jueves, mayo 12, 2011

LA FOZ DE LOS MASERONES Y LA XERRA DEL TRALLÁN: EL G.M “LAS XANAS” EN LO MÁS PROFUNDO DE PILOÑA

7 de mayo de 2011

NOTAS:

9:05 Riofabar (376 m.) Salida por la parte sur del pueblo, pista a la derecha de una casa pintada de azul, situada al final del pueblo. Buen camino que bordea la peña del Castillo de Ciébana. En seguida estamos en el collado Llarandiello. Entramos al bosque. Atravesamos una primera riega profunda., sin dificultad porque ahora lleva poca agua. El terreno que pisamos es la Llera El Agua. Caminamos sin variar el rumbo hacia el sur

10:22. Majada Veneru. (1h 20m. 689 m.). Pasada la misma seguimos el camino de la derecha. (El de la izquierda nos llevaría al Collado de Ciébana). Pasamos junto a una cabaña. El viento hace susurrar suavemente las hojas. Es el bosque “absoluto”, en estado puro, casi abandonado por los humanos. Sólo visitado por algún pastor y algunos locos románticos como nosotros. Las fayas dueñas del lugar se han vestido de un intenso tapín verdoso. Pasamos junto a una portilla. Hay que bajar al regato. Camino embarrado. Un picamaderos ha dejado sus huellas en la rama. Otra cabaña. (La Pontiga, 610 m.) Pasamos un tercer regato. A nuestra izquierda hay un prado alargado. El ruido del agua es ahora intenso. Estamos cerca de la Foz. Seguimos el sendero.

10:50 (1h 45m.) Bajamos a la altura del regueru Ortigal . Estamos en la entrada de la foz de Maserones. Dos grandes ollas de agua. El sendero sigue por la derecha en sentido contrario al río. La foz es un profundo tajo entre dos paredes calizas. Crecen árboles en la misma roca suspendidos en total vertical.

11:15 (2h 10m. 713m.) La pared que está a nuestro frente está completamente horadada. Tiene que ser refugio de animales pequeños. Cruzamos a la otra orilla. Entramos en la riega del Potral a continuación de los Maserones y a nuestra derecha. Ahora estamos bajo la sombra de fresnus y del pláganus.

11.41 (2h 36m.824m.) Salimos del río por nuestra izquierda dejando un derrumbe de tierra blanca a nuestra izquierda. Es un buen indicador de orientación. Esta es una zona desconocida para todos. La subida es fuerte hasta que nos situamos por encima de los últimos robles. Según el libro de Enrique Marcos si cruzas la riega ‘L Foceyal llegas a una planicie (a 790 m.) conocida como la pasada ‘L Xerru. Nosotros atravesamos el monte Los Llacios a más altura. La Xerra Trallán por fin a la vista. Pero falta bajar el profundo barranco de la foz del Pedregal. Seguimos una senda hacia la derecha, siempre hacia el sur. Bajamos por una ladera quemada hace tiempo. No hay una senda clara, pero si senderillos hechos por los animales. Vemos frecuentes restos de corzo y otros herbívoros.

12:12 (3h 07m. 771m.) Llegamos al río Pedregal. Lleva poco caudal. El rumor del agua nos acerca a una pequeña cascada cercana. Cruzamos la riega saliendo junto a un cierre en la misma orilla del río. El lugar se conoce como Los Pedregalinos. Un nuevo camino, paralelo al río en el que vamos pasando ante varias cabañas en muy diversos grados de conservación. El camino se desdibuja en algunos momentos. Las espineras nos recuerdan que estamos en terreno selvático. Siempre avanzando hacia el sur. El valle está encajonado entre la Sierra del Trallán y el Cantu el Monte La Mata. Seguimos el curso del río por la derecha. Ahora vemos varias horcadas en la Xerra de Trallán, situadas hacia el fondo del valle. Según algunas versiones no hay ninguna practicable. No es cierto. Las “Xanas” ya estuvo aquí. Pasamos ahora por las brañas Linar, Miradoriu, Pedregal y Copín. Los Cuitos Negros cierran este prestosu valle. Por el flanco que cae a Sobrescobio discurre el importantísimo Camino Real del Sellón, que esperamos recorrer pronto.

13:13 (4h 8m. 945m.) A la altura de la sexta cabaña, casi tapada por la hiedra, y junto a la que hay una cabaña pequeñita, empezamos a ascender en fuerte subida por la ladera. Hay un sendero muy marcado que pasa a Redes, bajo el pico Entrambosllagos. La pasada ‘L Trallán cada vez más cerca. (No es la que tiene un árbol en medio, ni tampoco la última horcada). Hay que superar un tramo por encima de un roquedo y luego meterse contra la caliza blanca. Al pasar vemos un robusto grupo de arbustos cuyos troncos paralelos sostienen la roca. ¡Qué fuerza tiene la naturaleza! Mirando hacia donde venimos se aprecia impresionante la entrada a Maserones encajonada entre dos enormes peñascos que bajan desde la Peña La Piedra, prolongando la hermosísima sierra de Xiblaniella.

14:24 (5h 19m. 1237m) Hemos cruzado al otro lado por una serpenteante subida. Por el camino encontramos a dos pastores que acaban de subir su ganado desde Bueres. Nos señalan la mejor bajada por el valle del Infierno. Sus comentarios bajo la sombra del roquedo son jugosos: cómo sienten el abandono del campo, que ellos lo ven reflejado en la poca ayuda de la administración, en las cortapisas que les ponen desde medio ambiente para mantener los caminos, en la falta de buenos accesos a las cabañas, en la necesidad de limpiar los montes con la quema controlada de laderas, en la sarna de los corzos y en lo poco que se hace para sanear... Según ellos el “paraíso natural” está dejado a su suerte y sólo vale para las fotos que los turistas hacen desde las buenas carreteras. Callamos y anotamos.

Tras el cierre que impide el paso del ganado una pequeña majada. Estamos en el valle del Infierno. Por fin un poco de descanso. Llevamos en acumulado mucho desnivel. Se divisa el Vízcares, el collado Traslafuente, el Maoño, la Peña Crespa, El Cuetón de los Traviesos, la Frayada y la Ordaliega. En el fondo de la barranca la foz de los Cubilones que se atraviesa por el puente del mismo nombre. Seguimos una senda ahora hacia el Norte, a nuestra izquierda. pegados a la peña (Los Altos de Trallán) en lento descenso. Si siguiéramos hasta el inicio de este serrón desde el lado de Arnicio nos encontraríamos con la Foz del Molín que dicen que es impracticable. En cierto momento hay que empezar a bajar por el hayedo, siguiendo un senderillo que en brusca bajada nos coloca en el camino del bosque.

15:40 (6h 35m. 918m) El suelo está cubierto por una buena alfombra vegetal. Recorriendo un precioso bosque de hayas encontramos un ejemplar enorme al que le ha crecido una rama que le sostiene por la parte inclinada enterrándose en el suelo y volviendo a salir más tarde. Llegamos a una hermosísima braña. Siempre siguiendo al norte. En su extremo una charca. Hermosa vista sobre la sierra de Ques y Piloña. Estamos cerca del collado Cabu.

Encontramos el camino a través del bosque. En sucesivas vueltas y en suave descenso nos encamina al Collado Medio (897 m.) A partir de aquí el sendero desciende de manera muy tendida. Estamos atravesando el monte de Múñigo. El camino se hace largo pues llevamos muchas horas de ruta. Hace tres años, cuando pasamos por aquí el sendero estaba despejado. Hoy las señales evidentes del abandono se hacen notar: árboles atravesados, matorral, espineras... Vislumbramos la pista del río Infierno. Se oye el fragor del agua. Estamos a punto de culminar esta interesantísima ruta.

16: 43 (7h. 38m 456 m.) llegamos al área recreativa de La Pesanca. Con la grata impresión de haber efectuado un recorrido extraordinario: en realidad dos rutas en una sola jornada. Conocíamos aspectos parciales de cada uno de los dos extremos de la pinza. Nos faltaba unirlos por la Foz de Maserones. Hoy lo hemos podido hacer contando con la experiencia del grupo. Hemos podido entrar con acierto en este extraordinario paraje. En nuestro recuerdo las inmensas ollas (“maserones”) que ha excavado el río en la caliza. El paraje es de extraordinaria belleza y respira paz por doquier. El precio que hemos pagado por entrar en uno de los últimos rincones del paraíso es nuestro gran cansancio. El recorrido total fueron 16,3 kilómetros, con un desnivel acumulado de 1.319 metros de subida y 1.084 metros de bajada.

Afortunadamente nos espera el autocar en La Pesanca. En el bar Vízcares de Espinaredo una agradabilísima comida de hermandad en la que nos felicitamos por la aventura vivida, sin duda una de las mejores de la temporada. Con Las Xanas nunca te aburres y la emoción está garantizada. El caso es que siempre acabamos saliendo de estos entresijos tan complicados. ¡Bravo por el Grupo! Encima la lluvia que amagaba, aguantó todo el día. Descargó cuando estábamos ya bajo techo.

El sábado tenemos otra formidable salida. Queremos llegar al Pico Murcia de 2.349 m en el norte palentino, subiendo desde Cardaño de Arriba. Subiremos novecientos veintitantos metros. La bajada la haremos por la vertiente leonesa hacia Valverde de la Sierra, debajo de la gran mole del Espigüete. Según las indicaciones de expertos es una subida apta para cualquiera que tenga cierta condición física. Unas tres horas de subida y otras dos y media de bajada. Como la aproximación es tan larga desde Asturias hemos decidido salir a las cinco y media de la mañana (desde San Andrés). Algunos tienen pensado comer en la cima. Ya estamos impacientes por hacer cumbre.

FRESINES

jueves, mayo 05, 2011

EL PICO L’OBIU ENTRE NIEBLAS

30 de abril de 2011

Cuando se quiere un contacto estrecho con la naturaleza hay que asumir que el tiempo es cambiante, especialmente en Asturias. Después de varios días primaverales nos podemos encontrar un fin de semana de espesas nieblas, como así nos ocurrió el sábado. Es parte del juego que los amantes de los espacios libres y de la montaña asturiana asumimos con normalidad. A mal tiempo buena cara.

Nuestra única preocupación fue en todo momento la seguridad. Saliendo de la ermita de Santa enseguida enfocamos el sendero. Primera chubascada del día. Aproximadamente en hora y media coronábamos lo alto de L’Obiu, siguiendo los visibles jitos. Trescientos treinta metros de ascenso. Hasta aquí todo bien, con visibilidad de unos veinte metros, pero con todo el mundo preocupado por no descolgar a nadie. Fotos de rigor, buzón de cumbres. Primera duda: el pico está marcado como Lobio, pero el GPS sitúa esta cima bastante más al norte.

Descendemos para buscar el Pelao, por el lado izquierdo, salvando un pequeño barranco. Por alguna razón damos un amplio giro sin encontrar la ruta marcada ni orientarnos bien en medio de aquella envoltura gris. Nos agrupamos, buscamos brújulas: tenemos que seguir siempre al Norte. Parece que en el GPS por fin aparece la ruta marcada. En un momento en que se despeja algo el valle se vislumbra a nuestra izquierda la carreterra a Villabre. Pasamos sin detenernos junto al Pelao. Llueve intensamente.

Aparece un perro y tras él, Atilano, el sobrino de José Manuel, que lleva un rato buscándonos. Charlamos un rato con él mientras circula la bota de vino con la que entramos algo en calor. Bajamos a la Veiga’L Tórzanu, dispuestos a renunciar al último pico porque no se ve absolutamente nada. Incluso decidimos cambiar la salida del monte para buscar caminos seguros. Avisamos al autocar para que nos espere en el puente del camino viejo de Banduxu.

Con esta orientación bajamos hacia La Collada (1.105 m) y las praderías de Laguiñón, inmensas y solitarias, marcadas por profundos sumiderus. Nos despedimos de nuestro improvisado guía, lamentándonos por la panorámica que no hemos visto. Ya en la braña Folgueras se coge la larga y ancha pista a Bandujo. Todavía estamos a mil ciento setenta metros de altura que tenemos que ir perdiendo paulatinamente. Abordamos el Canti Pando y con amplias revueltas vamos teniendo una imagen perfecta del conjunto medieval de Bandujo (650 m.), presidido por su torreón circular, que fue castillo, cárcel y ayuntamiento y hoy es vivienda particular, de la que nos habla orgulloso su propietario actual. El torreón está edificado entre los siglos XII a XIV. Todo el conjunto del pueblo maravilla. Todo guarda una medida proporción. No se ven las bruscas transformaciones que afectan a otras muchas aldeas asturianas. Incluso las viviendas nuevas o arregladas tienen el mismo aire. El conjunto respira paz, recortado contra una ladera intensamente verde. La iglesia que no está cerrada tiene trazas románicas. En su atrio hay una leyenda que nos llama la atención:

<<Entra aquí con atención

pues debes considerar

que ninguno deber estar

sin “respecto” y devoción.

21 de octubre de 1926.>>

Comentamos con ironía que en la carretera de acceso al pueblo apenas cabe un coche, mientras que por la pista por la que hemos bajado bajarían sin molestarse por lo menos tres a la par. Buscamos el antiguo camino que acompaña río Valdemoro. En la parte baja del pueblo un gran “digestor” semientrerrado se encarga de las aguas residuales. Pasamos a la margen izquierda por el puente de Covanera. Alguien nos recuerda que existe en Asturias una Asociación de Amigos de los Árboles Antiguos. Seguro que han estado por aquí. Es un bosque todo tapizado por un verdín intenso. Llegamos al segundo puente de Los Pontiquinos que parece talmente una prolongación misma del camino, con su capa vegetal incluida. Arrimados a la peña entramos en una serie de zigzags en la Gualta. El río está formado por una profusa sucesión de cascadas y pozas profundas. Ahora la arboleda está formadas por fresnos y robles. Todo apunta hacia la garganta de Valmoro. Pasada la zona alta entramos en la Pousa en la que se desploma una cascada de diez metros.

Pasamos bajo una gran hendidura en la roca, que en tiempos no tan antiguos, servía a las buenas gentes para dejar las madreñas y los aperos y poder salir a la carretera de Trubia, puesto que esta era su única vía de comunicación. Por algo se cantaba en la comarca:

“En Banduxu canta el “uxu” (búho)

en Traspeina, la rapiega (raposo)

y baxando pa Caranga

la miseria puñetera.”

Cuando al fin salimos a la Senda del Oso nos paramos a fotografiar unas dedaleras (o calzones de cuquiellu) con su intenso color púrpura. Las hojas de esta planta fueron siempre recurso medicinal contra los males del corazón. Hoy su empleo está prohibido por que estas hojas contienen la digitalina que es un poderoso veneno.

A las cuatro de la tarde, terminamos la ruta que nos ha llevado seis horas cumplidas. Vuelve a llover. Es tiempo de retirarse. No hemos perdido a nadie. La bajada por Valdemoro nos ha dejado profundamente impresionados y también contentos, a pesar de la niebla. Nos retiramos al hotel Piedrasjuntas de Proaza a dar cuenta de buenos alimentos y buen caldo. Comentamos las salidas del mes de mayo proponiendo algunos pequeños cambios en la hora de salida cuando vayamos a tierras palentinas.

Y hablando de primera de las excursiones del mes de mayo (que no te puedes perder) tenemos nada más y nada menos que una incursión por la Foz de los Maserones y el ascenso por la recordadísima pasada del Trayan. Esta Foz de Maserones es nueva para casi todos. Tuvimos ocasión de vislumbrarla de lejos desde lo alto de La Ciébana en Riofabar y la verdad es que la pinta que tiene la estrechura es magnífica. Sólo pedimos que esta vez nos acompañe un poco el tiempo. El resto lo ofrece generoso el Concejo de Piloña. El esfuerzo lo pondremos nosotros.

FRESINES

jueves, abril 28, 2011

LA CRUZ DE VALDORE Y LA HUÉRFANA: LOS GUARDIANES DEL PIERZU

23 de abril de 2011

Una nueva aventura, en este incesante recorrido por Asturias del G.M. Las Xanas. En esta ocasión por tierras ponguetas. Día pesado de incierto pronóstico meteorológico. Hay ganas de caminar. En el autocar la duda sobre si seguirá existiendo el puente en la Sota Tabaos o habrá que vadear el río como se pueda. Varios ojeadores estudian el río hasta que asoma el rústico puentecillo junto a un “ensanchamiento” de la carretera, a tres kilómetros de Sellaño. Paréceme que salvamos el día.

El recorrido hasta Llomena (1.000 m.) se nos hizo largo. La ancha pista facilita una buena marcha hasta la majada Excueño y luego hasta el llagu Aranga ciento sesenta y nueve metros más arriba. Unas nubes espesas, oscuras y muy densas igualan todas las cimas creando una falsa impresión de uniformidad. El Tiatordos parcialmente envuelto, aspecto fantasmagórico, con el Recuenco recogiendo en su tazón este nublo mañanero. Mágica visión irreal de un mundo de cumbres afiladas y barrancos portentosos. Y muy al fondo una estrecha ventana soleada ilumina el macizo de Mampodre, lo único que se distingue con nitidez.

Trescientos metros más de subida. Algunos van subiendo por el lateral, otros por lo alto de la cuerda de la sierra Aranga. Allí encontramos un paso difícil: una destrepada por una roca extraplomada y cortada sobre el abismo. Paso con ayuda, día de mucha solidaridad en el grupo como se verá. Primer objetivo: Cruz de Valdoré a 1.349 m. Viento fresco del oeste. Estamos en medio de un círculo de montañas que empieza en el Pierzu y termina en la Huérfana, esta pirámide solitaria que tiene una vertical caída al Norte. Enfrente la Foz de la Escalada, tallada por el río, más al norte la Mota Cetín inconfundible, sobre la collada Moandi. Bajamos a terrenos más abrigados en la Collada Sorbeyu (1.173 m.) Encajado entre el murallón norte del Pierzu y la cortada de la Huérfana el Sedo Espines forma una foz perfecta. Postal que refleja lo bravo de estas montañas. Creo que hay paso por este desfiladero.

La Huérfana está totalmente tapada. Se impone tomar una decisión: Mejor seguir ladera abajo y ascender luego al Porru el Toyu que no suele ponerse en el calendario de los grupos. Largo descenso a media altura por el valle. El Porru (1.074 m.) tiene una silueta puntiaguda, muy aérea, con una gran caída al norte. Muy por debajo Carangas, más al norte el Pondio y el Macicón que subimos hace dos años. Sellaño parece estar al alcance de la mano. ¡Qué engañosa es la vista en el monte! Cinco compañeros en la cima de La Huérfana, ahora totalmente despejada. Un poco más al Noroeste la Peña Siña que hemos intentado dos veces, la última a principios de mes.

Manolo comenta con evidente satisfacción:

“-¿Cómo no vamos a repetir cimas si también por aquí lo tenemos todo subido?”.

Es verdad, ¡ho!, pero siempre queda algo; por ejemplo El difícil Sedo del Gato por la norte del Pierzu o la bajada por la Senda de Piedra Pozal por la sureste, que dicen está cortada por un argayo desde las últimas nevadas.

Descendemos bordeando el Porru la Cezulia y usando como hito la antena que hay en el Pico el Fito, nos metemos en el último y largo berenjenal del día. Despreciando la pista a Carangas, olvidándonos de la pista del Collado Piedrafita que nos dejaría en Sellaño, bajamos a buscar el camino antiguo que nos dejará en Sota Tabaos. Con la pujante vegetación de primavera que nos deja entrar por la horcada, nos introducimos por una angosta falda encajada entre la Xerra Salgareu y el Pico Ancuevas. Primero encontramos un robledal, luego ¡caminos cerrados con alambre! Unos cuantos. Menos mal que nos arreglamos para ayudarnos en vestos pasos complicados.

Saltamos hacia una cabaña abandonada. Todo tiene el dulzón olor del abandono. La lógica nos dice que donde hubo cabaña tiene que encontrarse un camino. No lo vemos y seguimos peleando con espinos por ignotos senderos. Saltamos a un prado para acortar camino por terreno despejado arrimándonos más a la peña. El hayedo es sensacional. Árboles añosos, esculturas vivas, mil formas caprichosas. El antiguo camino asoma a tramos. Debió ser importante. El descenso es muy largo. El suelo alfombrado por un colorido tapín vegetal. Se islumbra la carretera. Hemos tirado mil ochenta metros desde la Cruz de Valdore.

El puente “artesanal” sigue milagrosamente intacto. Se cruza bien. Su final tiene sorpresa: no existe el último tramo, se lo llevó el río. Una vez cruzado el Ponga hay que saltar de una roca a otra para descender con garantías. De nuevo con ayuda pasamos todos. Es un placer volver a la vieja civilización después del fatigoso descenso por el bosque de Ancueva. Son las cinco y media de la tarde. Casi siete horas de ruta, rodillas machacadas, fijas en la retina las imágenes del bosque y... agujero en el estómago. A Puente Dobra que hay donde aparcar. La lluvia aguantó durante todo el día y espera a que pongamos el pié en Oviedo para descargar, furiosa.

Una nota conveniente: Cuando una persona se separa del grupo para hacer otro pico o alguna alternativa, conviene avisar a alguien para que en todo momento sepamos donde está la gente y podamos reagruparnos. Es algo elemental pero que a veces se nos olvida.

Para terminar el mes tenemos una ruta fácil por los Puertos de Maravio para subir al pico L’Obiu, al Pico Pelau y a La Mostachal. Está calificada como fácil en el calendario. Nos vendrá bien un poco de “descanso”.

FRESINES

jueves, abril 21, 2011

EL ESTALLIDO DE LA PRIMAVERA EN EL ALLER, VISTO DESDE PEÑA MELERA

16 de abril de 2011

9, 30 de la mañana. Puente la Muñeca en Cuevas. 750 metros de altura. Miramos desde la carretera la silueta de la Peña Melera. Impresionante. Comienza la ascensión. Seguimos el PR-AS 31.1, muy bien señalizado. Atravesando por la vallina Melera, senda muy trazada, camino cómodo aunque exigente. Al rato encontramos la zona de caliza equipada por la Escuela de Escaladores de Mieres. Tiene esta zona y otra encima de la fuente de Cuevas. Spits, chapas y reuniones. 45 metros de altura máxima y 100 vías equipadas con grado de dificultad de 6 +, para arriba. Nombres de vías muy soñadores, seguro que para vencer el miedo.

A media cuesta un pláganu crece literalmente empotrado en la pared caliza gris y rosada. Es sorprendente la fuerza con que la vida que se adapta a todos los medios, cómo se crea una profunda relación entre el árbol y la roca que lo sustenta. Pasamos bajo la Cueva Melera, por fin más altos que el bosque que en la collá ralea dando paso a áreas humanizadas como las majadas de Los Gallos. Hemos sudado los 530 metros de subida. Hay un sol espléndido y, a su luz, los matices del verde son incontables. Desde la majada podemos ver Cuevas y toda la subida a San Isidro. Una amplia revuelta hacia la izquierda siguiendo las marcas amarillas pintadas en las murias. Un buen número de airosos acebos en lo más alto, en la collá Los Gallos, justo antes del inmenso argayo que corta en un tajo toda la falda de la montaña.

Subimos a la Collá Cabera. Ya están varios compañeros en la cima. La ascensión la hacemos por una canal orientada al oeste. Peña Melera, 1541 m. Sólo por allí es practicable. Desde arriba la cortada sobre Felechosa está a pico. Existe un camino a través del bosque, pero lo buscaremos en otra ocasión. Peña Mea, el Retriñón y la Tabierna ante nosotros. ¡Cómo luce hoy la primavera! ¡Está Asturias que se sale! Al Sur el Fuentes, el Picón de las Rubias y el Nogales. Detrás de estas inmensas moles está la travesera por el Bosque del Gumial, tantas veces recordada como una maravilla natural. Habría que repetir la bajada por este santuario donde vive el urogallo. Cerrando todo este círculo, inmensa, altiva la Peña Reonda y la Panda, presidiendo en silencio estos rincones en los que habita el buitre. Algo más al Oeste nuestro querido Esborbín, acompañado de sus eternos compañeros el Cuaña y los Picos de la Liebre en la Sierra del Cuadro. Incluso en aguda mirada al norte distinguimos Coto Bello y el Pico La Texera, que visitamos hoy hace justamente un mes. ¡Qué lujo estar aquí arriba!

Al bajar de nuevo a la Collá encontramos una cabaña arrimada a la peña Melera, resguardada de todos los vientos. Ahora ya hay prisa por ascender a los Pandos. Vistos desde la derecha parece algo imposible. Pero a medida que nos situamos en lo alto de la Collá Cabera se nos va mostrando una sierpe natural por la cara sur que es la que hay que seguir. Delante nuestro la serpiente multicolor de veintitantos montañeros en la empinada cuesta. No cabemos apenas en la cima. Es un macizo calizo sembrado de agujas. La dura canal de acceso a Peña Reonda por el este se observa desde aquí con toda nitidez. Todo brilla al sol, todo esta verde, la primavera con todo su lucimiento. Todo ha brotado de nuevo gracias a este milagro que se repite cada año. El río Braña corre impetuoso por las laderas del Torres.

Son las dos menos diez y se impone continuar pues todavía hay un buen trecho de bajada por el valle Pedroso. Pasamos por varios mayeos muy bien conservados y rodeados de praderías primorosamente cuidadas. Polémico asunto el de las bañeras arrimadas a las fuentes. No son objetos de uso tradicional, pero cumplen a la perfección su cometido. ¿Habría que sustituirlas por bebederos más adecuados al entorno?

Vemos los Puertos del Fondil a nuestra izquierda, encrucijada de varios interesantes caminos montañeros. El brezo local (“Genesita legionensis”) es un endemismo cantábrico. Con amplias vueltas y revueltas encontramos pronto la senda (sigue bien señalada) que baja al Posaeru. Bajamos seiscientos metros en poco tiempo.

Las Peñas Pandos que acabamos de dejar se derraman literalmente sobre el río Pino, formando una estrechísima Foz con la Panda en la otra margen. No caben más que el río y la calzada romana. El ruido del río es ensordecedor. Las torrenteras se suceden saltando entre peñas. Junto al puente de piedra la Peña de los Bígaros nos recuerda que todas estas tierras estuvieron sumergidas bajo el mar. Observamos con atención un canal artesanal de desvío del agua hacia algún molino, hoy inexistente. Todo este paso es un Monumento Natural. Nuestro homenaje particular a los esforzados constructores del empedrado que pisamos. El río Pino tiene un corto recorrido de unos cinco kilómetros, encajonado contra la Serranía de las Fuentes de Invierno. Sus frías aguas descienden mil doscientos metros. La roca alrededor fue excavada por el río que modeló el mejor lecho por donde pasar.

El sendero que ahora recorremos es terreno de abedules, arces y fresnos. Los malvíses trinan a nuestro alrededor. Calmamos nuestra sed en Les Gavilanceres. Muy pronto estamos en el Molín de Peón hoy vivero de repoblación de alevines de trucha gestionado por la Asociación de pescadores "El Maravayu". Esta construcción fue levantada a finales del s. XIX para cumplir las funciones de molino y batán. Posteriormente pasó a ser una minicentral hidroeléctrica, hasta que se cerró en los años 50.

Entramos en el Pino. Está terminando obras de alcantarillado. Pasamos frente a la Casa del Corralón con puerta en el patio de arco de medio punto. En la Pola está el famoso “Moyón de la Corralá”, que para unos es un menhir, para otros un mojón medieval y para unos terceros un símbolo fálico, (vaya por Dios, ya estamos). También es famosa esta otra:


"Entre la Pola y el Pino

Hay una piedra redonda

Donde se sientan los mozos

Que vienen de la ronda"

Seis horas y media muy intensas, plenas vistas, totalmente inmersos en la naturaleza y ¡por primera vez en mucho tiempo sin barro en las botas! Bajamos a comer a Piñeres, al b

arrio de La Veguellina en donde nos sentimos como en casa.

Hablamos de la salida próxima a la Cruz de Valdoré y la Huérfana cimas próximas al Pi

erzu que serán una buena ocasión para corretear por Ponga, lo que nunca defrauda. La gente va cogiendo poco a poco forma suficiente para atacar el intenso calendario de mayo donde, si amas la montaña, no te puedes perder nada.

FRESINES

jueves, abril 14, 2011

UNA ASCENSIÓN CLÁSICA: LA ESPLÉNDIDA PARORÁMICA DESDE EL CELLÓN

9 de abril de 2011

Subimos el Puerto de Pajares por cómoda carretera. No siempre fue así. “Débese al obispo D. Diego de Muros la empresa de romper el aislamiento de Asturias con León haciendo construir las calzadas llamadas pedreres, obra no menos costosa que necesaria, por lo áspero y montuno del terreno que hacía casi impracticable el comercio..” (Noticias históricas del Obispado de Oviedo, citado por J.R. Lueje. “La Cordillera Cantábrica”. Pag. 86) Estes `pedreres’ fueron el origen de la construcción de la “carretera de Castilla” obra hecha por el Regente Gil de Jaz, que empezó a transitarse en 1829.

Llegamos a lo alto del puerto. Se ve en la distancia el pico. El Cellón nunca defrauda. El dos mil más fácil de toda la cordillera con sus apenas seiscientos metros de desnivel, seiscientos metros muy tendidos que hacen muy llevadera la marcha. A temprana hora nos preparábamos para comenzar la lenta ascensión. Nos lo tomamos con mucha calma. Ruta archiconocida, subida por la cordal de la Sierra de La Candanosa, a las Lomas de Bezmuy. Día diáfano, cielo azul intenso, calima al fondo. Pasamos junto a larguísimas trincheras de la guerra “incivil”, hoy casi rellenas de tierra, testigos mudos de la hazaña de Luis Bárzana, maestro de Castropol, y de la división de choque 57 que él comandaba, que fueron capaces de paralizar durante un mes el avance continuo de las tropas de Aranda. Todavía queda detrás de Casa Rucho un emplazamiento de tiro, situado en un pequeño promontorio. Es la casamata de la Candanosa en la que no nos fijamos. Mirando hacia atrás se ve la autopista a la salida del túnel de pando, y el sendero que recorre todo el bosque de Valgrande, recorrido por el grupo en una jornada agotadora y, por otro lado, muy musical

A las dos horas y media estamos en Compañones, que para algunos es el mismo pico Cellón y para otros es la cima anterior que tiene 1.999 m. Hay una placa a un montañero del ENSIDESA fallecido en 1975. Larga estancia en la cima. No tenemos capacidad humana para empaparnos de tanta belleza. Desplegada la naturaleza astur- leonesa nos enseña una geografía salvaje, desordenada, con hermosas vetas retorcidas sobre sí mismas en el Cordal de Los Llanos de Somerón, y con el dibujo de los marcadísimos valles leoneses de los ríos Camplongo y El Cuadro, que se juntan en la Mesta de los Ríos, pasado el pueblo de Tonín.

La postal que podemos divisar es soberbia: En dirección Oeste el Cuito Negro y Los Celleros, junto a las moles de la Carbajosa y el Negrón. Las majadas de Brañillín, regadas por el arroyo del Argayo. Mucho más al fondo los montes de León y Somiedo. Siguiendo la vista de las cuerdas, La Ubiña pequeña y la Grande, reinas del espacio, dominadoras, cubiertas por abundantes hielos, que sostienen contra su potente ladera los Castillines, el Siete, el Crestón y los dos Fontanes. En escorzo lateral la Almagrera, la Tesa y la Mesa con la marcada foz de Cadichera que intentaremos recorrer en agosto. Mes que para el grupo va a ser intenso porque también subiremos el Siete y unas semanas antes la Palazana, que tuvimos casi a tiro de piedra el año pasado en una muy montañera expedición.

Si nos giramos al Este bajo una inmensa pala de nieve está el valle de Valvaber. Tenemos que avanzar un poco más hacia la Collada Entrambos Puertos para poder observar Pendilla en su totalidad encerrada en un semicirco glaciar con el Alto de Hojas y los Sierros Negros como sus cumbres más señaladas. Justo detrás se puede apreciar la pista de subida a la collada Propinde y al Tres Concejos (2.020 m.), valle de Bustamores para arriba. El Pico Restiello de 1812 m. es la divisoria de aguas de los valles La Hoz y del Cuadro.

No acabamos de reconocer la silueta del Estorbín, desde esta vista lateral hasta que Jorge, experto como pocos nos da la pista definitiva: El Estorbín es el pico final de un fondo de valle. Así es fácil localizarlo y, siguiendo el Valle del Cuadro, se nos muestran todos los dosmiles de la Cordillera: El Cuadro (2.090 m) a la izquierda, El Camparón y el Robequeras al fondo (2.050 y 2.110 m), junto al Estrella de Cuaña de 2.080 m., llamado así porque en su cuenco superior la nieve brilla dando la impresión de que se ha formado una nueva “estrella” en el firmamento, según palabras del gran Lueje. A la derecha del Estorbín vemos el Bolero (2.043 m), el Alto de Campas Tiñosas (2.101 m.), la Peña Celleros (2.121 m.) y el Cueto Millaro o Brañacaballo (2.181 m). Si intentamos seguir el Valle del Bernesga la Sierra de Currillos parece una cuchilla afilada con sus cinco puntas.

Podríamos seguir con la descripción. Nuestras discusiones en las cumbres siempre son apasionadas aunque casi nunca llevamos los mapas de referencia.

-“Y ¿no te fijaste en el pico Fuentes, en el cordal de Carrocedo? ¿Lo que hay detrás es Peña Mayor?”.

-“¡Vale, home!. ¿pero viste al fondo el Jeje y el Huevo?”

-“¿Entós ónde ponemos el Bodón y el Fontún?”

Queremos verlo todo, dejar estas siluetas impresas en nuestra retina para recordar en días más grises la pintura de escarpaduras con un fondo azul. Javier Cubillas dice haber visto desde aquí, en una noche sin luna, las luces de León.

Tras esa larguísima parada va siendo hora del regreso. Antes pisamos La Pájara que estaba allí mismo. Bajamos buscando la pista que lleva a la mina Inés. Cerca de la pista encontramos una gran balsa de agua que daba servicio a la mina. Hay surcos importantes de alguna gran riada debajo de la piscina. Se sacó de aquí mucho carbón, y también se trajo hasta aquí mucho carbón desde el Musel.

Bajando por la pista llegamos enseguida a la Colegiata de Arbás del Puerto. Antes me asomo curioso al cementerio que tiene poco más de ocho tumbas, de donde se deduce que en la iglesia o alrededores debía de haber otros lugares de enterramiento pues el monasterio de peregrinos fue importante en la historia. El poblado de Arbás del Puerto surgió a partir de la edificación medieval de un hospital para atender a los peregrinos compostelanos que iban a San Salvador de Oviedo, y debían cruzar el temible puerto de los llamados ´Montes Erbasos´, ahora Pajares. La fundación del hospital se atribuye al Conde Fruela, cuñado del Cid. Posteriormente se levantó la iglesia, o Colegiata de Santa María, (quizás sobre la base de un anterior cenobio) a la que el rey Fernando I le hace varias donaciones. Algo más tarde el emperador Alfonso VII establece allí una comunidad de canónigos regulares de San Agustín: Había nacido la Colegiata.

Los pueblos compraron al Rey Felipe II su jurisdicción, en el año 1.584, separándose del señorío del Abad, y pasaron a ser de realengo, aunque parece que no de forma absoluta, pues el Abad siguió interviniendo en el nombramiento de Regidores y Justicias. Por lo que respecta a las posesiones de la Colegiata en prados, tierras y montes, su propiedad se prolongó hasta la época del ´Nuevo Régimen´, a mediados del siglo XIX, y concretamente hasta la cuarta desamortización; (Madoz, 1.866). En ese momento la Colegiata fue abandonada y los canónigos desaparecieron.

De aquellos siglos de esplendor, ha quedado la propia Colegiata y las doce casas de los canónigos regulares, (son seis casas más las cuadras) que - salvo una de ellas - se encuentran abandonadas.

Se conservó también una fresquísima fuente, frente a la iglesia, parada de rigor para miles de conductores de la ruta del Puerto. Allí, en el enclave del ahora cerrado ´Mesón Quico´ estuvo el desaparecido Hospital. Es curiosa la leyenda que atribuye a un oso y un toro la ayuda para la construcción de la iglesia. “Dice esta tradición que durante la fábrica del santuario, cierto virtuoso varón llamado Pedro, que en ella trabajaba acarreando materiales, oyó mientras dormía esta exclamación: "¡Pedro, despierta!", viendo entonces que un terrible oso devoraba a uno de los bueyes de su yunta, pero como inspirado se acercó a la fiera asturiana , que se le entregó sumisa, unciéndola al buey que le quedaba, pudiendo con tan singular pareja continuar en sus tareas de carretero”. J: R: LUEJE; “La Cordillera Cantábrica, pag 86). Hoy se rememora esta tradición en la portada occidental del templo en la que figuran la cabeza de un oso y la de un toro.

Ver el conjunto de la Colegiata desde arriba da una idea de la gran proporción de volúmenes que convierten este edificio en algo especial. Merece la pena visitar la iglesia, especialmente en la fiesta del ocho de septiembre. Existía la costumbre de socorrer a los peregrinos que arribaban a Arbas. Un canónigo tenía la obligación de tañer las campanas, los días de niebla o nieve, para orientar a los caminantes, que llegaban por el ´Valle de la Madera´, desde Poladura y Viadangos, después de pasar ´El Coito´. Otro los esperaba detrás de Arbas, en la collada llamada ´El Canto los Probes´. Los acompañaba al Hospital (ya desaparecido, que se hallaba enfrente de la iglesia, donde ahora el Mesón Quico) y les hacía entrega de socorro de Pan y Vino, a todos los que "humilde y devotamente lo pidiesen". Esta costumbre arranca desde que lo exigiera el rey Alfonso IX, en su peregrinación del 29 de septiembre de 1.216.

Después de un buen refresco en la fuente y con el asunto de la comedera pendiente, pues no encontramos fraile alguno que nos entregara el prometido socorro de pan y vino, decidimos, no sin discusión, bajar al Mesón Fontún en Villamanín. Aquí si fuimos socorridos por una fermosa mesonera que rauda y veloz nos instaló una reata de parasoles en la terraza. Restablecidos con buena cerveza pues aprieta el calor, damos cuenta con premura de nuestras viandas echando puyas constantes al programador de excursiones que no quiere planificar la subida al Fontún o Machamedio. Esta inconfundible silueta preside nuestro tardío almuerzo y es motivo de alguna controversia por la mejor ruta de acceso. Nuestro insigne programador de rutas pone las cosas en su sitio al reiterar que está harto de demandar de tan esforzados montañeros rutas alternativas por los valles leoneses. Pues eso: El Bodón, Los Currillinos, El Correcillas con su cueva del Moruquín... y muchas más, que todo lo queremos y a casi todo nos atrevemos

Y así pasando el rato nos acabamos convirtiendo en improvisados meteorólogos que, llena la panza, pronostican el cambio inmediato de tiempo visto que el viento sur está llenando el cielo de nubes espesas. Como no hemos sido buenos (grupo “anárquico” escribió de nosotros en la hoja de ruta), en cuanto posemos el pié en Oviedo nos mojaremos con abundancia.

Y ahora en serio. Tenemos en perspectiva LA PEÑA MELERA y El PICO PANDO. Los tuvimos a la vista en Marzo. Ahora pasan a ser nuestros objetivos. Subiremos desde Cuevas en el Aller para bajar después por las Foces del Pino al pueblo del mismo nombre. Es una ruta que lleva su tiempo y para la que conviene estar entrenado. Por ese lado no tenemos problema pero veremos cuando llegué el verano.

FRESINES