miércoles, abril 06, 2011

NUEVO INTENTO DE ASCENSIÓN A PEÑA SIÑA

2 de abril de 2011

Otra lucha contra las inclemencias del tiempo. La niebla muy cerrada no nos dejó hacer pico, pero la jornada en sí fue muy aprovechada en estos apacibles rincones escondidos de la variada geografía pongueta.

Salimos de Oviedo con ligero orvallo. Amenazaba agua para la tarde. Era nuestro segundo intento al Pico Teyéu en la Peña Siña. La primera vez la cantidad de la lluvia que nos cayó encima nos impidió disfrutar a gusto del paisaje.

Esta vez lo hicimos algo más fácil, pues el autocar nos subió hasta Pen ahorrándonos un buen tiempo de subida. A las diez y veinticinco caminábamos por la carretera que baja a Villaverde. En el desvío previsto (un caserío aislado) nos doblábamos a la derecha para ascender por la pista que nos habría de conducir al Collado La Valleya. La niebla cada vez más espesa. Hubo que reagruparse para seguir todos juntos. Breve estancia en el Collado. Decidimos no subir por la falta total de visibilidad. Habrá que preparar un tercer intento. El progreso hasta aquí fue rápido y nuestro sudor nos costó.

Nos encaminamos luego hacia la canal del Valleyón, que tiene evidentes restos de explotación minera. Todavía se mantiene un cable para bajar los cangilones. En la escombrera restos de malaquita y azurita. Estos carbonatos de cobre acompañan con frecuencia a las formaciones calizas. Bajamos la canal buscando un buen camino que comunica las cabañas. La niebla a esta altura era mucho más ligera y nos permitió orientarnos con mucha más facilidad. El paredón que teníamos enfrente era el Porro Moneru de 739 metros y detrás de nosotros debimos dejar el Pierzu y el Carriá. Afortunadamente en esta ocasión la senda estaba libre de escayos por lo que pudimos pasar sin dificultad.

Oíamos al arroyo Carmeneru, cantarín. Atravesamos el bosque del mismo nombre repleto de ablanos. Llegamos a la riega abundante de aguas y que se va cerrando sobre las paredes del Porro Moneru formando una impresionante foz llamada de Carmeneru en algunos mapas y de Palombierda en otros. A su salida unas pequeñas cascadas en una sensible bajada del nivel del cauce. El calor de la semana pasada derritió mucha nieve haciendo bajar aguas turbulentas. La senda que seguimos por encima del cauce es preciosa, preciosa, preciosa. Sólo faltan trasgos escondidos bajo alguna faya centenaria, pues el Grupo de Montaña ya pone varias “xanas”. Por este camino paralelo al río llegamos a la braña Cornieru que tiene una buena casería hoy amenazada de ruina porque ya nadie quiere vivir en tal aislamiento.

Estábamos en terreno conocido. En la anterior excursión buscamos con detenimiento un puente para cruzar el río ancho y crecido. No conocíamos la salida natural de este valle. Tras breve subida entramos al sedo que serpentea por la Cuesta Siña. Un impresionante trazado que permite salvar una pared casi vertical. Solo esta bajada ya justifica una aproximación a este rincón perdido de Ponga. Siguiendo la buena senda pasamos por encima de Siña, que esta vez, como la anterior, solo unos muy pocos se acercó a vidsitar. Recuerdo todavía con nitidez la Torre de Siña, edificio de cantería abandonado por la incuria en espera de mejores tiempos, un edificio que fue el centro de una intensa vida comercial. Pasamos junto a la ermita San Antonio, después de habernos incorporado a la pista hormigonada que nos deja en Villaverde.

Desde esta altura la vista de Argolibio es como de postal. Se ven algunas construcciones nuevas en la distancia. A la salida de la aldea de Villaverde nos esperamos unos a otros. Un pastor nos indicó que había un buen camino que bajaba hasta Santillán, paralelo a la Sierra de Trexerru. La descripción que llevábamos del grupo La Curuxa, nos indicaba que por ese sendero se podía pasar a Los Llanos hacia Precendi. Los pocos que siguieron esta ruta llegaron una hora antes y ¡no se mojaron!

El resto, obedeciendo a Don “Gepe Esé”, bajamos carretera abajo camino de Argolibio. Íbamos buscando un “beyu” para atravesar la Sierra de Trexeru por el Sureste. En una de las revueltas de la carretera entramos por un camino a una casería en casi ruina pero con una espléndida panera de hojas talladas. (Queremos ver esas fotos, Pablo). No encontramos más paso que atravesar la pradería al río Carmeneru que discurre muy por debajo de la cimera aldea de Argolibio a los pies de la Sierra de Valdeoña. Muy guapo río, perdido entre castañares. Corre fuerte el agua. A partir de aquí se puede cruzar el crecido regato de varias maneras: Saltando con mucha habilidad entre las piedras, o haciendo equilibrios sobre un improvisado y temblón tronco, tal vez mojándose las botas para comprobar si ponen el goretex también por dentro, o entre los amorosos brazos de Clemente que da buena seguridad. Otros, más prudentes, vuelven sobre sus pasos para buscar el “Camín Real de Amieva” (P.R. 149) que arranca un poco más abajo por la carretera, en una cerrada curva y traspasando una portilla de forja. Por cierto según algún libro este mismo sendero de Pequeño Recorrido (no Punto Romántico, querida) se puede coger ya en la misma ermita de San Antonio. Es una antigua calzada romana que se bautizó como “Camín de la Reina” cuando pasó por ella Isabel II en dirección a Covadonga.

Una vez que estamos en este marcado camino pasear por aquí es un nuevo placer para los sentidos. Una ruta entre castaños centenarios en formas caprichosas. Han sufrido un incendio reciente pero algunos ejemplares añosos han revivido a pesar de estar semicalcinados. Pasamos por encima de otra foz de la que no sabemos su nombre. Otro rincón para no olvidar. Perdiendo altura poco a poco nos acercamos al Sella, rugiente con su gran avenida de agua. Caudal que aumenta cuando el poderoso río Cormeneru desaparece en el gran Sella de borboteantes aguas. Poco después pasamos el puente Les Vegues, un arco de ladrillo. El camino está poblado de bellos rincones y de restos de antiguas corras.

Llueve intensamente. Estamos cerca, pero no se acaba nunca. Los carteles nos informan del desvío que en ruta hacia Pen nos permitiría seguir por la ruta del río Beyu, “El encanto de la mitología”. Atravesamos el Sella por el puente Precendi. Todavía no es nuestro destino. Seguimos bajo el aguacero un kilómetro más. Sólo nos queda cruzar el puente colgante para entrar en Santillán y poner fin a esta esforzada ruta que nos ha llevado a recorrer unos veinte kilómetros en siete apuradas horas. Pena de tiempo. Hubiera podido ser todavía una ruta más disfrutada si hubiéramos podido acceder a la balconada del Teyéu sobre los Picos de Europa. Pero no nos quejamos, la jornada, aunque cansada, estuvo bien. Como decía el filósofo “no se ama con profundidad algo que no se ha sufrido previamente”. ¿No se está describiendo con acierto nuestra afición a la montaña? Comimos en Puente Dobra, en el restaurante del mismo nombre, a la izquierda de la carretera camino de Cangas de Onís y quedamos muy agradecidos por el trato recibido, como no puede ser menos. Volveremos a los altos de Siña, seguro.

Para el día 9 de abril lo previsto en la hoja de ruta es subir al Cellón desde Pajares, unos setecientos metros de ascensión, de allí pasar al Pico Pájara y volver a Arbás del Puerto en una ruta casi circular. Puede estar nevado todavía. Para esta salida necesitaríamos una pequeña ayuda con el tiempo. Pero estamos seguros que con el Grupo Las Xanas que no hay salida pequeña. Así que ánimo y a la Cordillera de nuevo.

FRESINES

jueves, marzo 31, 2011

UNA VUELTA POR TERRITORIO ABRUPTO: EL PICO CORDAL

26 de MARZO de 2011

La naturaleza asturiana suele sorprendernos con frecuencia. Nuestra ruta de esta semana fue una auténtica sorpresa. Íbamos a dar una vuelta por el Pico Cordal subiendo desde los 328 metro de Lorío, villa ribereña del Nalón. Todo empezó muy bien y a temprana hora estábamos ya en la pista que nos encauzó primero al Sur y luego al este para alcanzar una alta cabaña a unos 720 metros de altitud. Nos quedaba una pequeña, aunque pindia subida. Primera sorpresa del día: El Pico El Cordal al que habíamos pretendido subir se veía desde la cima cercano en la distancia, pero inaccesible desde esta cima. Repasando los mapas estamos en la Pericuelas de 969 metros de altura. Es un filo cortado a ambos lados con unas cortadas que meten miedo. Además el terreno está formado por rocas afiladas y agujas de caliza con continuos agujeros que nos forzó a ser muy prudentes en los movimientos. El grupo envío a cuatro exploradores para encontrar un paso factible al Cordal. Les vimos perderse precipicio abajo. Tras una pequeña estancia decidimos rectificar.

Tuvimos que bajar por una buena canal a la vertiente sur hacia el valle del Raigosu. Es un valle tortuoso con campas y contrafuertes intensos que sostienen la mole de la Peña Mea y las Peñas Negras. Se adivinaban desde arriban dos foces cortadísimas que llamaron poderosamente nuestra atención. Nuestro camino de bajada está trazado sobre un airoso picachón que cae vertical sobre el fondo del valle. El camino de cabras ahora evidente está trazado a media altura sobre un pedrero majestuoso que bordea todas las Pericuelas por la cara sur. Nos pareció a todos que estábamos en los Picos de Europa: mismo paisaje, misma roca, profunda canal, altos pasos, continuas bajadas y subidas para bordear el pico por su parte alta. No puede escribir estas líneas hasta ver varias veces las fotos que hicimos pues era difícil creer que habíamos puesto la bota en terreno semisalvaje.

Muy por encima de nosotros, aparecieron los exploradores de antes: siluetas recortadas contra un cielo plomizo que amagó agua varias veces. La pared como cualquiera de la canal de las Bobias, no exageramos. Subimos a la última collada buscando un paso entre dos rocas. Echando una mirada hacia el paisaje que dejamos detrás aparece entallada la masa de la Foz de Coballes y toda la sierra del Crespón. Es el Paisaje Protegido de las Cuencas Mineras. El Grupo de las Xanas se convirtió una vez más en grupo de cabras a juzgar por los aéreos senderos atravesados.

Desde este último collado volvemos a ver el valle de Lorío. Desde aquí la vista de todo el valle del Nalón es fantástica. Se aprecian todos los tonos del verde con manchas de roca blanca por doquier y los pueblos que bordean el río por los dos márgenes. Desde aquí llegar a la cima del Cordal ya es como un juego. Hay que coger una breve diagonal que te deja en lo alto. Mil catorce metros. Este sí que es el verdadero objetivo del día. Ante nosotros está desplegada toda la Sierra de la Escrita (Cogollo, Guanalón, Les Crespes, La Escrita, Llampaces). La cima está cuajada de narcisos que acaban de vestirse de primavera. Regalo floral para las chicas. Se lo merecen porque ha sido un duro sube-baja. Buen humor que no falte.

Comienza la bajada. Hay que volver a ver las fotos para creerlo. La pendiente es de más de cincuenta grados. No hay más remedio que agarrase a la enhiesta hierba. Afortunadamente está seca. Desde luego de una cosa sí estoy seguro: este grupo sabe bajar como los mejores. Es un orgullo observar desde allí arriba a tus compañeros como hormiguitas al fondo del valle. Una buena pradera herbosa y un abrevadero dan paso a la pista que retorna a Lorío. ¿Habéis tenido bastante? No, queremos más, esfuerzo, trepar, pasos recortados, rocas afiladísimas, un canto afinado entre dos abismos. Estoy refiriéndome al Pico Marturio. Es pequeño en altura., sólo 749 metros. Y está casi encima del pueblo. Entramos a este afloramiento de rocas, buscando con las manos los mejores asideros, trepando en plataformas estrechas, sorteando molestos escallos que te empujan con fiereza al vacío. Fila india, gente ayudando en los pasos delicados. Por fin todos al otro lado. Encontramos un sendero que se vuelve a perder al llegar al bosque. No importa. Bajamos la última ladera entre ablanos que aguantan nuestro peso.

Encontramos una cabaña y con ella la pista señalada como PR-53. Ya vamos directos al pueblo. Pasamos junto a cargaderos de mineral, nos intriga un buen canal semicubierto que lleva un caudal impresionante. Por fin llegamos. Seis horas para recorrer 11 kilómetros, nos da idea de la dureza de la ruta. Estos valles todavía nos deparan paisajes que queremos recorrer pronto: las Foces de Cañaines y las del Raigosu, la cascada de la Requexá junto a Fombermeya, la foz sobre el río Coballes del que bebe Pola de Laviana... (Unas buenas fotos de estos lugares y de otros muchísimos de Asturias realizadas por Javier Vidal los podéis encontrar en http:asturiasenimagenes.com.)

Comimos en el mismo Lorío a pesar de que no había Casera. Los comentarios fueron unánimes: muy cansados, muy contentos, ruta dura, terreno recién descubierto, zonas por las que poca gente se ha atrevido. ¿Se cumple al dedillo la vieja ley del Grupo Las Xanas? Paréceme que sí: Cuanto más duro y escabroso, gente más feliz. En nuestro continuo pateo semanal tiene que entrar un poco de todo. Pero esta ruta ha conjuntado todos los factores para convertir el día en una aventura: paisaje profundo, desniveles señalados, picos recortados, rocas aflorando, siluetas enormes, tajos al abismo. La naturaleza lavianesa hace todo lo que puede. El resto lo ponemos nosotros.

El próximo sábado extraordinaria excursión por la margen izquierda del Sella en el Concejo de Amieva. Desde Teleña (386 m) subida al Pico Siña de 1047 m. y bajada siguiendo el río Beyu hasta Santillán. (Ya sabéis “beyu”: lugar estrecho, foz entrepeñes...). Parece muy interesante.

FRESINES

jueves, marzo 24, 2011

EL PICO TEXERA: EXCEPCIONAL MIRADOR DE LA CORDILLERA

19 de MARZO de 2011

Día de los Pepes. Nos llega un regalo en forma de buen tiempo. Ya está aquí la primavera. El raitán en las ramas, los regatos cargados de agua. El día promete. Llegamos a Carpienzo. El autocar pasa bajo el Pico Xanas en cuya cueva habitan las xaninas que diz se aparecen a los puros de corazón. A las diez menos veinte arrancamos carretera arriba. Veinte minutos después estamos bajo el cartel que nos indica la altitud: 775 metros en Conforcos. Buscamos la pista que sale de Cimalavilla. Es una pista bien trazada. La pista es a trechos un regato porque hoy el agua rebosa de todas las praderías. El murmullo del agua nos acompaña durante toda la subida. El grupo que marcha delante tiene azoguillo por llegar pronto. Se van marcando todas las bifurcaciones. Menos una en la zona de Rebildeo. A todos nos parece evidente el camino pero los primeros siguen la senda por abajo y los que vienen detrás siguen un sendero por arriba. “¡Vaya!, esta vez no marcasteis el desvío”.

Bueno, pues nos veremos arriba, si hay un poco de suerte. Total que seguimos cada grupo por su lado. Pasada una cabaña llegamos a unas brañas que interpretamos como la Braña l’Osu. Buscamos las prometidas cascadas en el regueru Las Pasas. Nada de nada. (¿Despiste con un mapa que tiene dos rutas de acceso? ¿o necesidad de un curso de topografía rápida?) Total que estamos justo frente al contrafuerte de la Peña Texera. Hay multitud de sendas que se cruzan y vamos saltando de una a otra como “salteadores” de caminos, mejor dicho, en nuestro caso más modesto, “saltadores” de caminos. Subida fuerte y por tallado contrafuerte a la collada y de ahí al pico.

Perdimos de vista al resto de la expedición. Aquí hacemos un cambio de narrador. Los que tienen más prisa, ya se encuentran en lo alto del Pico la Texera. Los rezagados que caminan con algo más de lastre, continúan por un tramo un poco perdidos. Una de las bifurcaciones se tomó mal y la maleza se adueñó del camino. Cruzamos una de tantas riegas por las que baja alegre el agua y retornamos al amplio camino de la Braña Cordal.

El camino atraviesa un bonito bosque en el que las fayas centenarias son su principal aliciente. Entrelazados troncos cubiertos de verde y brillante musgo jalonan el camino. Vamos subiendo constantemente y en las últimas riegas aparecen las ansiadas cascadas. La primera es una preciosa cola de caballo que cae desde el propio camino perdiéndose entre los árboles, no sin antes dejarnos la visión de su retorcido deslizamiento. Hacia arriba el reguero se pierde entre la maleza mostrándonos los verdes del musgo alumbrados por lso rayos de sol que se cuelan entre las hojas.

Poco más allá, una nueva cascada, esta más ancha que larga, nos saluda con sus cantarines sones. Entre fayas continuamos, ahora algo más llano, por el buen camino que nos lleva a la Braña el Cordal, una buena zona de pastos desde la que apreciamos todo el valle que se dirige a Conforcos. El sendero continúa en ascenso al Alto el Cordal entre las praderas de la braña. Comenzamos a pisar nieve y ya esta no nos abandona hasta el Atro la Vallinosa, uaa amplia collada con el pico la Texera al frente, el Aramo y las Ubiñas a la izquierda y las nevadas cumbres de San Isidro a la derecha. A nuestras espaldas, también nevadas, tenemos todo el cordal de Piedrafita. Ya solo nos queda continuar por la pista hasta la cumbre de la Texera, donde nos esperan nuestros trepadores compañeros. ¡Para una vez que la pista llega al pico, ellos optan por subir agarrándose a las árgumas! Le cedo la pluma a Fresines.

Todo se ve rozagante de vegetación. El Estorbín, soberbio rodeado de sus súbditos el Cuaña, el Robequeras, Los Picos de la Liebre. Brillan al sol las cimas nevadas. El Torres, Toneo, Fuentes, Faro, Nogales... Ante nosotros toda la serranía de Cotobello, intenso verde en la pradería. Todo el Aramo. La gran Ubiña y sus ayudantes. Cambiamos la vista al este: la carretera a San Isidro es un hilo que recorre el valle del Aller. Detrás Peña Mea, soberbia silueta oscura enmarcada en un cielo azul. Y más y más cordilleras... Un pico tan modesto que tiene una vista muy amplia.

A las dos y cuarto salimos del alto bajando por los neveros. Buscamos la pista que nos mete bajo el Pico Cueto. A la altura de las cuadras del Rebellao cambiamos a otra pista que se introduce en un bosque de fayas. Nuevo cambio de dirección y enfilamos hacia Collanzo. No sé si vimos “cascadas” pero lo cierto es que estamos bien “cascados”. No importa. Ponerse guapos y a por la comida, que después de siete horas de ruta ya está bien ganada. Nos esperan en Piñeres. Nuestro querido bar Menéndez que nos pone merienda-comida como si fuera a acabarse el mundo. Tras el flan de piña (soberbio) regalo de vajilla fina para las montañeras y un reconstituyente ribereño para ellos. Bien por la mozas de Piñeres. Paéceme que volveremos.

Con algún kilo de más, y muchas ganas de jolgorio por aquello de la “superluna” hacemos propósitos para la próxima semana. Iremos otra vez al concejo de Laviana, al Pico Cordal con subida desde Lorio siguiendo el PR AS-53 y vuelta al mismo sitio. Si nos vuelve a acompañar el tiempo puede ser una ruta muy interesante. Que el buen humor os acompañe.

FRESINES

martes, marzo 15, 2011

INVERNAL POR EL CUETO DE ARBÁS

12 de MARZO de 2011

De madrugada subíamos al autobús pensando en el largo camino hasta Leitariegos. Hicimos una parada técnica en Cangas del Narcea, tierra de buen pan por lo que pudimos comprobar. Después, otros treinta y tantos kilómetros por el cauce del rio Naviego que se nos hicieron eternos.

Al fin paramos en el puerto de Leitariegos. Buena carga de nieve. El aparcamiento de la estación de esquí bastante lleno. Muchas conversaciones en gallego. Nosotros a lo nuestro. Por la pista que empieza junto a la Posada comenzamos poco a poco la subida por el sendero local AS-20. Estamos en la Reserva natural Parcial del Cueto de Arbás. Esta cima marca justamente la divisoria de provincias. Es un anfiteatro natural de modelado glaciar. Este modelado se aprecia en sus grandes morrenas y en las cubetas de agua que forman las dos lagunas permanentes.

Pronto llegamos al área recreativa. El espesor de nieve empieza a aumentar. La ruta es muy sencilla pero la abundancia de nieve nos va a complicar la ascensión. Llegamos a la laguna. Está cubierta de blanco. Por debajo es puro hielo. La laguna de Arbás tiene unos 250 metros de radio, pero hoy se confunde con el paisaje.

El camino hacia la collada Fanetina se adivina entre la niebla. Comenzamos la verdadera ascensión. La primera pala de nieve se hace con alguna dificultad. Vamos tallando escalones en la nieve en polvo. Parece que la vía está libre y se puede seguir. Atacamos con fuerza la segunda pendiente importante. Con un liguero desvío hacia la derecha intentamos mantener un paso constante. No llovía, pero la niebla moja lo suyo. Al final en lo alto de la collada a 1878 m. nos reagrupamos. Sólo nos queda seguir por la afilada arista que hace de límite de las dos provincias. Vamos dejando huellas lo más alejadas posible del abismo que hay a nuestra derecha. Pronto estamos a la altura del vértice geodésico. 2007 m. El último dos mil de la Cordillera Cantábrica. Es una pena, pero la niebla lo uniforma todo. Tardamos dos horas y cuarto desde abajo. Estamos un ratillo allí arriba. Pero hace mucho frío y hay que bajar. Se ha levantado una cellisca fuerte desde el suroeste y que trae nieve racheada. Bajamos rápidamente hacia cotas más protegidas del viento.

Hay preocupación por el descenso. Mejor por la nieve virgen. Cada uno a su ritmo. Pero ante todo prudencia. Se nos da bastante bien, mejor de lo que pensábamos. En la segunda pala ya hay más confianza. Tanta que alguien inventa el “sistema Taboada” de descenso rápido. Poco recomendable. Llegamos de nuevo a la laguna de Arbás. Un montañero con esquís de travesía la cruzó arriesgadamente por en medio.

Cuando llegamos al aparcamiento el telesilla de La Laguna casi no lleva gente. El tiempo es muy invernal y además es la hora de comer. Nosotros buscamos un lugar bajando hacia Cangas del Narea. Al final en Casa María Luisa se portan con nosotros y nos organizan como para una boda. La ruta, con el añadido de la nevada, le dio un puntillo de aventura.

El día 19 queremos hacer el Pico Texera de 1557 m. por el Aller. Subiremos desde Conforcos a este gran mirador de la cordillera. Antes pararemos por el Alto la Vallinosa. Luego en largo descenso llegaremos hasta Collanzo. A la vuelta comeremos en Casa Menendez, en Piñera. Un buen menú por 13 euros. La cosa promete.

FRESINES

sábado, marzo 12, 2011

EL PICO EL CASTILLO DE CIEBANA: UN BALCÓN EN EL CENTRO DE PILOÑA

5 de MARZO de 2011

Por fin un trozo de buen tiempo. La ruta prevista promete mucho. Hace tiempo que no hacemos un pico de los de verdad. El Castillo de Ciebana es una cumbre modesta. (Bueno en realidad son dos picos según el magnífico mapa de Manuel Carrero: La Peña Ciebana de 955 m. y El Castiello de 967 m. Sea uno o sean dos ahí arriba estuvimos y que nadie desprecie su modesta altura porque la vista desde la cumbre es muy difícil de olvidar.

Las 9h. 50. Estamos en La Fragua a 310 m. sobre el nivel del mar. Ascendemos por la carretera en una larguísima cuesta que hay que procurar vencer despacio y con una buena conversación. Llegamos hasta la aldea de Ligüeria a 640m. Desde este precioso lugar se domina todo el valle del río Infierno. El pueblo está muy bien conservado con edificaciones restauradas y alguna reciente. Está habitado y podemos hablar con un habitante que nos informa de la mejor aproximación. La ermita pequeña, abierta, blanca y dedicada a San Tirso. Salen dos caminos desde aquí. Nos aconsejan seguir el que arranca a la izquierda de la ermita. El otro también sube pero es mucho más pindio. Es un camino empedrado, importante. Cuando cogimos algo de altura miramos hacía atrás. Se ve Omedal, su foz y su río. A los pocos minutos tenemos la primera vista de nuestro objetivo de hoy. Es un monolito bastante vertical que parece vigilar toda la comarca desde su impresionante torre.

Alcanzamos el Collado Ciebana a 880 m. El haber llegado hasta aquí ya merece la pena. La vista es extraordinaria. La nieve enmarca todas las cimas. Estamos rodeados de belleza en estado puro. El sol sigue luciendo para nosotros. No se puede pedir más. Sin embargo queremos hacer pico. La subida parece sencilla por una rampa hacia la izquierda que sube bruscamente para luego hacer toda la crestería. Vamos poco a poco. La caída hacia los dos lados es importante. La roca no muy segura en algunos tramos. Hay que hacer alguna pequeña trepada. Subida con mucho estilo montañero. Por fin arriba. Subimos las dos cimas. La vista desde lo alto nos quita la respiración. No podemos movernos apenas pues la plataforma es muy pequeña para los ventitantos. Se adivinan precipicios a ambos lados. Son las doce y media. Se subió a buen ritmo. Ahora vamos a descansar un poco y a contemplar, mudos de admiración.

¿Qué podemos decir de esta vista circular, brillante al Sol, cercana y a la vez lejana? Enfrente El Vízcares, a nuestra derecha El Maoñu, detrás la Sierra de Xiblaniella y el Faceu. Entre todas estas alturas y con la referencia del Maoñu se ve un extraordinario conjunto de tres colosos alineados: La Llambria, El Campigüeños y El Tiatordos y un poco más lejos, en la tajadura que deja el Collado Traslafuente, la inconfundible silueta blanca de la Peña Santa. Con alguna dificultad logramos hacer fotos del grupo. Hay que pensar en bajar lo que produce algún respingo de respeto.

Contrariamente a lo que parecía la bajada es buena si se toma con calma. Volvemos al Collado. En la base la Cueva Oscura con una placa a una joven montañera fallecida hace trece años. Nos recuerda que siempre hay que ir con precaución.

Una aventura nueva empieza: nadie conoce esta bajada. El sendero está muy marcado aunque encharcado en varias zonas. Las cabañas derruidas, testigos de un tiempo pasado. Siguiendo este sendero que cada vez es mejor saltamos varias riegas con cuidado por lo resbaladizo de la piedra. El camino se va volviendo extraordinario entre fayas centenarias. La Pesanca debe quedar muy debajo de nosotros en el valle. Pasado el río Ortigal volvemos a rodear la Ciebana, ahora por debajo. Es un camino armado, muy bien trazado, muy conservado.

En el recodo del camino que salta un pequeño contrafuerte erizado de rocas picudas, observamos toda la falda del Vízcares con riegas y cascadas y sendas de subida. Una gozada. Estos contrafuertes forman en el fondo del valle las foces del Infierno. Las ramas desnudas semejan los demonios de este Infierno, dispuestos a abrazarnos con algún encantamiento misterioso. Por si acaso vamos siguiendo el camino con susurros de voz. Volvemos a ver todo el valle. Bajamos con una amplia curva a Riofabar. El autocar está junto a la ermita. Vamos a reponer fuerzas a Espinaredo en el siempre acogedor Mesón Vízcares.

La gente está muy contenta. Una excursión montañera inolvidable. Intercambiamos pareceres sobre la próxima ruta que recorreremos por estos valles: la primera semana de mayo nada menos que la Pasada del Trallán subiendo por la Foz de los Maserones. El territorio alto de Piloña está literalmente cuajado de “foces”. Algunas ya conocidas. Pero hay un montón de nombres sugerentes: “Del Molín”, “de los Cubilones”, “del Abeyón”, “del Pedregal”, “del Potral”, “del río Omedal”... ¿nos animaremos a recorrerlas todas? En un mundo en el que casi ha desaparecido la aventura, quedan rincones en Piloña en los que se puede vivir intensamente.

Tras la larga sobremesa nos encontramos un grupo que viene desde Nava por el GR-105 que atraviesa Les Praeres en etapa hacia Covadonga. Esta etapa ya la hizo el Grupo Las Xanas.

Próximo sábado: un clásico entre los clásicos, la subida al Cueto de Arbás en ruta circular desde Leitariegos. Fácil y bonita excursión. Allí nos veremos de nuevo.

FRESINES