miércoles, junio 04, 2014

HACEMOS LA TRAVESERA DEL SUEVE ENTRE ESPESAS NIEBLAS



31 de MAYO de 2014
           
Volvemos a insistir en esta travesía que se nos resistió el año pasado. A las seis de la mañana cae agua de aquella manera. Parece que el día se nos presenta difícil. Impertérritos al desaliento seguimos hacia Infiesto. Parada en el alto La Llama. Aquí volvimos el año pasado cuando la niebla nos cerró el paso a cal y canto. Volvemos a subir. Por intentarlo que no quede. Junto a la posada hay una capillita de la Virgen del Carmen, hermosa e ingenua.

Empezamos a caminar muy temprano, pero lo largo de la ruta justifica el madrugón. Ha dejado de llover y por la pista se avanza rápido a la majada Espines. Abrigados contra la cabaña nos esperamos unos y otros. Hasta aquí un paseo a pesar del fuerte desnivel. Las cumbres están tapadas por la espesa nieblona. Este cordal está maldito. Debe ser la cercanía al mar la que crea estas cerradas nubes bajas.

Continuamos girando al sur para encarar la primera elevación del día: el magnífico pico La Múa, un observatorio de primera. Entre ráfagas de nubes que circulan a gran velocidad por los valles se intuye un paisaje de ensueño. El viento es frío. En una parada previa nos recordamos la necesidad de ir juntos por lo de la niebla espesa. Una gamo nos observa desde un alto, en la distancia. Los asturcones están mezclados con otro tipo de yeguas, lo que no consigo entender. ¿Dónde está la especial protección de esta singular raza?

Bajamos La Múa y enfilamos el Mirueñu. En este momento está despejando, hay un amago de sol y se ve hasta la silueta de la cumbre que queremos subir. A pesar de nuestras buenas recomendaciones para ir juntos, cuatro “espontáneos”, entre los que me encuentro tiramos a un piquín enhiesto que está a la derecha. Parece de muy fácil subida y no nos retrasará a penas la marcha. Estamos subiéndolo y la cosa se complica: el terreno es muy poco practicable por la alta hierba que oculta los numerosos hoyos entre las calizas. Para colmo empieza a llover intensamente y la niebla se convierte en protagonista principal. Sólo veo a los que me preceden si está a menos de diez metros.

Llegamos a la cima de lo que resulta ser el Alto Lichar. En una ráfaga de sol vemos a algunos compañeros subiendo la larga cuesta del Mirueñu. Fantástico, ya tenemos claro el objetivo y nos apresuramos a bajar apresurados para poder encontrarnos cuanto antes. Ha dejado de llover. La niebla continúa absorbente, cerradísima, despistando todo intento de orientarse.

Subimos la falda del Mirueñu como una exhalación, nunca tan rápido. Y al llegar arriba, después de hacer una bonita canal, allí no hay nadie. Sorpresa. Nos llaman al móvil:
 -“¿Dónde estáis?”.
-“En la cumbre del Mirueñu. ¿Y vosotros?”
-“Esperándoos junto a una cabaña y muertos de frío”

Ahora sí que está liada. La niebla y el afán de aventuras nos han jugado una mala pasada. Bajamos por la cara opuesta del Mirueñu intentando comunicarnos con la avanzadilla del grupo. Ojo que en esta zona hay grandes hoyos rodeados de precipicios y cortadas. Esquivamos una enorme, desviándonos mucho al sur. No se ve a nadie. La orientación es difícil, así que subimos algo hacia el norte hasta una majada con restos de cabaña desde que podemos intuir la bajada del Mirueñu. Nuestros compañeros han buscado paso por la margen izquierda del monte. No encuentran más que un profundo barranco que les obliga a subir de nuevo. El paso obliga a llegar a la cima del pico. Aguardamos pacientemente para ver si les vemos. Se oye lejana y con ecos engañosos, la voz de Gripi. Carrete, portento de fuerza, se adelanta monte arriba hasta el esperado encuentro.

Por fin estamos todos juntos. Algún veterano llega con el carburador atascado. –“Pero hombre de Dios, ¿no vio Usted que está ruta estaba calificada con dificultad A de alta? A ver si un día de estos vamos a tener un disgusto.” Pasados los consabidos nervios (hay expertas que sólo aportan más inseguridad), hay que tomar una decisión: subir al Pienzu o dejarlo para otra ocasión. Pasamos tres vallinas en continuo sube-baja y parece evidente que la ruta ya es bastante larga de por sí, que ya hemos pasado algunos regulares momentos y que, además, es un pico que todos hemos hecho más de una vez. Así que lo dejamos para mejor ocasión.

Ahora toda la preocupación es encontrar el camino adecuado para salir a la pista de Gobiendes. Para eso hay que atravesar el largo bosque por la ladera norte del Sueve. Nos ponemos a ello con especial cuidado para encontrar un camino de bajada. Al principio por la ladera a “pelu gochu” para después encontrar alguna senda de ganado salvaje que nos permita avanzar siempre al este. Entramos en un senderín que baja por el barranco. Está muy embarrado y se pierde a ratos en el bosque.

El bosque: digno de resaltar. Envueltos en brumas vamos penetrando en la espesa tejeda entre árboles centenarios que sólo dejan crecer brotes nuevos de texu y nada más. Hasta las hiedras se retiran temerosas del sagrado texu. El camino es una sierpe continua. Bajamos otro barranco. Deslizando en el barro literalmente. Una laguna se forma en el terreno. De verdad que este predio parece sacado de un cuento nórdico.

Apretando los dientes, peleando con la vegetación baja vamos encontrando otra laguna, con fuente y más adelante una majada a la que nos salimos para estirar un poco las piernas. No está muy clara nuestra posición pero está claro que hemos bajado paralelos a las caídas del Pienzu hacia Colunga. Tenemos que estar junto al Pico La Cordobana, y efectivamente al poco tiempo pasamos bajo esta cumbre  cerca ya del Sol de Miguel. Termina la majada, otro pequeño tramo de bosque y salimos al mirador sobre toda la rasa costeras. Una bellísima postal se despliega a nuestros ojos: Colunga y Lastres, separadas por la playa de La Griega. Espesas nubes negras están descargando en el horizonte. Pero entran a la vez haces de rayos de luz iluminando un mar intensamente azul. Vaya vista.

Tenemos por delante una larga bajada a la pista de Gobiendes. Por fin un cotoyal: Las Xanas está en su terreno. Bajamos por donde hay algún paso de ganado. El Sol de Miguel lo tenemos enfrente y hacia su base nos dirigimos.

Llegamos a la pista. Larga bajada a Gobiendes. Pequeños atajos para caminar un poco menos. Tramos enteros que son un puro charco. Gente que lava las botas en el arroyo para volver a tupirlas a los cinco minutos. Se hace eterna esta bajada. Afortunadamente se puede ir charlando para hacer más llevadera la caminata. Hoy se nos va tranquilamente a los 18 kilómetros. Primeras casas de la aldea. Bonitas casas por cierto, pueblo elegante, cuidado, limpio, lleno de flores. El centro de interpretación está abierto. Nos cambiamos felices de haber terminado esta larga travesera. Nos vamos a comer a casa Pancho, rincón bien tranquilo de esta atormentada geografía.

Para estrenar junio tenemos otra ruta bien clásica: Se trata de subir al Negrón desde el Brañillín para bajar por los Puertos de la Bachota y salir al Alto del Palo. La intentamos el año pasado cuando había aquella concentración de ciclistas. La niebla nos aconsejó bajar por la ruta de las peregrinaciones. Esta vez si que lo vamos a lograr. Los Puertos de Bachota tienen una belleza extraordinaria.

Para terminar un aviso a los que van a ir a alguno de los Refugios. Las previsiones están hechas y los sitios reservados. Sólo recordar a los pocos que no han adelantado la señal de 10 € por refugio, que hay que hacerlo cuanto antes. Somos un grupo serio y esta es la prueba de nuestro compromiso para asistir.

 FRESINES

jueves, mayo 29, 2014

LA CABEZA L’ARCU, FANTÁSTICA BALCONADA A TODOS LOS CORDALES DEL CENTRO DE ASTURIAS



24 de MAYO de 2014

Va acabando el mes de mayo y el tiempo que fue muy bueno empeora haciendo las tardes más frías y obligándonos a desempolvar la ropa de invierno ya metida en el fondo del armario. No seamos pesimistas. Durante toda la semana nos amenazaron con torrentes de agua para el sábado. ¿Y cómo resultó? Apenas diez minutos de llovizna leve en las estribaciones de Caleao.

Habíamos salido muy pronto de Oviedo, por aquello de la costumbre ya que no es una ruta excesivamente larga. Así que a las nueve de la mañana cruzábamos Caleao para emprender la subida por el tranquilo valle Xulió, a la vera del río del mismo nombre. La subida es digna de recordarse; tranquila, con suaves recuestos, de fácil orientación porque está muy bien señalizada. La travesera del bosque maravillosa, a la altura de los grandes bosques de Asturias. Salimos de la espesura para cruzar el río que al poco se sume quedando a la vista nada más que el inmenso pedregal, de lo que en su día fue sin duda una lengua de hielo, cayendo desde el Retriñón. Cruzamos la riega seca varias veces hasta coger definitivamente la margen derecha hasta las cabañas de la mayá Xulió. La temperatura es buena, más bien fresca, invita a caminar fuerte. Subimos a la collada, sin más complicaciones.

Desde la collada el Arcu hay dos caminos practicables. Vamos a intentar hacer un circuito para dar más variedad a la expedición. Subimos por el camino de la izquierda que zizaguea entre rocas ascendiendo rápidamente. Saliendo al primer colladín hay que seguir un buen corredor, bastante inclinado, que arrimado a la roca, se alza ya de manera definitiva sobre el fondo del valle. Luego algunos prefieren seguir por la arista que sin tregua lleva, filosa, a la cumbre. Los demás preferimos bajar a la amplia ladera por la que discurren varias sendas de animales de dos y de cuatro patas. Es una subida menos arriesgada y la seguimos con tranquilidad. Arriba encontramos a una pareja que está haciendo el concurso de cumbres de la federación.

Naturalmente nos enrollamos a identificar cumbres rodeados como estamos por todas las esquinas. Curiosamente la más difícil de encontrar, al menos para mí, fue el Cuyargos. Pero tenemos al alcance de la mano Ten y Pileñes, El Canto Cabronero, El Tiatordos, El Campigüeños, el Vízcares, por no hablar de los muy cercanos Muezca, Tabierna, Retriñón. Restos de la última nevada de esta semana en todas las cumbres altas, especialmente en el Torres. No tenemos ninguna prisa y aquí estamos de vicio. Como la alegría no puede durar unas negras nubes se van metiendo por el horizonte inmediato. Esto unido al viento que se ha levantado nos aconseja emprender a tiempo la retirada.    

Bajamos por el valle del medio. Este grupo subió francamente bien, con estilo y fuerza. Parece que estamos bien pertrechados de forma de cara al duro verano montañero que tenemos por delante. Pero bajando esta gente casi vuela. Qué ritmo de bajada. El sendero está muy bien jitado y gracias a eso no nos tiramos de frente hacia el profundo valle, de difícil paso, sino que vamos bordeando hasta tres cantiles de la larga falta de la Cabeza L’Arcu. Pasado el último empieza el descenso definitivo. Y mejor lo hacemos en diagonal evitando los molestos restos de las árgumas quemadas en un incendio reciente.

Así salimos a la collada L’Arcu de nuevo y para ahorra tiempo bajamos por la riega de la izquierda que acaba empalmando con el GR antes de las cabañas de Fresneu. A partir de aquí es una continua bajada, entre robles, acebos y fayas. El camino bastante embarrado por las últimas lluvias y por el paso del ganado. Finalmente pasado el último pilón el camino gira casi en ángulo recto a la derecha bajando ya claramente al camino de los Arrudos.
Siempre es cosa impresionante bajar paralelo al río que impetuoso deja oír su voz desde muchos metros más arriba. Siempre es un espectáculo la sucesión de cascadas y ollas, la excavación del agua sobre la roca. Pero como las nubes están muy, muy negras bajamos francamente deprisa, deteniéndonos a penas para hacer unas fotos en las dos o tres cuidadísimas cabañas que están al margen de la senda. La proximidad de los prados anuncia la cercanía del pueblo, cuando empieza a llover débilmente. No hay que asustarse, después de todo lo recorrido nos da casi igual. Pero la lluvia nos es más que un amago porque dura apenas diez minutos y cuando nos queremos enterar ya estamos en el aparcamiento de la senda de los Arrudos donde está el autocar. Bien por Luis que nos quitó la odiosa subida hasta la plaza del pueblo. Nos podemos cambiar junto a la fuente, siempre da gusto ir fresquitos a comer.

Comemos en Casa Linares, donde como siempre nos reciben requetebién. Nuestro propósito es marchar  pronto para que la gente pueda ver el final de la Champions, que hay más deportes que la montaña.

Terminamos el mes con una clásica que el año pasado no pudimos hacer por la niebla: es la subida por el Alto La Llama para ascender al Pico la Múa y al Mirueñu y desde allí saltar al Pienzu y bajar por la Texera a Gobiendes. Es una ruta larga pero sin ninguna complicación y además agradecida de realizar a poco que el tiempo acompañe. No hay que dejarse asustar por los agoreros, ya veis que esta salida por Caleao fue totalmente en seco, a pesar de lo negro que nos lo ponían las televisiones. No hay excusa para salir de casa.

FRESINES


miércoles, mayo 21, 2014

EN LOS ALBOS CON UN SOL RADIANTE Y EL ESTALLIDO DE LA PRIMAVERA



17 de MAYO de 2014
           
Si la bajada al Oyo L’Madre fue maravillosa, esta excursión no le quedó a la zaga. Juntamos tres elementos claves para que todo saliera bien: el espléndido día de sol, el paisaje de Somiedo y el buen ambiente del Grupo Las Xanas. Con esos mimbres es difícil que las cosas pudieran salir mal. El resultado: uno de esos días imborrables que siempre recordarás como una explosión de optimismo.

Empezamos en La Farrapona. El viaje en autocar se nos hizo un poco eterno. Pero llegamos y salimos con ganas. Viento frío, que destempla, pero también que barre las nubes. Vamos al lago la Cueva. Luego la conocidísima subida a los lagos superiores. Vamos virando del segundo lago, Cerveriz, al tercero La Calabazosa. Hasta aquí la ruta es un buen paseo al sol. A pie de lago se observan las construcciones artificiales para elevar el nivel del agua.

Comienza la subida. El Albo Oriental es una afilada arista. El ataque es sencillo en el inicio: subir por la loma en su parte menos inclinada. Una balconada en la primera colladita es ya el primer mirador en el que a la fuerza hay que pararse a contemplar. Las lejanas Ubiñas y los inmediatos Calabazosa y Solarco que subimos en el otoño pasado. En la vega, rabiosamente verde,  vivero natural de mil flores, hay una serie de pequeñas lagunillas que no se suelen ver más que en primavera.

Volvemos la vista a la pared. La canal por donde se podría subir está totalmente cubierta de nieve formando una pala muy inclinada que no deja de tener su peligro. Decisión: el grupo sube por un conjunto de rocas a la derecha de la canal, haciendo continuas trepadas en buena caliza, y divirtiéndose, de paso, un rato. Hay quién se lo toma como un entrenamiento para la subida que nos espera en setiembre a Torrecerredo. Y que como no nos portemos un poco mejor dice que no nos va a llevar. Tenemos que parar de la risa, Milio, qué le vamos a hacer.

Gracia no las tiene todas consigo por aquello de la verticalidad y dos caballeros voluntariosos le ofrecen por subir por la rimaya de nieve, cruzando el nevero por su parte más estrecha. Resulta una aventura sencilla, como algún paso algo expuesto en un corredor corto y de buenos agarres. Chica te estás superando. Al fin todos arriba. ¡Qué gozada! El mundo a nuestros pies. Lo primero el Lago Calabazosa, con las Ubiñas de fondo; luego, circunvalando el Lago del Valle que no vemos, la Muria Brava, La Torre de Orniz y las Morteras. Delante La Chana, El Canalón (al que deseamos ascender en el 2015),  La Penouta, el Cornón…

Qué bien estamos aquí arriba. Un buen rato más que a gusto. El sol ya calienta, pero no molesta en absoluto. La brisa es refrescante. Hay grupos de montañeros por todos los lados.

Por fin decidimos marchar de esta cima. El paso al Albo Occidental es un juego de niños. La vista es igual de buena y mientras estamos aquí Miguel y su gente se ha ido al Pico Rubio. Esta pirámide truncada es realmente “rubia” en la distancia, por el color tostado de la roca. Finalmente todos acaban viniendo a nuestro pico porque casi hemos aparcado aquí. Ya estar juntos nos vale para hacer una foto de recuerdo en este nuevo marco incomparable. Un grupo muy largo de andarines se dirige a Torrestío, otro bajo nuestros pies se dirige a La Cueta. Y muchísima gente alrededor del gran Lago del Valle. Qué raro verlo sin su habitual bruma. Contamos desde esta atalaya historias de damas enjoyadas que al ir a lavar pierden su tesoro en las aguas. Nos vamos al Pico Rubio.

Este tiene una subida de lo más entretenida si en lugar de rodear por la antecima, emprendes la subida directa. Hay una losa de buena piedra bastante inclinada, pero llena de muescas y grietas para poner pies y manos. Subimos por lo difícil, como no podía ser menos. Prácticamente las mismas vistas y a estas alturas, ya tenemos borrachera de montañas. Un día como el de hoy hace afición de la buena.

Bajamos por la directísima al Lago del Valle. Es algo prohibido en las ordenanzas de regulación de uso del parque natural, pero nosotros tenemos el correspondiente permiso para utilizar los senderos antiguos de los pastores. La bajada es entretenida hasta llegar a la orilla misma. Muchos montañeros descansando por aquí. Miguel que ha bajado por otra canal nos cuenta que se encontró con Luis, nuestro amigo de Laciana que anda con su gente haciendo montaña también por aquí. Es una pena que no nos encontráramos. Me llama por teléfono para saludarnos y de paso, para quedar en la subida a Los Fontanes. Que os vaya bien por estas nuestras montañas.

La vuelta a Valle de lago, ya se sabe: cansados, con la monotonía de la pista y cinco kilómetros por recorrer. Se hace algo pesado. Pero todo queda mitigado por la inusitada belleza del paisaje y por la entretenida conversación. Al fin en el pueblo, después de superar el barrio de L’Outeiro y al bar de siempre a por una bien fresca cervecita que se agradece con el calor. El bar está lleno de montañeros comiendo así que bajamos hasta el autocar que está en la primera recurva esperándonos.

Con pesar abandonamos los valles altos de Somiedo pero, qué se le va a hacer, es la hora de comer y eso no lo perdonamos. Pasan de las cinco de la tarde, esto es habitual en Las Xanas. Bajamos a la Pola a aquel restaurante que descubrimos el año pasado y que tiene hasta una terracita para los amantes del sol. Allí estamos un par de horas bien a gusto. A los postres empiezan a surgir de misteriosas bolsas las exquisiteces: el bizcocho por un lado, las rosquillas por otro y de postre el gran bollo de Pascua con el que nos obsequia Lía.

Ha sido un día montañero de lo más completo y aprovechado. Queremos que haya muchos más así. De encargar buen tiempo se encarga Lito aunque no siempre hecha las monedas adecuadas en la máquina del clima. Esta vez sí acertó. La próxima semana atacaremos La Cabeza L’Arcu en ruta circular desde Caleao. La excursión es sencillamente maravillosa y disfrutona como pocas aunque haya que darse una paliza. Sólo necesitamos que Lito vuelva a acertar con el tiempo. 

FRESINES

miércoles, mayo 14, 2014

BAJAMOS AL OYU LA MADRE



10 de MAYO de 2014

Un regalo de ruta. Empeño personal de Gelu que desde hace tiempo intentó bajar al grupo aquí. Hoy se le logró. Muy buen día, un recorrido muy completo. Por la carretera de los Lagos sube una buena punta de ganado renqueante; no les gusta el asfalto.

Hicimos las etapas como estaban previstas: primero La Buferrera, para bajar después a Belbín, campera verde con los primeros terneros del año pastando la hierba fresca, intenso colorido verde.  Luego a la collada y desde allí subimos al Cantón de Texeu, el que empieza a ser el pico más ascendido por el grupo en los Picos de Europa. La subida guapa, fácil. Nos dedicamos a buscar otra canal distinta y la encontramos en una horcada más a la izquierda de la tradicional. Luego en la cima del monte el paso está lleno de trampas, pero ya se sabe, esto es caliza de Picos de Europa.

Buena contemplada sobre el Cornión: Enol, Los Asturianos, Los Traviesos, la Torre Blanca, la aguja Gregoriana, Peña Santa… no mucho más porque una nube cubre el resto. Pero vaya vista. En verano gatearemos por allí. Bajamos buscando un poco los mejores pasos, teniendo en cuenta que no hay mucho donde escoger.

Nada  más llegar el collado rodeamos el Cantón de Texeu para empezar un rápido descenso por la primera embocadura de la derecha. El camino empieza a estar bien marcado. Alguien añadió pinturas rojas en los árboles. La bajada es rápida, el descenso bastante abrupto. Pero se hace bien. El tronco quemado sigue siendo una buena referencia y más vale seguir por su derecha. Muchas revueltucas más abajo, agarrándose a los jóvenes troncos para hacerlo más fácil. Ya se oye el rumor del agua.

Tardamos todavía veinte minutos en llegar a la orilla del Casaño. Tal parece que estuviéramos oyendo la canción:
 “yo quiero caminar donde no haya sendas
   Yo quiero seguir por la vereda
   Junto a un río que mañana nacerá”

El rumor es intenso. Avanzando hacia la cabecera del río están allí esperándonos los compañeros que no subieron al Cantón de Texeu. Apostados, contemplando la increíble salida del agua en chorro desde una roca elevada. Se pulveriza el agua en mil direcciones. Este sitio es muy especial. El rumor del río puede hasta con las conversaciones que se acaban apagando para sumarse al incesante parloteo del agua que lo invade todo.  Trabajo para las cámaras en el intento de recoger toda la belleza del lugar más especial del Cornión.

Tenemos que subir. Hace calor. La agradable brisa quedó muy arriba. Se hace penosa la subida. No hemos hecho cima, pero esto es igual de duro. Vamos remontando tranquilamente. Uno de los caminos pasa por un corral de cabras formado por hasta trece somieres de cama. Hay que sacar a los objetos el jugo hasta el final. Cuando una vez vine a preparar esta salida un jabalí emergió entre dos cantos y visto y no visto.

Desde arriba volvemos la vista atrás. Se ve perfectamente la Vega Espines entre la Peña Ruano y el lejano Jascal. ¿Tendrá comunicación este río tributario del Casaño con el Oyu La Madre? Creemos que sí, probablemente por la Canal del Picho u otra similar.

En lo alto la brisa. Muy llevadera. Bajamos a Comeya por las sendillas del ganado, hasta encontrar la senda grande que atraviesa todo el valle carbonífero. Ya sabéis que es una turbera en formación. Virando hacia la izquierda, pasando varias veces el riego, cogemos el camino que sube al Escaleru. Las minas de manganeso. La Vega de Comeya luce todas sus galas primaverales. Repleta de flores recibe al primer ganado de la temporada, entre la algarabía de los pájaros que anidan en los majuelos.

Entretenida subida por la rampa que lleva al túnel. Allí nos alcanza Miguel y su grupo que vienen de hacer una arriesgada y hermosa canal por un lateral del Cantón de Texeu. Atravesamos el túnel ¿artificial? Para volver a subir al otro lado hacia las vallas que cierran la Buferrera. Allí podemos quitarnos un poco la sudada, primera de la temporada. Empieza a hacer calor. Los días crecen. Empieza la buena temporada para   hacer montaña.

El bar de Sohornín está abierto. Llegamos con ganas de beber y se desviven por atendernos con la urgencia que mostramos. Agradabilísima comida en un marco inmejorable. Volvemos a despedir a Pablo, esta vez ya de verdad y casi se nos cae la lagrimita.

El día 17 repetimos una de las clásicas: Desde el alto de la Farrapona subiremos al lago Calabazosa para atacar desde la vega los dos Albos y el Pico Rubio que está en medio. Luego bajaremos a El Coto, por la pista que hay a sus pies. Promete ser una magnífica excursión.

FRESINES