17 de MAYO de 2014
Si la bajada al Oyo L’Madre fue
maravillosa, esta excursión no le quedó a la zaga. Juntamos tres elementos
claves para que todo saliera bien: el espléndido día de sol, el paisaje de
Somiedo y el buen ambiente del Grupo Las Xanas. Con esos mimbres es difícil que
las cosas pudieran salir mal. El resultado: uno de esos días imborrables que
siempre recordarás como una explosión de optimismo.
Empezamos en La Farrapona. El viaje
en autocar se nos hizo un poco eterno. Pero llegamos y salimos con ganas.
Viento frío, que destempla, pero también que barre las nubes. Vamos al lago la
Cueva. Luego la conocidísima subida a los lagos superiores. Vamos virando del
segundo lago, Cerveriz, al tercero La Calabazosa. Hasta aquí la ruta es un buen
paseo al sol. A pie de lago se observan las construcciones artificiales para
elevar el nivel del agua.
Comienza la subida. El Albo
Oriental es una afilada arista. El ataque es sencillo en el inicio: subir por
la loma en su parte menos inclinada. Una balconada en la primera colladita es
ya el primer mirador en el que a la fuerza hay que pararse a contemplar. Las
lejanas Ubiñas y los inmediatos Calabazosa y Solarco que subimos en el otoño
pasado. En la vega, rabiosamente verde,
vivero natural de mil flores, hay una serie de pequeñas lagunillas que
no se suelen ver más que en primavera.
Volvemos la vista a la pared. La
canal por donde se podría subir está totalmente cubierta de nieve formando una
pala muy inclinada que no deja de tener su peligro. Decisión: el grupo sube por
un conjunto de rocas a la derecha de la canal, haciendo continuas trepadas en
buena caliza, y divirtiéndose, de paso, un rato. Hay quién se lo toma como un
entrenamiento para la subida que nos espera en setiembre a Torrecerredo. Y que
como no nos portemos un poco mejor dice que no nos va a llevar. Tenemos que
parar de la risa, Milio, qué le vamos a hacer.
Gracia no las tiene todas consigo
por aquello de la verticalidad y dos caballeros voluntariosos le ofrecen por
subir por la rimaya de nieve, cruzando el nevero por su parte más estrecha.
Resulta una aventura sencilla, como algún paso algo expuesto en un corredor
corto y de buenos agarres. Chica te estás superando. Al fin todos arriba. ¡Qué
gozada! El mundo a nuestros pies. Lo primero el Lago Calabazosa, con las Ubiñas
de fondo; luego, circunvalando el Lago del Valle que no vemos, la Muria Brava,
La Torre de Orniz y las Morteras. Delante La Chana, El Canalón (al que deseamos
ascender en el 2015), La Penouta, el
Cornón…
Qué bien estamos aquí arriba. Un
buen rato más que a gusto. El sol ya calienta, pero no molesta en absoluto. La
brisa es refrescante. Hay grupos de montañeros por todos los lados.
Por fin decidimos marchar de esta
cima. El paso al Albo Occidental es un juego de niños. La vista es igual de
buena y mientras estamos aquí Miguel y su gente se ha ido al Pico Rubio. Esta
pirámide truncada es realmente “rubia” en la distancia, por el color tostado de
la roca. Finalmente todos acaban viniendo a nuestro pico porque casi hemos
aparcado aquí. Ya estar juntos nos vale para hacer una foto de recuerdo en este
nuevo marco incomparable. Un grupo muy largo de andarines se dirige a
Torrestío, otro bajo nuestros pies se dirige a La Cueta. Y muchísima gente
alrededor del gran Lago del Valle. Qué raro verlo sin su habitual bruma.
Contamos desde esta atalaya historias de damas enjoyadas que al ir a lavar
pierden su tesoro en las aguas. Nos vamos al Pico Rubio.
Este tiene una subida de lo más
entretenida si en lugar de rodear por la antecima, emprendes la subida directa.
Hay una losa de buena piedra bastante inclinada, pero llena de muescas y
grietas para poner pies y manos. Subimos por lo difícil, como no podía ser
menos. Prácticamente las mismas vistas y a estas alturas, ya tenemos borrachera
de montañas. Un día como el de hoy hace afición de la buena.
Bajamos por la directísima al
Lago del Valle. Es algo prohibido en las ordenanzas de regulación de uso del
parque natural, pero nosotros tenemos el correspondiente permiso para utilizar
los senderos antiguos de los pastores. La bajada es entretenida hasta llegar a
la orilla misma. Muchos montañeros descansando por aquí. Miguel que ha bajado
por otra canal nos cuenta que se encontró con Luis, nuestro amigo de Laciana
que anda con su gente haciendo montaña también por aquí. Es una pena que no nos
encontráramos. Me llama por teléfono para saludarnos y de paso, para quedar en
la subida a Los Fontanes. Que os vaya bien por estas nuestras montañas.
La vuelta a Valle de lago, ya se
sabe: cansados, con la monotonía de la pista y cinco kilómetros por recorrer.
Se hace algo pesado. Pero todo queda mitigado por la inusitada belleza del
paisaje y por la entretenida conversación. Al fin en el pueblo, después de
superar el barrio de L’Outeiro y al bar de siempre a por una bien fresca
cervecita que se agradece con el calor. El bar está lleno de montañeros
comiendo así que bajamos hasta el autocar que está en la primera recurva
esperándonos.
Con pesar abandonamos los valles
altos de Somiedo pero, qué se le va a hacer, es la hora de comer y eso no lo
perdonamos. Pasan de las cinco de la tarde, esto es habitual en Las Xanas.
Bajamos a la Pola a aquel restaurante que descubrimos el año pasado y que tiene
hasta una terracita para los amantes del sol. Allí estamos un par de horas bien
a gusto. A los postres empiezan a surgir de misteriosas bolsas las
exquisiteces: el bizcocho por un lado, las rosquillas por otro y de postre el
gran bollo de Pascua con el que nos obsequia Lía.
Ha sido un día montañero de lo
más completo y aprovechado. Queremos que haya muchos más así. De encargar buen
tiempo se encarga Lito aunque no siempre hecha las monedas adecuadas en la
máquina del clima. Esta vez sí acertó. La próxima semana atacaremos La Cabeza
L’Arcu en ruta circular desde Caleao. La excursión es sencillamente maravillosa
y disfrutona como pocas aunque haya que darse una paliza. Sólo necesitamos que
Lito vuelva a acertar con el tiempo.

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