con gran dominancia sobre Sevares y todo el valle del Piloña. La Sierra de
Bodes marca dos vertientes de agua, por la derecha nuestro conocido río Tendi y
por la izquierda el Beleño. La bajada es larga, pues hay que perder mucha
altura hasta la vega.
La ladera está limpia de vegetación
donde quemó la ladera en reciente incendio. Donde no, la vegetación no es muy
alta pero incordia. Salimos por la ladera para caer sobre un eucaliptal que nos
sirve de referencia. Cuando llegamos bajo los árboles hay que volver a subir un
poco para encontrar, al otro lado de la cerca de alambre un buen camino que
acaba en una pradería. Van dos horas de viaje. La vida es un peregrinar,
siempre estamos en camino y para Las Xanas esta es nuestra condición.
Pasada la casería el camino-pista
sigue por la margen derecha del río Piloña, ancho, majestuoso, torrencial con
las lluvias de enero. Por la pista llegamos a Llames. Nos estamos acostumbrando
a estas rutas con bar incluido. Es un rincón muy acogedor con una enorme mesa
que no se parece mucho en su tecnología a las de Ikea, esta es algo más sólida.
Reemprendemos la marcha. En un
continuo sube y baja hasta una hermosa ermita en la confluencia de caminos.
Allí esperamos un poco a los rezagados. Continuamos por la pista de tierra que
va girando con el río. Llegamos a la altura del Monasterio de Villanueva,
magnífico y bien restaurado edificio, convertido en hospedería de lujo. No
queremos bajar a la carretera así que continuamos por la senda a la Vega Los
Caseros y al polígono industrial de
Prestín, no muy boyante de instalaciones productivas.
Salimos, algunos a la carretera y
los demás por el camino de la Reina que venimos siguiendo desde hace varios
kilómetros y que acaba en el puente sobre el Sella, donde nos hacemos una foto
de recuerdo. De aquí arrancará nuestra próxima ruta. A ver si la Santina
completa el milagro y este próximo sábado nos libra de la lluvia que amenaza
una vez más. Llegaremos a Covadonga, a la Santa Cueva, completando así los 105
kilómetros que nos hemos marcado en estos dos meses de peregrinaje por el
territorio astur.
FRESINES
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