jueves, abril 28, 2011

LA CRUZ DE VALDORE Y LA HUÉRFANA: LOS GUARDIANES DEL PIERZU

23 de abril de 2011

Una nueva aventura, en este incesante recorrido por Asturias del G.M. Las Xanas. En esta ocasión por tierras ponguetas. Día pesado de incierto pronóstico meteorológico. Hay ganas de caminar. En el autocar la duda sobre si seguirá existiendo el puente en la Sota Tabaos o habrá que vadear el río como se pueda. Varios ojeadores estudian el río hasta que asoma el rústico puentecillo junto a un “ensanchamiento” de la carretera, a tres kilómetros de Sellaño. Paréceme que salvamos el día.

El recorrido hasta Llomena (1.000 m.) se nos hizo largo. La ancha pista facilita una buena marcha hasta la majada Excueño y luego hasta el llagu Aranga ciento sesenta y nueve metros más arriba. Unas nubes espesas, oscuras y muy densas igualan todas las cimas creando una falsa impresión de uniformidad. El Tiatordos parcialmente envuelto, aspecto fantasmagórico, con el Recuenco recogiendo en su tazón este nublo mañanero. Mágica visión irreal de un mundo de cumbres afiladas y barrancos portentosos. Y muy al fondo una estrecha ventana soleada ilumina el macizo de Mampodre, lo único que se distingue con nitidez.

Trescientos metros más de subida. Algunos van subiendo por el lateral, otros por lo alto de la cuerda de la sierra Aranga. Allí encontramos un paso difícil: una destrepada por una roca extraplomada y cortada sobre el abismo. Paso con ayuda, día de mucha solidaridad en el grupo como se verá. Primer objetivo: Cruz de Valdoré a 1.349 m. Viento fresco del oeste. Estamos en medio de un círculo de montañas que empieza en el Pierzu y termina en la Huérfana, esta pirámide solitaria que tiene una vertical caída al Norte. Enfrente la Foz de la Escalada, tallada por el río, más al norte la Mota Cetín inconfundible, sobre la collada Moandi. Bajamos a terrenos más abrigados en la Collada Sorbeyu (1.173 m.) Encajado entre el murallón norte del Pierzu y la cortada de la Huérfana el Sedo Espines forma una foz perfecta. Postal que refleja lo bravo de estas montañas. Creo que hay paso por este desfiladero.

La Huérfana está totalmente tapada. Se impone tomar una decisión: Mejor seguir ladera abajo y ascender luego al Porru el Toyu que no suele ponerse en el calendario de los grupos. Largo descenso a media altura por el valle. El Porru (1.074 m.) tiene una silueta puntiaguda, muy aérea, con una gran caída al norte. Muy por debajo Carangas, más al norte el Pondio y el Macicón que subimos hace dos años. Sellaño parece estar al alcance de la mano. ¡Qué engañosa es la vista en el monte! Cinco compañeros en la cima de La Huérfana, ahora totalmente despejada. Un poco más al Noroeste la Peña Siña que hemos intentado dos veces, la última a principios de mes.

Manolo comenta con evidente satisfacción:

“-¿Cómo no vamos a repetir cimas si también por aquí lo tenemos todo subido?”.

Es verdad, ¡ho!, pero siempre queda algo; por ejemplo El difícil Sedo del Gato por la norte del Pierzu o la bajada por la Senda de Piedra Pozal por la sureste, que dicen está cortada por un argayo desde las últimas nevadas.

Descendemos bordeando el Porru la Cezulia y usando como hito la antena que hay en el Pico el Fito, nos metemos en el último y largo berenjenal del día. Despreciando la pista a Carangas, olvidándonos de la pista del Collado Piedrafita que nos dejaría en Sellaño, bajamos a buscar el camino antiguo que nos dejará en Sota Tabaos. Con la pujante vegetación de primavera que nos deja entrar por la horcada, nos introducimos por una angosta falda encajada entre la Xerra Salgareu y el Pico Ancuevas. Primero encontramos un robledal, luego ¡caminos cerrados con alambre! Unos cuantos. Menos mal que nos arreglamos para ayudarnos en vestos pasos complicados.

Saltamos hacia una cabaña abandonada. Todo tiene el dulzón olor del abandono. La lógica nos dice que donde hubo cabaña tiene que encontrarse un camino. No lo vemos y seguimos peleando con espinos por ignotos senderos. Saltamos a un prado para acortar camino por terreno despejado arrimándonos más a la peña. El hayedo es sensacional. Árboles añosos, esculturas vivas, mil formas caprichosas. El antiguo camino asoma a tramos. Debió ser importante. El descenso es muy largo. El suelo alfombrado por un colorido tapín vegetal. Se islumbra la carretera. Hemos tirado mil ochenta metros desde la Cruz de Valdore.

El puente “artesanal” sigue milagrosamente intacto. Se cruza bien. Su final tiene sorpresa: no existe el último tramo, se lo llevó el río. Una vez cruzado el Ponga hay que saltar de una roca a otra para descender con garantías. De nuevo con ayuda pasamos todos. Es un placer volver a la vieja civilización después del fatigoso descenso por el bosque de Ancueva. Son las cinco y media de la tarde. Casi siete horas de ruta, rodillas machacadas, fijas en la retina las imágenes del bosque y... agujero en el estómago. A Puente Dobra que hay donde aparcar. La lluvia aguantó durante todo el día y espera a que pongamos el pié en Oviedo para descargar, furiosa.

Una nota conveniente: Cuando una persona se separa del grupo para hacer otro pico o alguna alternativa, conviene avisar a alguien para que en todo momento sepamos donde está la gente y podamos reagruparnos. Es algo elemental pero que a veces se nos olvida.

Para terminar el mes tenemos una ruta fácil por los Puertos de Maravio para subir al pico L’Obiu, al Pico Pelau y a La Mostachal. Está calificada como fácil en el calendario. Nos vendrá bien un poco de “descanso”.

FRESINES

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