lunes, agosto 24, 2009

RUTA PARA EL DÍA 29

Como este sábado no pude ir a la ruta de la Pasada de la Puerta de Arco, tampoco puedo describiros esa ruta aunque casi me la se de memoria, pero no estaba allí en esta ocasión.


Pero lo que si puedo hacer, es deciros que para el último sábado de este mes de agosto, nos vamos a caminar por el Oriental y más concretamente a La Junciana, muy cerca del Sagrado Corazón o San Carlos. La ruta que queremos hacer es la siguiente:


Jito de Escarandi (1.291 m) – Casetón de Andara (1.789 m) – Collada de Aldea (1.807 m) – Minas de la Providencia (1.892 m) – Cuesta dela Escalera (1.900 m) – Collado San Carlos (2.052 m) – Pico Sagrado Corazón (2.214 m) – Alto del Hoyo Oscuro (2.104 m) – La Junciana (2.267 m) – Collado de la Rasa (2.202 m) – Vegas del Hoyo Oscuro (1.900 m) – Minas de Mazarrasa (1.838 m) – Collada de Aldea (1.807 m) – Casetón de Andara (1.798 m) – Jito de Escarandi (1.291 m)


Una bonita ruta para conocer Los Llambriales Amarillos o La Junciana, que por ambos nombres se le conoce. Los que quieran hacer esta ruta, solo tienen que llamar a los teléfonos de costumbre. Espero vuestras noticias.

lunes, agosto 17, 2009

LA GARGANTA DIVINA, DIVINA TAMBIÉN DE NOCHE

Al fin cumplimos el viejo sueño de algunos componentes del grupo, poco cuerdos, al decir de la mayoría. Lo cumplimos y con nota muy alta y unas enormes ganas de volver a repetir. No fueron muchos los que se atrevieron a intentar la locura de caminar por la Ruta del Cares en plena noche y en encarnizada lucha contra Morfeo. Solo un pequeño grupo de intrépidos y no los más asiduos, probaron lo que es pasarse una noche en blanco, mejor dicho, en negro, para imaginar, más que ver, el oscuro paisaje del Cares.


La verdad es que los que no hicieron la ruta, no se podrán ni imaginar lo que se pedieron. Por mucho que trate de explicar las sensaciones vividas, siempre me faltará algo para haceros comprender lo que cada uno de los participantes percibimos esa noche. No son sentimientos comunes. Cada cual vivió esos momentos de forma diferente. Las sensaciones a cada curva del camino eran distintas para unos y para otros. Os puedo asegurar que el ir abriendo paso en esa noche mágica, tenía un no sé que de morbosidad y desasosiego que te resecaba la garganta y cortaba la respiración. Al salir de un túnel no sabías si el camino giraba a uno u otro lado o bien descendía a la negrura del abismo. Luego la duda se despejaba y continuabas seguro hasta la siguiente curva. ¿Qué me encontraré detrás? Las sensaciones se agolpan y el más mínimo ruido te hace buscar el porque.


Ya sé que no lo entendéis, pero no sé explicarlo de otro modo. Por eso pasaré de haceros comprender los sentimientos y me dedicará a narraros la aventura.


Después de un importante retraso motivado por el cambio de autocar, salimos a de Oviedo a las 8,45 de la tarde con rumbo a Posada de Baldeón, sin paradas. Bueno, con una para repostar gasoil, en Arriondas. A las 12 de la noche entrábamos en Posada. Cenamos escuchando los comentarios que nos hacían los lugareños: “Estos asturianos están locos. ¡A quien se le ocurre hacer el Cares de noche! Mañana el helicóptero tendrá que ir a buscarlos”.


Sin hacerles demasiado caso, a las 12,30 nos poníamos en camino por la carretera que une Posada con Cordiñanes, por donde pasamos a la 1,05 sin ver ni a un alma y en completa calma. Solo nuestras voces y comentarios rompían el silencio. En el Mirador del Tombo hicimos una corta parada para hacernos una foto de grupo al pie del Rebeco. Utilizando el mapa allí grabado, intentamos imaginarnos la situación de la Torre de la Palanca y del Llambrión. Luego continuamos ruta por la destartalada carretera que se encuentra en plenas obras de ensanche.


Junto al Chorco de los Lobos de Corona circulábamos a la 1,35. Allí Manolo nos explicó el funcionamiento de la singular trampa utilizada para la caza del lobo. Una hora más tarde efectuábamos la entrada en Caín. Solo nuestras voces en sordina y el ruido de nuestros pasos rompían el silencio que reinaba en el pueblo. Las amarillas luces que lo iluminan, le daban aire de irreal. En el portal de la iglesia dormitaban algunos y otros lo hacían al final del pueblo bajo el manto de estrellas que poblaban el cielo.


Después de una media hora de descanso reemprendimos la marcha cruzando el puente los Pinderos sobre el Cares, para pasar a la orilla derecha por donde circula el apretado sendero hasta llegar a la presa, donde el ruido del agua al precipitarse, se hace ensordecedor. No sé si fue esto o bien la impresión de metérnos en los túneles de inicio del sendero, el caso es que enmudecimos todos y solo nuestros pasos, apagados por el fuerte rumor del agua, denotaban que estábamos allí.


Al salir de los túneles donde las luces de las linternas se concentraban y formaban un ambiente más iluminado, la oscuridad se apoderó de nosotros y solo el pequeño círculo luminoso a nuestros pies destacaba de la inmensa negritud. Poco a poco comenzamos a acostumbrarnos a la oscuridad y el espacio se hacía más amigable. Las siluetas de las altas paredes que conforman la estrechura de la canal se recortaban sobre el estrellado cielo y las formas ante nuestros pasos dejaban de sernos extrañas. Pero de todos modos, algo percibíamos en nuestras almas. Algo que nos hizo ser mudos caminantes un buen trayecto. Nadie se atrevía a hablar y solo algunos susurros servían de aviso de alguna dificultad en el camino. Abajo, cruzando el río, el puente de Casielles se dirige a la Canal de Dobresengos.


Cuando antes decía que sería difícil haceros comprender a los que no estabais allí, nuestros sentimientos de esa noche, supongo que quería referirme especialmente a estos momentos del inicio de la garganta, donde lo que nos rodea ya no era tan familiar. No hay casas, solo piedras y formas extrañas en la oscuridad. Caminábamos rumbo a lo desconocido a pesar de conocer bien toda la senda. Pero era otro mundo. El mundo de las tinieblas que no nos es familiar. Quizá por esa falta de familiaridad es por lo que esta experiencia nos es propicia. Cualquier día, cualquier ruta, se nos puede complicar y alargarse en el tiempo hasta tener que terminarla de noche. Y esta experiencia de hoy, nos puede servir en ese futuro.


A las 3,20 en completo silencio y en fila india, cruzábamos el Puente de los Rebecos. Una hilera de pequeñas luces tintineantes era lo que se veía al echar la vista atrás. Diez minutos más tarde retornábamos a la orilla izquierda por el Puente Bolín, para no abandonarla ya hasta el final del viaje.


Tras un recodo del camino alcanzamos la Casa de Trea y la senda que por esa canal se dirige a la Vega de Ario. Todos lugares conocidos pero que vemos con ojos nuevos. Una pequeña parada para reagruparnos y al mismo tiempo dar rienda suelta a las palabras que se encontraban mudas en el interior de nuestras almas. Comenzábamos ya a encontrarnos en un ambiente menos hostil. La oscuridad no se nos hacía tan extraña y pasaba a ser amiga.


Junto a la cabaña de la Sota hicimos otra corta parada. Eran las 3,45 y teníamos mucho tiempo sabiendo que hasta cerca de las doce de la mañana no podríamos salir de Poncebos, debido a las horas de descanso reglamentario del conductor. Así que cualquier punto conocido del camino, era motivo suficiente para un pequeño descanso. De todos modos dejábamos para Culiembro la parada de mayor tiempo.


Y a Culiembro llegábamos a alas 4,05, después de pasar por las Rozas. En las piedras que invaden el camino junto al muro de la canal, montamos nuestro campamento y Manolo descorchó una botella de buen vino. Apagamos los frontales y con la única luz de las estrellas, contemplamos las alturas que nos rodeaban. Mentalmente dibujábamos la Canal de Piedra Bellida y las praderas de Pando Culiembro que sabíamos que estaban frente a nosotros. A nuestras espaldas las silueta inconfundible de la Peña de Ostón parece observarnos. De vez en cuando una estrella fugaz cruza el trozo de cielo que vemos. No sé si por el vino o por haber perdido ya la extraña sensación que atenazaba nuestras lenguas, las conversaciones se multiplican y supongo que los moradores de estos lugares se sentirían extrañados de las voces que rompían el silencio de la noche. Quizá alguno debería después de esto, acudir a un hipotético loquero de animales para tratarse el trauma de creer que era de día y encontrarse a oscuras.


Cuarenta y cinco minutos duró nuestra acampada en Culiembro. Volvíamos nuevamente al silencio y a la oscuridad. La hilera de luces que formábamos daba un ambiente irreal al lugar. Viejas historias de brujas y aquelarres; la santa Compaña... Cualquier cosa menos la Ruta del Cares. Supongo que si alguien no avisado nos viese en ese momento pensaría que padecía de alucinaciones.


Por la Viña transitábamos a las 5,20 y al inicio de la subida a los Collaos llegábamos a las 5,55. Cinco minutos de parada para hacernos a la idea de que teníamos que subir y para arriba. Solo fueron otros cinco minutos más los que tardamos en alcanzar los Collaos. El cielo comenzaba a ser menos negro. Los primeros atisbos del amanecer se hacían patentes. Comenzamos el largo descenso hacia Poncebos por el empedrado sendero. Las siluetas se nos eran conocidas. Al fondo las primeras luces no pertenecientes a nuestras linternas. Era Poncebos. Final de trayecto. Hora, siete de la madrugada.


Poco a poco el cielo se transfiguraba y lo que antes era negro se tornó en azul. Azul cielo. Las estrellas desaparecieron y los primeros rayos de sol entraban por las canales. En lo alto de la Canal del Tejo, el techo del Picu, viejo amigo, nos saludaba. Poncebos vacío de gente aunque con unos cuantos coches. Los bancos y las mesas del bar eran buenos lugares para pigazar un poco. Una mujer salió del hotel extrañada de que ya hubiésemos llegado. Nos estaban esperando, pero para las ocho de la mañana. Para entonces tenían previsto abrirnos l bar y darnos el desayuno. Así fue. A las ocho de la mañana nos entraron por la puerta del hotel y nos dieron de desayunar. Caliente café con leche, pan tostado, mantequilla y mermelada, que nos supieron a gloria. Un muy buen comportamiento por su parte.


También nos dijeron que el conductor había llegado a las 2 de la mañana al lugar, con lo que la partida no podía ser antes de las 11 u 11,30. Así que se imponía buscar que hacer en ese tiempo de espera. Algunos optaron por seguir carretera abajo hasta Arenas. Otros prefirieron quedarse en Poncebos y otro pequeño grupo nos decidimos a subir a Camarmeña.


Desde el Mirador del Urriellu contemplamos la iluminada figura del Picu al final de la Canal del Tejo. Una buena cantidad de fotos, casi todas ya repetidas múltiples veces. Luego nos dirigimos al bar del pueblo para tomarnos una birras, antes de volver a Poncebos, casi justo para emprender el regreso a casa, donde llegamos hacia las dos de la tarde, después de una parada en Nava para tomar el vermú.


El próximo sábado día 22 la ruta, ya diurna, la realizaremos por tierras entre Asturias y León, por las Ubiñas. Pretendemos hacer la Pasada de la Puerta de Arco, junto a los Castillines primero y segundo, para descender luego a tierras satures y por la ancestral Senda de las Merinas, ir a comer a la Casa Mieres. La ruta que queremos realizar tiene un final distinto al que está programado en el calendario oficial y es:


Torrebarrio (1.243 m) – Llandanay (1.450 m) – La Cueña (1.650 m) – Llanos del Fontán (1.700 m) – Canal de la Puerta de Arco (1.950 m) - Pasada de la Puerta de Arco (2.157 m) – Primer Castillín (2.252 m) – Segundo Castillín (2.299 m) – Pasada de la Puerta de Arco (2.157 m) – Joyos de la Cabra (2.050 m) – Senda de las Merinas – Alto de Terreros (1.892 m) – Fuente la Panalona (1.820 m) – Puertos de Riotuerto – El Estrecho (1.780 m) – Los Ollones (1.678 m) – Vega Candioches (1.698 m) – La Casa Mieres (1.600 m)


Espero las llamadas de los que tuvieron miedo a la ruta nocturna. Esta ya es por le día y no veréis fantasmas ni brujas. Así que daros prisa en solicitar vuestra reserva o podéis quedaros sin plazas para esta bonita ruta por el Macizo de Ubiña.

martes, agosto 11, 2009

JUSTILLAGAR SE NOS RESISTE

Todos los malos presagios que durante la semana nos hablaban del mal tiempo que tendríamos el sábado, se cumplieron a rajatabla. El Lago Enól nos recibió en un ambiente gris y con la Peña del Bricial tocada con velo de nubes. Nuestros primeros pasos del día nos abocaban a una ruta fracasada, para alegría de quienes en esa fecha, no pudieron acompañarnos.


Con pocas posibilidades de cumplir con nuestro cometido, nos pusimos en marcha en el Collado Les Veleres, para seguir la pista de tierra que atraviesa las verdes camperas de la Vega de Enól, alargándose después por Vega la Cueva y Pan de Carmen.


Dejando a la derecha el ramal que se dirige al Mirador del Rey, descendemos hasta el abarrotado aparcamiento en el que los menos madrugadores dormitaban envueltos en sus sacos y nos dirigimos a la Vega el Huerto para atravesar el Río Pomperi y ascender a la majada de Vega la Piedra.


El Camino del Parque nos transporta por el Collado la Prida a la bonita Vega Canraso, completamente encharcada de agua, ¡en pleno mes de agosto! Pero la verdad es que con el verano que estamos teniendo, no es de extrañar que no exista en toda Asturias un prado agostado. El agua corría por toda la vega y el barro ocupaba el camino.


Algún atisbo de posible mejoría nos animaba a seguir caminando, pero pronto desaparecieron los ánimos. Las nubes comenzaron a rodearnos y ya por la Rondiella las visuales en la distancia se acortaban. Desde el Collado Gamonal no veíamos más allá de los 8 o 10 metros y solo el murmullo de voces de los compañeros que nos precedían, nos hacía percatarnos de la cercanía del refugio de Vegarredonda.


El descenso del Collado Gamonal se encuentra en un estado lamentable. Los grandes surcos formados en el camino, junto con el barro y la humedad existentes, lo hacen sumamente peligroso para el tránsito de personas. Creo que se hace necesario el relleno de esta zona del camino para evitar males mayores. Son muchas las personas que pasan por él al cabo del año y en algunos punto se hace muy peligroso en caso de una caída.


Vegarredonda solo con la compañía de nuestro grupo en pleno mes de agosto, se hace impensable. Hace frío y los alrededores se encuentran totalmente cubierto de niebla. Vemos con resignación que este es el fin de nuestro día de montaña por hoy y tras beber algunas cervezas y charlar un poco con la guardesa del refugio, emprendemos la retirada por el mismo camino de subida. En Los lagos llueve suavemente, mientras los ALSA continúan subiendo a algunos excursionistas a la decepción de no ver nada. Nosotros al menos disipamos la tristeza comiendo y bebiendo en alegre tertulia, olvidando el fracaso (¿) de la expedición.


Para el próximo sábado día 15 de, hasta ahora, este mal mes de agosto, pretendemos, si el tiempo no lo impide, realizar nuestra primera ruta nocturna, recorriendo la Garganta del Cares. Saldremos a las 7 de la tarde de San Andrés de Trubia, con rumbo a Posada de Valdeón, para hacer el siguiente recorrido:


Posada de Valdeón (939 m) – Los Llanos (938 m) – Cordiñanes (860 m) – Cain (460 m) – Puente los Rebecos – Puente Bolín – Casa de Trea – La Sota – Las Rozas – Culiembro – La Viña – Los Collaos – Poncebos (218 m)


El plazo de inscripción está abierto para aquellos que quieran vivir una nueva experiencia en un marco incomparable como es la Ruta del Cares. Os espero.

miércoles, agosto 05, 2009

DOS DIAS Y UNA NOCHE EN VEGABAÑO

Este fin de semana pasado compartimos casa con Nuria, Julián, Dobra y Vega, como anfitriones, en la preciosa isla verde de Vegabaño, rodeados de bosque por todas partes y tratando, sin conseguirlo, contemplar el Cornión en la distancia.


Fue una muy grata estancia a pesar de la mala climatología que padecimos, pero la compañía era buena y eso es suficiente para considerar que no se perdió el tiempo. Y así fue. Lo que estaba previsto se cumplió en un 99%, porcentaje más que satisfactorio para, como digo, el tiempo que tuvimos.


El autocar nos dejó en el Puerto de Panderruedas, pasado el puerto del Pontón y cogiendo la desviación que se dirige a Posada de Baldeón. Nada más bajarnos del autocar comenzó a llover y así empezamos la ruta.


Tras atravesar el área de descanso con dirección oeste, tomamos un camino señalizado que pronto se bifurca en dos. Seguimos por lemas bajo, derecha y enseguida alcanzamos el Mirador de Piedrashitas, en el que las vistas no eran muy buenas a causa de las nubes que todo lo cubrían. Seguimos camino en la misma dirección entre árboles y dando vista por la derecha a la zona del Gildar, que nos quedó por hacer el año pasado, también a causa de la mala meteorología.


El camino está bien marcado y es fácil de seguir. No tiene muchas bifurcaciones y en ellas hay carteles indicadores de la dirección. Vamos pasando sucesivamente por el Collado de la Rocha, Collado Viejo y seguir bajo los escarpes de la Peña Centenal y de los puertos de la Guadaña, desde donde tenemos unas estupendas vistas del Central y del Cornión, con la Peña Santa en primer término.


Después de una suave subida alcanzamos las Colladinas de Cobros desde donde ya se puede descender a Vegabaño. Nosotros seguimos a la izquierda, oeste, a pasar a los pies de la Pica Samaya, dejándola a nuestra derecha, para continuar por la cara norte de los Picos de Valdelafuente. Aquí comienza a llover y el grupo se divide. Parte optan por seguir la ruta y subir al Jario, mientras que otros dejamos esa ascensión para mejor momento y comenzamos a bajar por el Collado los Anoyos a buscar las verdes praderas de Llareya, donde se nos unen los que subieron al Jario, que descienden rápidamente debido al frío y la lluvia. Juntos descendemos a una cabaña al borde del bosque. Es temprano y al dejar de llover, decidimos quedar un tiempo en este bonito lugar.


Luego nos introducimos en el bosque a la derecha de la cabaña, para encontrar una buena pista que procede de la Vega de Cobros y que nos lleva entre grandes fayas cargadas sus ramas de barbas de capuchino, hasta las inmediaciones del Reguero Truegano, junto al que llegamos al Refugio de Vegabaño.


Vegabaño o Vega de Abaño es un lugar idílico de un verdor explosivo festoneado de viejos bosques por todo su contorno. Aquí nace el Río Dobra y de aquí parten algunas de las más afamadas rutas de montaña de Picos de Europa. El refugio es acogedor y sus guardas, Nuria y Julián, padres de dos simpáticos chiquillos, Dobra y Vega, nos recibieron y atendieron estupendamente.


Después de comer parecía que el tiempo se estabilizaba y comenzamos a prepararnos para caminar un poco. Queríamos ir a la Cotorra de Escobaño, pero cuando no habíamos hecho más que salir del refugio, comenzó a llover, llevándose al traste todos nuestros deseos. No hubo otro remedio que permanecer en el refugio toda la tarde.


Tras la estupenda cena y como viene siendo costumbre en estas salidas del grupo, la fiesta se fue entonando gracias ala calor de la bebida y comenzaron los cánticos y las risas. Cuando la hora se fue haciendo propicia, abandonamos la juerga para rendirnos, los que pudieron, en los brazos de Morfeo.


Al día siguiente amaneció muy parecido a como terminó el día anterior, aunque al menos no llovía. Tras el opíparo desayuno que Nuria nos sirvió y queriendo ver que el tiempo trataba de abrir, nos decidimos a ponernos en marcha para intentar al menos llegar a Vega Huerta. Dejamos los bártulos más pesados en el refugio y tras despedirnos de algunos miembros del grupo que se quedaban, comenzamos a caminar.


Tras cruzar los cierres de fincas al norte del refugio, tomamos el sendero señalizado a la derecha, pasando las varias riegas que bañan esta parte de la verde pradera, hasta llegar a la Vega Salambre, donde por un puente de hormigón cruzamos un arroyo y comenzamos a subir por el bosque, siguiendo un buen sendero.


Entre los apretados árboles destaca sobre manera uno de grandes dimensiones pegado al sendero. Es el Roblón de Cuesta Fría, muy renombrado y visitado. El camino sigue en ascenso y tras cruzar un regato, llegamos a La Fuentina, un manantial de frías aguas donde podemos llenar nuestras cantimploras. El camino sigue subiendo en apretados zigzag hasta el Collado del Cueto, abandonando el bosque.


A pesar de abandonar la espesura del bosque, seguimos sin ver nada, pues la niebla nos lo impide. De todos modos el camino no tiene pérdida, sigue ascendiendo aunque un poco más moderadamente, a la derecha, este, entre los brezos y piornos. La niebla entra y sale dándonos la esperanza de que pronto nos abandonará. Alcanzamos el Collado del Frade y comenzamos a ascender por el retorcido sendero que nos eleva en varios zigzag a la Cimera del Frade, a los pies de los Moledizos.


Aquí el camino entra en una pedrera, la Canal del Perro y sube vertiginosamente al Collado del Burro donde la caliza se hace dueña y señora del paisaje. Si estuviese descubierto de nubes, aquí tendríamos el primer contacto con la peña santa. Pero hoy no es posible por la niebla que aún cubre las alturas, aunque nosotros ya estamos en terreno despejado. Nos tomamos un respiro para recuperarnos de la dura subida de la Canal del Perro y luego continuamos por el señalizado camino de Vega Huerta. El sendero recorre la caliza en un sube y baja, dando vista al Central medio cubierto por la niebla. Poco a poco nos acercamos a la gran montaña, Peña Santa. Por la izquierda contemplamos un poco lo que queremos bajar: una inmensa canal que nace casi donde nos encontramos, para descender al río Dobra. Pero seguimos adelante hasta Vega Huerta.


Vega Huerta, lugar en el que nunca había estado, es una campera verde y preciosa, montada en un bonito valle a los pies de la Peña Santa que parece que comienza a desperezarse. Los últimos ramalazos de nubes abandonan la cumbre y nos permite hacer algunas buenas fotos de este lugar encantado. Abajo, en el medio del valle, una solitaria y diminuta tienda de campaña rompe la graciosa monotonía del verde. Un corto descenso y estamos pisando sobre Vega Huerta.


Hace frío. Vemos corretear por los alrededores a varias manadas de rebecos con sus crías del año. ¡Quien pudiera subir las pedreras como ellos! Buscamos la fuete. Se encuentra al sur, muy cerca de por donde entramos a la campera, un poco a la derecha, este. Después de cargar agua, decidimos continuar con el descenso de la Duernona. Al oeste parte un sendero que se dirige a la Aguja del Corpus Christi y al Jou las Pozas. Por debajo de él, se abre una horcada con algunos jitos, que da paso al primero de los jous que forman la Duernona.


Descendemos por lo que queremos ver como un sendero muy difuso y con un giro a la izquierda bajamos al fondo del jou relleno de grandes piedras. Salvamos este tramo de mal caminar cruzando a la izquierda y cogiendo un sendero que recorre toda la longitud del jou por una ladera de piedras por la que se camina bien. Al final una nueva horcada que da paso al segundo jou y vuelta a lo mismo: seguir el sendero que también por la izquierda, recorre toda la longitud del jou hasta la siguiente horcada.


Y hasta aquí la descripción de la ruta. Prácticamente fue en este punto donde nos tapo la niebla y ya no vimos más allá de unos metros de nuestros pies. Las cosas comienzan a complicarse. Estamos en una zona bastante abierta. La canal se ensancha. Por la derecha hay una pedrera muy amplia y por la izquierda se abre una canal secundaria. Siguiendo las indicaciones del GPS descendemos por la izquierda, pero enseguida comenzamos a separarnos de los puntos marcados. Tratamos de rectificar y lo conseguimos ya que las canales se unen más abajo.


Seguimos guiándonos por las coordenadas que tenemos en el GPS y vamos descendiendo a veces por canales herbosas y otras entre piedras. Pasamos por Las Pandiellas, según nos indica el GPS, pero nos desviamos ala izquierda nuevamente. Tratamos de corregir el rumbo pero una cortada nos lo impide. Los serpas comienzan a actuar y descendiendo un poco más por la herbosa y muy pendiente canal en la que estamos, conseguimos girar a la derecha para seguir por una ladera que cuelga sobre otra canal de piedras mucho más abajo. Los que van delante nos animan cuando nos dicen que un sendero desciende a la canal de abajo. Es precisamente el sendero que perdimos más arriba.


Ya en la canal de piedra, vemos que esta desemboca en una pendiente horcada. Por el GPS debemos seguir un poco más a la derecha subiendo por una zona herbosa para descender más adelante a la izquierda por un buen camino jitado. Estamos en la canal de piedra anterior, pero por debajo de la cortada que veíamos antes. Seguimos toda esta canal por un sendero con jitos y terminamos por desembocar en ¡Valdecarombo! ¡Terreno conocido! ¡Estamos ya en el buen camino!


Un descanso en la cabaña de Valdecarombo para recuperar fuerzas y tranquilizar el espíritu y seguimos ya por un sendero marcado con las típicas rayas blancas y amarillas de los senderos de pequeño recorrido. Cruzamos el Dobra y la Riega de Robellada y comenzamos a subir la dura cuesta del Monte la Texa. Son 300 metros de desnivel hasta el Puerto de Barcinera. Esto acaba con las pocas fuerzas que nos quedaban.


En el puerto cogemos la amplia pista que bien señalizada nos lleva a las verdes praderas de Vegabaño. Nos dirigimos al refugio a recoger los bártulos que habíamos dejado allí. Nos despedimos de Nuria y Julián y volvemos sobre nuestros pasos para coger la pista que desciende a Soto de Sajambre. Cuarenta y cinco minutos después, llegamos a destino. Soto de Sajambre pone el punto y final a una ruta que el tiempo nos complicó. Pero volvemos con la moral alta tras conseguir vencer a los elementos.


Para el próximo sábado día 8 tenemos ruta por el Cornión. Desde los Lagos ascenderemos por Vegarredonda hasta el Collado la Fragua, para ascender a la Altiquera y volver nuevamente a los Lagos por las camperas de Justillagar. La ruta que queremos hacer es:


Collado Les Valeres (1.107 m) – Vega de Enol (1.100 m) – Pan de Carmen (1.087 m) – Pozo del Alemán (1.040 m) – Vega la Piedra (1.130 m) – Collado la Prida (1.130 m) – Vega Canraso (1.200 m) – La Rondiella (1.370 m) – Collado Gamonal (1.491 m) – Vegarredonda (1.470 m) – Cuerria Benita (1.490 m) – Llampa Cimera (1.760 m) – Collado La Fragua (1.880 m) – La Altiquera (1.947 m) – Jou Sin tierra (1.769 m) – La Chabola (1.780 m) – Cantu Limpou (1.782 m) – Jorcadiella (1.650 m) – Vega Justillagar (1.430 m) – Vega Orrial (1.340 m) – Monte Palomero – Vega Enol (1.100 m) – Sohornin (1.087 m)


Se trata de una bonita ruta por caminos de pastores. Otra forma de subir o bajar de la zona del Jou Santu. El que quiera disfrutar de esta ruta tiene que darse prisa. Quedan ya pocas plazas y si no nos apresuramos a completar el autocar, luego habrá problemas para conseguir uno mayor. Espero vuestras llamadas.

martes, julio 28, 2009

LA TRAVESONA DEL CENTRAL

Pese a las predicciones meteorológicas que toda la semana nos estuvieron dando, las condiciones que veíamos según nos acercábamos a Fuente Dé, no presagiaban un buen día de monte y menos en esas alturas. Las nubes cubrían las cumbres y al llegar a destino vimos como la niebla comenzaba a mitad de la subida del teleférico.


Después de sacar los billetes y hacer un poco de cola, nos subimos a la cabina del teleférico. Menos mal que todo fue un espejismo y según ascendíamos íbamos atravesando las nubes y dejándolas abajo. A las diez y media de la mañana, con un precioso cielo azul y radiante de sol, comenzamos a caminar abandonando la estación superior del teleférico, El Cable. Las nubes quedaban abajo y sobre ellas un tramo de la Cordillera que reconocíamos de la semana anterior: El Curavacas, Peña Prieta, Tres Provincias y Coriscao.


Pronto comprendimos que no sería una ruta en solitario como estamos acostumbrados. Las cordadas que ascendían por el camino de Horcados Rojos así nos lo demostrarían. Poco a poco fuimos quemando etapas: Horcadina de Covarrobres y el correspondiente desvío a Áliva; la Vueltona, a los pies de Peña Olvidada y Peña Vieja; las apretadas y duras revueltas que nos llevan al cruce del camino del Collado de la Canalona; el descenso-ascenso previo al otro cruce, el del Refugio de Cabaña Verónica, plagado de gente, y por fin, el Collado de Horcados Rojos, donde dimos vista por primera vez en el día, a nuestro entrañable amigo el Urriellu.


En este incomparable mirador nos detuvimos un buen rato, con la disculpa de esperar a los rezagados, a los que habían subido a la cumbre de Horcados Rojos y cuatro de nuestros compañeros que considerando que la ruta propuesta era un poco blanda, optaron por subir por la Jenduda al Cable. Tampoco apetecía mucho bajar a los Boches con la gran cantidad de gente que lo estaba haciendo en aquellos momentos. Pero la razón más importante era poder disfrutar de las estupendas vistas que teníamos frente a nosotros y a nuestras espaldas.


El enorme boquete del Jou de los Boches nos separa de la inconfundible figura del Urriellu. Por la izquierda lo cierran las cumbres del Tesorero y los Picos de Arenizas. Al norte, la Garganta de los Boches lo comunica con el siguiente jou, el Jou Sin Tierre. Por la izquierda los Campanarios, la Morra, Tiros de Santiago y Tiros Navarros se unen a los Picos de Santa Ana y Horcados Rojos para cerrar el círculo.


Al disminuir la cantidad de gente que baja al Jou de los Boches, decidimos emprender nosotros también dicho descenso y para ello caminamos con dirección este en busca del comienzo del cable. El descenso en un sendero, por decir algo, en malas condiciones, con mucha piedra suelta y de una verticalidad que asusta. El cable de acero con cubierta de plástico, que lo recorre, es un buen acompañante para vencer el miedo. Quizá para las condiciones actuales, sin nieve, no tenga la distribución más idónea, pero si que presta un buen servicio.


La bajada se suele ralentizar en parte por el cuidado que hay que poner a cada paso que damos y en mayor medida por aquellos que tienen más problemas para abordar el pindio descenso. Por eso es común ver largas hileras de caminantes agarrados al cable.


Cuando al final llegas a lo más hondo del jou y miras hacia atrás, te das verdadera cuenta de la verticalidad que tiene el “sendero”.


Atravesamos el Jou para salir por la Garganta de los Boches que lo une al Jou Sin Tierre, otra magnífica depresión en la que pudimos contemplar a varios rebecos que descansaban plácidamente tumbados en los heleros. Por el oeste este jou está cerrado por las cumbres que se desgajan del Torrecerredo. Así podemos contemplar la Torre del Oso, el Pico Boada, la Torre de la Párdida y hasta el Neverón de Urriellu.


Atravesada la garganta, encontramos dos senderos. Se debe coger el de la derecha, el que va más alto, ya que con el otro descenderíamos al jou y eso nos obligaría a subir más adelante. El sendero pasa bajo una pedrera que por la derecha desciende de la Canal del Lebaniego, entre los Campanarios y la Morra. Luego llegamos a la Garganta del Jou Sin Tierre, una pared que se desgaja de la Torre del Pomelo, al oeste y en la que también tenemos dos opciones: Por la izquierda sigue el sendero dando un pequeño rodeo y de frente tenemos una especie de grieta por la que podemos subir a lo alto del murallón con una fácil trepada.


Pero lo mejor es el premio que recibimos arriba. La panzuda figura del Urriellu mostrándonos su cara oeste, nos libera de todos los sinsabores pasados hasta ese momento. Unos cuanto pasos más y alcanzamos un balcón desde el que podemos contemplar el Picu en toda su extensión. Abajo, a la izquierda, vemos el refugio de la Vega de Urriellu. La primera vez que uno llega a este lugar, la recuerda eternamente. Es impresionante como la figura de paredes rojizas del Urriellu se eleva, tratando de tocar el azul del cielo. Las cámaras fotográficas echan humo y son múltiples las instantáneas que se disparan desde este lugar. Si nos fijamos bien, podemos contemplar las diminutas “arañas” que lentamente se mueven por la vertical pared, agarrados a la roca, superando la fuerza de la gravedad, para poder alcanzar la cumbre de esta señera montaña.


Tras largos minutos de contemplación, proseguimos la marcha hasta llegar al refugio Delgado Ubeda, donde había que tener cuidado para no pisar a nadie, dado el gran número de montañeros que allí se reunían a descansar.


Más de una hora estuvimos contemplado de cerca la cara oeste del coloso y como los esforzados escaladores progresaban en la pared. La benignidad del clima, unido a la fuente de aguas frías y cristalinas y como no, las cervezas y el vino que allí se puede adquirir, nos retuvieron por más tiempo del previsto. Pero no había prisa. Si no hacemos la parada aquí, tenemos que hacerla más tarde en Poncebos para que el conductor pueda descansar las horas previstas. Así que qué mejor sitio que este para un descanso plácido y prolongado.


Después de muchas fotos y miradas al Picu, decidimos reemprender la marcha. Tomamos de los dos caminos que se nos presentaban hacia abajo, el de la izquierda, hacia la Canal de Camburero. El otro, el de la derecha, se dirige a Pandebano por el Collado Vallejo.


Camburero es un largo descenso en el que se alternan distintos tipos de terreno. Comenzamos por una pradera que nos dirige a un hoyo al que hay que descender mediante un sencillo destrepe de unos seis metros. Luego salimos de él por el lado opuesto accediendo a una meseta de caliza a modo de mirador. Continuamos bajando por un largo canchal de piedras, mientras detrás nuestro, el Urriellu se entretiene jugando con las nubes.


En esta primera parte, el camino está muy marcado y hay numerosos jitos, además de las marcas de sendero de pequeño recorrido. Luego llegamos a una zona lago más herbosa y tras un recodo vemos abajo las ruinas de la Majada de Camburero, donde hubo un refugio. La hierba y la maleza lo ocupa hoy todo. Frente a nosotros , un poco a la izquierda, la Collada Ties, por la que accedieron a la majada el Marqués y el Cainejo, la tarde antes de la primera ascensión al Urriellu y lugar por el que nosotros pretendemos pasar en el próximo mes de setiembre.


Bajando de la verde majada nos adentramos en la angoste Canal de Camburero en la que nos encontramos con dos rebecos descansando sin hacernos ningún caso. El descenso se hace más pronunciado si cave y hay que poner atención a los pasos que se dan. La hierba cubre las piedras y es fácil dar un traspiés.


La canal se estrecha más y un arroyo por la izquierda baja haciéndonos compañía. En la Garganta debemos utilizar nuevamente las manos para descender un trozo de muro por el que desciende en forma de cascada el arroyo. Vencido este escollo, desembocamos en Balcosín, una lengua herbosa de origen glaciar, por la que podemos apretar un poco el paso.


Abandonamos este buen terreno para bajar ahora dentro del arroyo. Es la Voluta de Castisierra y cruzamos múltiples veces la corriente de agua. Las piedras, la hierba y el agua hacen un poco más penoso el caminar. La vista de los tejados de Bulnes nos da ánimo para continuar.


Aún tenemos que pasar junto a una bonita cascada. Aquí el camino se separa del arroyo atravesando una zona herbosa y muy resbaladiza, para descender poco a poco a cruzar por un rústico puente, el Río del Tejo, ya a la entrada del pueblo de Bulnes.


Lo peor ya pasó y aunque aún nos queda cerca de una hora de camino, ya es por terreno conocido. Un pequeño descanso en Bulnes tomando unas cervezas y vuelta al camino para descender rápidamente por la Canal del Tejo, que por cierto se encuentra en reparación, hasta terminar en Poncebos después de nueve horas y media de larga y dura caminata. La verdad es que la ruta se puede hacer fácilmente en ocho horas y media, ya que nuestros descansos en varios de los puntos, fueron excesivos.


Esta gratificante ruta es de obligada realización para aquellas personas que les guste la montaña. Es una ruta que al menos hay que realizar una vez en la vida para poder disfrutar de un día pleno de montaña, sin falta de ascender a ninguna cumbre.


Hay que mencionar que todo el camino desde el cable hasta Poncebos se encuentra señalizado con las marcas blancas y amarillas de sendero de pequeño recorrido.


Para los días 1 y 2 de agosto, tenemos nuestra clásica ruta con pernocta. En esta ocasión nos vamos a dormir al refugio de Vegabaño, pasando por el Pico Jario, para el domingo subir hasta Vega Huerta y descender luego por la Duernona hasta las orillas del Río Dobra y dirigirnos a Vegabaño para bajar a Soto de Sajambre donde nos espera el autobús de regreso a casa. La ruta que queremos hacer es:


PRIMER DÍA: Puerto de Panderruedas (1.450 m) – Collado La Rocha (1.600 m) – Collado Viejo (1.638 m) – Centenal (1.768 m) – Las Guadañas (1.705 m) – Colladina de Dobres (1.760 m) – Pica Samaya (1.859 m) – Pico Jario (1.910 m) – Vegabaño (1.320 m)

SEGUNDO DÍA: Vegabaño (1.320 m) – El Roblón (1.500 m) – Collado del Cueto (1.576 m) – Collado de Cuesta Fría (1.690 m) – Horcada del Frade 81.756 m) – Cimera del Frade (1.842 m) – Canal del Perro – Collado del Burro (2.124 m) – Vega Huerta (2.043 m) – La Duernona – Las Pandiellas (1.550 m) – Valdecarombo – El Recodo – Cuesta la Espina – El Chamozo (1.110 m) – Puente sobre el Dobra (1.030 m) – Puerto de Barcinera (1.331 m) – Vegabaño (1.320 m) – Soto de Sajambre (930 m)


Aunque para esta ruta las plazas están ya asignadas y reservadas en el Refugio de Vegabaño, en estos momentos queda una plaza libre para aquella persona que esté interesada en acompañarnos en esta ruta. La plaza será asignada por riguroso orden de solicitud. Así que si estás interesado, no pierdas ni un minuto.

martes, julio 21, 2009

LA MONTAÑA PALENTINA QUE PERTENECE A CANTABRIA

Por una vez, y sin que sirva de precedente, abandonamos nuestro área de expansión para adentrarnos en tierras palentinas, que por cierto, están muy lejos. Y encima no son de Palencia.

Tras un gran madrugón, salimos a las 5 de la mañana de San Andrés, emprendimos viaje pasando por el Puerto de Tarna a tierras leonesas y atravesando posteriormente por el embalse de Riaño, para coger la carretera que se dirige a Santander por el Puerto de San Glorio. Tras cuatro horas de viaje, con una parada técnica de 20 minutos, llegamos a destino.

San Glorio nos recibió con un airecillo helado, no en vano en la madrugada tuvieron una temperatura de cero grados y los campos estaban blancos de la helada. Sin más nos pusimos en marcha hacia el sur, dejando a nuestras espaldas el Coriscao y la carretera que se dirige al Mirador del Oso en el Collado Llesba. Atravesamos las praderas que nos separan de Los Campanarios, un grupo de cumbres que tenemos de frente formando una muralla herbosa. Un marcado sendero primero, y algunos jitos más adelante, nos indican los mejores pasos para llegar a un collado y posteriormente atravesar el Portillo de las Yeguas, un apretado paso junto a la base pétrea del Pico las Tetas (2.108 m), al que algunos ascendimos.

Las vistas son estupendas. A nuestra espalda y separados por la sierra del Coriscao, aparecen los Urrieles y Andara en todo su esplendor. Distinguimos perfectamente la zona de Collado Jermoso con la Palanca y el Llambrión. Mas a la derecha la inconfundible pirámide del Tesorero nos da paso a los Horcados Rojos y la masa de cumbres de la que destaca Peña Vieja. Tras de ella, Torrecerredo y más a la derecha el vaso de la cara sur del Urriellu y por delante Collada Bonita. Un poco más a la derecha Peña Castil. Luego la gran depresión del Duje y los Puertos de Áliva que separan el Central del Oriental, donde destacan sus cumbres principales, el Cortés y la Morra de Lechugales y otras de menor envergadura pero igual de reconocibles, como la Rasa de la Inagotable con su inconfundible forma.

De las Tetas bajamos directamente a las inmediaciones del redondeado Pico Robadoiro que dejamos a nuestra izquierda para alcanzar el collado del mismo nombre. Toda esta última parte casi en llano, con el fin de ir recuperando fuerzas para lo que nos esperaba más adelante. Ante nosotros ya tenemos presente lo que resta de camino y la dureza que tiene. Enfrente, una pindia ladera nos espera para poder subir a los Altares (2.407 m), primer valuarte importante del día. A nuestra derecha se extiende el bonito y fértil Vega del Naranco, otro punto de acceso desde Llánaves de la Reina, que vemos al fondo. Por la izquierda el Valle de Cubil del Can y enfrente, nuestro camino.

No queda más que apretar los dientes y ascender por el lomo. No hay pérdida. El sendero a veces y los jitos nos marcan el camino a seguir. Al final, la única dificultad del trazado. Llegando arriba y poco antes de coronar, hay que fijarse en las trazas del terreno y algunos jitos para encontrar el mejor paso. Un corto canalizo primero, seguido de una vira horizontal a la derecha después, nos acercan a un canal de roca por el que tenemos que ascender ayudándonos de las manos. La única dificultad que tiene es que al subir, por la derecha tenemos las caídas hacia la Vega del Naranco. No hay peligro inminente, pero si hay que poner cuidado en la maniobra. Es más la impresión que el peligro real.

Superado este punto, ascendemos lo que nos queda para coronar los Altares, que realmente no es una cumbre en si. Es el comienzo de una alargada cresta que se dirige primero al sur, para girar al este y alcanzar la cumbre del Tres Provincias (2499 m), Lugar en el que convergen los límites territoriales de las provincias de león, Cantabria y Palencia.

Cuando nos acercábamos al tres Provincias, las nubes que comenzaron cubriendo los Macizos Central y Oriental de picos, nos alcanzaron y comenzaron a jugar con nosotros. Tan pronto veíamos como dejábamos de ver la cercana ya, cumbre de Peña Prieta. Tras un pequeño descanso, el primero que realizamos desde que salimos de San Glorio, reanudamos la marcha, descendiendo al este por un marcado sendero que serpentea por la cresta para descender algo más y reunirse con el camino algo más ancho, que viene del otro lado del Tres Provincias, ya que no es necesario ascender para poder ir a Peña Prieta.

Enseguida alcanzamos la cumbre señera de la Cordillera Cantábrica, con la niebla entrando y saliendo. Las vistas desde esta atalaya son casi las mismas que veníamos teniendo según ascendíamos. Solo al sur cambian algo y ese algo se llama el Curavacas, Espigüete y Pico Murcia. También podemos contemplar las lagunas de Peña Prieta al norte y la de Fuentes Carrionas, madre del Río Carrión al sur.

Como parece imposible recuperar las vistas a causa de las nubes que no hacen más que correr y después de un buen descanso, iniciamos el descenso por el mismo camino dejando a la izquierda la cumbre sur o Peña del Infierno, para dirigirnos a la base del Tres Provincias donde abandonamos el sendero para coger otro menos marcado que sale a la izquierda y que discurre por la ladera sur del pico, dirigiéndose al collado del Alto de las Fuentes Carrionas, que está situado entre las Agujas de Cardaño y el Tres Provincias.

En este punto nace una canal pedregosa que desciende vertiginosamente y en la que hay que tener especial cuidado con no resbalar. El descenso no tiene pérdida ni desviaciones posibles y los jitos que lo jalonan nos ayudan a seguir por el mejor camino. Descendemos dejando a nuestras espaldas las verticales y enmarañadas Agujas de Cardaño, murallón infranqueable que cierra por el norte el Valle de las Lomas. Al sur y muchos metros más abajo vemos nuestro camino hacia Cardaño.

Finalizado el largo descenso, alcanzamos las cuencas del Lago de las Lomas y unas cuantas lagunas menores. Es una bonita zona a la que llega un camino bien señalizado, que parte de Cardaño de Arriba y que es muy transitado todo el año. Por la izquierda, este del Lago de las Lomas discurre este camino que continúa descendiendo, ahora con menos inclinación, atravesando zonas de pasto, hasta alcanzar un pequeño puente sobre el Arroyo de las Lomas, que da paso a una pista por la que en algo más de una hora alcanzamos nuestra meta final en Cardaño de Arriba, acompañados todo el resto del viaje por el cantarín murmullo del arroyo.

Una bonita y entretenida ruta en la que se disfruta de estupendas vistas de Picos y de la montaña palentina y que nos llevó unas siete horas y media, con pocas paradas.

Para el sábado día 25, festividad de Santiago Apóstol, tenemos una ruta por Picos en la que atravesaremos de lado a lado el Macizo Central o de los Urrieles. Desde la cantabra estación del teleférico de Fuente De, partiremos para subir a El Cable, donde iniciaremos la ruta con final en Poncebos, pasando por Vega Urriellu y descendiendo a Bulnes por Camburero y Balcosín. La ruta que queremos hacer es:

El Cable (1.834 m) – Horcadita de Covarrobres (1.925 m) – La Vueltota (1.960 m) – Collado de Horcados Rojos (2.344 m) – Jou de los Boches (2.100 m) – Garganta de los Boches (2.148 m) – Jou Sin Tierre (1.982 m) – Garganta del Jou Sin Tierre (2.082 m) – Refugio de Vega Urriellu (1.953 m) – Canal de Camburero – Majada de Camburero (1.300 m) – La Garganta (1.100 m) – Canal de Balcosín – Voluga de Castisierra (800 m) – Bulnes (647 m) – Puente Colines (580 m) – Canal del Tejo – Puente del Jardu (250 m) – Puente La Jaya (220 m) – Poncebos (La Trapa) (218 m)

Como no pude por motivos de fuerza mayor, poner esta descripción antes, os puedo decir que tengo ya 26 inscritos para esta ruta. Lo que quiere decir que si hay más interesados en hacerla, deberían comunicármelo lo antes posible, para cambiar de autocar, pues tengo reservado el de 29 plazas. Así que ya lo sabéis: si queréis hacer la Travesona del Central con Las Xanas, tenéis que aros prisa para apuntaros o quedaréis en tierra. Espero vuestras llamadas.

martes, julio 14, 2009

RETORNO A LAS UBIÑAS

El retorno del Grupo de Montaña LAS XANAS al Macizo de Ubiña, no pudo ser mejor. Los Huertos del Diablo y toda esta parte de las Ubiñas nos recibieron con los brazos abiertos y con su mejor sonrisa en forma de una climatología estupenda. Un buen día de sol y unas temperaturas muy agradables, propiciaron que esta espectacular ruta se desarrollase plena de vistosidad.

El autocar nos dejó en el Puerto de Ventana para caminar unos cuantos metros por la pista que se dirige al Trobaniellu hasta alcanzar otra pista que sale por la derecha en ascenso, que antiguamente daba acceso a las minas que destrozaron toda esta parte del puerto. La pista serpenteante, nos proporciona una manera cómoda de ganar altura por un paraje muy degradado, pero con la ventaja de poder obtener unas estupendas vistas de Peña Ubiña, Fontanes y Prau.

En el collado a los pies de la Peña Ventana y tras atravesar un cierre de alambres, giramos a la izquierda para iniciar la subida al Robellosas. Poco antes de llegar a la cumbre, sale por la derecha un sendero que se dirige casi en horizontal al Collado Socellares. Pero nosotros, como viene siendo habitual cuando estamos por esta zona, continuamos subiendo hasta coronar el Robellosas. Desde allí vimos como nuestros compañeros se esforzaban subiendo por la canal a la izquierda del Melluque y por donde debíamos continuar nosotros. Ángel por su parte y en un alarde de fuerza y voluntad, ascendió al Melluque por su cara más dura, la Oeste.

Una vez reagrupados los lentos, iniciamos el corto descenso al Collado Socellares para seguir los pasos del resto del grupo por la pindia canal muy marcada y con numerosos jitos. Alcanzada la collada superior, solo resta subir a la izquierda unas lomeras para ver ya cercana la cumbre del Huerto del Diablo Norte, primer hito importante de nuestra ruta del día. Allí se encontraban ya el resto del grupo.

Las vistas sobre Agüeria son impresionantes. Un fuerte verdor ocupaba todos los puertos. Solo la gran mole de Peña Rueda con su cresta caliza desentonaba en el paisaje. A lo lejos, cerrando Agüeria por el este, el Tapinón y la inconfundible figura del Siegalabá. Un poco más cercano el Fariñentu y a nuestro lado el Huerto del Diablo Sur. Más a la derecha el Colines, el Prau y los Fontanes que junto a Peña Ubiña forman una casi infranqueable muralla. Precisamente por uno de sus pasos, la pasada de la Puerta de Arco, que veíamos desde el Huerto, tenemos previsto atravesar a finales del próximo mes.

El descenso lo realizamos por la cresta que nos une al Huerto del Diablo Sur, alcanzando en pocos minutos su cumbre, de la que desapareció el buzón montañero. Las vistas son similares al anterior, salvo que ya vemos el Ranchón que parece adelantarse a todos en un intento de acercarse más a Agüeria. Parecía que había prisa y casi ni tiempo tuvimos para hacer la foto de grupo y cubrir la tarjeta, cuando ya estábamos descendiendo nuevamente, esta vez a las inmediaciones del Canalón de Rodamuela, desde cuya boca superior iniciamos la ascensión al Ranchón, superando unas rocas para adentrarnos en la vallada que forman el Ranchón con la Peña del Arca.

Al final de la vallada giramos a la izquierda y ganando las sucesivas terrazas, alcanzamos la cumbre del Ranchón, nuestro pico principal del día, en el que colocamos el buzón de cumbres que nos hizo Cosme y que desgraciadamente no nos pudo acompañar a causa de la lesión de rodilla que le tiene apartado momentáneamente de la montaña. Desde estas líneas quiero enviarle un fuerte abrazo y desearle que la recuperación sea lo antes posible, que le echamos mucho de menos.

Instalado el buzón que quedó haciendo compañía al que colocaron no hace mucho el Grupo Alpino de Lugones, iniciamos el descenso unos hacia la Muezca la Cigacha y otros a conquistar una nueva cumbre, el Panchón. Mientras los más rezagados caminábamos hacia la Muezca, contemplando las praderas que forman la Vega el Robezu, a los del Panchón les dio tiempo a subir y bajar y hasta algunos se atrevieron también con la Peña la Cigacha, antes de comenzar el inverosímil descenso a los Puertos de Agüeria.

Entre el Panchón y la Cigacha se abre hacia Agüeria una horcada por la que un poco marcado sendero inicia un vertiginoso descenso. Los primeros pasos son los más complicados a causa del deterioro que la nieve y el agua realizan año tras año. Pero salvados esos primeros pasos el sendero, marcado con flechas amarillas, mejora y desciende sin mayores problemas, haciendo revueltas que se acomodan a la pindia ladera. Solo la precaución debida es necesaria, para disfrutar de un descenso mirando a Peña Rueda. Las hierbas verdes y resbalosas fueron nuestro peor enemigo, por nombrar alguno. Ya digo que el descenso, quitando dos o tres puntos al principio, no tiene problemas y es solo la atención que debemos poner al caminar entre hierbas y piedras sueltas.

Una vez en la Campa la Cigacha, ya en terreno horizontal, si miramos para arriba tratando de descubrir el sendero, nos será imposible encontrarlo y solo nos hacemos una idea de donde está la boca de entrada, una horcada a la izquierda de un resalte redondeado en la cresta que desciende del Panchón.

El resto del camino hasta Ricabo, casi no tiene pérdida. Al oeste de donde pisamos terreno firme y comenzando el descenso por las praderas, encontramos un marcado sendero que nos trasporta entre escobas y prados, paralelos a la muralla de los Huertos del Diablo, hasta las inmediaciones de Llaseiro, una preciosa majada de verdes pastos con algunas cabañas y en la que rumiaban ufanas un buen número de vacas. Llaseiro nos permite contemplar el Canalón de Rodamuelas en toda su espeluznante extensión. Al final de la pradera y junto a una cabaña, sale un sendero a la derecha que tras atravesar el muro de vegetación vuelve a girar a la izquierda. El sendero se pierde por momento, pero enseguida lo volvemos a encontrar.

Pasamos junto a la braña de Las Infiestas caminando entre árboles y con un arroyo cantarín a nuestra izquierda. Luego el camino se hace más ancho y entre centenarias fayas, llegamos a la amplia pista que baja del Trobaniellu y por la que en poco tiempo y tras pasar por Bueida, llegamos a Ricabo, después de unas seis horas y media de camino por parajes idílicos y con un día maravilloso de sol.

Para el próximo sábado 18 de julio, tenemos madrugón. Saldremos a las 5 de la mañana de San Andrés, con intención de conquistar el Macizo de Peña Prieta enmarcado en el espacio natural de la Reserva de Fuentes Carrionas. Un largo acercamiento, 160 kilómetros, nos obliga a madrugar para llegar en buena hora al Puerto de San Glorio desde donde iniciamos el camino que nos lleve a la cumbre de Peña Prieta. Luego descenderemos a Cardaño de Arriba, antes de emprender nuevamente el viaje de regreso por carretera. La ruta que proponemos es:

Puerto de San Glorio (1.609 m) – Los Campanarios (1.857 m) – Pico de las Tetas (2.108 m) – Pico Robadoiro (2.219 m) – Collado Robadoiro (2.092 m) – Los Altares (2.407 m) – Altos del Cubil del Can (2.436 m) – Pico Tres Provincias (2.499 m) – Collado Tres Provincias (2.433 m) – Monte Infierno (2.530 m) – Peña Prieta (2.538 m) – Collado Tres Provincias (2.433 m) – Alto de las Fuentes Carrionas (2.442 m) – Alto del Tío Celestino (2.396 m) – Agujas de Cardaño (2.386 m) – Pozo de las Lomas (2.053 m) – Alto de la Lomba (1.836 m) – Alto de la Majada de las Vacas (1.670 m) – Cardaño de Arriba (1.469 m)

Una larga ruta pero que promete ser muy interesante y con estupendas vistas de los Picos de Europa y de la planicie palentina, salpicada de grandes cumbres como el Espigüete y toda la red fluvial de las Fuentes Carrionas. Pero para poder disfrutar de todo eso hay que sacrificar algunas horas de sueño y por supuesto, hay que apuntarse. De otro modo sería imposible hacer esta ruta. Así que ya lo sabes: estoy esperando tu llamada.

martes, julio 07, 2009

Y PARA ALISEDA, NIEBLA

Por muchas circunstancias me vi tentado en no hacer crónica de esta ruta que parece que tenemos gafada. El año pasado por dos veces la tuvimos que cambiar a causa de la avería que se produjo en la carretera que estuvo cerrada al paso de los autocares. En esta ocasión, la niebla nos privó de poder completarla y de sacarle partido, pues la intención es conocer la zona para poder preparar otras rutas y con la niebla cubriéndolo todo, eso se hace imposible. Desde que por primera vez pasamos por la zona, cuando hicimos la ruta Vegarredonda a Ario, también con niebla, nos estamos preguntando por donde anduvimos.


Pero hay nieblas peores. Bien es verdad que con el paso del tiempo, el grupo se va haciendo más y más confiado, adquiriendo más riesgos en las rutas que realiza. Pero eso emana de una experiencia y del conocimiento que tenemos de nuestras posibilidades. No por ello debemos abandonar las elementales normas de seguridad que podrían acarrearnos serios disgustos, pero tampoco ver en todo el peligro. Las posiciones extremas nunca son deseables y siempre el termino medio y sobre todo, la cordura deben imperar en nuestras actuaciones.


La palabra, el dialogo y la confrontación moderada, deben ser nuestras armas a la hora de enfrentarnos a nuestras dudas. Y me lo digo primero a mi, que soy quizá quien más se exalta. De nada vale el discutir con uno mismo o con el que tenemos al lado, si el resto del grupo no sabe de nuestros temores o prejuicios. Comprendo de las responsabilidades de unos y otros, a veces mayores que las reales, pero indiscutibles. Pero también que somos personas mayores con conocimiento de causa suficiente para saber hasta donde podemos llegar. Ya tenemos un cierto conocimiento del medio y herramientas que nos facilitan otras visiones y modos de seguimiento.


Soy de la teoría de que si estamos o nos ponemos de acuerdo en hacer algo, lo hacemos aunque las condiciones no sean las más propicias. Todo depende de la forma que nos enfrentemos a las dificultades y con miedo nunca será la mejor. Por eso y porque somos un grupo, debemos afianzarnos unos a otros para lograr al final la victoria o saber en que punto o momento debemos abandonar. Y esto lo lograremos con el diálogo entre todos.


Ya se que me pongo filosófico, pero casi os diría que estoy pensando en voz alta sin darme cuenta, pues no quería hablar de esto. Pero escrito queda y espero que sepáis a que me refiero. Quedé disgustado en un momento determinado de la ruta del sábado, quizá por agobio, pero pienso que eso se puede subsanar. El grupo lo formamos todos y no solo los que de una manera u otra tenemos algunas responsabilidades dentro de él. Y así me gustaría que lo entendiésemos todos para evitar malas interpretaciones sobre las actuaciones de uno u otro lado.


Dicho todo lo que pienso, pasemos a la descripción de la ruta que realizamos, que ya de antemano os diré que tiene que ser preciosa el día que la podamos realizar viéndola.


El autocar nos dejó en el aparcamiento de Bufarrera con la intención de no moverse de allí hasta la hora de marchar, para así estar al menos nueve horas parado y no tener problemas de jornada de conducción. La ruta completa nos llevaría unas ocho horas y de no ser así, no podríamos realizarla. Digo que nos dejó en Bufarrera y comenzamos a caminar por la carretera atravesando el área en el que se encuentra el centro de interpretación, para llegar a La Campo La Tiese en las orillas del Lago Ercina, donde han hecho un nuevo aparcamiento, mucho más pequeño que el que había, pero ordenado y coqueto, aunque fuera de lugar y con una gran cantidad de objetos contaminantes del paisaje. Las vallas y barreras campan ya por todas partes y eso que casi no veíamos a causa de la niebla.


Siguiendo siempre las indicaciones del GPS, caminamos por la senda señalizada como PR que circunda la zona de los lagos, dejando al Ercina a nuestra izquierda, para llegar al Muro, paredón de piedra que cierra el lago por su parte sur y dejando a la derecha el camino del Bricial por donde continúa el PR. Por el muro accedemos al sendero que comienza a ascender hacia la izquierda, por un camino muy marcado, son las Reblagas.


Enseguida llegamos a una campera en la que a la derecha tenemos un par de buenos árboles custodiando una cabaña. Estamos en Fresno, nombre dado sin duda, por los mencionados árboles. Luego La Canal y casi a continuación el Toyu, campera en la que hay una cabaña de extraña construcción.


Procurando no perder el sendero en las camperas que atravesamos, para lo cual caminamos siempre por la derecha y siguiendo los jitos que poco a poco comenzamos a descubrir, accedemos a la majada de Tolleyu, después de pasar la Vega el Paré. Las cabañas de la majada van apareciendo como fantasmas de entre la niebla a medida que nos acercamos a ellas. La majada es grande, como pudimos comprobar a la vuelta con un poco más de visibilidad. Tiene unas buenas praderas y las cabañas se diseminan por ellas.


Al entrar en las Camperas de Jaces nos encontramos con un abrevadero. El terreno se va convirtiendo poco a poco en menos descriptible. La niebla lo iguala todo y casi no vemos más que la piedra que pisamos. Por el Jorcadillín del Cuevo Oscuro, el sendero transita dejando la cueva que le da nombre a la izquierda. También se puede ir por allí, pasando delante de la cueva.


Luego un nuevo abrevadero de reciente construcción, del que manaba un hilo de agua. Aquí seguimos ascendiendo a la derecha para adentrarnos en un mundo de piedra. La caliza ya nos rodea por todas partes y son los jitos, junto con las marcas del GPS y las indicaciones de Carrete que pasó unos días antes por allí, lo que nos permite seguir un camino que creemos correcto. Hay que tener mucho cuidado con los jitos, pues en esta parte los hay que salen para sitios distintos. Sin visibilidad es realmente difícil seguir hacia el lado correcto.


Por fin alcanzamos las primeras camperas de la Vega de Aliseda. Una estrecha franja de verde rodeada de caliza por todas parte, menos por una, en la que se encontraban las nubes que por un momento abrieron una pequeña ventana por la cual pudimos ver el cielo azul y un rayo de sol se coló, dando unas esperanzas que no cuajaron. A continuación el cielo se cerró y la niebla parecía más espesa.


Ante esto y los nervios en parte del grupo, optamos por dar la vuelta por el mismo camino, eso si, bajo un pertinaz orvayu que nos acompañó hasta nuestro regreso a Bufarrera. Podéis estar seguro que esta ruta la repetiremos el año que viene y el otro si hace falta. Al final tendremos un conocimiento exhaustivo de la zona, para poder hacer la ruta con los ojos cerrados. Quizá algún día nos planteemos hacer la de noche. Je, je, je.


Para el día 11 tenemos ruta conocida por nuestra zona. Nos vamos a Puerto Ventana para caminar por la zona de Socellares y los Huertos del Diablo, para ascender al Ranchón, donde colocaremos el buzón de cumbres que hizo Cosme, al que trataremos de hacer llegar nuestro recuerdo y deseos de que se mejore pronto. Luego descenderemos por la inverosímil Muezca de la Cigacha a las camperas de Agüeria, para finalizar la ruta en Ricabo. Lo que os proponemos es:


Puerto Ventana (1.586 m) – Robellosas (1.927 m) – Collado Socellares (1.851 m) – Huerto del Diablo Norte (2.100 m) – Huerto del Diablo Sur (2.126 m) – Peña del Arca (2.082 m) – El Ranchón (2.151 m) – El Panchón (2.102 m) – Muesca la Cigacha (1.963 m) – Campa la Cigacha (1.640 m) – Llaseiro (1.400 m) – Las Infiestas (1.115 m) – La Fontana (900 m) – Bueida (750 m) – Ricabo (650 m)


Preciosa excursión si el tiempo acompaña, en la que se puede aumentar a voluntad el número de cumbres a ascender, de más de 2.000 metros. Las vistas sobre los Puertos de Agüeria son fantásticas y el descenso por la Muezca la Cigacha parece imposible pero se realiza sin ningún problema especial.. La zona bien merece un poco de sufrimiento. Espero vuestras llamadas. No lo dejéis para última hora que os podéis quedar sin plaza.

martes, junio 30, 2009

LOS CAMINOS DE LLUE

Nuestras pretensiones para el sábado pasado eran bastante arriesgadas y por tanto difíciles de llevar a buen término. Y no por la dureza en sí de la ruta. Los problemas se nos presentaban, al decir de los entendidos, por la fecha en la que pretendíamos realizarla, dadas las características climáticas de este invierno pasado. Justificar a ambos lados
Para llegar a Llué desde Collado Granceno, hay que hacerlo por el Río Canalita y a través de una angosta foz. El Río Canalita es el canalizador de toda la cuenca que baja del Collau Zorro y por tanto de todo el bosque de Peloño. Como pudimos comprobar in situ, aún sin llegar a verlo, por el ruido que sentíamos en la parte alta, por abajo debía ir con la fuerza suficiente para imposibilitarnos su vadeo.

Así y todo, después de dejarnos el autocar en el aparcamiento de Les Bedules y tras seguir la pista hasta Collado Granceno, la mayoría del grupo nos decidimos por acerarnos lo que pudiésemos al Canalita y conocer de paso, la zona, con vistas a un intento en otra época.

El resto del grupo optaron por seguir al este, rumbo a la Collada Viances a los pies del Sen de los Mulos, para continuar a Collada Reces, desde donde se tiene una buena vista de Llué en el fondo de la hondonada. Luego, por Collado Cocillón y en descenso por un viejo camino entre arbolado, llegaron a Tolivia y tras cruzar el abandonado y semi derruido pueblo, pasando junto a la iglesia y tras atravesar una buena plantación de ortigas gigantes, salir, dejando la izquierda el Valle Torbeñu que desciende de la collada del mismo nombre, por el Forcau a la Canal de la Cabritera bajo los desplomes de Peña Ñorin. Un buen camino armado va paralelo a la riega del Río Mojizo a muchos metros por encima del cauce y dando vista a la carretera de los Beyos. Descendieron al Puente Espina, quince o veinte metros por encima del río Mojizo, para pasar a la otra orilla y desde allí, paralelos al Sella, ir al encuentro del remozado Puente Vaguardo para alcanzar la carretera.

Nosotros por el contrario, dimos unos cuantos pasos más allá de la señal del cruce de caminos de Granceno y comenzamos a descender por una pista que sale a la izquierda y que baja entre el arbolado haciendo algunas curvas. Pasamos junto a las diseminadas cabañas de El Rosellón y continuamos descendiendo. Luego el camino enllana para a continuación hacer un suave sube y baja antes de llegar a La Palanca, unas praderas con una casa en ruinas, en la que había unas colmenas. En este punto, siguiendo por detrás de la casa, se vuelve a la pista que va de Granceno a Collada Guaranga.

Nosotros continuamos por una pista que sale en la misma dirección que traíamos. En realidad aquí es donde debimos seguir una pista casi tapada, que sale frente a la casa y que vimos a nuestro regreso. Por esa pista, abandonándola a la derecha más adelante, se alcanza la riega del Río Bustiellos, que nos lleva a los pies del Porru Castiellu, donde, por su derecha, llegamos a la foz que forma el Río Canalita. Ese es el camino de Llué.

En parte por desconocimiento y también porque nuestra pretensión no era meternos directamente en la foz, si no ver como estaba el terreno, nos guiamos del GPS y continuamos en busca de un acercamiento al Canalita, que no encontramos. La pista finaliza en una finca en la que se estaba arreglando una cabaña. Dimos la vuelta para coger otra pista que por la derecha volvía a tomar la misma dirección y que creíamos nos llevaría al Cerro Castiellu. Craso error. Nuevamente llegábamos al final también de esta pista. En esta ocasión contra un muro de piedra al que subimos tratando de continuar. Pero aquí se abría un gran tajo con el valle del Canalita abajo y el Cerro Castiellu, muy cercano pero en el otro lado del valle. Intuimos Llué, que según el GPS se encontraba muy cerca, pero no se podía continuar.

Encaramado en aquella roca, entre las ramas de los árboles pude contemplar la inconfundible silueta de Peña Santa.

Retrocediendo sobre nuestros pasos regresamos a la Palanca y fue entonces cuando vimos la otra pista, la buena. La que nos llevaría al Cerro Castiellu. Pero era tarde. Se imponía volver a Granceno lo antes posible. Así que salimos a la pista oficial de Peloño y por ella llegamos a la Collada Granceno.

Por la hora que era y teniendo en cuenta que desde allí bajar a Vaguardo nos llevaría unas cinco horas, decidimos hacer el descenso por Viboli y los Andamios hasta Puente Huera. Siguiendo las indicaciones del señalizador allí existentes, tomamos el sendero que desciende rápidamente entre vetustas hayas hasta la carretera que une Puente Huera con Viboli.

Algunos hicimos una visita al semi abandonado pueblo, constatando ese abandono y la destrucción por tal motivo, de muchas de las casas. Es una pena pero dentro de unos años quedarán cuatro casas en pie si no se toman medidas. La carreterita se encuentra en mal estado y las pocas gentes que allí viven dejarán de hacerlo con lo que terminará siendo un pueblo fantasma devorado por la maleza, al igual que ya lo es Tolivia.

La carretera que atraviesa la Foz de los Andamios también se encuentra en malas condiciones en muchos de sus tramos. Además los quitamiedos han perdido sus fijaciones y cuelgan sobre el profundo tajo que quieren proteger. Es triste el grado de abandono que padece este concejo, uno de los más bonitos de Asturias y con una riqueza etnográfica que se está perdiendo a pasos agigantados. Esperemos que no ocurra y el Principado vele por la conservación de este patrimonio.

Para el primer sábado del mes de julio tenemos ruta por los Lagos de Covadonga. Se trata de la ruta que el año pasado no pudimos realizar por culpa del argallu que cerró durante un par de semanas la carretera de Covadonga a Los Lagos. Queremos hacer una ruta circular por Aliseda con vuelta por el camino de Vega de Ario. Para ello nuestra propuesta es:

Bufarrera (1.063 m) – Entrelagos (1.158 m) - Campo La Tiese (1.106 m) – Las Reblagas (1.125 m) – Vega el Paré (1.304 m) – El Tolleyu (1.398 m) – Camperas de Jaces (1.550 m) – Jorcadillin de Cueva Oscuro (1.600 m) – Las Carreteras (1.650 m) – Cilluenga (1.700 m) – Jou Los Porros (1.777 m) – Vegas de Aliseda (1.800 m) – Collado Jermoso (1.775 m) – Pico Gustuteru (1.810 m) – Ojos de Manada Vieya (1.730 m) – Forcau Valle (1.619 m) – Veguina de Pedro Crespo (1.530 m) – Vega Robles (1.400 m) – Las Fuentes (1.426 m) – Sedo el Cabrital - El Llaguiellu (1.300 m) – Las Bobias (1.200 m) – Campo La Tiese (1.106 m) – Bufarrera (1.063 m)

Es una ruta larga pero muy vistosa. Además, como se vuelve otra vez al punto de partida, no hay problemas para los que quieran caminar menos. Hay alternativas suficientes. Así que ánimo y a apuntarse pronto, que hay pocas plazas libres. Espero vuestras noticias.