Otra lucha contra las inclemencias del tiempo. La niebla muy cerrada no nos dejó hacer pico, pero la jornada en sí fue muy
aprovechada en estos apacibles rincones escondidos de la variada geografía pongueta.
Salimos de Oviedo con ligero orvallo. Amenazaba agua para la tarde. Era nuestro segundo intento al Pico Teyéu en la Peña Siña. La primera vez la cantidad de la lluvia que nos cayó encima nos impidió disfrutar a gusto del paisaje.
Esta vez lo hicimos algo más fácil, pues el autocar nos subió hasta Pen ahorrándonos un buen tiempo de subida. A las diez y veinticinco caminábamos por la carretera que baja a Villaverde. En
el desvío previsto (un caserío aislado) nos doblábamos a la derecha para ascender por la pista que nos habría de conducir al Collado La Valleya. La niebla cada vez más espesa. Hubo que reagruparse para seguir todos juntos. Breve estancia en el Collado. Decidimos no subir por la falta total de visibilidad. Habrá que preparar un tercer intento. El progreso hasta aquí fue rápido y nuestro sudor nos costó.
Nos encaminamos luego hacia la canal del Valleyón, que tiene evidentes restos de explotación minera. Todavía se mantiene un cable para bajar los cangilones. En la escombrera restos de malaquita y azurita. Estos carbonatos de cobre acompañan con frecuencia a las formaciones calizas. Bajamos la canal buscando un buen camino que comunica las cabañas. La niebla a esta altura era mucho más ligera y nos permitió orientarnos con mucha más facilidad. El paredón que teníamos enfrente era el Porro Moneru de 739 metros y detrás de nosotros debimos dejar el Pierzu y el Carriá. Afortunadamente en esta ocasión la senda estaba libre de escayos por lo que pudimos pasar sin dificultad.
Oíamos al arroyo Carmeneru, cantarín. Atravesamos el bosque del
mismo nombre repleto de ablanos. Llegamos a la riega abundante de aguas y que se va cerrando sobre las paredes del Porro Moneru formando una impresionante foz llamada de Carmeneru en algunos mapas y de Palombierda en otros. A su salida unas pequeñas cascadas en una sensible bajada del nivel del cauce. El calor de la semana pasada derritió mucha nieve haciendo bajar aguas turbulentas. La senda que seguimos por encima del cauce es preciosa, preciosa, preciosa. Sólo faltan trasgos escondidos bajo alguna faya centenaria, pues el Grupo de Montaña ya pone
varias “xanas”. Por este camino paralelo al río llegamos a la braña Cornieru que tiene una buena casería hoy amenazada de ruina porque ya nadie quiere vivir en tal aislamiento.
Estábamos en terreno conocido. En la anterior excursión buscamos con detenimiento un puente para cruz
ar el río ancho y crecido. No conocíamos la salida natural de este valle. Tras breve subida entramos al sedo que serpentea por la Cuesta Siña. Un impresionante trazado que permite salvar una pared casi vertical. Solo esta bajada ya justifica una aproximación a este rincón perdido de Ponga. Siguiendo la buena senda pasamos por encima de Siña, que esta vez, como la anterior, solo unos muy pocos se
acercó a vidsitar. Recuerdo todavía con nitidez la Torre de Siña, edificio de cantería abandonado por la incuria en espera de mejores tiempos, un edificio que fue el centro de una intensa vida comercial. Pasamos junto a la ermita San Antonio, después de habernos incorporado a la pista hormigonada que nos deja en Villaverde.
Desde esta altura la vista de Argolibio es como de postal. Se ven algunas construcciones nuevas en la distancia. A la salida de la aldea de Villaverde nos esperamos unos a otros. Un pastor nos indicó que había un buen camino que bajaba hasta Santillán, paralelo a la Sierra de Trexerru. La descripción que llevábamos del grupo La Curuxa, nos indicaba que por ese sendero se podía pasar a Los Llanos hacia Precendi. Los pocos que siguieron esta ruta llegaron una hora antes y ¡no se mojaron!
El resto, obedeciendo a Don “Gepe Esé”, bajamos carretera abajo camino de Argolibio. Íbamos buscando un “beyu” para atravesar la Sierra de Trexeru por el Sureste. En una de las revueltas de la carretera entramos por un camino a una casería en casi ruina pero con una espléndida panera de hojas talladas. (Queremos ver esas fotos, Pablo). No encontramos más paso que atravesar la pradería al
río Carmeneru que discurre muy por debajo de la cimera aldea de Argolibio a los pies de la Sierra de Valdeoña. Muy guapo río, perdido entre castañares. Corre fuerte el agua. A partir de aquí se puede cruzar el crecido regato de varias maneras: Saltando con mucha habilidad entre las piedras, o haciendo equilibrios sobre un improvisado y temblón tronco, tal vez mojándose las botas para comprobar si ponen el goretex también
por dentro, o entre los amorosos brazos de Clemente que da buena seguridad. Otros, más prudentes, vuelven sobre sus pasos para buscar el “Camín Real de Amieva” (P.R. 149) que arranca un poco más abajo por la carretera, en una cerrada curva y traspasando una portilla de forja. Por cierto según algún libro este mismo sendero de Pequeño Recorrido (no Punto Romántico, querida) se puede coger ya en la misma ermita de San Antonio. Es una antigua calzada romana que se bautizó como “Ca
mín de la Reina” cuando pasó por ella Isabel II en dirección a Covadonga.
Una vez que estamos en este marcado camino pasear por aquí es un nuevo placer para los sentidos. Una ruta entre castaños centenarios en formas caprichosas. Han sufrido un incendio reciente pero algunos ejemplares añosos han
revivido a pesar de estar semicalcinados. Pasamos por encima de otra foz de la que no sabemos su nombre. Otro rincón para no olvidar. Perdiendo altura poco a poco nos acercamos al Sella, rugiente con su gran avenida de agua. Caudal que aumenta cuando el poderoso río Cormeneru desaparece en el gran Sella de borboteantes aguas. Poco después pasamos el puente Les Vegues, un arco de ladrillo. El camino está poblado de bellos rincones y de restos de antiguas corras.
Llueve intensamente. Estamos cerca, pero no se acaba
nunca. Los carteles nos informan del desvío que en ruta hacia Pen nos permitiría seguir por la ruta del río Beyu, “El encanto de la mitología”. Atravesamos el Sella por el puente Precendi. Todavía no es nuestro destino. Seguimos bajo el aguacero un kilómetro más. Sólo nos queda cruzar el puente colgante para entrar en Santillán y poner fin a esta esforzada ruta que nos ha l
levado a recorrer unos veinte kilómetros en siete apuradas horas. Pena de tiempo. Hubiera podido ser todavía una ruta más disfrutada si hubiéramos podido acceder a la balconada del Teyéu sobre los Picos de Europa. Pero no nos quejamos, la jornada, aunque cansada, estuvo bien. Como decía el filósofo “no se ama con profundidad algo que no se ha sufrido previamente”. ¿No se está describiendo con acierto nuestra afición a la montaña? Comimos en Puente Dobra, en el restaurante del mismo nombre, a la izquierda de la carretera camino de Cangas de Onís y quedamos muy agradecidos por el trato recibido, como no puede ser menos. Volveremos a los altos de Siña, seguro.
Para el día 9 de abril lo previsto en la hoja de ruta es subir al Cellón desde Pajares, unos setecientos metros de ascensión, de allí pasar al Pico Pájara y volver a Arbás del Puerto en una ruta casi circular. Puede estar nevado todavía. Para esta salida necesitaríamos una pequeña ayuda con el tiempo. Pero estamos seguros que con el Grupo Las Xanas que no hay salida pequeña. Así que ánimo y a la Cordillera de nuevo.
FRESINES
1 comentario:
Brillante
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