jueves, abril 14, 2011

UNA ASCENSIÓN CLÁSICA: LA ESPLÉNDIDA PARORÁMICA DESDE EL CELLÓN

9 de abril de 2011

Subimos el Puerto de Pajares por cómoda carretera. No siempre fue así. “Débese al obispo D. Diego de Muros la empresa de romper el aislamiento de Asturias con León haciendo construir las calzadas llamadas pedreres, obra no menos costosa que necesaria, por lo áspero y montuno del terreno que hacía casi impracticable el comercio..” (Noticias históricas del Obispado de Oviedo, citado por J.R. Lueje. “La Cordillera Cantábrica”. Pag. 86) Estes `pedreres’ fueron el origen de la construcción de la “carretera de Castilla” obra hecha por el Regente Gil de Jaz, que empezó a transitarse en 1829.

Llegamos a lo alto del puerto. Se ve en la distancia el pico. El Cellón nunca defrauda. El dos mil más fácil de toda la cordillera con sus apenas seiscientos metros de desnivel, seiscientos metros muy tendidos que hacen muy llevadera la marcha. A temprana hora nos preparábamos para comenzar la lenta ascensión. Nos lo tomamos con mucha calma. Ruta archiconocida, subida por la cordal de la Sierra de La Candanosa, a las Lomas de Bezmuy. Día diáfano, cielo azul intenso, calima al fondo. Pasamos junto a larguísimas trincheras de la guerra “incivil”, hoy casi rellenas de tierra, testigos mudos de la hazaña de Luis Bárzana, maestro de Castropol, y de la división de choque 57 que él comandaba, que fueron capaces de paralizar durante un mes el avance continuo de las tropas de Aranda. Todavía queda detrás de Casa Rucho un emplazamiento de tiro, situado en un pequeño promontorio. Es la casamata de la Candanosa en la que no nos fijamos. Mirando hacia atrás se ve la autopista a la salida del túnel de pando, y el sendero que recorre todo el bosque de Valgrande, recorrido por el grupo en una jornada agotadora y, por otro lado, muy musical

A las dos horas y media estamos en Compañones, que para algunos es el mismo pico Cellón y para otros es la cima anterior que tiene 1.999 m. Hay una placa a un montañero del ENSIDESA fallecido en 1975. Larga estancia en la cima. No tenemos capacidad humana para empaparnos de tanta belleza. Desplegada la naturaleza astur- leonesa nos enseña una geografía salvaje, desordenada, con hermosas vetas retorcidas sobre sí mismas en el Cordal de Los Llanos de Somerón, y con el dibujo de los marcadísimos valles leoneses de los ríos Camplongo y El Cuadro, que se juntan en la Mesta de los Ríos, pasado el pueblo de Tonín.

La postal que podemos divisar es soberbia: En dirección Oeste el Cuito Negro y Los Celleros, junto a las moles de la Carbajosa y el Negrón. Las majadas de Brañillín, regadas por el arroyo del Argayo. Mucho más al fondo los montes de León y Somiedo. Siguiendo la vista de las cuerdas, La Ubiña pequeña y la Grande, reinas del espacio, dominadoras, cubiertas por abundantes hielos, que sostienen contra su potente ladera los Castillines, el Siete, el Crestón y los dos Fontanes. En escorzo lateral la Almagrera, la Tesa y la Mesa con la marcada foz de Cadichera que intentaremos recorrer en agosto. Mes que para el grupo va a ser intenso porque también subiremos el Siete y unas semanas antes la Palazana, que tuvimos casi a tiro de piedra el año pasado en una muy montañera expedición.

Si nos giramos al Este bajo una inmensa pala de nieve está el valle de Valvaber. Tenemos que avanzar un poco más hacia la Collada Entrambos Puertos para poder observar Pendilla en su totalidad encerrada en un semicirco glaciar con el Alto de Hojas y los Sierros Negros como sus cumbres más señaladas. Justo detrás se puede apreciar la pista de subida a la collada Propinde y al Tres Concejos (2.020 m.), valle de Bustamores para arriba. El Pico Restiello de 1812 m. es la divisoria de aguas de los valles La Hoz y del Cuadro.

No acabamos de reconocer la silueta del Estorbín, desde esta vista lateral hasta que Jorge, experto como pocos nos da la pista definitiva: El Estorbín es el pico final de un fondo de valle. Así es fácil localizarlo y, siguiendo el Valle del Cuadro, se nos muestran todos los dosmiles de la Cordillera: El Cuadro (2.090 m) a la izquierda, El Camparón y el Robequeras al fondo (2.050 y 2.110 m), junto al Estrella de Cuaña de 2.080 m., llamado así porque en su cuenco superior la nieve brilla dando la impresión de que se ha formado una nueva “estrella” en el firmamento, según palabras del gran Lueje. A la derecha del Estorbín vemos el Bolero (2.043 m), el Alto de Campas Tiñosas (2.101 m.), la Peña Celleros (2.121 m.) y el Cueto Millaro o Brañacaballo (2.181 m). Si intentamos seguir el Valle del Bernesga la Sierra de Currillos parece una cuchilla afilada con sus cinco puntas.

Podríamos seguir con la descripción. Nuestras discusiones en las cumbres siempre son apasionadas aunque casi nunca llevamos los mapas de referencia.

-“Y ¿no te fijaste en el pico Fuentes, en el cordal de Carrocedo? ¿Lo que hay detrás es Peña Mayor?”.

-“¡Vale, home!. ¿pero viste al fondo el Jeje y el Huevo?”

-“¿Entós ónde ponemos el Bodón y el Fontún?”

Queremos verlo todo, dejar estas siluetas impresas en nuestra retina para recordar en días más grises la pintura de escarpaduras con un fondo azul. Javier Cubillas dice haber visto desde aquí, en una noche sin luna, las luces de León.

Tras esa larguísima parada va siendo hora del regreso. Antes pisamos La Pájara que estaba allí mismo. Bajamos buscando la pista que lleva a la mina Inés. Cerca de la pista encontramos una gran balsa de agua que daba servicio a la mina. Hay surcos importantes de alguna gran riada debajo de la piscina. Se sacó de aquí mucho carbón, y también se trajo hasta aquí mucho carbón desde el Musel.

Bajando por la pista llegamos enseguida a la Colegiata de Arbás del Puerto. Antes me asomo curioso al cementerio que tiene poco más de ocho tumbas, de donde se deduce que en la iglesia o alrededores debía de haber otros lugares de enterramiento pues el monasterio de peregrinos fue importante en la historia. El poblado de Arbás del Puerto surgió a partir de la edificación medieval de un hospital para atender a los peregrinos compostelanos que iban a San Salvador de Oviedo, y debían cruzar el temible puerto de los llamados ´Montes Erbasos´, ahora Pajares. La fundación del hospital se atribuye al Conde Fruela, cuñado del Cid. Posteriormente se levantó la iglesia, o Colegiata de Santa María, (quizás sobre la base de un anterior cenobio) a la que el rey Fernando I le hace varias donaciones. Algo más tarde el emperador Alfonso VII establece allí una comunidad de canónigos regulares de San Agustín: Había nacido la Colegiata.

Los pueblos compraron al Rey Felipe II su jurisdicción, en el año 1.584, separándose del señorío del Abad, y pasaron a ser de realengo, aunque parece que no de forma absoluta, pues el Abad siguió interviniendo en el nombramiento de Regidores y Justicias. Por lo que respecta a las posesiones de la Colegiata en prados, tierras y montes, su propiedad se prolongó hasta la época del ´Nuevo Régimen´, a mediados del siglo XIX, y concretamente hasta la cuarta desamortización; (Madoz, 1.866). En ese momento la Colegiata fue abandonada y los canónigos desaparecieron.

De aquellos siglos de esplendor, ha quedado la propia Colegiata y las doce casas de los canónigos regulares, (son seis casas más las cuadras) que - salvo una de ellas - se encuentran abandonadas.

Se conservó también una fresquísima fuente, frente a la iglesia, parada de rigor para miles de conductores de la ruta del Puerto. Allí, en el enclave del ahora cerrado ´Mesón Quico´ estuvo el desaparecido Hospital. Es curiosa la leyenda que atribuye a un oso y un toro la ayuda para la construcción de la iglesia. “Dice esta tradición que durante la fábrica del santuario, cierto virtuoso varón llamado Pedro, que en ella trabajaba acarreando materiales, oyó mientras dormía esta exclamación: "¡Pedro, despierta!", viendo entonces que un terrible oso devoraba a uno de los bueyes de su yunta, pero como inspirado se acercó a la fiera asturiana , que se le entregó sumisa, unciéndola al buey que le quedaba, pudiendo con tan singular pareja continuar en sus tareas de carretero”. J: R: LUEJE; “La Cordillera Cantábrica, pag 86). Hoy se rememora esta tradición en la portada occidental del templo en la que figuran la cabeza de un oso y la de un toro.

Ver el conjunto de la Colegiata desde arriba da una idea de la gran proporción de volúmenes que convierten este edificio en algo especial. Merece la pena visitar la iglesia, especialmente en la fiesta del ocho de septiembre. Existía la costumbre de socorrer a los peregrinos que arribaban a Arbas. Un canónigo tenía la obligación de tañer las campanas, los días de niebla o nieve, para orientar a los caminantes, que llegaban por el ´Valle de la Madera´, desde Poladura y Viadangos, después de pasar ´El Coito´. Otro los esperaba detrás de Arbas, en la collada llamada ´El Canto los Probes´. Los acompañaba al Hospital (ya desaparecido, que se hallaba enfrente de la iglesia, donde ahora el Mesón Quico) y les hacía entrega de socorro de Pan y Vino, a todos los que "humilde y devotamente lo pidiesen". Esta costumbre arranca desde que lo exigiera el rey Alfonso IX, en su peregrinación del 29 de septiembre de 1.216.

Después de un buen refresco en la fuente y con el asunto de la comedera pendiente, pues no encontramos fraile alguno que nos entregara el prometido socorro de pan y vino, decidimos, no sin discusión, bajar al Mesón Fontún en Villamanín. Aquí si fuimos socorridos por una fermosa mesonera que rauda y veloz nos instaló una reata de parasoles en la terraza. Restablecidos con buena cerveza pues aprieta el calor, damos cuenta con premura de nuestras viandas echando puyas constantes al programador de excursiones que no quiere planificar la subida al Fontún o Machamedio. Esta inconfundible silueta preside nuestro tardío almuerzo y es motivo de alguna controversia por la mejor ruta de acceso. Nuestro insigne programador de rutas pone las cosas en su sitio al reiterar que está harto de demandar de tan esforzados montañeros rutas alternativas por los valles leoneses. Pues eso: El Bodón, Los Currillinos, El Correcillas con su cueva del Moruquín... y muchas más, que todo lo queremos y a casi todo nos atrevemos

Y así pasando el rato nos acabamos convirtiendo en improvisados meteorólogos que, llena la panza, pronostican el cambio inmediato de tiempo visto que el viento sur está llenando el cielo de nubes espesas. Como no hemos sido buenos (grupo “anárquico” escribió de nosotros en la hoja de ruta), en cuanto posemos el pié en Oviedo nos mojaremos con abundancia.

Y ahora en serio. Tenemos en perspectiva LA PEÑA MELERA y El PICO PANDO. Los tuvimos a la vista en Marzo. Ahora pasan a ser nuestros objetivos. Subiremos desde Cuevas en el Aller para bajar después por las Foces del Pino al pueblo del mismo nombre. Es una ruta que lleva su tiempo y para la que conviene estar entrenado. Por ese lado no tenemos problema pero veremos cuando llegué el verano.

FRESINES

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