31 de MAYO de 2014
Volvemos a insistir en esta
travesía que se nos resistió el año pasado. A las seis de la mañana cae agua de
aquella manera. Parece que el día se nos presenta difícil. Impertérritos al
desaliento seguimos hacia Infiesto. Parada en el alto La Llama. Aquí volvimos
el año pasado cuando la niebla nos cerró el paso a cal y canto. Volvemos a
subir. Por intentarlo que no quede. Junto a la posada hay una capillita de la
Virgen del Carmen, hermosa e ingenua.
Empezamos a caminar muy temprano,
pero lo largo de la ruta justifica el madrugón. Ha dejado de llover y por la
pista se avanza rápido a la majada Espines. Abrigados contra la cabaña nos
esperamos unos y otros. Hasta aquí un paseo a pesar del fuerte desnivel. Las
cumbres están tapadas por la espesa nieblona. Este cordal está maldito. Debe
ser la cercanía al mar la que crea estas cerradas nubes bajas.
Continuamos girando al sur para
encarar la primera elevación del día: el magnífico pico La Múa, un observatorio
de primera. Entre ráfagas de nubes que circulan a gran velocidad por los valles
se intuye un paisaje de ensueño. El viento es frío. En una parada previa nos
recordamos la necesidad de ir juntos por lo de la niebla espesa. Una gamo nos
observa desde un alto, en la distancia. Los asturcones están mezclados con otro
tipo de yeguas, lo que no consigo entender. ¿Dónde está la especial protección
de esta singular raza?
Bajamos La Múa y enfilamos el
Mirueñu. En este momento está despejando, hay un amago de sol y se ve hasta la
silueta de la cumbre que queremos subir. A pesar de nuestras buenas
recomendaciones para ir juntos, cuatro “espontáneos”, entre los que me
encuentro tiramos a un piquín enhiesto que está a la derecha. Parece de muy
fácil subida y no nos retrasará a penas la marcha. Estamos subiéndolo y la cosa
se complica: el terreno es muy poco practicable por la alta hierba que oculta
los numerosos hoyos entre las calizas. Para colmo empieza a llover intensamente
y la niebla se convierte en protagonista principal. Sólo veo a los que me
preceden si está a menos de diez metros.
Llegamos a la cima de lo que
resulta ser el Alto Lichar. En una ráfaga de sol vemos a algunos compañeros
subiendo la larga cuesta del Mirueñu. Fantástico, ya tenemos claro el objetivo
y nos apresuramos a bajar apresurados para poder encontrarnos cuanto antes. Ha
dejado de llover. La niebla continúa absorbente, cerradísima, despistando todo
intento de orientarse.
Subimos la falda del Mirueñu como
una exhalación, nunca tan rápido. Y al llegar arriba, después de hacer una
bonita canal, allí no hay nadie. Sorpresa. Nos llaman al móvil:
-“¿Dónde estáis?”.
-“En la cumbre del Mirueñu. ¿Y
vosotros?”
-“Esperándoos junto a una cabaña
y muertos de frío”
Ahora sí que está liada. La
niebla y el afán de aventuras nos han jugado una mala pasada. Bajamos por la
cara opuesta del Mirueñu intentando comunicarnos con la avanzadilla del grupo.
Ojo que en esta zona hay grandes hoyos rodeados de precipicios y cortadas.
Esquivamos una enorme, desviándonos mucho al sur. No se ve a nadie. La
orientación es difícil, así que subimos algo hacia el norte hasta una majada
con restos de cabaña desde que podemos intuir la bajada del Mirueñu. Nuestros
compañeros han buscado paso por la margen izquierda del monte. No encuentran
más que un profundo barranco que les obliga a subir de nuevo. El paso obliga a
llegar a la cima del pico. Aguardamos pacientemente para ver si les vemos. Se
oye lejana y con ecos engañosos, la voz de Gripi. Carrete, portento de fuerza,
se adelanta monte arriba hasta el esperado encuentro.
Por fin estamos todos juntos. Algún
veterano llega con el carburador atascado. –“Pero hombre de Dios, ¿no vio Usted
que está ruta estaba calificada con dificultad A de alta? A ver si un día de
estos vamos a tener un disgusto.” Pasados los consabidos nervios (hay expertas
que sólo aportan más inseguridad), hay que tomar una decisión: subir al Pienzu
o dejarlo para otra ocasión. Pasamos tres vallinas en continuo sube-baja y
parece evidente que la ruta ya es bastante larga de por sí, que ya hemos pasado
algunos regulares momentos y que, además, es un pico que todos hemos hecho más
de una vez. Así que lo dejamos para mejor ocasión.
Ahora toda la preocupación es
encontrar el camino adecuado para salir a la pista de Gobiendes. Para eso hay
que atravesar el largo bosque por la ladera norte del Sueve. Nos ponemos a ello
con especial cuidado para encontrar un camino de bajada. Al principio por la
ladera a “pelu gochu” para después encontrar alguna senda de ganado salvaje que
nos permita avanzar siempre al este. Entramos en un senderín que baja por el
barranco. Está muy embarrado y se pierde a ratos en el bosque.
El bosque: digno de resaltar.
Envueltos en brumas vamos penetrando en la espesa tejeda entre árboles
centenarios que sólo dejan crecer brotes nuevos de texu y nada más. Hasta las
hiedras se retiran temerosas del sagrado texu. El camino es una sierpe continua.
Bajamos otro barranco. Deslizando en el barro literalmente. Una laguna se forma
en el terreno. De verdad que este predio parece sacado de un cuento nórdico.
Apretando los dientes, peleando
con la vegetación baja vamos encontrando otra laguna, con fuente y más adelante
una majada a la que nos salimos para estirar un poco las piernas. No está muy
clara nuestra posición pero está claro que hemos bajado paralelos a las caídas
del Pienzu hacia Colunga. Tenemos que estar junto al Pico La Cordobana, y
efectivamente al poco tiempo pasamos bajo esta cumbre cerca ya del Sol de Miguel. Termina la
majada, otro pequeño tramo de bosque y salimos al mirador sobre toda la rasa
costeras. Una bellísima postal se despliega a nuestros ojos: Colunga y Lastres,
separadas por la playa de La Griega. Espesas nubes negras están descargando en
el horizonte. Pero entran a la vez haces de rayos de luz iluminando un mar
intensamente azul. Vaya vista.
Tenemos por delante una larga
bajada a la pista de Gobiendes. Por fin un cotoyal: Las Xanas está en su
terreno. Bajamos por donde hay algún paso de ganado. El Sol de Miguel lo
tenemos enfrente y hacia su base nos dirigimos.
Llegamos a la pista. Larga bajada
a Gobiendes. Pequeños atajos para caminar un poco menos. Tramos enteros que son
un puro charco. Gente que lava las botas en el arroyo para volver a tupirlas a
los cinco minutos. Se hace eterna esta bajada. Afortunadamente se puede ir
charlando para hacer más llevadera la caminata. Hoy se nos va tranquilamente a
los 18 kilómetros. Primeras casas de la aldea. Bonitas casas por cierto, pueblo
elegante, cuidado, limpio, lleno de flores. El centro de interpretación está
abierto. Nos cambiamos felices de haber terminado esta larga travesera. Nos
vamos a comer a casa Pancho, rincón bien tranquilo de esta atormentada
geografía.
Para estrenar junio tenemos otra
ruta bien clásica: Se trata de subir al Negrón desde el Brañillín para bajar
por los Puertos de la Bachota y salir al Alto del Palo. La intentamos el año
pasado cuando había aquella concentración de ciclistas. La niebla nos aconsejó
bajar por la ruta de las peregrinaciones. Esta vez si que lo vamos a lograr.
Los Puertos de Bachota tienen una belleza extraordinaria.
Para terminar un aviso a los que
van a ir a alguno de los Refugios. Las previsiones están hechas y los sitios
reservados. Sólo recordar a los pocos que no han adelantado la señal de 10 €
por refugio, que hay que hacerlo cuanto antes. Somos un grupo serio y esta es
la prueba de nuestro compromiso para asistir.
FRESINES
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