miércoles, abril 21, 2010

RUTA DE LAS MAJADAS

El pasado sábado día 17 nos propusimos realizar una ruta por los alrededores de los Lagos de Covadonga, uniendo entre si, una serie de majadas. Al final lo conseguimos, resultando una experiencia interesante y satisfactoria.

No se si por la ausencia de Manolo, cabeza, guía y contenedor de impulsos desaforados, de los que más prisas tienen, o a consecuencia del lugar en el que nos encontrábamos, los Lagos, muy conocido de la mayoría, el caso es que la euforia se desbordó y lo que debería ser un grupo compacto, se convirtió en una banda desperdigada por toda la zona. Ya desde el principio me trocó enmendar alguna trayectoria a gritos desde la parte trasera del todavía grupo, pero traspasar Fana, la cosa se desmadró y cada cual tiró por donde le dio la gana. Por eso mi relato a lo mejor no se parece en mucho a lo que algunos hicieron, pero es el recorrido que yo hice y prácticamente, el que estaba propuesto.


El autocar nos deja muy cerca de la majada de Teón, en la carretera que sube de Covadonga a los Lagos, a los pies de la conocida como Peña del Elefante, por su semejanza a la cabeza de este proboscidio. De la carretera sale una pista de buenas dimensiones a mano derecha, por la que comenzamos nuestra andadura. Al poco se produce unabifurcación por la izquierda que debemos desechar para descender dejando la Cabeza del Elefante a la derecha. Tras un par de curvas la pista finaliza en las praderas de la majada de Fana, salpicadas de algunas cuidadas cabañas.


Atravesamos la pradera dejando a la derecha las cabañas y por un sendero bien marcado, nos dirigimos con dirección suroeste hacia la majada de Acevu y el nacimiento de un pequeño arroyo que cede sus aguas a La Beyera que poco más abajo formará el Río Pelabarda. En una bifurcación debemos abandonar el camino más marcado que baja al Bosque de Pome, para cruzar el mencionadoarroyo y comenzar a subir por las faldas de la Sierra La Muda.


Debemos fijarnos bien, pues el sendero se encuentra prácticamente cubierto por las cotoyas y la maleza, pero existe y siempre con tendencia a subir. Una buena parte del grupo optó por hacer una travesía con ligera tendencia al descenso y luego algunos lo pagaron con fuertes arañazos de las cotoyas, que en aquella zona eran más altas y cerradas.


El o los senderos, pues son de ganado y no siempre siguen el mismo, se va haciendo cada vez más evidente y marcado, circulando por una zona de agrumas y rocas, hasta situarnos en la parte alta donde se encuentran los restos de la majada de Moroñes, en cuyas verdes camperas recompusimos en parte, el diseminado grupo.


Por poco tiempo. Saliendo de Moroñes, una parte descendió por los prados mientras que el resto cogimos un sendero en ascenso y bien marcado, con más semejanza a la dirección que marcaba el GPS. El sendero asciende entre rocas y cotoyas pero más abierto que los anteriores. Como el GPS me seguía indicando que la dirección a seguir era hacia la izquierda, me fijé y tomamos, un caminillo que se medio perdía entre la maleza, pero que en ascenso se dirigía al siguiente punto que teníamos marcado.


Con la nueva dirección vamos subiendo entre cotoyas y rocas pero sin problemas importantes. Alcanzamos una zona con algo de pradera y unos árboles y el sendero comienza a ser más patente y siempre en ascenso hasta alcanzar el collado. Bueno, se trata de Los Collados, una extensión de terreno que desciende de la Porra de Enol hacia el sur. Nosotros avistamos la Vega de Enol entre el Cuetu Espineres y el Porru les Llampes.


Las vistas desde este collado son estupendas pese al día que no nos ofrece buenas luces para la zona de la Torre de Santa María, muy cubiertas de nubarrones que no nos dan mucha confianza. Nosotros y toda la Vega de Enol a nuestros pies, tenemos sol, pero las nubes nos amenazan.


Tras un descanso para contemplar las vistas y hacer algunas fotos, comenzamos el descenso por el senderillo que traíamos, aunque no es necesario, ya que se puede bajar por cualquier parte. Enseguida pisamos la verde alfombra de la vega y contemplamos el Lago Enol vigilado de cerca por la Peña el Bricial.


La ruta la continuamos por la cara sur del Bricial, siguiendo el sendero señalizado que tras pasar por la majada del Bricial, dando vista a lo que fue el tercer lago de la zona, hoy totalmente colmatado, llegamos a las cabañas de Las Reblagas, muy cerca del Lago Ercina. Justamente por el extremo sur de este pasamos a buscar el camino de la Vega de Ario a la altura de las cabañas de El Brazo, pegadas a la caliza del Pico Llucia.


Caminamos un rato por la ruta de Ario en ascenso y justo cuando se termina un corto descenso en el recorrido, seguimos un sendero a la izquierda que nos eleva por las laderas del Pico Brañasotres a cuya cumbre llegamos en pocos minutos.


El Brañasotres es la elevación que se une al Pico Llucia por el Collado La Texa. Es una lomera cubierta de cotoyas de poco porte, que nos ofrece unas buenas vistas del Central, que nosotros pudimos ver por poco tiempo, ya que las nubes lo cubrieron enseguida. También sirve de mirador sobre la majada de Balbín y el Pico Jascal. La profunda cortada del Río Casaño también se vislumbra, al igual que la masa montañosa que le hace compañía.


El descenso lo realizamos al este, al final del cordal, para bajar por las praderas que dan al norte. Hay un sendero que nos facilita el descenso pero que tampoco es necesario. Pronto alcanzamos las cuidadas cabañas de la bonita majada de Balbín. Cruzamos su verde pradera y salimos por el norte a la Vega Las Mantegas para continuar por la base del Cantón de Texeu, subiendo por las Cueñas del Cantón, que se dejan ver ya desde la Vega Las Mantegas. Es una mancha clara que se ve a la izquierda del Cantón de Texeu. Se trata de un ancestral camino de piedra que nos lleva al Colladin del Cantón, donde sale al norte la pista que baja a Demues y Benia de Onis, y desde donde ya vemos la verde explanada de Comeya esperándonos.


Nosotros nos descolgamos por le Valle las Llampazas por donde discurre un sendero de buen caminar que nos deposita en el Llano Pipón, por cuya verde campiña alcanzamos las cabañas de La Rondillina, puerta de entrada a la extensa y llana Vega de Comeya.


Las primeras gotas de lluvia hacen su aparición y una tormenta nos entra de Peña Santa siguiendo nuestro mismo camino pero por delante de nosotros, lo que nos evita una mojadura. Las gotas solo fueron un aviso y atravesamos con tranquilidad la preciosa vega, hoy poco encharcada. A la altura del lugar conocido como La Fábrica, cogemos la pista de tierra que a través del Collado Uberdón, nos transporta hasta la carretera de los Lagos, en el lugar conocido como la Huesera, donde ponemos punto y final a esta interesante ruta.


Para el sábado día 24, si el tiempo y la nieve nos lo permiten, queremos contemplar el Macizo de Picos de Europa desde el Coriscao y descender posteriormente a Pido y Espinama. La ruta que proponemos es:


Puerto de San Glorio (1.617 m) – Collado Llesba (1.681 m) – Collado de la Guarda (1.801 m) – Peña Gustal (1.947 m) – Collado de Valdeloso (1.981 m) – Pico Coriscao (2.234 m) – Cabaña de Salvorón (1.580 m) – Valdelosmaderos (1.150 m) – Las Barcenas (1.050 m) – Pido (930 m) – Espinama (877 m)


Una bonita ruta desde la que podemos tener unas preciosas vistas de Picos y si el tiempo acompaña, unido a la nieve que seguramente cubre las laderas del Coriscao, podremos disfrutar de un gran día de montaña. La inscripción está abierta y los teléfonos a la espera. No demores la llamada o te puedes quedar sin plaza. Os espero.

miércoles, abril 14, 2010

UN BALCON SOBRE EL SELLA

El Cantu Loto o la Pica Loto, es el último bastión de la alargada sierra que comienza en Amieva para morir en tierras leonesas de Sajambre. Después de él, el abismo. Abismo que lo rodea casi por todos sus lados, pues las caídas que tiene tanto sobre el Desfiladero de Los Beyos, como sobre Sajambre, son de pánico.

Pues a conocer este baluarte nos fuimos el pasado sábado día 10, con el autocar a tope y dejando gente en casa a causa de las limitaciones que nos impone la carretera que sube a Soto de Sajambre, que no permite el paso a autocares de grandes dimensiones. Así que 30 valientes se enfrentarían a los abismos y al terreno “rompepiernas” del Cantu Loto.

Tras atravesar la estrecha carretera de Soto de Sajambre, el autocar nos deja a nuestra suerte en este bonito pueblo leonés. Atravesamos sus calles y salimos del pueblo por la pista que se dirige a los Puertos de Beza, contemplando las primeras imágenes de la Peña Santa.

La senda es suficientemente conocida, por lo que no necesita ninguna presentación. Al llegar a los Collaos, en vez de seguir subiendo a la derecha camino de la Portillera de Beza y de la Senda de arcediano, abandonamos el PR para, de frente, ir subiendo por las praderas a buscar las faldas de Peña Parcia a la que subimos por un sendero bien empinado.

La subidita es corta pero dura y lo peor es que una vez arriba, tenemos que volver a bajar. El descenso hacia el suroeste es una estrecha franja de terrenos herboso muy pendiente, lo que a la mayoría nos obliga a buscar mejores pasos, cosa que encontramos descendiendo con muchas precauciones al bosque que tenemos a mano derecha.

Una vez en el bosque del Monte Parcia, encontramos un sendero no muy marcado, que nos lleva casi en llano al collado que se forma entre Peña del Acebo y Peña Llava, dejando a nuestra izquierda la afilada cresta de la Peña del Sedo.

Salimos del bosque y con una muy buena vista de Oseja de Sajambre a nuestra derecha, comenzamos a subir las últimas rampas de acceso a la Pica Loto. Llegamos a la parte alta de la cresta y nos sorprenden las profundas caídas hacia el Sella que por nuestra izquierda nos intimidan. Tras un corto recorrido por toda la cresta, alcanzamos al fin la cumbre del Cantu Loto.

Las vistas son estupendas gracias a la magnífica climatología del día. La Peña Santa, acompañada del Torco, Los Moledizos y La Bermeja. También el Cantu Carbonero y Beza con algo de nieve, le hacen compañía. Por la derecha el Jario con Soto de Sajambre a sus pies y siguiendo en la misma dirección en un giro completo, Oseja y la Pica Ten, el Pozua, Niajo, Peña Ten y Pileñes, Collau Zorro, Tiatordos, Campigüeños, la Llambria, El Pieza y el Carria y entre ellos y nosotros, un abismo inmenso de cortadas, praderas y peñas. Al otro lado del Sella, Casielles con Peña Salón, Peña Subes y el Sen de Los Mulos. Más a la derecha, bajo las caídas del Carria, vemos las casas colgadas de San Ignacio de los Beyos. Tras el Carria aparece en la lejanía el Sueve.

Da pena abandonar esta terraza de magníficas vistas y aún menos con la climatología que es estupenda y se agradece el estar tomando el sol en este magnífico lugar. Pero tras las fotos de rigor, no nos queda más remedio que iniciar el descenso y lo hacemos por el mismo camino por el que llegamos, volviendo a ver las caídas sobre el Sella, esta vez a nuestra izquierda. Descendemos hasta el collado a los pies de Peña Llava desde donde descenderemos a Güembres.

Para ello, hacemos uso del sendero que sale a nuestra derecha por un profundo canalón de buena inclinación, en el que tenemos que poner todos nuestros sentidos para evitar caídas. El sendero es de tierra y gracias a que estaba seco no tuvimos ningún problema. Otra cosa sería que hubiese humedad. Descendemos poco a poco y alcanzamos las praderas de Güembres donde hacemos un corto descanso para recuperarnos.

Seguimos ruta con dirección sur, caminando por las praderas sin ningún problema e introduciéndonos en un bosquecillo en el que nos topamos con una cabaña de la majada de Cerezaledo. El sendero continúa descendiendo y en algún punto dejamos una bifurcación a la derecha que nos llevaría a la derruida Ermita de San Pedro. El caso es que nosotros seguimos por el sendero a la derecha y llegamos a un cierre de alambres tras el que se abre una verde pradera.

Accedemos a ella y por la izquierda, salvando una importante caía, desde la que se ven las ruinas de la mencionada ermita y junto a ella algunos de nuestros compañeros que si dieron con el sendero oportuno. Nosotros desde la pradera vemos abajo la carretera a la que pretendemos llegar y así lo hacemos, muy cerca de la central hidroeléctrica entre Cobarcil y Ribota, después de seis horas y media de ruta, incluyendo las paradas realizadas.

Una ruta dura y rompe piernas, pero de una belleza abrumadora. Todos quedaron contentos del recorrido realizado y satisfechos de las vistas contempladas. Una ruta que merece la pena hacer aunque solo sea una vez en la vida.

Para la próxima semana tenemos ruta por los Lagos de Covadonga. Quereos hacer una circunvalación de los lagos, utilizando uniones entre majadas de la zona. La ruta que vamos a hacer es:

Fana (954 m) – Acevu (880 m) – Moroñes (930 m) – Pare del Arco (940 m) – Vega la Cueva (1.100 m) – El Bricial (1.130 m) – Las Reblagas (1.150 m) – La Canaleta (1.120 m) – El Brazu (1.200 m) – Pico Braña Sotres (1.335 m) – Collada La Texa (1.262 m) – Belbin (1.052 m) – Vega Las Mantegas (1.043 m) – Colladin del Cantón (1.068 m) – El Apretadoriu (886 m) – La Fábrica (826 m) – Collado Uberdón (925 m) – La Huesera (800 m)
Los que quieran disfrutar de una agradable ruta por la zona de los Lagos de Covadonga, que me llame y que no lo demore demasiado, que se quedará sin plaza. Ya quedan pocas. Espero vuestras llamadas.

miércoles, abril 07, 2010

CRÓNICA DE UNA JORNADA DE MONTAÑA CASI PERFECTA

El sábado día 3 de abril de 2010 salimos con unas nubes muy amenazadoras hacia las altas tierras de Piloña. Llegamos a la Collada de Arnicio sobre las 10 de la mañana gracias a la habilidad del conductor que atajó por Bueres y tuvo que sortear algunas ramas de la estrecha carretera.


El cielo hacia el este amenazaba lluvia inminente pero el viento constante y racheado mantenía las nubes pegadas a los Picos de Europa.


Emprendimos la cómoda subida al Faceu por la marcada senda para superar los 316 metros de desnivel previstos. Con una senda tan cómoda no nos molestamos en subir a la Biseca ni al Cobayón. Llegamos al pico con toda la calma del mundo 21 montañeros. Y ahí nos estaba esperando un auténtico regalo de la naturaleza: Una preciosa vista circular de 360º en la que más de la mitad de los montes y cordales asturianos estaban a nuestra vista. El cielo había cambiado porque, aunque seguía encapotado, no amenazaba con descargar agua; un viento constante y helador se lo impedía. La vista maravillosa: Es de los pocos sitios en los que se puede ver el Pienzu y el Pierzu a la vez. (En un ángulo de 60º, porque lo que hierve a 90º es el ángulo recto, Manolo dixit).


Estuvimos discutiendo sobre el conjunto de foces que se ven al Oeste del pico: una de ellas es la que da a la aldea de Tozo, según Mar (gracias por la información), la siguiente La Foz del Argañal y una tercera más abierta formada por el río Pandoto, debajo de la peña del mismo nombre.

Uno de los paisajes que más llamó la atención de la gente fue la Peña de Trallán (1247) que casi todo el grupo recordaba por la pasada del Trallán y que muchos pedíamos repetir para acertar esta vez con el camino por el río.

Tras una hora en el Pico y sin casi tiempo para hacernos una foto colectiva (porque Isa nos abandonó corriendo desventía tras Lito), emprendimos la bajada por el camino real del Sellón, GR 102, ruta antigua, bien trazada, de descenso suave, tapizada en verde, una maravilla.


Bajamos con toda la calma del mundo siempre paralelos a la sierra de Xiblianiella. Pasamos por la campa de Pendoles, prau de fiesta con una hornacina muy curiosita, y tras pasar por la aldea de San Vicente con su preciosa iglesia, bajamos hasta Otero, a tres kilómetros de Infiesto. Allí nos esperaba el autocar (4,20 h) y muy oportunamente comenzó a llover con ciertas ganas. Uf, nos libramos.


Precioso día, muy fotogénicas vistas.


El próximo sábado la Pica Loto, en Soto de Sajambre, monte que continúa el pico LA CONIA donde estuvimos el año pasado. Otra excursión IM-PRES-CIN-DI-BLE.

FERNANDO RESINES

jueves, abril 01, 2010

PEÑA PEDROSU

Peña Subes tiene otros nombres algo más apropiados que por el que la conocemos. En algún mapa de Schulz aparece como Peña Torbeñu, quizá tomándolo del adyacente collado desde el que se suele realizar la parte final de la ascensión. Y en Viboli los más antiguos del lugar, la llaman Peña Pedrosu, que también tiene su lógica ya que en su ladera oeste se encuentra el Monte Pedrosu. Pero desde el sábado pasado tiene otro nombre, esta vez puesto por los integrantes del Grupo de Montaña Las Xanas que la conquistaron: Peña Maravillosa.

Maravillosa era la expresión más común cuando se hablaba de la ruta. Fue una palabra repetida multitud de veces para tratar de expresar algo que en aquel momento no podíamos definir con palabras. Y no es para menos. A la dura, pero entretenida ascensión a esta emblemática cumbre, debemos añadir el magnífico día que la climatología nos brindó. Gracias a él, las estupendas vistas que la cumbre brinda, pasaron a ser fabulosas, maravillosas, divinas.


Pero empecemos por el principio. El Autocar nos deja delante del bar ubicado junto al Puente Huera o de Ajuera, que aún se encontraba cerrado. Tras descargar todos los bártulos, nos pusimos en marcha por la carretera, en muy mal estado, que comunica este lugar con los casi abandonados pueblos de Viboli y Casielles. Dicha carretera transcurre por un espacio inverosímil ganado a la montaña y con el rugiente río Viboli al otro lado, discurriendo por el estrecho y profundo barranco.


Antes de la carretera, el camino estaba compuesto por andamios de madera que colgaban sobre ese mismo barranco permitiendo el paso de personas y animales. De aquí que se conozca a la zona como la Foz de los Andamios. Por ella debemos recorrer como un kilómetro antes de llegar a la altura del Punte La Sota del que parte otra carretera con un ciento de curvas que sube ladera arriba hasta el Alto La Iglesia del pueblo de Casielles.


Frente al puente, en el lado opuesto de la carretera de los Andamios, parten dos caminos, uno a la izquierda que se dirige al Valle Yorgosu, y otro a la derecha que sube más vertical por las laderas del Monte Cabañin. Este segundo es el que nosotros elegimos como acercamiento a la cumbre del Pedrosu. No todos, ya que un pequeño grupo quiso probar otra subida que desde la cara oeste de la Sierra de Miesca, transcurre por la Canal de Bodiellu. Para ello continuaron por la carretera en dirección a Viboli hasta cerca del cruce que se dirige al pueblo, para coger un camino o pista que sale con dirección este, a buscar la mencionada canal, por la que se atraviesa la Sierra de Miesca hasta dar vista a la Majada de Miesca donde se unen a la ruta que nosotros estamos iniciando.


Nuestro sendero sube dando zigzag con una inclinación importante que nos corta la respiración. Pero pronto nos aclimatamos a la dura subida y esta parece que se hace menos dura, gracias en parte, al buen trazado del camino. Entre viejos y robustos castaños va subiendo la senda hasta alcanzar un primer collado en el que vemos restos de las construcciones de una de las minas que antaño hubo en esta zona. Estamos en La Boya.


Si miramos atrás podemos contemplar en la parte baja, las casas de El Cándano, muy cerca de la carretera y del puente de La Sota. También contemplaremos la serpenteante carretera que sube a Casielles y claro está, las casas de este pueblo y la iglesia en todo lo alto. Por la izquierda la caliza del Pico Vibolines y la alta majada de Tuba. A la derecha, las paredes pétreas de Derrabau y la cerrada Canal de Viarcellos con la redondeada cumbre del Valdepino a modo de tapón.


Pero debemos seguir subiendo que aún nos resta mucho camino. Lo hacemos ahora por una zona herbosa salpicada de cabañas en mejor o peor estado de conservación y comenzamos a vislumbrar nuestra cumbre. El camino se pierde a veces entre la maleza pero no es difícil averiguar por donde ir: para arriba todo el tiempo.


Alcanzamos un nuevo hombro y al fondo podemos ver la amplia collada Torbeñu y a la izquierda la silueta de Peña Ñorin, de difícil trepada. Aquí debemos decidirnos por uno de los dos posibles caminos a tomar. Si cogemos el de la izquierda subiremos toda la lomera cubierta de maleza hasta la Collada Torbeñu y desde esta, ala derecha, alcanzaremos la Collada Ceñal. Pero para llegar a la Collada Ceñal, también lo podemos hacer yendo por la derecha, que al final es por donde fuimos nosotros, descendiendo a las verdes camperas de Muesca, donde ya vemos algunas de sus cabañas.


Como digo, así lo hicimos y ascendimos por su empinada cuesta, alcanzando el pequeño bosque que la cierra por arriba. Cuando después de bastante tiempo, por la dureza de la cuesta, y tras cruzar el bosquecillo, vemos a la derecha las ruinas de lo que fue un almacén de la desaparecida mina de cobre de Ceñal. Cerca de nosotros, otras ruinas nos llaman la atención. Se trata posiblemente, de los restos de un cargadero.


Si seguimos subiendo con tendencia un poco a la izquierda, alcanzaremos la ya nombrada Collada Ceñal, pero nosotros lo hacemos con tendencia a la derecha que parece más lógico, ya que en esa dirección se encuentra nuestra cumbre.


Sea de una u otra forma, alcanzamos el final de la cuesta de lo que nos damos cuenta rápidamente, pues de seguir de frente, descenderíamos con verticalidad a Tolivia. No queda más que seguir subiendo por le borde de la cresta. Un sendero apenas marcado, nos dirige hacia la cumbre. Así alcanzamos la antecumbre y ya solo nos resta el tramo final, que podemos hacer por la derecha o por la izquierda. Por ambos sitios hay sendero.


La cumbre de Peña Subes es una fina cresta de piedra en la que nos encontramos con una cruz de hierro y su buzón montañero y una placa colocada por el Grupo de Montaña Las Xanas, en recuerdo del montañero de grupo Teran, muerto en estos lugares un día de noviembre, tras hacer cumbre, cuando se dirigía hacia el Sen de los Mulos por la cresta que los une.


El descanso en esta cresta, trae consigo las vistas que al comienzo de este escrito comente y así las alabanzas por esas mismas vistas. Al frente, por donde vinimos, El Cantu Cabronero y Peña Beza hacen de anfitriones a la reina del espacio, la Peña Santa totalmente cubierta de hielo. Si de hielo, pues esa es la sensación que tenemos al mirarla. A su lado el Torco es como un cubo de hielo. Igual que las estilizadas cumbres de las Torres de Enmedio y de la Horcada. A la derecha, tras un corte, Los Moledizos nos dan paso a La Bermeja y tras ella, EL Central nos separa del Jario que a su vez nos da paso al valle que forma el Sella al abrirse en tierras leonesas de Sajambre. Por el otro lado ese valle está cerrado por el Niajo y el Pozalón, cuya mole tenemos muy cerca. Más cerca aún se encuentra la contigua cumbre del Sen de los Mulos. Siguiendo en la misma dirección, otras dos moles nos intimidan. Son Peña Ten y el Pileñes y más a la derecha el Collao Zorro, al que le siguen el Tiatordos, Campigüeños, La Llambria, Pierzu y Carria, con quien cerramos el círculo.


No solo la cumbre es un magnífico mirador, el día, con un bonito cielo azul con algunos retazos de nubes, hace destacar de manera especial el blanco manto de nieve-hielo de algunas cumbres, dándoles una visión especial. Maravillosa.


Aunque el lugar es maravilloso y el día estupendo, aún nos resta mucho camino y es tiempo de pensar en el descenso. Quizá por eso, por lo grato de la estancia, hicimos el descenso por turnos. Algunos nos resistíamos a abandonar la cumbre y cuando la dejamos, quedaban solo la cruz y la placa.


Lo que subiendo era una pindia cuesta, para el descenso se convierte en una pronunciada caída, con muchos resaltes, pero que debemos acometer con precaución. Desandamos todo lo recorrido hasta el Collado Ceñal del que sale por la derecha un sendero por el que rodeamos el montículo que nos separa de la Collada Torbeño.


Descendemos a la amplia collada dando un último vistazo a Cabroneru y Beza, en esta ocasión acompañadas de la cercana cumbre de Ñorin. En el centro de la collada hay una piedra redondeada y desde allí comenzamos el descenso a la derecha, sur. Algunas cabañas y cierres de prados es lo que queda de la humanidad por estos lares. El descenso es una pradera al principio, para cruzar después el cierre de piedras y volver a cruzarlo más abajo, un poco a la izquierda donde da comienzo un sendero que va haciendo zigzag por la empinada ladera. No tiene pérdida, ya que de lo que se trata es de descender y por el centro del valle también se puede hacer, pero el sendero tiende a la derecha convirtiéndose en una pista más amplia que sigue dando vueltas para acercarse a las primeras casas de Tolivia.


Tolivia es una desidia. El pueblo casi ha desaparecido y lo único que vemos son restos de edificaciones de buen porte, cubiertas de maleza. Los tejados casi han desaparecido todos y los que quedan, pronto lo harán. Desde la última vez que estuve aquí se ve palpablemente la destrucción de un trozo de nuestra cultura. La fuente, con la indicación de “año 1928”, está inutilizada. No sale agua por su brocal aunque si que hay, pues el entorno está completamente anegado. Lo único que aún queda en pie, es el pequeño hórreo beyusco, con tejado a dos aguas, bajo el que tenemos que pasar para dirigirnos a lo que queda de la iglesia. La casona que hay junto a él, está a punto de desmoronarse y posiblemente que cuando lo haga, el hórreo correrá la misma suerte. De la iglesia no quedan más que los muros y la espadaña y un minúsculo cementerio en el que hay una sola tumba. Es una pena, pero cuando salimos de allí, creo que un suspiro de despedida salió del corazón de muchos. Quizá sea la última vez que podamos recordar que allí hubo un pueblo.


Por la izquierda de la iglesia, según se mira su espadaña, sale un sendero señalizado con marcas de color amarillento, que nos indican el camino a seguir para descender al Sella. El sendero asciende a cruzar la Horcadita de Tolivia, donde dejamos de ver el pueblo y se nos abre la vista hacia el vacío por el que discurre el atormentado Río Mojizo, tras recibir las aguas del Canalita y de la Riega de Las Cruces que viene de Tolivia.


El sendero armado y de buen caminar, circula por toda la pared de nuestra izquierda bajo los desplomes de Peña Ñorin. A nuestra derecha el descenso vertiginoso hacia el río y enfrente, muy abajo, la carretera de los Beyos y el Sella. Vamos descendiendo poco a poco, pasando primero al lado de un paredón rocoso en el que hubo algunos cierres que sirvieron de cuadra para las cabras. Es la Cueva el Beyo. Se extiende por un rato siguiendo el camino. Luego, tras una curva a la izquierda, el sendero empedrado pasa entre dos rocas haciendo una curva a derecha para evitar el profundo descenso al río y tras un zigzag, volvemos al sendero de tierra con el que llegamos a un hombro desde el que vemos el resto del camino que nos queda. Es el Colladín de Espina.


Descendemos como por una escalera de caracol para situarnos frente por frente al Puente Espina que cruza el Mojizo a sorprendente altura, en un estrechamiento de la foz que tal parece que estamos en una cueva. Por debajo del nuevo puente de hierro pintado en color verde, vemos los restos del antiguo puente de hormigón.

Al otro lado del puente, el sendero asciende con el sella a nuestra izquierda, hasta las Cuernas de Quixiendi, la parte mas alta del sendero que parece atravesar una cueva, para luego descender en zigzag por un camino de tierra hasta el nuevo puente de madera de Vaguardo, por el que cruzamos el Sella para subir por el margen opuesto a la carretera de los Beyos. Como el autocar era grande, tuvimos que caminar cerca de dos kilómetros por la carretera, dirección Asturias, ya que nos encontramos en la provincia de León, hasta llegar al aparcamiento donde pusimos punto y final a esta dura pero gratificante ruta por tierras de Ponga.


La próxima semana el grupo pretende hacer la ruta que el pasado año quedó pendiente a causa de la niebla. Vamos a la Collada de Arnicio para subir al Pico Faceu y descender a Infiesto por el Selló. La ruta es:


Collada de Arnicio (916 m) – Collado Muezca (1.088 m) – Pico Faceu (1.232 m) – Collada Llamosa (805 m) – El Sellón – Lozana (335 m) – Santianes (274 m) – Infiesto (176 m)


Las inscripciones ya están abiertas pero he de deciros que en esta ocasión tenéis que llamar a Jorge (680358404) o a Lito (985220027 – 669189569). Que lo paséis muy bien.