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miércoles, septiembre 30, 2009
ESTOY DE VACACIONES, PERO...
Siento mucho no haberos puesto el relato de la ruta de Peña Soanciu, pero quedé un poco tocado con la belleza de la zona y la poca aceptación que tuvo la ruta. Por eso no me dio la gana de describirla. Quizá algún día lo haga.
Tampoco puse nada dela ruta del pasado sábado al Cazarnoso, pues no fuy por causas de fuerza mayor: las vacaciones.
Pero si que pienso ir ala de sábado que viene al Mocoso del páramo. Para ese día 3 de Octubre, tenemos la siguiente ruta:
La Peral (1.280 m) - Fanas del Fuexo (1.800 m) - El Mocoso (1.988 m) - Enfestiella (1.685 m) - La Pornacal (1.170 m) - Villar de Vildas (860 m)
Se trata de una ruta fácil y de poco desnive, apta para casi todo el mundo. Además. quien crea que es muy dura, siempre puede hacer alguna alternativa. No se cuantas plazas quedarán libres, pero ya sabeis, hay que llamar a Lito y a Jorge.
miércoles, septiembre 16, 2009
CAMINANDO ENTRE CASO Y PONGA
El pasado sábado hicimos una bonita ruta por los límites de los Parques de Redes y Ponga, en las inmediaciones del Tiatordos. Fue la primera de las dos que tenemos programadas, para circunvalar la gran masa pétrea del Tiatordos.
El autocar, conducido por nuestra amiga Puri, nos dejó en el pueblo casín de Pendones, punto de partida de muchas preciosas rutas montañeras. Atravesando el pueblo con dirección norte. Comenzamos a caminar siguiendo las marcas del sendero de Pequeño Recorrido PR-AS.65, que se dirige a la cumbre del Tiatordos. Dejamos un camino que sale por la izquierda y tras atravesar un puente, hacemos lo mismo con los que nos salen a izquierda y derecha, para continuar de frente, con la vista puesta ya en el coloso.
El camino circula entre árboles y sin demasiada pendiente. Dejamos una nueva bifurcación que por la izquierda se dirige a una cabaña y enseguida llegamos al cruce, bien señalizado, de la Foz de Palombar, donde abandonamos el camino para seguir por un sendero que sale a la izquierda.
Comenzamos aquí la parte más dura de todo el recorrido. Una estrecha foz con importante pendiente, que se abre paso entre matorrales, piedras y árboles. El sendero en muchos tramos es el cauce del Arroyo de Palombar, que en esta ocasión bajaba seco. Vamos ascendiendo como en escaleras ganando altura rápidamente. El camino es fácil de seguir y de vez en cuando las marcas del PR nos indican que vamos en buena dirección.
Alcanzamos una pequeña majada, el Pláganu, en la que no queda una sola cabaña en pie. Un solitario bebedero, aparentemente de nueva construcción, es lo único que denota la presencia de humanos en la zona.
Seguimos subiendo, ahora por el bosque de hayas y escobas, para salir a una zona despejada desde la que tenemos unas estupendas vistas de la montaña de San Isidro y de las más cercanas de La Quemada, La Senda, Campigüeños y Soanciu.
Caminamos ahora por terreno de las escobas hasta alcanzar las verdes praderas de la Majada de Tiatordos, limitadas por el norte por la caliza que forma la parte final de la montaña del mismo nombre.
Las vistas se abren y el cercano Maciedome aparece, unido por los Collaos de Pandellanza al Tiatordos. Tras él asoman las cumbres del Mampodre. Y ya a la derecha, las zonas de Tarna y San Isidro, de donde distinguimos con facilidad las cumbres de la Peña el Viento, El Cantu del Oso y el Torres. A nuestras espaldas el Tiatordos por cuya pared caliza vemos ascender algunos montañeros, entre los que se encuentra nuestro compañero Tino, ya a punto de hacer cumbre.
Tras un largo descanso, para algunos de hasta una hora, para recuperar fuerzas y reagruparnos, continuamos nuestra andadura atravesando al este toda la majada y pasando muy cerca de las derruidas cabañas que la formaban. Descendemos a una vallada y dejamos un marcado camino que sube a un collado muy cerca de las paredes del Tiatordos. Nosotros seguimos un sendero de ganado que entre brezos se dirige a una horcada por encima de los Collaos de Pandellanza. Cuando llegamos a la horcada se impone una reflexión, ya que las posibilidades son muchas y hay que pensar cual de los caminos tomamos.
Al final nos decidimos por descender por toda la pradera que tenemos enfrente, dirigiéndonos a las cabañas de la Majada de Brañadosu, visibles en las cercanías de una cornisa calcárea que se desprende de la Nariz de Malhome, muy cerca de la pétrea columna conocida como el Fusu la Muyer. De todos modos la parada estaba justificada. Las vistas se abren y aparece el Cordal del Collau Zorro y la inconfundible imagen del Cornión con su característica forma de locomotora, con la Peña Santa como máquina. Hasta las nubes parece que quieren recrear la figura, poniendo un penacho de humo a la locomotora.
Atravesamos la campera en la que se encuentran las pocas cabañas que quedan en pie, de la vistosa Majada de Brañadosu y nos dirigimos a la franja de caliza, atravesándola por una horcada a la que llega el sendero que sale de la majada. Desde este punto damos vista a San Juan de Beleño además de la imagen que ya nos acompaña desde hace rato, del Cornión.
El terreno se hace algo más incómodo de caminar hasta que enlazamos con un antiguo camino armado que se introduce en el bosque de hayas y delimitado por altas paredes calizas. Algunas formaciones también calizas nos causan asombro, como una especie de columna que vemos entre los árboles. El camino es ancho y cubierto de hojas secas, con lo que nos obliga a prestar más atención para evitar las ramas que entre ellas se esconden, ya que el descenso es algo pronunciado.
Cruzamos el bosque y al otro extremo nos espera una inclinada ladera que debemos atravesar casi en horizontal, siguiendo el sendero medio cubierto por la hierba y los helechos. Mirando atrás volvemos a ver el Fusu la Muyer. A nuestra derecha la inconfundible figura del Recuencu y algo más atrás el Collau Zorro, hacen compañía al Cornión y a las casas de San Juan de beleño.
Alcanzamos así la Collada Forada y con ello damos vista al circo formado por la copa del Tiatordos, cuya cumbre se cubre de nubes a nuestra llegada. Un rápido y resbaladizo descenso nos coloca en poco tiempo en el fondo del amplio circo, donde nos encontramos una pista que sigue bajando por la derecha de un arrollo. Nosotros cruzamos ese arroyo y tras atravesar la pradera que tenemos enfrente y una zona de maleza, alcanzamos un sendero que atraviesa una zona boscosa y que poco a poco y cada vez por mejor terreno, nos lleva a las primeras casas de Tanda.
Atravesamos el pueblo y por la carretera seguimos bajando hasta Mestas, lugar en el que nos espera el autocar por deseo expreso de algún componente del grupo. Cuando llegamos a Tanda, se cumplían las seis horas de recorrido, contando también las paradas, que fueron bastantes.
Para el día 19 tenemos la segunda parte de esta circunvalación del Tiatordos y el punto de partida será el mismo, Pendones. La ruta que queremos hacer es:
Pendones (782 m) – La Collaina (1.060 m) – Braña Maida (1.220 m) – Piedrafita (1.460 m) – Fitos de Piedrafita (1.550 m) – Picu Soanciu (1.726 m) – Collar Llagu’l Pino (1.541 m) – Vega Entregüe (1.435 m) – Majada Entregüe (1.435 m) – Camperas de Sonsierra (1.280 m) – Majada Fresnu (1.030 m) – Foz de la Escalada – Taranes (560 m)
Espero vuestras llamadas para reservar plaza para esta estupenda y vistosa ruta. El que se la pierda lo sentirá enormemente. No seas tú.
miércoles, septiembre 09, 2009
VIEJOS CAMINOS DE PASTORES.
Partimos de Poncebos a toda prisa ya que teníamos el tiempo tasado para poder hacer la ruta y comer a nuestra llegada. El camino de Bulnes casi ni tiempo nos dio para contemplarlo y en poco más de una hora estábamos en El Castillo, barrio alto de Bulnes. De aquí parte el sendero que sube a la bonita majada de Amuesa. Más que camino es una dura cuesta que discurre por el centro de la canal del mismo nombre y bajo los paredones del Murallón de Amuesa.
Nada más llegas a Bulnes El Castillo, subiendo por el sendero que sale del Puente Colines, y ya en la primera casa del pueblo, continuamos por un camino señalizado dejando unas casas a la izquierda. Este camino nos lleva a la fuente del Torno donde nos abastecemos de agua ya que la fuente que hay llegando a Amuesa, en el mes de agosto acostumbra a estar seca.
Caminamos por los pastos de los Llanos del Torno con la vista puesta en la dura ascensión que nos espera. La Canal de Amuesa es una cuesta indómita que va a poner a prueba nuestras piernas. Abandonamos la parte verde y casi llana de los Tornos y comenzamos a ascender en un sinfín de vueltas, unas veces sobre piedra, otras sobre hierba y algunas sobre agua de la fuente que hay arriba. Poco a poco y duramente, vamos ganando altura y echando la vista atrás contemplamos la hermosura del paisaje, único aliciente de la dura subida. Aparece Pandebano y las cabañas que jalonan el camino de descenso a Bulnes. También Bulnes se une al paisaje. Primero El Castillo y más tarde La Villa. El sendero tan pronto circula por la derecha, pegado a las altas paredes del Murallón de Amuesa, como se desplaza a la izquierda. Alcanzamos la fuente, que en esta ocasión aún manaba un hilo de agua y poco más arriba llegamos al Collado Cima, dando vista a la derecha, a las cabañas de la majada de Amuesa. Tengo que decir, que toda esta subida se encuentra marcada con las típicas rayas blanca y amarilla del circuito de pequeño recorrido.
El descanso es obligado para recuperar fuerzas y para contemplar con deleite las estupendas vistas que este alto lugar nos proporciona.
Pero las prisas nos obligan a ponernos nuevamente en marcha y lo hacemos a la izquierda del collado, ascendiendo por el sendero que se dirige por las Cuestas del Trave con dirección al refugio de Cabrones. La pendiente es dura pero también corta, ya que es suficiente con alcanzar el primer collado que aparece a nuestra izquierda. Abajo a nuestra espalda queda la charca de Amuesa.
El collado es una pradera de la que parte un sendero que se dirige a las dos únicas cabañas que quedan en pie de la majada de Orandi. Pasamos junto a ellas para iniciar un obligado descenso, tras el cual debemos subir por una empinada cuesta cubierta de hierba, hasta ganar la horcada superior. Desde este punto, hay varias opciones factibles y por tanto, el grupo se dividió en tres. Unos querían descender a Camburero por la majada Acebuco y Los Collaos, con lo que descendieron a buscar un marcado camino que se dirige a esta desaparecida majada. Un segundo grupo también descendió para recorrer en parte el sendero de Acebuco, pero abandonándolo para seguir otro que circulaba un poco más alto. Al final y tras varios sube y baja, no tuvieron más remedio que recuperar altura para poder llegar a la Collada Ties. El resto cogimos un poco marcado sendero que mantenía la altura y que por zona herbosa se caminaba bien. Además coincidía casi al completo con las marcas que teníamos en el GPS.
Este sendero se perdía por momentos pero lo volvíamos a encontrar más adelante. Por el GPS sabíamos que estábamos algo altos, pero eso no es malo: a bajar siempre hay tiempo. Bien es verdad que en algún tramo no nos quedó más remedio que descender algo para poder salvar las repisas de caliza que se desprenden del Albo, pero fueron pequeños tramos recorridos sobre una roca de muy buen agarre y que no supusieron mayores dificultades. Desde nuestra posición seguíamos perfectamente con la vista, los derroteros que tomaban el resto del grupo más abajo.
El paisaje era fabuloso. Nosotros colgados en la ladera entre el Albo y el Monte Acebuco y allí abajo, a nuestra izquierda, la Canal de Amuesa, por la que veíamos transitar a algunos de los compañeros del grupo que optaron por hacer la ruta alternativa. Frente a nosotros, un poco a la izquierda, seguíamos viendo las verdes praderas de Pandebano salpicadas de cabañas, y la casi horizontal raya del camino de Collado Vallejo que se dirige a Vega Urriellu. También a la izquierda y al otro lado de la tajadura de la Canal de l Tejo, la inmensa mole de Peña Main contemplaba nuestros pasos.
Plegándonos a la ondulante superficie de la ladera por la que caminábamos y prácticamente en horizontal, muy cerca de los 1600 metros de altitud, fuimos haciendo el recorrido de acercamiento a la Collada Ties. Primero pudimos ver mucho más abajo, los restos de la majada de Acebuco y la medialuna de Los Collaos a donde se dirigía Manolo y los suyos. Algo más arriba, Mariano capitaneaba el segundo grupo y comenzaban a subir por un amplio canalón de hierbas y piedras. Nosotros, un poco más retrasados, no veíamos aún ese canalón pero pronto llegamos a él.
Por nuestra parte comenzamos a descender hasta volver a encontrar el sendero que algunos metros más atrás habíamos perdido. Ya sin nuevas pérdidas, alcanzamos el mencionado canalón dando vista a nuestros compañeros y también a la Collada Ties, una lengua de terreno verde por el que debíamos hace la última ascensión del día y un collado, también verde, entre dos vigías de roca. El de la derecha de mayores proporciones. Mucho más arriba, el Albo contemplaba nuestros pasos.
Tras el último esfuerzo ascendente, coronamos la collada y se nos encogió un poco el alma. Al otro lado más hierba y nada. Una impresionante caída libre hacia los restos de lo que fue la Majada de Cambuerero. Ni rastro de sendero. La alta hierba lo tapizaba todo. Solo la figura del Picu que contemplamos al acercarnos a la peña de la izquierda, nos hizo abandonar los malos presagios. Allí estaba, erguido y desafiante. La cámara de fotos comenzó a sonar y ese pequeño ruido me quitó de la mente el abismo que había visto unos minutos antes.
Entre tanto, nuestros serpas Mariano y Ángel, ya se aprestaban a buscar una salida factible de aquel colgado lugar. Y la había. Esa noticia nos tranquilizó un poco a todos y nos permitió reunirnos en lo alto de la collada para inmortalizar nuestra estancia allí, con la figura del Urriellu como inmejorable fondo.
Tras el descanso y una vez recuperada la confianza, iniciamos el descenso casi pegados a la roca de la izquierda, hasta un pequeño resalte unos pasos más abajo. Por la derecha abandonamos ese resalte para pasar bajo él y continuar el descenso agarrados a las altas hierbas, en muchos lugares acompañadas de pinchos y hasta de alguna que otra ortiga. Vamos descendiendo poco a poco por los lugares que nos parecen más codos pero siempre con tendencia a la izquierda. De ese modo alcanzamos una lomera u hombro, en la que da la sensación de que hay que seguir bajando por la derecha. Pero no es así. Debemos introducirnos en un angosto espacio que queda entre la pared rocosa de la izquierda y el herboso hombro. Una canal también herbosa, por la que acostumbra a circular el agua, es nuestro lugar de descenso.
Un descenso delicado por la humedad que lo hace sumamente resbaladizo. Pero la ayuda de las hierbas a las que nos agarramos con fuerza y el apoyo de las posaderas en el terreno, hacen que realicemos el descenso sin mayores dificultades. Pasado el canalizo y llegados a una zona de piedras sueltas, la inclinación disminuye y nos permite caminar de pies, pero sin bajar la guardia, pues las hierbas son traicioneras y en cualquier momento podemos tener un resbalón, de menores consecuencias que las que podíamos tener más arriba, pero aún indeseables.
Poco a poco vamos disminuyendo el espacio entre nosotros y la Majada de Camburero y echando la vista atrás comprobamos la fuerte inclinación de la canal que acabamos de descender. Al fin la Collada Ties fue vencida y aunque dicen que por ella pasaban las vacas, todos tenemos nuestras dudas salvo que las vacas de entonces fuesen mucho más alpinista que las de ahora. Sea como fuese y pasasen o no las vacas, nosotros conseguimos emular al Marques y al Cainejo en su caminar hacia Camburero, la noche antes de la gloriosa conquista del Urriellu. Precisa y tristemente hoy publica la prensa la dolorosa noticia de la muerte de un lenense, Francisco Pérez Corteguera, al precipitarse desde una altura de 500 metros, cuando casi coronaba el Urriellu por la vía Pidal Cainejo. Esta noticia del primer fallecido en la parte asturiana de Picos en este año, empaña la noticia de la finalización de la que parece ser la vía más difícil del mundo, Vía Orbayu, a cargo de los hermanos Pou. Valla desde estas letras nuestro más sentido pésame a los familiares de Francisco y a toda la familia montañera.
Una vez en la Majada de Camburero ya todo es coser y cantar, sin olvidarnos donde estamos y sin relajarnos, cosa que posiblemente le ocurrió al fallecido. La relajación en la montaña hay que practicarla cuando se llega al destino final. Mientras tanto hay que mantener la concentración para evitar males mayores. De todos modos y como digo, el resto del descenso por la Canal de Camburero, el Jou Bajo, La Garganta y Balcosín, realizada no hace muchas fechas, no supuso ya nada especial después del descenso de la Collada Ties. El consumo de adrenalina fue allí y el resto del descenso hasta Poncebos ya no tiene trascendencia. La ruta en total, nos ocupó unas ocho horas. A algunos algo menos.
Con esta ruta nos despedimos de Picos por este año, pero eso no quiere decir que se acabaron las rutas interesantes. Sin ir más lejos, para este próximo sábado día 12, tenemos una muy interesante ruta por las inmediaciones del Tiatordos. Con ella y con la que haremos el sábado siguiente, pretendemos efectuar la circunvalación del Tiatordos, cuya ascensión oficial dejamos para el próximo año. Con esto, la ruta que proponemos es al siguiente:
La Ponticiella (720 m) - Pendones (782 m) – Foz de la Palombar – El Pláganu – Majada Tiatordos (1.540 m) – Majada Brañadosu (1.200 m) – Collada Mostayera (1.320 m) – Collada Forada (1.195 m) – Tanda (550 m)
El plazo de inscripción ya está abierto y las plazas libres pueden desaparecer de un momento a otro. El que no está vivo, se las pierde y luego vienen las lamentaciones. Para evitarlo, llámame rápidamente y te aseguras una plaza para esta interesante ruta. Espero vuestras llamadas.
martes, septiembre 01, 2009
EL MALTRECHO CIRCO DE ANDARA
Andara es una de las zonas de Picos más deterioradas por la acción de la mano del hombre. Las explotaciones mineras en esta zona, han dejado rastros importantes que aún hoy son fácilmente reconocibles. De todos modos, la zona merece la pena de ser visitada por sus características especiales de erosión y por las magníficas vistas que nos proporcionan de toda la zona de la Liébana.
El pasado sábado nos dirigimos hacia allí para realizar la visita a La Junciana, último de los picos importantes que nos faltaba por conquistar de este circo.
El autocar nos dejó en el Jito de Escarandi, en la carretera que une Sotres con el pueblo cántabro de Tresviso y único nexo de unión motorizada que tiene este bonito lugar. Allí nos estaba esperando la niebla y un aire gélido que nos obligó a ponernos las prendas de abrigo que portábamos.
Pero eso duró poco. La pista que se dirige al refugio de montaña de Andara tiene la suficiente dureza como para hacernos sudar y además, antes de llegar al refugio ya pudimos contemplar la cónica figura del Mancondiu luchando primero con la niebla y al poco en todo su esplendor recortado sobre un precioso cielo azul.
Antes de llegar al refugio cogimos un sendero a la derecha tras una pequeña trepadilla para acceder a la parte superior del muro por el que discurre. Enseguida enlaza con una de las múltiples pistas que hay en la zona y que en poco tiempo nos lleva al Collado de Aldea, nudo de comunicación para emprender distintas rutas.
La nuestra continúa por la izquierda a buscar la Collada Tresmancondiu, punto de inicio de la ascensión a ese pico. Dejando el Mancondiu a la izquierda, continuamos en descenso hasta alcanzar la pista que por la izquierda proviene del refugio y que nosotros seguimos a la derecha. Al poco dejamos la bifurcación que continúa por la derecha para seguir en ascenso hasta la fuente de Escalera o de Odriozola, donde nos aprovisionamos de agua.
De este punto, salimos por la izquierda de la fuente a subir por un sendero poco marcado que atraviesa la pradera hasta la collada que se ve más arriba. Allí volvemos a la pista que ya no abandonaremos hasta llegar al Collado de San Carlos. Desde este espectacular mirador, contemplamos el camino realizado hasta el momento y el que aún nos resta, así como las primeras vistas de la Liébana, aún medio cubierta por los últimos retazos de niebla.
Desde aquí tenemos dos opciones. La primera es ascender por la cresta hasta culminar en el vértice geodésico del Pico San Carlos o Sagrado Corazón, por la imagen que hace años se instaló en la cumbre, o bien seguir el sendero que en horizontal parte de la collada y se dirige casi sin elevarse, hasta las laderas que descienden del Alto del Hoyo Oscuro. Desde esta hondonada ascendemos por la dura ladera de La Junciana, siguiendo un sendero que nos lleva a los contrafuertes que se desgajan de la cumbre y por los que accedemos fácilmente con una sencilla trepada por un canalizo, a lo alto de este mirador de la Liébana.
Las vistas merecen el esfuerzo realizado. El San Carlos nos muestra los derrumbes que miran a Potes y siguiendo la cresta que sube a nuestra cumbre, comprobamos las impresionantes caidas que tenemos hacia la Liébana. Si seguimos con la mirada hacia la derecha, la imponente pared e la Rasa de la Inagotable y la cresta que la une al Castillo del Grajal, de la que sobresalen altivos los lejanos Picos Albos y hasta la parte superior del Torrecerredo. A la Izquierda de la Rasa, La silla de Caballo Cimero da paso a la zona de la Morra de Lechugales en un sinfín de aristas pétreas. Al norte, el circo que forman las Vegas del Hoyo Oscuro y de Andara, cerradas por el omnipresente cono del Mancondiu.
Tras el descanso, el disfrute de las vistas y el consumo de una botella de buen vino y después de cubrir la tarjeta de cumbres y hacer la foto justificante de nuestra estancia en La Junciana, iniciamos el descenso hacia el Collado de La Rasa, por una pindia ladera terrosa. Acabada esta, un mundo de caliza se forma a nuestros pies. No hay un camino definido y hay que ir buscando los mejores y más cómodos pasos. La piedra tiene buen agarre y se pega a la suela de nuestras botas. Pero hay que estar muy atento para evitar resbalones que puedan dar con nuestras posaderas en el suelo. Posaderas que más de una vez habremos de colocar para facilitarnos los pasos de uno a otro nivel del descenso. Pero todo termina al alcanzar la parte verde por la que el caminar es más armonioso y menos precario.
Nos dirigimos a los derrumbes que bajan del Castillo del Grajal, donde encontramos nuevamente la pista minera por la que retornamos nuevamente al Collado de Aldea y desde aquí, por el mismo camino recorrido en el ascenso, bajamos hasta el Jito de Escarandi donde nos espera el autocar. En esta ruta empleamos un total de 6 horas, incluyendo las paradas.
Para el próximo sábado día 5 y primero del mes de setiembre, tenemos una bonita ruta por antiguos caminos de pastores y viejos montañeros. Pretendemos pasar desde Amuesa a la Majada de Camburero atravesando la Collada Ties, tal como hicieron el Cainejo y el Marques la tarde antes de su gran gesta: la conquista del Picu. Venían de hacer la Peña Santa como entrenamiento y prueba de la cuerda y las zapatillas con las que se iban a enfrentar al Urriellu. Atravesaron el Cares y ascendieron a Amuesa y posteriormente a la Collada Ties para dormir en Camburero. Al día siguiente abrirían la historia del Picu y del alpinismo en España.
Nuestra ruta será mucho menos exigente, pero no exenta de dureza y vistosidad. Trataremos de seguir el siguiente recorrido:
Poncebos (218 m) – Bulnes el Castillo (712 m) – Canalón de Amuesa – Majada de Amuesa (1.386 m) – Cuesta del Trave – Orandi (1.600 m) – El Bobiu – Collada Ties (1.457 m) – Majada Camburero (1.335 m) – Canal de Camburero – Jou Bajo (1.110 m) – La Garganta (1.100 m) – Canal de Balcosin – Voluga Castisierra (800 m) – Bulnes La Villa (647 m) – Poncebos (218 m)
Si nos quieres acompañar en esta nueva aventura, date prisa en reservar tu plaza, que no sabemos si podremos conseguir un autocar grande para esta ruta y ya hay bastante gente apuntada. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, so pena de que te quedes en tierra. Espero vuestras llamadas.
lunes, agosto 24, 2009
RUTA PARA EL DÍA 29
Como este sábado no pude ir a la ruta de la Pasada de la Puerta de Arco, tampoco puedo describiros esa ruta aunque casi me la se de memoria, pero no estaba allí en esta ocasión.
Pero lo que si puedo hacer, es deciros que para el último sábado de este mes de agosto, nos vamos a caminar por el Oriental y más concretamente a La Junciana, muy cerca del Sagrado Corazón o San Carlos. La ruta que queremos hacer es la siguiente:
Jito de Escarandi (1.291 m) – Casetón de Andara (1.789 m) – Collada de Aldea (1.807 m) – Minas de la Providencia (1.892 m) – Cuesta dela Escalera (1.900 m) – Collado San Carlos (2.052 m) – Pico Sagrado Corazón (2.214 m) – Alto del Hoyo Oscuro (2.104 m) – La Junciana (2.267 m) – Collado de la Rasa (2.202 m) – Vegas del Hoyo Oscuro (1.900 m) – Minas de Mazarrasa (1.838 m) – Collada de Aldea (1.807 m) – Casetón de Andara (1.798 m) – Jito de Escarandi (1.291 m)
Una bonita ruta para conocer Los Llambriales Amarillos o La Junciana, que por ambos nombres se le conoce. Los que quieran hacer esta ruta, solo tienen que llamar a los teléfonos de costumbre. Espero vuestras noticias.
lunes, agosto 17, 2009
LA GARGANTA DIVINA, DIVINA TAMBIÉN DE NOCHE
Al fin cumplimos el viejo sueño de algunos componentes del grupo, poco cuerdos, al decir de la mayoría. Lo cumplimos y con nota muy alta y unas enormes ganas de volver a repetir. No fueron muchos los que se atrevieron a intentar la locura de caminar por la Ruta del Cares en plena noche y en encarnizada lucha contra Morfeo. Solo un pequeño grupo de intrépidos y no los más asiduos, probaron lo que es pasarse una noche en blanco, mejor dicho, en negro, para imaginar, más que ver, el oscuro paisaje del Cares.
La verdad es que los que no hicieron la ruta, no se podrán ni imaginar lo que se pedieron. Por mucho que trate de explicar las sensaciones vividas, siempre me faltará algo para haceros comprender lo que cada uno de los participantes percibimos esa noche. No son sentimientos comunes. Cada cual vivió esos momentos de forma diferente. Las sensaciones a cada curva del camino eran distintas para unos y para otros. Os puedo asegurar que el ir abriendo paso en esa noche mágica, tenía un no sé que de morbosidad y desasosiego que te resecaba la garganta y cortaba la respiración. Al salir de un túnel no sabías si el camino giraba a uno u otro lado o bien descendía a la negrura del abismo. Luego la duda se despejaba y continuabas seguro hasta la siguiente curva. ¿Qué me encontraré detrás? Las sensaciones se agolpan y el más mínimo ruido te hace buscar el porque.
Ya sé que no lo entendéis, pero no sé explicarlo de otro modo. Por eso pasaré de haceros comprender los sentimientos y me dedicará a narraros la aventura.
Después de un importante retraso motivado por el cambio de autocar, salimos a de Oviedo a las 8,45 de la tarde con rumbo a Posada de Baldeón, sin paradas. Bueno, con una para repostar gasoil, en Arriondas. A las 12 de la noche entrábamos en Posada. Cenamos escuchando los comentarios que nos hacían los lugareños: “Estos asturianos están locos. ¡A quien se le ocurre hacer el Cares de noche! Mañana el helicóptero tendrá que ir a buscarlos”.
Sin hacerles demasiado caso, a las 12,30 nos poníamos en camino por la carretera que une Posada con Cordiñanes, por donde pasamos a la 1,05 sin ver ni a un alma y en completa calma. Solo nuestras voces y comentarios rompían el silencio. En el Mirador del Tombo hicimos una corta parada para hacernos una foto de grupo al pie del Rebeco. Utilizando el mapa allí grabado, intentamos imaginarnos la situación de la Torre de la Palanca y del Llambrión. Luego continuamos ruta por la destartalada carretera que se encuentra en plenas obras de ensanche.
Junto al Chorco de los Lobos de Corona circulábamos a la 1,35. Allí Manolo nos explicó el funcionamiento de la singular trampa utilizada para la caza del lobo. Una hora más tarde efectuábamos la entrada en Caín. Solo nuestras voces en sordina y el ruido de nuestros pasos rompían el silencio que reinaba en el pueblo. Las amarillas luces que lo iluminan, le daban aire de irreal. En el portal de la iglesia dormitaban algunos y otros lo hacían al final del pueblo bajo el manto de estrellas que poblaban el cielo.
Después de una media hora de descanso reemprendimos la marcha cruzando el puente los Pinderos sobre el Cares, para pasar a la orilla derecha por donde circula el apretado sendero hasta llegar a la presa, donde el ruido del agua al precipitarse, se hace ensordecedor. No sé si fue esto o bien la impresión de metérnos en los túneles de inicio del sendero, el caso es que enmudecimos todos y solo nuestros pasos, apagados por el fuerte rumor del agua, denotaban que estábamos allí.
Al salir de los túneles donde las luces de las linternas se concentraban y formaban un ambiente más iluminado, la oscuridad se apoderó de nosotros y solo el pequeño círculo luminoso a nuestros pies destacaba de la inmensa negritud. Poco a poco comenzamos a acostumbrarnos a la oscuridad y el espacio se hacía más amigable. Las siluetas de las altas paredes que conforman la estrechura de la canal se recortaban sobre el estrellado cielo y las formas ante nuestros pasos dejaban de sernos extrañas. Pero de todos modos, algo percibíamos en nuestras almas. Algo que nos hizo ser mudos caminantes un buen trayecto. Nadie se atrevía a hablar y solo algunos susurros servían de aviso de alguna dificultad en el camino. Abajo, cruzando el río, el puente de Casielles se dirige a la Canal de Dobresengos.
Cuando antes decía que sería difícil haceros comprender a los que no estabais allí, nuestros sentimientos de esa noche, supongo que quería referirme especialmente a estos momentos del inicio de la garganta, donde lo que nos rodea ya no era tan familiar. No hay casas, solo piedras y formas extrañas en la oscuridad. Caminábamos rumbo a lo desconocido a pesar de conocer bien toda la senda. Pero era otro mundo. El mundo de las tinieblas que no nos es familiar. Quizá por esa falta de familiaridad es por lo que esta experiencia nos es propicia. Cualquier día, cualquier ruta, se nos puede complicar y alargarse en el tiempo hasta tener que terminarla de noche. Y esta experiencia de hoy, nos puede servir en ese futuro.
A las 3,20 en completo silencio y en fila india, cruzábamos el Puente de los Rebecos. Una hilera de pequeñas luces tintineantes era lo que se veía al echar la vista atrás. Diez minutos más tarde retornábamos a la orilla izquierda por el Puente Bolín, para no abandonarla ya hasta el final del viaje.
Tras un recodo del camino alcanzamos la Casa de Trea y la senda que por esa canal se dirige a la Vega de Ario. Todos lugares conocidos pero que vemos con ojos nuevos. Una pequeña parada para reagruparnos y al mismo tiempo dar rienda suelta a las palabras que se encontraban mudas en el interior de nuestras almas. Comenzábamos ya a encontrarnos en un ambiente menos hostil. La oscuridad no se nos hacía tan extraña y pasaba a ser amiga.
Junto a la cabaña de la Sota hicimos otra corta parada. Eran las 3,45 y teníamos mucho tiempo sabiendo que hasta cerca de las doce de la mañana no podríamos salir de Poncebos, debido a las horas de descanso reglamentario del conductor. Así que cualquier punto conocido del camino, era motivo suficiente para un pequeño descanso. De todos modos dejábamos para Culiembro la parada de mayor tiempo.
Y a Culiembro llegábamos a alas 4,05, después de pasar por las Rozas. En las piedras que invaden el camino junto al muro de la canal, montamos nuestro campamento y Manolo descorchó una botella de buen vino. Apagamos los frontales y con la única luz de las estrellas, contemplamos las alturas que nos rodeaban. Mentalmente dibujábamos la Canal de Piedra Bellida y las praderas de Pando Culiembro que sabíamos que estaban frente a nosotros. A nuestras espaldas las silueta inconfundible de la Peña de Ostón parece observarnos. De vez en cuando una estrella fugaz cruza el trozo de cielo que vemos. No sé si por el vino o por haber perdido ya la extraña sensación que atenazaba nuestras lenguas, las conversaciones se multiplican y supongo que los moradores de estos lugares se sentirían extrañados de las voces que rompían el silencio de la noche. Quizá alguno debería después de esto, acudir a un hipotético loquero de animales para tratarse el trauma de creer que era de día y encontrarse a oscuras.
Cuarenta y cinco minutos duró nuestra acampada en Culiembro. Volvíamos nuevamente al silencio y a la oscuridad. La hilera de luces que formábamos daba un ambiente irreal al lugar. Viejas historias de brujas y aquelarres; la santa Compaña... Cualquier cosa menos la Ruta del Cares. Supongo que si alguien no avisado nos viese en ese momento pensaría que padecía de alucinaciones.
Por la Viña transitábamos a las 5,20 y al inicio de la subida a los Collaos llegábamos a las 5,55. Cinco minutos de parada para hacernos a la idea de que teníamos que subir y para arriba. Solo fueron otros cinco minutos más los que tardamos en alcanzar los Collaos. El cielo comenzaba a ser menos negro. Los primeros atisbos del amanecer se hacían patentes. Comenzamos el largo descenso hacia Poncebos por el empedrado sendero. Las siluetas se nos eran conocidas. Al fondo las primeras luces no pertenecientes a nuestras linternas. Era Poncebos. Final de trayecto. Hora, siete de la madrugada.
Poco a poco el cielo se transfiguraba y lo que antes era negro se tornó en azul. Azul cielo. Las estrellas desaparecieron y los primeros rayos de sol entraban por las canales. En lo alto de la Canal del Tejo, el techo del Picu, viejo amigo, nos saludaba. Poncebos vacío de gente aunque con unos cuantos coches. Los bancos y las mesas del bar eran buenos lugares para pigazar un poco. Una mujer salió del hotel extrañada de que ya hubiésemos llegado. Nos estaban esperando, pero para las ocho de la mañana. Para entonces tenían previsto abrirnos l bar y darnos el desayuno. Así fue. A las ocho de la mañana nos entraron por la puerta del hotel y nos dieron de desayunar. Caliente café con leche, pan tostado, mantequilla y mermelada, que nos supieron a gloria. Un muy buen comportamiento por su parte.
También nos dijeron que el conductor había llegado a las 2 de la mañana al lugar, con lo que la partida no podía ser antes de las 11 u 11,30. Así que se imponía buscar que hacer en ese tiempo de espera. Algunos optaron por seguir carretera abajo hasta Arenas. Otros prefirieron quedarse en Poncebos y otro pequeño grupo nos decidimos a subir a Camarmeña.
Desde el Mirador del Urriellu contemplamos la iluminada figura del Picu al final de la Canal del Tejo. Una buena cantidad de fotos, casi todas ya repetidas múltiples veces. Luego nos dirigimos al bar del pueblo para tomarnos una birras, antes de volver a Poncebos, casi justo para emprender el regreso a casa, donde llegamos hacia las dos de la tarde, después de una parada en Nava para tomar el vermú.
El próximo sábado día 22 la ruta, ya diurna, la realizaremos por tierras entre Asturias y León, por las Ubiñas. Pretendemos hacer la Pasada de la Puerta de Arco, junto a los Castillines primero y segundo, para descender luego a tierras satures y por la ancestral Senda de las Merinas, ir a comer a la Casa Mieres. La ruta que queremos realizar tiene un final distinto al que está programado en el calendario oficial y es:
Torrebarrio (1.243 m) – Llandanay (1.450 m) – La Cueña (1.650 m) – Llanos del Fontán (1.700 m) – Canal de la Puerta de Arco (1.950 m) - Pasada de la Puerta de Arco (2.157 m) – Primer Castillín (2.252 m) – Segundo Castillín (2.299 m) – Pasada de la Puerta de Arco (2.157 m) – Joyos de la Cabra (2.050 m) – Senda de las Merinas – Alto de Terreros (1.892 m) – Fuente la Panalona (1.820 m) – Puertos de Riotuerto – El Estrecho (1.780 m) – Los Ollones (1.678 m) – Vega Candioches (1.698 m) – La Casa Mieres (1.600 m)
Espero las llamadas de los que tuvieron miedo a la ruta nocturna. Esta ya es por le día y no veréis fantasmas ni brujas. Así que daros prisa en solicitar vuestra reserva o podéis quedaros sin plazas para esta bonita ruta por el Macizo de Ubiña.
martes, agosto 11, 2009
JUSTILLAGAR SE NOS RESISTE
Todos los malos presagios que durante la semana nos hablaban del mal tiempo que tendríamos el sábado, se cumplieron a rajatabla. El Lago Enól nos recibió en un ambiente gris y con la Peña del Bricial tocada con velo de nubes. Nuestros primeros pasos del día nos abocaban a una ruta fracasada, para alegría de quienes en esa fecha, no pudieron acompañarnos.
Con pocas posibilidades de cumplir con nuestro cometido, nos pusimos en marcha en el Collado Les Veleres, para seguir la pista de tierra que atraviesa las verdes camperas de la Vega de Enól, alargándose después por Vega la Cueva y Pan de Carmen.
Dejando a la derecha el ramal que se dirige al Mirador del Rey, descendemos hasta el abarrotado aparcamiento en el que los menos madrugadores dormitaban envueltos en sus sacos y nos dirigimos a la Vega el Huerto para atravesar el Río Pomperi y ascender a la majada de Vega la Piedra.
El Camino del Parque nos transporta por el Collado la Prida a la bonita Vega Canraso, completamente encharcada de agua, ¡en pleno mes de agosto! Pero la verdad es que con el verano que estamos teniendo, no es de extrañar que no exista en toda Asturias un prado agostado. El agua corría por toda la vega y el barro ocupaba el camino.
Algún atisbo de posible mejoría nos animaba a seguir caminando, pero pronto desaparecieron los ánimos. Las nubes comenzaron a rodearnos y ya por la Rondiella las visuales en la distancia se acortaban. Desde el Collado Gamonal no veíamos más allá de los 8 o 10 metros y solo el murmullo de voces de los compañeros que nos precedían, nos hacía percatarnos de la cercanía del refugio de Vegarredonda.
El descenso del Collado Gamonal se encuentra en un estado lamentable. Los grandes surcos formados en el camino, junto con el barro y la humedad existentes, lo hacen sumamente peligroso para el tránsito de personas. Creo que se hace necesario el relleno de esta zona del camino para evitar males mayores. Son muchas las personas que pasan por él al cabo del año y en algunos punto se hace muy peligroso en caso de una caída.
Vegarredonda solo con la compañía de nuestro grupo en pleno mes de agosto, se hace impensable. Hace frío y los alrededores se encuentran totalmente cubierto de niebla. Vemos con resignación que este es el fin de nuestro día de montaña por hoy y tras beber algunas cervezas y charlar un poco con la guardesa del refugio, emprendemos la retirada por el mismo camino de subida. En Los lagos llueve suavemente, mientras los ALSA continúan subiendo a algunos excursionistas a la decepción de no ver nada. Nosotros al menos disipamos la tristeza comiendo y bebiendo en alegre tertulia, olvidando el fracaso (¿) de la expedición.
Para el próximo sábado día 15 de, hasta ahora, este mal mes de agosto, pretendemos, si el tiempo no lo impide, realizar nuestra primera ruta nocturna, recorriendo la Garganta del Cares. Saldremos a las 7 de la tarde de San Andrés de Trubia, con rumbo a Posada de Valdeón, para hacer el siguiente recorrido:
Posada de Valdeón (939 m) – Los Llanos (938 m) – Cordiñanes (860 m) – Cain (460 m) – Puente los Rebecos – Puente Bolín – Casa de Trea – La Sota – Las Rozas – Culiembro – La Viña – Los Collaos – Poncebos (218 m)
El plazo de inscripción está abierto para aquellos que quieran vivir una nueva experiencia en un marco incomparable como es la Ruta del Cares. Os espero.
miércoles, agosto 05, 2009
DOS DIAS Y UNA NOCHE EN VEGABAÑO
Este fin de semana pasado compartimos casa con Nuria, Julián, Dobra y Vega, como anfitriones, en la preciosa isla verde de Vegabaño, rodeados de bosque por todas partes y tratando, sin conseguirlo, contemplar el Cornión en la distancia.
Fue una muy grata estancia a pesar de la mala climatología que padecimos, pero la compañía era buena y eso es suficiente para considerar que no se perdió el tiempo. Y así fue. Lo que estaba previsto se cumplió en un 99%, porcentaje más que satisfactorio para, como digo, el tiempo que tuvimos.
El autocar nos dejó en el Puerto de Panderruedas, pasado el puerto del Pontón y cogiendo la desviación que se dirige a Posada de Baldeón. Nada más bajarnos del autocar comenzó a llover y así empezamos la ruta.
Tras atravesar el área de descanso con dirección oeste, tomamos un camino señalizado que pronto se bifurca en dos. Seguimos por lemas bajo, derecha y enseguida alcanzamos el Mirador de Piedrashitas, en el que las vistas no eran muy buenas a causa de las nubes que todo lo cubrían. Seguimos camino en la misma dirección entre árboles y dando vista por la derecha a la zona del Gildar, que nos quedó por hacer el año pasado, también a causa de la mala meteorología.
El camino está bien marcado y es fácil de seguir. No tiene muchas bifurcaciones y en ellas hay carteles indicadores de la dirección. Vamos pasando sucesivamente por el Collado de la Rocha, Collado Viejo y seguir bajo los escarpes de la Peña Centenal y de los puertos de la Guadaña, desde donde tenemos unas estupendas vistas del Central y del Cornión, con la Peña Santa en primer término.
Después de una suave subida alcanzamos las Colladinas de Cobros desde donde ya se puede descender a Vegabaño. Nosotros seguimos a la izquierda, oeste, a pasar a los pies de la Pica Samaya, dejándola a nuestra derecha, para continuar por la cara norte de los Picos de Valdelafuente. Aquí comienza a llover y el grupo se divide. Parte optan por seguir la ruta y subir al Jario, mientras que otros dejamos esa ascensión para mejor momento y comenzamos a bajar por el Collado los Anoyos a buscar las verdes praderas de Llareya, donde se nos unen los que subieron al Jario, que descienden rápidamente debido al frío y la lluvia. Juntos descendemos a una cabaña al borde del bosque. Es temprano y al dejar de llover, decidimos quedar un tiempo en este bonito lugar.
Luego nos introducimos en el bosque a la derecha de la cabaña, para encontrar una buena pista que procede de la Vega de Cobros y que nos lleva entre grandes fayas cargadas sus ramas de barbas de capuchino, hasta las inmediaciones del Reguero Truegano, junto al que llegamos al Refugio de Vegabaño.
Vegabaño o Vega de Abaño es un lugar idílico de un verdor explosivo festoneado de viejos bosques por todo su contorno. Aquí nace el Río Dobra y de aquí parten algunas de las más afamadas rutas de montaña de Picos de Europa. El refugio es acogedor y sus guardas, Nuria y Julián, padres de dos simpáticos chiquillos, Dobra y Vega, nos recibieron y atendieron estupendamente.
Después de comer parecía que el tiempo se estabilizaba y comenzamos a prepararnos para caminar un poco. Queríamos ir a la Cotorra de Escobaño, pero cuando no habíamos hecho más que salir del refugio, comenzó a llover, llevándose al traste todos nuestros deseos. No hubo otro remedio que permanecer en el refugio toda la tarde.
Tras la estupenda cena y como viene siendo costumbre en estas salidas del grupo, la fiesta se fue entonando gracias ala calor de la bebida y comenzaron los cánticos y las risas. Cuando la hora se fue haciendo propicia, abandonamos la juerga para rendirnos, los que pudieron, en los brazos de Morfeo.
Al día siguiente amaneció muy parecido a como terminó el día anterior, aunque al menos no llovía. Tras el opíparo desayuno que Nuria nos sirvió y queriendo ver que el tiempo trataba de abrir, nos decidimos a ponernos en marcha para intentar al menos llegar a Vega Huerta. Dejamos los bártulos más pesados en el refugio y tras despedirnos de algunos miembros del grupo que se quedaban, comenzamos a caminar.
Tras cruzar los cierres de fincas al norte del refugio, tomamos el sendero señalizado a la derecha, pasando las varias riegas que bañan esta parte de la verde pradera, hasta llegar a la Vega Salambre, donde por un puente de hormigón cruzamos un arroyo y comenzamos a subir por el bosque, siguiendo un buen sendero.
Entre los apretados árboles destaca sobre manera uno de grandes dimensiones pegado al sendero. Es el Roblón de Cuesta Fría, muy renombrado y visitado. El camino sigue en ascenso y tras cruzar un regato, llegamos a La Fuentina, un manantial de frías aguas donde podemos llenar nuestras cantimploras. El camino sigue subiendo en apretados zigzag hasta el Collado del Cueto, abandonando el bosque.
A pesar de abandonar la espesura del bosque, seguimos sin ver nada, pues la niebla nos lo impide. De todos modos el camino no tiene pérdida, sigue ascendiendo aunque un poco más moderadamente, a la derecha, este, entre los brezos y piornos. La niebla entra y sale dándonos la esperanza de que pronto nos abandonará. Alcanzamos el Collado del Frade y comenzamos a ascender por el retorcido sendero que nos eleva en varios zigzag a la Cimera del Frade, a los pies de los Moledizos.
Aquí el camino entra en una pedrera, la Canal del Perro y sube vertiginosamente al Collado del Burro donde la caliza se hace dueña y señora del paisaje. Si estuviese descubierto de nubes, aquí tendríamos el primer contacto con la peña santa. Pero hoy no es posible por la niebla que aún cubre las alturas, aunque nosotros ya estamos en terreno despejado. Nos tomamos un respiro para recuperarnos de la dura subida de la Canal del Perro y luego continuamos por el señalizado camino de Vega Huerta. El sendero recorre la caliza en un sube y baja, dando vista al Central medio cubierto por la niebla. Poco a poco nos acercamos a la gran montaña, Peña Santa. Por la izquierda contemplamos un poco lo que queremos bajar: una inmensa canal que nace casi donde nos encontramos, para descender al río Dobra. Pero seguimos adelante hasta Vega Huerta.
Vega Huerta, lugar en el que nunca había estado, es una campera verde y preciosa, montada en un bonito valle a los pies de la Peña Santa que parece que comienza a desperezarse. Los últimos ramalazos de nubes abandonan la cumbre y nos permite hacer algunas buenas fotos de este lugar encantado. Abajo, en el medio del valle, una solitaria y diminuta tienda de campaña rompe la graciosa monotonía del verde. Un corto descenso y estamos pisando sobre Vega Huerta.
Hace frío. Vemos corretear por los alrededores a varias manadas de rebecos con sus crías del año. ¡Quien pudiera subir las pedreras como ellos! Buscamos la fuete. Se encuentra al sur, muy cerca de por donde entramos a la campera, un poco a la derecha, este. Después de cargar agua, decidimos continuar con el descenso de la Duernona. Al oeste parte un sendero que se dirige a la Aguja del Corpus Christi y al Jou las Pozas. Por debajo de él, se abre una horcada con algunos jitos, que da paso al primero de los jous que forman la Duernona.
Descendemos por lo que queremos ver como un sendero muy difuso y con un giro a la izquierda bajamos al fondo del jou relleno de grandes piedras. Salvamos este tramo de mal caminar cruzando a la izquierda y cogiendo un sendero que recorre toda la longitud del jou por una ladera de piedras por la que se camina bien. Al final una nueva horcada que da paso al segundo jou y vuelta a lo mismo: seguir el sendero que también por la izquierda, recorre toda la longitud del jou hasta la siguiente horcada.
Y hasta aquí la descripción de la ruta. Prácticamente fue en este punto donde nos tapo la niebla y ya no vimos más allá de unos metros de nuestros pies. Las cosas comienzan a complicarse. Estamos en una zona bastante abierta. La canal se ensancha. Por la derecha hay una pedrera muy amplia y por la izquierda se abre una canal secundaria. Siguiendo las indicaciones del GPS descendemos por la izquierda, pero enseguida comenzamos a separarnos de los puntos marcados. Tratamos de rectificar y lo conseguimos ya que las canales se unen más abajo.
Seguimos guiándonos por las coordenadas que tenemos en el GPS y vamos descendiendo a veces por canales herbosas y otras entre piedras. Pasamos por Las Pandiellas, según nos indica el GPS, pero nos desviamos ala izquierda nuevamente. Tratamos de corregir el rumbo pero una cortada nos lo impide. Los serpas comienzan a actuar y descendiendo un poco más por la herbosa y muy pendiente canal en la que estamos, conseguimos girar a la derecha para seguir por una ladera que cuelga sobre otra canal de piedras mucho más abajo. Los que van delante nos animan cuando nos dicen que un sendero desciende a la canal de abajo. Es precisamente el sendero que perdimos más arriba.
Ya en la canal de piedra, vemos que esta desemboca en una pendiente horcada. Por el GPS debemos seguir un poco más a la derecha subiendo por una zona herbosa para descender más adelante a la izquierda por un buen camino jitado. Estamos en la canal de piedra anterior, pero por debajo de la cortada que veíamos antes. Seguimos toda esta canal por un sendero con jitos y terminamos por desembocar en ¡Valdecarombo! ¡Terreno conocido! ¡Estamos ya en el buen camino!
Un descanso en la cabaña de Valdecarombo para recuperar fuerzas y tranquilizar el espíritu y seguimos ya por un sendero marcado con las típicas rayas blancas y amarillas de los senderos de pequeño recorrido. Cruzamos el Dobra y la Riega de Robellada y comenzamos a subir la dura cuesta del Monte la Texa. Son 300 metros de desnivel hasta el Puerto de Barcinera. Esto acaba con las pocas fuerzas que nos quedaban.
En el puerto cogemos la amplia pista que bien señalizada nos lleva a las verdes praderas de Vegabaño. Nos dirigimos al refugio a recoger los bártulos que habíamos dejado allí. Nos despedimos de Nuria y Julián y volvemos sobre nuestros pasos para coger la pista que desciende a Soto de Sajambre. Cuarenta y cinco minutos después, llegamos a destino. Soto de Sajambre pone el punto y final a una ruta que el tiempo nos complicó. Pero volvemos con la moral alta tras conseguir vencer a los elementos.
Para el próximo sábado día 8 tenemos ruta por el Cornión. Desde los Lagos ascenderemos por Vegarredonda hasta el Collado la Fragua, para ascender a la Altiquera y volver nuevamente a los Lagos por las camperas de Justillagar. La ruta que queremos hacer es:
Collado Les Valeres (1.107 m) – Vega de Enol (1.100 m) – Pan de Carmen (1.087 m) – Pozo del Alemán (1.040 m) – Vega la Piedra (1.130 m) – Collado la Prida (1.130 m) – Vega Canraso (1.200 m) – La Rondiella (1.370 m) – Collado Gamonal (1.491 m) – Vegarredonda (1.470 m) – Cuerria Benita (1.490 m) – Llampa Cimera (1.760 m) – Collado La Fragua (1.880 m) – La Altiquera (1.947 m) – Jou Sin tierra (1.769 m) – La Chabola (1.780 m) – Cantu Limpou (1.782 m) – Jorcadiella (1.650 m) – Vega Justillagar (1.430 m) – Vega Orrial (1.340 m) – Monte Palomero – Vega Enol (1.100 m) – Sohornin (1.087 m)
Se trata de una bonita ruta por caminos de pastores. Otra forma de subir o bajar de la zona del Jou Santu. El que quiera disfrutar de esta ruta tiene que darse prisa. Quedan ya pocas plazas y si no nos apresuramos a completar el autocar, luego habrá problemas para conseguir uno mayor. Espero vuestras llamadas.
martes, julio 28, 2009
LA TRAVESONA DEL CENTRAL
Pese a las predicciones meteorológicas que toda la semana nos estuvieron dando, las condiciones que veíamos según nos acercábamos a Fuente Dé, no presagiaban un buen día de monte y menos en esas alturas. Las nubes cubrían las cumbres y al llegar a destino vimos como la niebla comenzaba a mitad de la subida del teleférico.
Después de sacar los billetes y hacer un poco de cola, nos subimos a la cabina del teleférico. Menos mal que todo fue un espejismo y según ascendíamos íbamos atravesando las nubes y dejándolas abajo. A las diez y media de la mañana, con un precioso cielo azul y radiante de sol, comenzamos a caminar abandonando la estación superior del teleférico, El Cable. Las nubes quedaban abajo y sobre ellas un tramo de la Cordillera que reconocíamos de la semana anterior: El Curavacas, Peña Prieta, Tres Provincias y Coriscao.
Pronto comprendimos que no sería una ruta en solitario como estamos acostumbrados. Las cordadas que ascendían por el camino de Horcados Rojos así nos lo demostrarían. Poco a poco fuimos quemando etapas: Horcadina de Covarrobres y el correspondiente desvío a Áliva; la Vueltona, a los pies de Peña Olvidada y Peña Vieja; las apretadas y duras revueltas que nos llevan al cruce del camino del Collado de la Canalona; el descenso-ascenso previo al otro cruce, el del Refugio de Cabaña Verónica, plagado de gente, y por fin, el Collado de Horcados Rojos, donde dimos vista por primera vez en el día, a nuestro entrañable amigo el Urriellu.
En este incomparable mirador nos detuvimos un buen rato, con la disculpa de esperar a los rezagados, a los que habían subido a la cumbre de Horcados Rojos y cuatro de nuestros compañeros que considerando que la ruta propuesta era un poco blanda, optaron por subir por la Jenduda al Cable. Tampoco apetecía mucho bajar a los Boches con la gran cantidad de gente que lo estaba haciendo en aquellos momentos. Pero la razón más importante era poder disfrutar de las estupendas vistas que teníamos frente a nosotros y a nuestras espaldas.
El enorme boquete del Jou de los Boches nos separa de la inconfundible figura del Urriellu. Por la izquierda lo cierran las cumbres del Tesorero y los Picos de Arenizas. Al norte, la Garganta de los Boches lo comunica con el siguiente jou, el Jou Sin Tierre. Por la izquierda los Campanarios, la Morra, Tiros de Santiago y Tiros Navarros se unen a los Picos de Santa Ana y Horcados Rojos para cerrar el círculo.
Al disminuir la cantidad de gente que baja al Jou de los Boches, decidimos emprender nosotros también dicho descenso y para ello caminamos con dirección este en busca del comienzo del cable. El descenso en un sendero, por decir algo, en malas condiciones, con mucha piedra suelta y de una verticalidad que asusta. El cable de acero con cubierta de plástico, que lo recorre, es un buen acompañante para vencer el miedo. Quizá para las condiciones actuales, sin nieve, no tenga la distribución más idónea, pero si que presta un buen servicio.
La bajada se suele ralentizar en parte por el cuidado que hay que poner a cada paso que damos y en mayor medida por aquellos que tienen más problemas para abordar el pindio descenso. Por eso es común ver largas hileras de caminantes agarrados al cable.
Cuando al final llegas a lo más hondo del jou y miras hacia atrás, te das verdadera cuenta de la verticalidad que tiene el “sendero”.
Atravesamos el Jou para salir por la Garganta de los Boches que lo une al Jou Sin Tierre, otra magnífica depresión en la que pudimos contemplar a varios rebecos que descansaban plácidamente tumbados en los heleros. Por el oeste este jou está cerrado por las cumbres que se desgajan del Torrecerredo. Así podemos contemplar la Torre del Oso, el Pico Boada, la Torre de la Párdida y hasta el Neverón de Urriellu.
Atravesada la garganta, encontramos dos senderos. Se debe coger el de la derecha, el que va más alto, ya que con el otro descenderíamos al jou y eso nos obligaría a subir más adelante. El sendero pasa bajo una pedrera que por la derecha desciende de la Canal del Lebaniego, entre los Campanarios y la Morra. Luego llegamos a la Garganta del Jou Sin Tierre, una pared que se desgaja de la Torre del Pomelo, al oeste y en la que también tenemos dos opciones: Por la izquierda sigue el sendero dando un pequeño rodeo y de frente tenemos una especie de grieta por la que podemos subir a lo alto del murallón con una fácil trepada.
Pero lo mejor es el premio que recibimos arriba. La panzuda figura del Urriellu mostrándonos su cara oeste, nos libera de todos los sinsabores pasados hasta ese momento. Unos cuanto pasos más y alcanzamos un balcón desde el que podemos contemplar el Picu en toda su extensión. Abajo, a la izquierda, vemos el refugio de la Vega de Urriellu. La primera vez que uno llega a este lugar, la recuerda eternamente. Es impresionante como la figura de paredes rojizas del Urriellu se eleva, tratando de tocar el azul del cielo. Las cámaras fotográficas echan humo y son múltiples las instantáneas que se disparan desde este lugar. Si nos fijamos bien, podemos contemplar las diminutas “arañas” que lentamente se mueven por la vertical pared, agarrados a la roca, superando la fuerza de la gravedad, para poder alcanzar la cumbre de esta señera montaña.
Tras largos minutos de contemplación, proseguimos la marcha hasta llegar al refugio Delgado Ubeda, donde había que tener cuidado para no pisar a nadie, dado el gran número de montañeros que allí se reunían a descansar.
Más de una hora estuvimos contemplado de cerca la cara oeste del coloso y como los esforzados escaladores progresaban en la pared. La benignidad del clima, unido a la fuente de aguas frías y cristalinas y como no, las cervezas y el vino que allí se puede adquirir, nos retuvieron por más tiempo del previsto. Pero no había prisa. Si no hacemos la parada aquí, tenemos que hacerla más tarde en Poncebos para que el conductor pueda descansar las horas previstas. Así que qué mejor sitio que este para un descanso plácido y prolongado.
Después de muchas fotos y miradas al Picu, decidimos reemprender la marcha. Tomamos de los dos caminos que se nos presentaban hacia abajo, el de la izquierda, hacia la Canal de Camburero. El otro, el de la derecha, se dirige a Pandebano por el Collado Vallejo.
Camburero es un largo descenso en el que se alternan distintos tipos de terreno. Comenzamos por una pradera que nos dirige a un hoyo al que hay que descender mediante un sencillo destrepe de unos seis metros. Luego salimos de él por el lado opuesto accediendo a una meseta de caliza a modo de mirador. Continuamos bajando por un largo canchal de piedras, mientras detrás nuestro, el Urriellu se entretiene jugando con las nubes.
En esta primera parte, el camino está muy marcado y hay numerosos jitos, además de las marcas de sendero de pequeño recorrido. Luego llegamos a una zona lago más herbosa y tras un recodo vemos abajo las ruinas de la Majada de Camburero, donde hubo un refugio. La hierba y la maleza lo ocupa hoy todo. Frente a nosotros , un poco a la izquierda, la Collada Ties, por la que accedieron a la majada el Marqués y el Cainejo, la tarde antes de la primera ascensión al Urriellu y lugar por el que nosotros pretendemos pasar en el próximo mes de setiembre.
Bajando de la verde majada nos adentramos en la angoste Canal de Camburero en la que nos encontramos con dos rebecos descansando sin hacernos ningún caso. El descenso se hace más pronunciado si cave y hay que poner atención a los pasos que se dan. La hierba cubre las piedras y es fácil dar un traspiés.
La canal se estrecha más y un arroyo por la izquierda baja haciéndonos compañía. En la Garganta debemos utilizar nuevamente las manos para descender un trozo de muro por el que desciende en forma de cascada el arroyo. Vencido este escollo, desembocamos en Balcosín, una lengua herbosa de origen glaciar, por la que podemos apretar un poco el paso.
Abandonamos este buen terreno para bajar ahora dentro del arroyo. Es la Voluta de Castisierra y cruzamos múltiples veces la corriente de agua. Las piedras, la hierba y el agua hacen un poco más penoso el caminar. La vista de los tejados de Bulnes nos da ánimo para continuar.
Aún tenemos que pasar junto a una bonita cascada. Aquí el camino se separa del arroyo atravesando una zona herbosa y muy resbaladiza, para descender poco a poco a cruzar por un rústico puente, el Río del Tejo, ya a la entrada del pueblo de Bulnes.
Lo peor ya pasó y aunque aún nos queda cerca de una hora de camino, ya es por terreno conocido. Un pequeño descanso en Bulnes tomando unas cervezas y vuelta al camino para descender rápidamente por la Canal del Tejo, que por cierto se encuentra en reparación, hasta terminar en Poncebos después de nueve horas y media de larga y dura caminata. La verdad es que la ruta se puede hacer fácilmente en ocho horas y media, ya que nuestros descansos en varios de los puntos, fueron excesivos.
Esta gratificante ruta es de obligada realización para aquellas personas que les guste la montaña. Es una ruta que al menos hay que realizar una vez en la vida para poder disfrutar de un día pleno de montaña, sin falta de ascender a ninguna cumbre.
Hay que mencionar que todo el camino desde el cable hasta Poncebos se encuentra señalizado con las marcas blancas y amarillas de sendero de pequeño recorrido.
Para los días 1 y 2 de agosto, tenemos nuestra clásica ruta con pernocta. En esta ocasión nos vamos a dormir al refugio de Vegabaño, pasando por el Pico Jario, para el domingo subir hasta Vega Huerta y descender luego por la Duernona hasta las orillas del Río Dobra y dirigirnos a Vegabaño para bajar a Soto de Sajambre donde nos espera el autobús de regreso a casa. La ruta que queremos hacer es:
PRIMER DÍA: Puerto de Panderruedas (1.450 m) – Collado La Rocha (1.600 m) – Collado Viejo (1.638 m) – Centenal (1.768 m) – Las Guadañas (1.705 m) – Colladina de Dobres (1.760 m) – Pica Samaya (1.859 m) – Pico Jario (1.910 m) – Vegabaño (1.320 m)
SEGUNDO DÍA: Vegabaño (1.320 m) – El Roblón (1.500 m) – Collado del Cueto (1.576 m) – Collado de Cuesta Fría (1.690 m) – Horcada del Frade 81.756 m) – Cimera del Frade (1.842 m) – Canal del Perro – Collado del Burro (2.124 m) – Vega Huerta (2.043 m) – La Duernona – Las Pandiellas (1.550 m) – Valdecarombo – El Recodo – Cuesta la Espina – El Chamozo (1.110 m) – Puente sobre el Dobra (1.030 m) – Puerto de Barcinera (1.331 m) – Vegabaño (1.320 m) – Soto de Sajambre (930 m)
martes, julio 21, 2009
LA MONTAÑA PALENTINA QUE PERTENECE A CANTABRIA
Por una vez, y sin que sirva de precedente, abandonamos nuestro área de expansión para adentrarnos en tierras palentinas, que por cierto, están muy lejos. Y encima no son de Palencia.
Tras un gran madrugón, salimos a las 5 de la mañana de San Andrés, emprendimos viaje pasando por el Puerto de Tarna a tierras leonesas y atravesando posteriormente por el embalse de Riaño, para coger la carretera que se dirige a Santander por el Puerto de San Glorio. Tras cuatro horas de viaje, con una parada técnica de 20 minutos, llegamos a destino.
San Glorio nos recibió con un airecillo helado, no en vano en la madrugada tuvieron una temperatura de cero grados y los campos estaban blancos de la helada. Sin más nos pusimos en marcha hacia el sur, dejando a nuestras espaldas el Coriscao y la carretera que se dirige al Mirador del Oso en el Collado Llesba. Atravesamos las praderas que nos separan de Los Campanarios, un grupo de cumbres que tenemos de frente formando una muralla herbosa. Un marcado sendero primero, y algunos jitos más adelante, nos indican los mejores pasos para llegar a un collado y posteriormente atravesar el Portillo de las Yeguas, un apretado paso junto a la base pétrea del Pico las Tetas (2.108 m), al que algunos ascendimos.
Las vistas son estupendas. A nuestra espalda y separados por la sierra del Coriscao, aparecen los Urrieles y Andara en todo su esplendor. Distinguimos perfectamente la zona de Collado Jermoso con la Palanca y el Llambrión. Mas a la derecha la inconfundible pirámide del Tesorero nos da paso a los Horcados Rojos y la masa de cumbres de la que destaca Peña Vieja. Tras de ella, Torrecerredo y más a la derecha el vaso de la cara sur del Urriellu y por delante Collada Bonita. Un poco más a la derecha Peña Castil. Luego la gran depresión del Duje y los Puertos de Áliva que separan el Central del Oriental, donde destacan sus cumbres principales, el Cortés y la Morra de Lechugales y otras de menor envergadura pero igual de reconocibles, como la Rasa de la Inagotable con su inconfundible forma.
De las Tetas bajamos directamente a las inmediaciones del redondeado Pico Robadoiro que dejamos a nuestra izquierda para alcanzar el collado del mismo nombre. Toda esta última parte casi en llano, con el fin de ir recuperando fuerzas para lo que nos esperaba más adelante. Ante nosotros ya tenemos presente lo que resta de camino y la dureza que tiene. Enfrente, una pindia ladera nos espera para poder subir a los Altares (2.407 m), primer valuarte importante del día. A nuestra derecha se extiende el bonito y fértil Vega del Naranco, otro punto de acceso desde Llánaves de la Reina, que vemos al fondo. Por la izquierda el Valle de Cubil del Can y enfrente, nuestro camino.
No queda más que apretar los dientes y ascender por el lomo. No hay pérdida. El sendero a veces y los jitos nos marcan el camino a seguir. Al final, la única dificultad del trazado. Llegando arriba y poco antes de coronar, hay que fijarse en las trazas del terreno y algunos jitos para encontrar el mejor paso. Un corto canalizo primero, seguido de una vira horizontal a la derecha después, nos acercan a un canal de roca por el que tenemos que ascender ayudándonos de las manos. La única dificultad que tiene es que al subir, por la derecha tenemos las caídas hacia la Vega del Naranco. No hay peligro inminente, pero si hay que poner cuidado en la maniobra. Es más la impresión que el peligro real.
Superado este punto, ascendemos lo que nos queda para coronar los Altares, que realmente no es una cumbre en si. Es el comienzo de una alargada cresta que se dirige primero al sur, para girar al este y alcanzar la cumbre del Tres Provincias (2499 m), Lugar en el que convergen los límites territoriales de las provincias de león, Cantabria y Palencia.
Cuando nos acercábamos al tres Provincias, las nubes que comenzaron cubriendo los Macizos Central y Oriental de picos, nos alcanzaron y comenzaron a jugar con nosotros. Tan pronto veíamos como dejábamos de ver la cercana ya, cumbre de Peña Prieta. Tras un pequeño descanso, el primero que realizamos desde que salimos de San Glorio, reanudamos la marcha, descendiendo al este por un marcado sendero que serpentea por la cresta para descender algo más y reunirse con el camino algo más ancho, que viene del otro lado del Tres Provincias, ya que no es necesario ascender para poder ir a Peña Prieta.
Enseguida alcanzamos la cumbre señera de la Cordillera Cantábrica, con la niebla entrando y saliendo. Las vistas desde esta atalaya son casi las mismas que veníamos teniendo según ascendíamos. Solo al sur cambian algo y ese algo se llama el Curavacas, Espigüete y Pico Murcia. También podemos contemplar las lagunas de Peña Prieta al norte y la de Fuentes Carrionas, madre del Río Carrión al sur.
Como parece imposible recuperar las vistas a causa de las nubes que no hacen más que correr y después de un buen descanso, iniciamos el descenso por el mismo camino dejando a la izquierda la cumbre sur o Peña del Infierno, para dirigirnos a la base del Tres Provincias donde abandonamos el sendero para coger otro menos marcado que sale a la izquierda y que discurre por la ladera sur del pico, dirigiéndose al collado del Alto de las Fuentes Carrionas, que está situado entre las Agujas de Cardaño y el Tres Provincias.
En este punto nace una canal pedregosa que desciende vertiginosamente y en la que hay que tener especial cuidado con no resbalar. El descenso no tiene pérdida ni desviaciones posibles y los jitos que lo jalonan nos ayudan a seguir por el mejor camino. Descendemos dejando a nuestras espaldas las verticales y enmarañadas Agujas de Cardaño, murallón infranqueable que cierra por el norte el Valle de las Lomas. Al sur y muchos metros más abajo vemos nuestro camino hacia Cardaño.
Finalizado el largo descenso, alcanzamos las cuencas del Lago de las Lomas y unas cuantas lagunas menores. Es una bonita zona a la que llega un camino bien señalizado, que parte de Cardaño de Arriba y que es muy transitado todo el año. Por la izquierda, este del Lago de las Lomas discurre este camino que continúa descendiendo, ahora con menos inclinación, atravesando zonas de pasto, hasta alcanzar un pequeño puente sobre el Arroyo de las Lomas, que da paso a una pista por la que en algo más de una hora alcanzamos nuestra meta final en Cardaño de Arriba, acompañados todo el resto del viaje por el cantarín murmullo del arroyo.
Una bonita y entretenida ruta en la que se disfruta de estupendas vistas de Picos y de la montaña palentina y que nos llevó unas siete horas y media, con pocas paradas.
Para el sábado día 25, festividad de Santiago Apóstol, tenemos una ruta por Picos en la que atravesaremos de lado a lado el Macizo Central o de los Urrieles. Desde la cantabra estación del teleférico de Fuente De, partiremos para subir a El Cable, donde iniciaremos la ruta con final en Poncebos, pasando por Vega Urriellu y descendiendo a Bulnes por Camburero y Balcosín. La ruta que queremos hacer es:
El Cable (1.834 m) – Horcadita de Covarrobres (1.925 m) – La Vueltota (1.960 m) – Collado de Horcados Rojos (2.344 m) – Jou de los Boches (2.100 m) – Garganta de los Boches (2.148 m) – Jou Sin Tierre (1.982 m) – Garganta del Jou Sin Tierre (2.082 m) – Refugio de Vega Urriellu (1.953 m) – Canal de Camburero – Majada de Camburero (1.300 m) – La Garganta (1.100 m) – Canal de Balcosín – Voluga de Castisierra (800 m) – Bulnes (647 m) – Puente Colines (580 m) – Canal del Tejo – Puente del Jardu (250 m) – Puente La Jaya (220 m) – Poncebos (La Trapa) (218 m)
Como no pude por motivos de fuerza mayor, poner esta descripción antes, os puedo decir que tengo ya 26 inscritos para esta ruta. Lo que quiere decir que si hay más interesados en hacerla, deberían comunicármelo lo antes posible, para cambiar de autocar, pues tengo reservado el de 29 plazas. Así que ya lo sabéis: si queréis hacer la Travesona del Central con Las Xanas, tenéis que aros prisa para apuntaros o quedaréis en tierra. Espero vuestras llamadas.