jueves, abril 21, 2011

EL ESTALLIDO DE LA PRIMAVERA EN EL ALLER, VISTO DESDE PEÑA MELERA

16 de abril de 2011

9, 30 de la mañana. Puente la Muñeca en Cuevas. 750 metros de altura. Miramos desde la carretera la silueta de la Peña Melera. Impresionante. Comienza la ascensión. Seguimos el PR-AS 31.1, muy bien señalizado. Atravesando por la vallina Melera, senda muy trazada, camino cómodo aunque exigente. Al rato encontramos la zona de caliza equipada por la Escuela de Escaladores de Mieres. Tiene esta zona y otra encima de la fuente de Cuevas. Spits, chapas y reuniones. 45 metros de altura máxima y 100 vías equipadas con grado de dificultad de 6 +, para arriba. Nombres de vías muy soñadores, seguro que para vencer el miedo.

A media cuesta un pláganu crece literalmente empotrado en la pared caliza gris y rosada. Es sorprendente la fuerza con que la vida que se adapta a todos los medios, cómo se crea una profunda relación entre el árbol y la roca que lo sustenta. Pasamos bajo la Cueva Melera, por fin más altos que el bosque que en la collá ralea dando paso a áreas humanizadas como las majadas de Los Gallos. Hemos sudado los 530 metros de subida. Hay un sol espléndido y, a su luz, los matices del verde son incontables. Desde la majada podemos ver Cuevas y toda la subida a San Isidro. Una amplia revuelta hacia la izquierda siguiendo las marcas amarillas pintadas en las murias. Un buen número de airosos acebos en lo más alto, en la collá Los Gallos, justo antes del inmenso argayo que corta en un tajo toda la falda de la montaña.

Subimos a la Collá Cabera. Ya están varios compañeros en la cima. La ascensión la hacemos por una canal orientada al oeste. Peña Melera, 1541 m. Sólo por allí es practicable. Desde arriba la cortada sobre Felechosa está a pico. Existe un camino a través del bosque, pero lo buscaremos en otra ocasión. Peña Mea, el Retriñón y la Tabierna ante nosotros. ¡Cómo luce hoy la primavera! ¡Está Asturias que se sale! Al Sur el Fuentes, el Picón de las Rubias y el Nogales. Detrás de estas inmensas moles está la travesera por el Bosque del Gumial, tantas veces recordada como una maravilla natural. Habría que repetir la bajada por este santuario donde vive el urogallo. Cerrando todo este círculo, inmensa, altiva la Peña Reonda y la Panda, presidiendo en silencio estos rincones en los que habita el buitre. Algo más al Oeste nuestro querido Esborbín, acompañado de sus eternos compañeros el Cuaña y los Picos de la Liebre en la Sierra del Cuadro. Incluso en aguda mirada al norte distinguimos Coto Bello y el Pico La Texera, que visitamos hoy hace justamente un mes. ¡Qué lujo estar aquí arriba!

Al bajar de nuevo a la Collá encontramos una cabaña arrimada a la peña Melera, resguardada de todos los vientos. Ahora ya hay prisa por ascender a los Pandos. Vistos desde la derecha parece algo imposible. Pero a medida que nos situamos en lo alto de la Collá Cabera se nos va mostrando una sierpe natural por la cara sur que es la que hay que seguir. Delante nuestro la serpiente multicolor de veintitantos montañeros en la empinada cuesta. No cabemos apenas en la cima. Es un macizo calizo sembrado de agujas. La dura canal de acceso a Peña Reonda por el este se observa desde aquí con toda nitidez. Todo brilla al sol, todo esta verde, la primavera con todo su lucimiento. Todo ha brotado de nuevo gracias a este milagro que se repite cada año. El río Braña corre impetuoso por las laderas del Torres.

Son las dos menos diez y se impone continuar pues todavía hay un buen trecho de bajada por el valle Pedroso. Pasamos por varios mayeos muy bien conservados y rodeados de praderías primorosamente cuidadas. Polémico asunto el de las bañeras arrimadas a las fuentes. No son objetos de uso tradicional, pero cumplen a la perfección su cometido. ¿Habría que sustituirlas por bebederos más adecuados al entorno?

Vemos los Puertos del Fondil a nuestra izquierda, encrucijada de varios interesantes caminos montañeros. El brezo local (“Genesita legionensis”) es un endemismo cantábrico. Con amplias vueltas y revueltas encontramos pronto la senda (sigue bien señalada) que baja al Posaeru. Bajamos seiscientos metros en poco tiempo.

Las Peñas Pandos que acabamos de dejar se derraman literalmente sobre el río Pino, formando una estrechísima Foz con la Panda en la otra margen. No caben más que el río y la calzada romana. El ruido del río es ensordecedor. Las torrenteras se suceden saltando entre peñas. Junto al puente de piedra la Peña de los Bígaros nos recuerda que todas estas tierras estuvieron sumergidas bajo el mar. Observamos con atención un canal artesanal de desvío del agua hacia algún molino, hoy inexistente. Todo este paso es un Monumento Natural. Nuestro homenaje particular a los esforzados constructores del empedrado que pisamos. El río Pino tiene un corto recorrido de unos cinco kilómetros, encajonado contra la Serranía de las Fuentes de Invierno. Sus frías aguas descienden mil doscientos metros. La roca alrededor fue excavada por el río que modeló el mejor lecho por donde pasar.

El sendero que ahora recorremos es terreno de abedules, arces y fresnos. Los malvíses trinan a nuestro alrededor. Calmamos nuestra sed en Les Gavilanceres. Muy pronto estamos en el Molín de Peón hoy vivero de repoblación de alevines de trucha gestionado por la Asociación de pescadores "El Maravayu". Esta construcción fue levantada a finales del s. XIX para cumplir las funciones de molino y batán. Posteriormente pasó a ser una minicentral hidroeléctrica, hasta que se cerró en los años 50.

Entramos en el Pino. Está terminando obras de alcantarillado. Pasamos frente a la Casa del Corralón con puerta en el patio de arco de medio punto. En la Pola está el famoso “Moyón de la Corralá”, que para unos es un menhir, para otros un mojón medieval y para unos terceros un símbolo fálico, (vaya por Dios, ya estamos). También es famosa esta otra:


"Entre la Pola y el Pino

Hay una piedra redonda

Donde se sientan los mozos

Que vienen de la ronda"

Seis horas y media muy intensas, plenas vistas, totalmente inmersos en la naturaleza y ¡por primera vez en mucho tiempo sin barro en las botas! Bajamos a comer a Piñeres, al b

arrio de La Veguellina en donde nos sentimos como en casa.

Hablamos de la salida próxima a la Cruz de Valdoré y la Huérfana cimas próximas al Pi

erzu que serán una buena ocasión para corretear por Ponga, lo que nunca defrauda. La gente va cogiendo poco a poco forma suficiente para atacar el intenso calendario de mayo donde, si amas la montaña, no te puedes perder nada.

FRESINES

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