martes, abril 15, 2014

EN EL CANILLÍN, BOSQUE DE ENCANTO, BUENA VISTA Y FANTÁSTICO DESCENSO

12 de ABRIL de 2014

Fieles a nuestra cita semanal con la montaña vamos hacia los valles ponguetos que siempre nos han enseñado lo mejor de su recóndita naturaleza. Dejamos la nieve para el recuerdo en las duras batallas con el Carria y el Ferreirúa. La ruta que afrontamos hoy sobre el papel es más sencilla pero tiene un punto de atención en la nota del programa: La bajada por el vertiginoso Sedo de la Cruz del Pico que algunos veteranos ya conocen de sobra.

Así que nuestra parada de autocar se realiza en el kilómetro 2,5 de la carretera que desde Ceneya sube a Amiela. Es una ancha pista ganadera que arranca inclinada desde el momento mismo que abandonamos la carretera. La subida es eterna. No se para de dar vueltas y revueltas hasta alcanzar el Collado Ordes tras remontar setecientos metros. Tardamos poco. Este grupo cada día sube con más alegría.

Pequeña parada en la collada para situarnos, porque las nubes muy bajas cubren casi todas las alturas. La majada Baeno queda algo por debajo de nuestra altitud. Esta generosa mancha verde va a ser una buena referencia para la vuelta. Se acabó el camino civilizado. Lo que sigue es un buscarse un poco la vida entre peñascos calizos y hierba. Afortunadamente la vegetación no está espesa y el avance es rápido. Casi llaneo porque estamos manteniendo la altura a pesar de los consabidos toboganes en la falda del Pico del Vaso. Estamos girando claramente al sureste. Bajamos a un delicioso rincón con su correspondiente cabaña. Es un valle empotrado entre dos paredes y que termina en un bosquete de abedules y fayas. Es el monte Los Cuebros, recubierto de hoja caída, desnudo de hoja nueva, recubierto de un espeso musgo, vertebrado por altos roquedos. Eso, un bosque de encanto.

Atravesamos el bosque en un continuo sube-baja, con saltos de troncos caídos y pequeñas trepas en la piedra. Salimos a otra colladina esta vez en la falda del Canillín. La subida por la arista o por la ladera sur es sencilla y tiene recompensa. Se sale directamente a la cumbre. Tiene su buen buzón en la cruz de aluminio. Vacío de tarjetas, lo que no deja de sorprendernos porque la cumbre no tiene desperdicio. La vista no es muy buena por el nublado, pero se adivina el Cabroneru, El Recuento, Los Bedules, el Pierzu, El Tiatordos y el Carria.

Estamos un rato en la cumbre, es muy reconfortante estar aquí. Y dominar, como las águilas la aldea del Beyu Bajo, en un picado cinematográfico. Bajamos por el sur entrando de nuevo al bosque. Hasta la majada Baeno y luego en busca de la cabaña con cobertizo donde empiezan a aparecer los jitos y las marcas azules. Caemos enfilados hacia el sedo. El inicio de este corta la respiración. La sensación de vacío es de mucho calado. Aún así no ofrece peligro alguno si se baja este primer tramo con la prudencia conveniente. El sedo va dando vueltas a toda la ladera, primero hacia un gran argayo de piedra suelta que se cruza bien y luego atravesando toda la Gracea de Redonda, en un serpentín continuo, bastante señalizado, aunque hay que estar atento a los muchos senderos secundarios. El día está seco, no hay mucho barro, a pesar de eso se resbala en la piedra. Nos metemos al bosquecillo. Luego clarea y se vuelve a convertir en más y más espeso. Hay que hacer una breve remontada, que las piernas agradecen después de tanta bajada. De nuevo otra maravilla de bosque con breves desfiladeros entre rocas que evocan historias de lobos y bandidos. El río Redonda nos llama cantarín desde más abajo y a él nos encaminamos para cruzarlo por encima de su puente. ¿Habrá otro rincón más ubérrimo entre todas estas montañas plegadas? Tiene naturalmente su pequeña cascada y su olla natural. Un poco más abajo la cascada buena, la grande tira litros y litros de agua montaña abajo en un derroche de generosidad. Repuestos de tanta emoción salimos a la carretera del Sella y, siguiendo carretera arriba, llegamos a Puente Vidosa después de haber sobrevolado por las alturas. La realidad, el suelo, siempre son mucho más ramplones. Porque quien ha visto, como nosotros, el mundo desde la altura queda definitivamente cambiado, enamorado de los valles, los beyos y la singular y complicada arquitectura de Ponga.

Como nuestra actividad sigue a pesar de fiestas y vacaciones, el Sábado Santo queremos dominar las Peñas Negras en el valle del Aller, subiendo desde Pelúgano para volver al mismo sitio de partida. De propina intentaremos llegar a la Forcada a poco que se ponga a tiro. Puede ser un primaveral día de montaña de los que de verdad se disfrutan de principio a fin. Esta semana Peña no está así que llamadme a mí.

FRESINES

miércoles, abril 09, 2014

NUEVA AVENTURA EN EL FERREIRUA. SUBIDA ESFORZADA, BAJADA FÁCIL(¿?), TRAVESÍA DEL BOSQUE COMPLICADA



5 de abril de 2014

Vamos al Ferreirua, ¿cuánta nieve puede acumular?. Sólo hay una manera de saberlo. Subimos Ventana. Los Huertos están muy cargados. La Ubiña escondida entre nubarrones. En teoría hoy va a hacer muy malo ¿nos libraremos también esta semana?

El comienzo lo tenemos en Torrestío. Subir por el Camín de la Mesa hasta un cierto punto en el que retrocedemos hacia atrás siempre subiendo. Aquí ya pisamos nieve. ¿Cuánta? “Algo más de un metro escaso”, dice Javier que dijo el gallego. ¿Lo entendeís? El caso es que nieve hay. Saltamos por encima del arroyo casi invisible. El aspecto del Morronegro es terrible. El Ferreirúa de momento no es más que una silueta afilada y algo lejana. Llegamos a la Collada Refuexo. Es un sitio interesante. La vista de los montes que rodean el Boquerón de Ventana es muy admirable.

Un grupo de cinco decide bajar. Los demás atacamos collado arriba para buscar la siguiente colladina que está casi empotrada en la temible ladera. El Ferreirúa ha decidido no mostrar ninguna cara amable, más bien lo contrario. A pesar de todo atacamos. Manuel, Miguel, Hugo, Clemente, Emilio y Carrete, lo quieren hacer difícil de verdad y emprenden la subida por toda la arista, trepando por la húmeda y helada cuarcita. Tienen buenos agarres, pero a pesar de todo arriesgan. Angel con el resto emprende el camino más lógico que es avanzar al este para atacar por la ladera más fácil. Es un camino más largo pero infinitamente más seguro. Se trata de evitar sobre todo el fondo del valle que tiene una profunda capa de nieve.

La subida es bastante agotadora, especialmente para el primero. Hay que darle duro a las piernas para superar los hoyos, los resbalones, las piedras ocultas. Subimos con fuerza pero la montaña logra atemperarnos. Por fin estamos en la ladera misma de la montaña. El avance es más lento porque todo está sembrado de profundos hoyos que comen piernas enteras.

A golpe de bastón y con buena decisión llegamos a la cumbrera. Quien más y quien menos resbaló más de una vez. (Hasta Silvio, ¡oigan!). Salimos a la primera cima que parece incluso más alta que el propio pico. Para llegar a él hay que  atravesar un estrecho  corredor muy afilado y con gran patio en sus dos aristas sobre todo en la Norte. Mejor no mirar para abajo. Terminado el corredor, una breve trepada en la roca nos sitúa en la cima donde están esperándonos hace rato. Hacemos un par de fotos rápidas. Y nos vamos con prisa. Yo no quisiera estar aquí más tiempo porque estamos en una especie de isla meteorológica rodeados de densos nubarrones que ya están descargando hacia Teverga, y hacia el lejano Estorbín. Durante un ratito vemos la Ubiña, y Peña Saleras. Bajamos.

La bajada con esta nieve es mucho menos complicada que la subida. Ya suponéis, nieve primavera, nieve que acolcha las pisadas. A cambio un aguarón en cada bota. Creo que no se libró nadie de la terrible humedad en los piés. Casi estamos llegando a la colladina segunda cuando una llamada de teléfono (¿dónde estaban hoy los walkies, Fernando?) nos avisa que Lito, Javier Lavín y otros dos están en apuros en una ladera y no aciertan a pasar. Aceleramos el paso, en la medida que se puede, al tiempo que se nos acelera también el corazón. Creemos poder llegar a Refuexo en un cuarto de hora que en la realidad se convierte en media hora. Desde aquel alto vemos a todo el grupo (rescatados y rescatadores) en un grupo compacto abajo. Llega el aviso telefónico descafeinando la alarma. Parece que subieron más de la cuenta y por evitar un pala de nieve se metieron en una ladera inclinada por la que no se atrevieron a bajar hasta que llegó Cris a hacerles una huella en escalones. Un veterano rescata a otros dos. Bien por la experiencia.

Ya reunificado el grupo, menos Manuel y Hugo que gozan de mucha prisa, empezamos la segunda parte de esta aventura. Y aventura es porque nos estamos metiendo en la bajada a La Puerca por el río Ortigosa. ¿Habéis cruzado esta riega en verano? Un juego de niños, pero tal como está hoy hay que pensárselo antes de saltar. El río baja por el camino, el camino se ha convertido en río, todo se ha confabulado para hacernos el paso más bien dificultoso: primero una cascada que sale por la derecha, luego una serie de escalones que sobre el lecho de roca ha descubierto el río dificultando la pisada. Luego hay que descender por un pequeño barranco resbaladizo, los escayos se encargan de hacerlo todo complicado. Es agotador. Habrá que reconocerlo, perdimos el camino que debe ir por el otro lado del río.

Seguimos bajando. “La gran muralla de vegetación, una exuberante masa de troncos…”, describe Conrad, y es que la infinita curiosidad de enfrentarse a lo desconocido, de luchar contra la Naturaleza virgen hace valorar más la gratuidad y la inutilidad de nuestro considerable esfuerzo. Por fin damos con el camino. El bosque no deja de ser digno de toda nuestra admiración. Las hayas más nudosas que hayamos visto nunca. Todavía hay que sortear los troncos de una altísima haya caída a golpes de temporal. El camino se hace más liviano, saltamos a la pradería, por acortar, y volvemos al camino cien metros más abajo. Estamos junto a la carretera del puerto. A ella salimos bajando un kilómetro y pico que nos vale para comentar las incidencias del día y cómo uno puede meterse en un embolado en un momento y LO IMPORTANTE ES QUE EL GRUPO, TODO EL GRUPO, ESTÉ PENDIENTE DE ACUDIR DONDE HAYA PROBLEMAS PORQUE ESTA ES LA PRINCIPAL GARANTÍA DE NUESTRA SEGURIDAD Y EL TRIUNFO DEL COMPAÑERISMO.

El día 12 la ruta que nos marca el calendario es la del Canillín. La subida la empezaremos en Cenella para atacar casi mil metros hasta el Collado Ordes y desde ahí descender al Canillín. Luego bajaremos hasta Puente Vidosa. Recordad la subida que hace dos semanas veíamos desde el Carriá. Otra emocionante aventura nos espera.

FRESINES

jueves, abril 03, 2014

EL CARRIÁ NEVADO, UN AUTÉNTICO PLACER



29 de marzo de 2014

Nos libramos la semana pasada de la tormenta. Esta vez todavía lo ponían peor. Un temporal amenaza la península y nos vamos a mojar hasta los huesos. Pues no, día magnífico en lo meteorológico, nublado a ratos, soleado otros, nubes negras casi todo el tiempo. Hoy los protagonistas van a ser el Carriá, por supuesto, pero también el fuerte viento y la copiosa nieve que ha pintado de blanco toda la cumbre.

Empezamos en Puente Pombayón por ser la ladera más asequible. Estamos a 250 m. de altitud. La cumbre que no se ve desde aquí está a 1432. Nos espera una dura remontada. Todas las cumbres del desfiladero de los Beyos están cubiertas desde una cierta altura marcada por la línea donde descargó la tormenta de la noche pasada. La carretera muy arreglada llega a San Ignacio o Beyo Bajo que está a 380 m. de altitud. Empleamos menos de diez minutos en llegar, y es que hay ganas de andar, la temperatura algo fresquilla invita a ello. Característicos horreos beyuscos a dos aguas.

Enfilamos a Canisqueso orgulloso en su decadencia. Vamos superando bancales, cultivados hasta hace muy poco, cuando la gente no tenía más solución para sacar cuatro hierbas que aterrazar el terreno. Subimos uno, otro y otro más. Sólo se ve de lejos la meta primera que es el collado del Pico Roble. Si miramos hacia el desfiladero no hay mejor mirador que este: enfrente tenemos el Canillín y su subida por la cascada del Rio Redondo y el Sedo La Cruz. La cascada de Aguasalió y la subida del Derrabau, que también tenemos este año, están a continuación a la derecha. Algo más allá el mal llamado Frailón y sus cuatro Monxines, y La Conia, y otra sucesión vertiginosa de picos que se harán dentro de un rato muy modestos cuando aparezcan el Cotalba, el Canto Cabronero y la Peña Santa.

Cada grupo busca su senda más cómoda. Superadas las terrazas unos por el costillar, otros atravesando un bosquejo, o metiendo la directísima atacamos en dirección a la Collado Cabrios. Allí asoma la nieve. Llegamos a ella, está a 1050 m. La superamos en unas dos horas de duro ataque. La gente está refugiada en la cara Norte al abrigo del viento muy racheado que te deja helado en un momento. Hacemos acopio de fuerzas. Quedan 380 metros muy intensos.

Rodeamos por la fachada norte, superando el Pico Roble. El rodeo no deja de ser complicado pues la nieve está muy resbaladiza, el terreno muy inclinado y el riesgo de resbalar es grande. Pero finalmente pasamos hasta el Collado Roble para seguir bordeando la larga ladera del pico. Hay más de treinta centímetros, el avance cuesta. Miramos con respeto la larguísima pala de nieve por debajo nuestro. Otro grande en el horizonte: El Pierzu llena toda la visual al frente. La nieve está mucho más practicable que la del Collado Cabrios, pero a pesar de todo el avance es lento. El amago de lluvia quedó en nada. Por la crestería o por el bosque, con esfuerzo y mucha dedicación vamos superando todos los obstáculos para encarar la arista final. Arriba hace hasta bueno. Las negras nubes pasan a velocidad por encima de la Mota Cetín en dirección al Cornión. Los pueblecitos: Amieva, San Román, Vega de Cien, como de cuento.

Estamos un buen rato en la cumbre, no hace mucho frío y el viento se ha parado. Estar aquí arriba es como elevarse sobre las cosas, sentirse pájaro, acercarse al cielo. Los problemas se quedan pequeños y todo se relativiza. En fin hay que marcharse y antes fijar el recuerdo en unas fotos. Larga bajada primero por el costillar de la cumbre y luego ladera adelante. La nieve facilita/estorba las cosas. Es nieve primavera fácil de pisar y que te frena bien, pero también oculta traicioneros hoyos y pequeños escalones. Descenso vertiginoso hasta la primera cabaña que se veía desde arriba. Está a 880 metros y le dedicamos una buena hora en la extensa bajada.

Junto a esta gran choza nace una pista pequeña que va a dar a otra mayor que baja en una sucesión monótona de toboganes. Para hacerla más llevadera cortamos algunas de estas lazadas por el monte. En uno de estos saltos Miguel pierde la cámara con las fotos de la cumbre incluidas. Vaya por Dios. Cerca del pueblo ya sale un sendero antiguo que en parte es un riachuelo y que por una estrecha trocha acorta mucho el camino de bajada. El empedrado camino muy húmedo y resbaladizo. Por fin salimos a la carretera de Argolibio y en muy poco tiempo atravesamos Vega de Cien para buscar el autocar que está al otro lado de la carretera de los Beyos. Seis horas y media largas. La nieve nos ha causado pesar pero ha sido un aliciente más en esta magnífica jornada montañera. Nos ganamos una cervecita en el bar de la carretera.

Para la primera de abril otro grande: El Ferreirúa con subida desde Torrestío por el Camín de la Mesa y bajada a Asturias  para salir a Ortigosa. Sólo contamos con los más valientes.

FRESINES

SENDA COSTERA: TRAMO DESDE LA ESPASA AL FARO DE LUCES



22 de marzo de 2014

Pronósticos agoreros, gente que se desapunta, valientes que no temen al agua. A la costa volvemos. La ruta que tenemos por delante es corta pero tiene el aliciente de ver toda la costera de Lastres. Empezamos donde lo dejamos el año pasado, junto al chiringuito de la playa. Que contraste con el verano. En este día sólo estamos nosotros dando vueltas por el arenal.

Salimos por el final de la playa. Hay un estrecho corredor por encima del acantilado. Casas que caen directamente encima de la playa con poco respeto del espacio público. Los temporales de mar han hecho de las suyas y el acantilado se ve muy golpeado. El tránsito se ha convertido en casi peligroso. Superada la primera línea de casas salimos a espacio abierto. La sucesión de recortados cantiles es continua. Muchos han servido de trampolín para el embravecido temporal y la fuerza de este se deja sentir en los muros caídos y con sus piedras a mitad del prado.  Descendemos por la desembocadura de un río por un arenal no muy seguro. Es que este es un grupo de montaña y necesita laderas descendentes hasta en la calle Uría. Al arenal de La Isla. Todo bien marcado pues es el camino de Santiago por la costa.

Después llegamos a la primera punta con buen mirador marino. Algunos siguen por la playa hasta escalar las rocas del fondo y jugársela con la creciente marea. El buen camino es cada vez más ancho y se mete al bosque con una larga subida entre eucaliptos. Todo lo que se ha subido hay que descenderlo por el otro lado. Vamos en un sol y sombra continuos, amaga lluvia, pero no se resuelve a caer. Atravesamos el sendero que lleva a la Griega. Algunos bajan al mirador recorriendo toda la playa. Otros, los más, saltamos a la carretera, más cómoda ahora que amaga el orbayo. Entramos en Lastres justo cuando empieza a caer agua. Refugiados en un bar nos mojamos sólo por dentro.

Cuando salimos ya está prácticamente seco. Atravesamos Lastres por la carretera general. Las casas dejan rincones muy cuidados en este televisivo pueblo. Subimos hasta las antenas y la capilla que dominan el pueblo. Descendemos por el otro lado siguiendo en dirección a Luces. Atravesamos varios barrios de Luces, se hace algo pesado este caminar por asfalto. Por fin salimos más a campo abierto. El autocar viene a buscarnos mientras seguimos un par de kilómetros más para llegar a la punta del Faro, que está sobre un acantilado alto y muy vertical. No sé por dónde seguiremos el año que viene. Desde luego por el acantilado no creo.

Como el autocar se ha acercado damos por terminada esta agradable ruta, soleada a ratos, ventosa casi siempre. Comemos en un bar restaurante delante del instituto de Luces. Ha salido muy bien, los del miedo al agua se lo perdieron.

El sábado que viene tenemos uno de los grandes: por fin llega la montaña, el Carriá nos espera. Larga subida desde Puente Pombayon y largo descenso a Vega de Cien. Ruta muy montañera de las que enganchan.

FRESINES

LOS PICOS BUSLLAR Y EL CABEZU DOS FÁCILES CIMAS EN CAMPO DE CASO



15 de marzo de 2014

Con una mañana clara y fresca tomamos la dirección de la Collada de Arnicio, tras pasar por Casa Linares, nuestra vieja guarida de tantas rutas. Subimos por la estrecha carretera y ya en Arnicio empezamos a andar hacia la primera cabaña, centro de la majada. Subimos de forma travesera, atravesando el regato, entrando al bosque y rodeándolo por su parte oeste, para llegar a una colladina donde ya claramente hay que empezar a subir todo lo que hasta ahora hemos perdonado. La subida es brusca pero interesante por uno de los muchos senderillos de ganado que cortan el mato.
           
Luego entramos a la cumbrera que es larga y afilada y enfoca al este decididamente. Es una fácil travesía que vuelve a subir (siempre hay otra cima detrás de la cima). Por fin llegamos arriba. Los tres que subieron en directísima desde Arnicio nos llevan esperando una media hora. La vista es muy buena sobre  el embalse de Tanes. Por encima no se puede ver mucho porque está muy neblinoso.  A ratos despeja dejando buenas vistas del Tiatordos, la Llambria y la Crespa. Nos confunde una silueta triangular entre el Tiatordos y la cordillera que cubre el horizonte sobre  las antenas del pico Piquero. Descartando otras opciones resulta ser la Peña Blanca que hicimos recientemente coincidiendo con la primera nevada invernal.

No tenemos ninguna clase de urgencia en bajar, pero nos obliga a ello un fresco vientecillo que hace incómodo estar expuesto en la  altura. Bajamos por la ladera contraria a la  de subida. La bajada se hace un poco al estilo Xanas y finalmente llegamos a la collada de la que parten varios caminos. Seguimos hacia El Cabezu, en orientación Norte. Atravesamos la Collada Espines, cruce de caminos entre concejos y poblaciones. Subimos al Cabezu que no deja de ser una gran pandona.  Buena vista de Tanes y Coballes. Seguimos con la vista la ruta que hicimos aquel día bajando luego a  Soto de Agües.

Volvemos a descender a la pista que baja a Tanes. Las cabañas por aquí son pequeños chalets en el monte. La larga pista desciende en lazos.  Es el momento de la buena conversación y en ello estamos. En algún momento abandonamos esta buena pista para coger un sendero que lleva a una explotación  industrial de miel. Una enorme cuadra, auténtico museo etnográfico en sí misma, dividida en tres partes es testigo de formas de vida antiguas. Parte de este punto una buena senda, hormigonada en las pendientes y  que acaba en el pueblo de Abantro.

La de veces que habremos pasado por este pueblo y sin embargo es la primera vez que lo cruzamos. Es un bello pueblo. Los campos aledaños son una explosión de  margaritas. La primavera ya está aquí. Un pequeño trecho de carretera y estamos de nuevo en Casa Linares. Son las dos y media. Estiramos la ruta para que durara cinco horas. Nos espera un guisado de jabalí, capaz de calmar nuestra consabida “gusa”. Alargamos la espera en los bancos del exterior, al buen solín, esperando que lleguen José Juan, el cazador que nos obsequia con esta pieza de caza, y Eugenia que hoy no estaba en condiciones de caminar.

Por fin llegan y tenemos el comedor para nosotros. Se sucede el pastel de cabracho, obsequio de la casa, la sopa y guiso de jabalí con patatinos y cebollinos y el postre de la casa. Lo regamos todo generosamente con vino y chupitos. Nuestros temores sobre lo fuerte que podría resultar la caza  se han disipado. El cerdín estaba sencillamente delicioso. En un breve discurso, dado el ruido del bar, es nuestro turno de obsequiar a José Juan con un tratamiento en un “spa” (no del inglés sino del latín “salus per aquam) para que alivie un poco su atormentada espalda. Esperamos haber acertado.

Y con estas alegrías gastronómicas nos volvemos a casa, contentos por la hermandad de los de las Xanas una vez más bien trabada, lo que constituye la fuerza del grupo. Estas rutas gastronómicas, además de duras, cumplen su función y son esperadas para dar una alegría al cuerpo.

La próxima semana tenemos ruta costera, la segunda del año. Vamos a empezar en La Espasa, para pasar por la playa de la Isla y desde allí, subir por el camino de Santiago, para volver a bajar a la Griega. Pararemos, seguro en Lastres, y subiremos a la ermita. Terminaremos esta interesante jornada con la visita al faro de Luces.

FRESINES