miércoles, marzo 03, 2010

EL DÍA QUE NOS VISITÓ XYNTHIA, LA CICLOGÉNESIS EXPLOSIVA

LOS MOLINOS DEL PROFUNDU

La propaganda de los últimos días no podía ser más alarmante en lo concerniente al temporal que se avecinaba. Una “tormenta perfecta” corría rauda desde le Atlántico, en dirección a nuestra tierra y los presagios no podían ser más desalentadores: vientos de mas de 160 kilómetros por hora que afectarían a España desde el viernes por la noche hasta el domingo por la mañana y más concretamente, en el norte, lo haría desde el mediodía del sábado hasta la mañana del domingo.

Puestas así las cosas, casi me vence la duda: Con la “ciclogénesis explosiva” en ciernes y la amenaza del Principado de cobrar a los montañeros imprudentes (solo a los montañeros) las tasas del helicóptero, eso si, sin ánimo recaudatorio, no me quedaba más remedio que plantearme si salíamos de ruta este sábado o no lo hacíamos.

Al final, y tras las últimas noticias sobre el ciclón que ponían su llegada a las 9 de la noche, decidí que no había motivos para temer nada, máxime cuando la ruta programada no alcanzaba cotas de importancia (la mayor altura estaba fijada en los 319 metros del final en Buslad). Así las cosas, no creo que nos puedan tachar de temerarios por realizar la ruta de los Molinos del Profundu, por tierras entre Villaviciosa y Cabranes.

Sin viento pero con fina lluvia, iniciamos esta ruta por el PR AS-137, en el pueblo maliayes de Valvucar, sito en la carretera As-255 de Villaviciosa a Infiesto atravesando el concejo de Cabranes. La senda comienza al lado de la curiosa puerta de entrada a la Finca de la Vega, donde también hay un cartel anunciador de la ruta. Allí mismo, bajo el puente por le que pasa la carretera, podemos contemplar los restos del primer molino, Molín de Peña, del que solo queda su arco.

Caminamos junto al cierre de la finca para llegar enseguida a la Casa de La Vega, donde los perros que la guarda nos dan un sonoro recibimiento. Por la izquierda llega el camino que baja de Vitienes y que ya hicimos el año pasado en la ruta de Peña cabrera, ya que en este punto se unen dicha ruta, junto con el Camino de Gijón a Covadonga y la ruta de los molinos. Veremos por tanto varias indicaciones, aunque las nuestras siempre serán las verticales en las que veremos escritas y señalizadas la dirección desde la que partimos, Valvucar y la de destino, Buslad.

El primer molino con el que nos encontramos es el de Griselda, que nos queda un poco apartado del camino, a la derecha y al otro lado del río. El camino es ancho pero notaremos que en muchas ocasiones es una parte del propio río que se desborda. En esta ocasión el agua estaba desplazada por le barro que fue muy abundante. Caminamos entre árboles que por momentos se convierten en una verdadera selva si no fuese por el sendero que se encuentra bastante limpio en casi todo su recorrido.

El musgo debido a la humedad, lo cubre todo: piedras árboles y maderas. El paisaje es verde y el murmullo del agua nos acompaña constantemente. El siguiente molino está más alejado y primero, al alcanzar el asfalto, pasamos por Villaverde y contemplamos la hermosa edificación de la Quinta de Villaverde. Luego, un poco más allá nos anuncia el Molín de Villaverde, pero no lo vemos. Hay que desplazarse cruzando el río por la pasarela de hormigón y seguir el sendero por el otro margen del río hasta dar con el molino. Luego debemos volver por el mismo camino. Para regresar al asfalto por un espacio de tiempo, hasta encontrar el siguiente indicador que nos desvía a la derecha para retornar al camino, los árboles y el barro.

El Molín del Profundo que dicen las guías, no lo vimos. Hay una corta subida y una posterior bajada protegida con barandilla de madera. El siguiente molino fue el de Trabanco, que también se encuentra en la otra orilla, completamente rodeado de vegetación y en estado ruinoso. Muy cerca se encuentra el Molín del Pitu que tiene un puente sobre el río para poder acceder a él. Su estado es también ruinoso, como la mayoría, pero en esta ocasión podemos ver la rueda motriz. Junto a este molino parte un sendero por el que se accede a una empinada pista que nos llevaría a la parroquia de Lugás, donde se puede visitar la bonita iglesia románica de Santa María de Lugás.
El camino comienza a cerrarse un poco al tiempo que la naturaleza se hace más salvaje. En el río podemos ver algunas bonitas cascadas y tras algunos sube y baja llegamos al Molín de José Xicu, en el que podemos ver la entrada del agua que lo hacía por la parte de arriba. Muy cerca se encuentra el Molín de Perea, también con pasarela de madera sobre el río.

El camino se adentra en los verdes prados donde suele pastar el ganado y el paisaje se abre permitiéndonos ver el cielo, que aún está cubierto. Volvemos al sendero y aparece el Molín de Perniles del que casi solo queda el arco de salida del agua y algunas piedras cubiertas de maleza. En muy poco alcanzamos el Molín d’Arriba con la rueda motriz en perfectas condiciones.

Debemos cruzar el río por dos veces. La primera por una pasarela de hormigón y la segunda, volviendo al mismo margen, por un viejo puente de piedra. Frente a nosotros podemos ver en la lejanía y más elevados, las casa del pueblo de Madrera. Pisando primaveras, las primeras flores del año, llegamos al Molín de Pascual, con el arco de salida lleno de agua. Del Molín de Lalón solo queda el cartel indicador y un montón de piedras cubiertas de maleza.

Con un descenso con barandilla de madera, llegamos a los restos del Molín de La Ullina, en el que podemos ver la muela y el canal de llegada del agua, también por la parte de arriba, por el que continúa el camino, por el que llegamos a uno de los parajes más bonitos de toda la ruta, el Molín de la Peña y su cascada.

Este molino se encuentra en buen estado y es uno de los dos que se rehabilitaron. Se puede ver además de la rueda motriz, todo el molino en el interior. El alimentador del grano que cae en la monxeca, hecha de madera y con forma de tronco de cono invertido, del que va cayendo poco a poco en las muelas a través de un canal de madera, denominado cuerno en Cabranes. Una vez molido, la fariña cae suavemente en un recipiente de madera, el branzal (en este caso, toda la parte baja del molino es de cemento, incluido el branzal). Todas estas partes y algunas más, las podemos ver en este molino. El entorno ya dije que es precioso: el molino de planta cuadrada se encuentra a la derecha de una bonita cascada natural, de no mucha altura, pero si ancha, por la que caen varios regueros de agua. El agua se embalsa un poco debajo de la cascada y un puente de madera con barandilla, da acceso al molino.

Disfrutamos un buen rato de este entorno, que aprovechamos para hacernos algunas fotos de recuerdo. Luego continuamos camino, subiendo a mano izquierda, pudiendo contemplar una vez más el molino y su entorno, esta vez desde las alturas.

Siguiendo el camino pasaremos junto a otros cuatro molinos en estado ruinoso. Son los molinos de Espron, Rea, Peruya y Rosicu, para poco después acceder al último molino, el otro Molín d’Arriba, también rehabilitado y por tanto en buenas condiciones. Veremos los mismos útiles que vimos en el de La peña, pero en esta ocasión son de madera y posiblemente más reales que los anteriores. El arco de salida del agua es curiosamente apuntado, como un arco gótico. Cerca del molino vemos un depósito de agua actual.

Según las guías, hay otros dos molinos siguiendo el curso del río, pero el camino está cerrado por la maleza, por lo que no nos queda más remedio que seguir ruta y cruzar el río sin puente, si la corriente es como en esta ocasión suave, no hay problema. Pero de lo contrario, habrá que mojarse si el nivel del río aumenta. A continuación cogemos una pista que tras un kilómetro de ascensión continuada, nos lleva a las primeras casas de Buslad, donde podemos contemplar un bonito hórreo y un buen conjunto de casas. El autocar nos está esperando y por tanto, ponemos punto y final a una bonita y entretenida ruta, de las de poco esfuerzo y que nos llevó unas tres horas y media de suave caminar.

Para el próximo sábado la cosa se empina un poco y nos vamos al Hibeo o Cabeza Juralisa, cumbre de 875 metros de altura, en tierras entre Onis y Llanes. Queremos realizar el siguiente itinerario:

Villar (250 m) - -Silviella (220 m) – Belluga (250 m) – Trexeros (320 m) – Los Collaos (743 m) – Pico Hibeo (872 m) – Vega de Hibeo (680 m) – Collado de Salgar (500 m) – Pico La Peña (543 m) – Malateria (170 m) – Puente Nuevo (70 m)

Como siempre, espero vuestras llamadas. Parece que el tiempo puede ser bueno y si es así, podremos contemplar unas estupendas vistas de Picos. La ruta es interesante y la contemplación de las altas cumbres de Picos y las más cercanas al mar, son aliciente suficiente para realizarla. Lo dicho, espero que el teléfono se derrita de tantas llamadas cono recibiré.

miércoles, febrero 24, 2010

MIRADOR DEL CORNION

Los Porros de Vizcalluenga son un grupo de medianas cumbres (900 m) que cierran el discurrir del Dobra por el norte, poco antes de rendir viaje en la unión al Sella y que ofrecen unas estupendas vistas de todo el Cornión y parte de la Cordillera.

Para realizar esta ruta elegimos como inicio el bonito pueblo de La Riera, en la carretera entre Cangas de Onís a Covadonga. Pasando al lado de la iglesia cogemos un buen camino, este día bien embarrado, que poco a poco va ascendiendo a la orilla del arroyo de Fuente Mujosa, en el que encontramos un bonito molino al poco de salir de La Riera.

El camino entre avellanos, nos acerca a La Caleya y más tarde a las paredes de la morra que vemos delante de nosotros. Se trata de La Porra, un peñasco que se interpone en nuestro camino y que bordeamos por su ladera este en la que encontramos un abrigo adosado a la pétrea pared. El sendero asciende por el otro lado de La Porra, ocupado por el fluir del agua que corre raudo en busca del arroyo que dejamos abajo. Pronto nos situamos en Portiella, una collada que nos da vista al valle que ocupa Cangas de Onís, que no vemos, pero si situamos al poder observar la Sierra que culmina en el Pico Arbolín.

Caminando paralelos al muro de cierre de los prados circundantes, alcanzamos una ancha pista de tierra cerca de unas buenas cabañas. La pista asciende con algunas revueltas y dando vista a Següenco, al que dejamos a la derecha. La pista continúa hasta una bifurcación en la que seguimos por la que sale a la izquierda y que nos lleva a las majadas de Payares, un lugar de pastos y cabañas diseminadas.

La pista sigue en constante y suave ascenso, hasta alcanzar un collado en el que se nos abre el campo de visión y podemos contemplar la majestuosa figura del Pierzu, cubierto de blanca nieve. A su lado el Tiatordos también blanco, así como el resto de cumbres que finalizan en La Llambria. Por el lado contrario el Carria cierra el encuadre. El día comienza a despejarse y el cielo azul hace de magnífico marco para resaltar la belleza del paisaje.

Aquí sale la pista que desciende a Los Payares y por la que se desciende más “cómodamente” a la Hoya de San Vicente. Nosotros proseguimos a la izquierda con rumbo a Pozabal, al que llegamos enseguida y reconocemos por el cartel que hay colocado en un árbol. Poco más adelante veremos una nueva bifurcación, esta por la derecha, que es por donde descenderemos más tarde a la Hoya. De momento seguimos de frente para alcanzar las cabañas de Niajuentes y frente a nosotros, uno de los Porros que componen este grupo de abigarradas montañas.

Abandonamos la pista que por la izquierda continúa camino de Vizcalluenga dejando antes el sendero que se dirige por la izquierda a Soperi y más tarde a Peñalba para terminar en Covadonga. Es el último tramo del GR-105 de Oviedo a Covadonga cuyas marcas blancas y rojas venimos siguiendo desde hace un buen rato. Nosotros seguimos de frente hacia la montaña. Pronto encontramos un sendero que asciende con algunas revueltas al collado de la izquierda de la primera cumbre. Una hermosa faya nos marca la dirección. Debemos pasar a su lado.

Ya para entonces, el sendero casi se pierde debido a la nieve. De todos modos siguiendo los mejores pasos vamos ganando altura hasta situarnos en el collado y siempre dejando a la derecha la primera cumbre de los porros, la rodeamos para buscar el paso a la que descubrimos detrás. Es el Porru Golosu, el de mayor altura de todos y el más cercano a la cicatriz que forma el Dobra.

Pronto aparece el Cornión en toda su extensión. Una gran masa de blanca nieve lo cubre. A su derecha el Cantu Cabroneru, Beza y el Valdepino, también blancos por la nieve. No podemos por menos de pararnos un buen rato a contemplar tan magnífico espectáculo de cumbres. Las cámaras fotográficas echan humo.

Tras el reportaje, continuamos camino y en poco tiempo alcanzamos la cumbre del Porru Golosu, un conjunto de afiladas piedras que forman mala plataforma para un grupo, con lo que no nos queda más remedio que distribuirnos como podemos. Las vistas son magníficas. Por el este el Cornión con la Torre de Santa María presidiendo, pues desde este mirador parece más alta que la Peña Santa. A su izquierda podemos contemplar Cabrones y el Torrecerredo y más a la izquierda el Urriellu y los Cuetos del Trave. Volviendo a la Torre de Santa María, por la derecha aparece la Peña Santa y más a la derecha aún, el Cantu Cabroneru, Beza, Valdepino y la Conia. Y entre ellos y nosotros, la negra cicatriz de la foz del Dobra. Siguiendo a la derecha, El Carria casi tapado por las cumbres de la Sierra de Amieva y Peña Ten, inconfundible por su grandeza. Luego el Pierzu, Tiatordos y la larga hilera de cumbres de la Llambria. Por el Oeste el Sueve y el mar y siguiendo el giro, la Sierra de Escapa y el Cuera para cerrar el círculo.

Tras un buen rato en la cumbre, haciendo vida contemplativa y después de hacer un sinfín de fotos, emprendemos el descenso siguiendo al huella que dejamos en la subida, hasta Niajuente y de aquí, al camino que habíamos visto anteriormente por el que comenzamos el descenso hacia la Hoya de San Vicente. Al principio se trata de una buena pista que desciende en revueltas, pero la dicha dura poco y la pista se convierte primero en sendero y poco más tarde en reguero. Si, reguero, pues por él hicimos un buen tramo del camino.

Los cierres de alambre de espino de las fincas adyacentes, nos impiden el paso a terreno algo mejor. Al final, no nos queda más remedio que cruzar las alambradas una y otra vez. No comprendemos el porqué de tantos cierres en un terreno tan abrupto casi ni apto para el ganado. El sendero lo encontramos y perdemos varias veces. Seguimos la ruta guiados por las marcas que tenemos del GPS, pues no hay un sendero específico. Sabemos que tenemos que descender a la riega que nos separa de la ladera que ocupa Los Payares que es la que nos va a llevar a la abandonada majada de San Vicente.

Saltando alambradas y pisando barros, llegamos al fin a las derruidas cabañas de San Vicente. Cruzamos el Arroyo la Vara y ya por un sendero más marcado, llegamos a la Casa de la Vara desde donde tenemos una buena imagen de la Hoya de San Vicente a vista de pájaro. Desde el borde del acantilado que nos separa del Dobra y desde donde vemos la Hoya, a la izquierda, sale un sendero jitado que da paso a un sedo que nos permite ir bajando cómodamente hasta un pequeño bosque por el que terminamos de bajar a la Hoya de San Vicente.

Se trata de un embalse que forma el río al salir de la foz que forma en su descenso. Un bonito lugar hoy vacío, que en verano se convierte en un lugar de encuentro de gran número de paseantes que lo utilizan de piscina natural. El lugar bien merece una visita y si no hay gente, mejor que mejor.

Tras un merecido descanso, continuamos ruta por el camino que a la orilla del transparente río Dobra, nos conduce a la carretera del Ponton, tras pasar junto al puente medieval denominado Puente Dobra por el que pasa el antiguo camino de Vis que da paso a la conocida Senda del Arcediano. La ruta finaliza como digo en la carretera al lado de un restaurante y muy cerca de Tornin.

El próximo sábado tenemos una ruta mucho menos dura por las inmediaciones de otro río, el Profundu. Nos vamos a tierras entre Villaviciosa y Cabranes para visitar los Molinos del Río Profundu. La ruta que queremos hacer es:

Valvucar (28 m) – Quinta la Vega (40 m) – Villaverde (50 m) – Molino del Pitu (100 m) – Molino de Peña (140 m) – Molino Nuevo (160 m) – Molino de Peruya (180 m) – Molino de Arriba (190 m) – Buslaz (319 m)

Ya podéis solicitar plaza para esta ruta. Como veis es sencilla y sin grandes desniveles con lo que es apta para todos los públicos. Si quieres acompañarnos llama lo antes posible, pues las plazas son limitadas debido a que tenemos asignado el autocar de 26 plazas y parece que no hay otro mayor. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Espero vuestras llamadas.

jueves, febrero 18, 2010

LAS FOCES DEL ESVA

La ruta de las Foces del Esva está compuesta por dos PR; el AS-1 y el AS-2. Entre los dos forman una interesante ruta de unas 5 o 6 horas de recorrido. Nosotros lo realizamos iniciando la ruta en San Pedro de Paredes, pueblo de Valdés, situado en la carretera AS-220 que desde Brieves se dirige a Naraval.

Junto a la iglesia del pueblo y tras atravesar un puente sobre el río Esva, tomamos una pista que asciende en fuerte pendiente. Hemos de señalar que la ruta está bien señalizada en todo su recorrido y no hay pérdida. Este primer tramo pertenece al PR AS-1. La pista sube entre árboles y cotoyas, mientras vemos las foces que forma el río y el pueblo del que partimos a nuestras espaldas. Realmente nosotros no vimos esas foces hasta mucho más tarde, ya que estaban cubiertas por la niebla.

La nieve caía y bajo los copos alcanzamos la braña de Adrado. Una braña de casas diseminadas en la que aún hay algunos, pocos, moradores todo el año. Se trata de un antiguo pueblo vaqueiro con buenas y robustas casas al que llega el alumbrado público. El paisaje era muy bonito gracias entre otras cosas a la nieve y a que el día comenzaba a mejorar.

Tras dejar el núcleo principal de Adrado a la izquierda, el camino continúa entre prados hasta un cruce señalizado en el que comienza el PR AS-2. Si seguimos el camino que traíamos por el PR AS-1, llegaríamos al Cabanón, antiguo almacén de la central hidroeléctrica que aprovechaba la corriente del Esva. Pero nuestro objetivo es alcanzar el Cabanón desde otro punto y por ello tomamos a la izquierda el camino señalizado como PR AS-2, con dirección a Calleras.

Se trata de in sendero abierto recientemente entre el piorno y que aprovechando la ladera que forma el cañón, circula casi horizontal al principio, para descender más tarde, atravesando un bonito pinar joven y posteriormente un ocalital.

Al final del bosque aparecen nuevamente los pardos y las ruinas de una cabaña. Estamos en Aguazones y muy cerca ya de Calleras hacia donde se dirige la pista. Por la carretera a la derecha nos dirigimos a Ese de C

alleras, un pueblo casi contiguo y en el que a su entrada encontramos la señalización que nos dirige a la derecha para iniciar propiamente lo que se denomina las Foces del Esva.

A partir de este punto el camino se encuentra vallado y armado con escaleras y pasarelas de madera que evitan los distintos accidentes del terreno, proporcionando u paseo cómodo a la orilla del río.

A nuestra derecha podemos ver los restos de un molino que parece estar envías de recuperación y en el que cave destacar que el agua entraba por el tejado para llegar a mover la muela. Poco más abajo atravesamos una riega con una fuente.

Tan pronto nos encontramos a la orilla del río como a unos cuantos metros por encima de este. Las escaleras se suceden en un continuo sube y baja, unidas por pasarelas, hora de madera hora de tierra. El camino tiene buenos detalles como la red de gallineroinstalada en escalones y pasarelas para evitar que la madera húmeda resbale.

Entre tanto, las vistas sobre el río se suceden proporcionando bonitas imágenes y preciosos paisajes. También podemos comprobar la gran obra de ingeniería realizada para poder dar continuidad al camino, ya que por momento desaparece cualquier posibilidad de no ser el volado de las pasarelas adosadas a los muros de piedra que cierran el Esva por esta orilla.

Restos de lo que fueron instalaciones de la central aún quedan en el río y tras dejarlas atrás, el sendero pasa a serel de servicio de dichas instalacio nes. Escalones de piedra y pasadizos de tierra se suceden en esta última parte delsendero, cuando la foz comienza a abrirse. El camino asciende y tras dejar el río muy abajo, alcanzamos el Cabanón, situado en la parte alta de una zona en la que se forma uno de los meandros del Esva.

Aquí comenzó a empeorar el tiempo y mientras descendíamos a Bustiello de Paredes comenzó a llover. Un agua fina y helada que nos dejó medio ateridos. Seguimos hasta Longrey y aquí nos pusimos en contacto con el autocar para que nos fuese a buscar. Menos de dos kilómetros nos quedaban para alcanzar San Pedro de Paredes, pero no merecía la pena seguir penando por la carretera. Lo mejor de la ruta ya había pasado y no era cosa de perder el buen gusto que nos dejó, caminando desganadamente con agua y frío por una carretera.

Para el día 20 la ruta la realizaremos por el concejo de Cangas de Onís. Desde la Riera, en la carretera de Covadonga, nos dirigiremos a Payeres para subir al Porru Golosu y descender a posteriori a la Hoya de San Vicente y a Puente Dobra, en la carretera del Pontón. La ruta que proponemos es:

La Riera (131 m) – La Caleya (152 m) – Payares (625 m) – Niajuentes (722 m) – Porru Golosu (952 m) – Hoya San Vicente (132 m) – Puente Dobra (111 m)

Quedan muy, muy pocas plazas para completar el autocar de 29, por lo que dejo de hacer propaganda. Pero si hay suficientes interesados, igual podemos obtener un autocar mayor. Yo sigo a la espera de vuestras llamadas.

martes, febrero 09, 2010

PARADIELLA, MIRADOR DE LA COSTA VALDESANA

La máxima altura de la Sierra de la Palanca, el Pico Paradiella, representa el límite entre los concejos de Valdés y Cudillero, ofreciéndose como mirador extraordinario de estas tierras.

Su ascensión es sencilla y gratificante. Partimos del pueblo valdesano de Mones, en la carretera, en obras, que parte de San Martín de Luiña para confluir en Brieves, atravesando el abrupto valle del Río Sequeiro. Mones queda a la derecha y un poco por debajo de la carretera.

Por la parte alta del pueblo salimos por la carretera que se dirige a Buslayo. Un caserío que veremos al acercarnos al Paradiella. Al poco, de la carretera sale a la derecha una pista con un cartel en el que a duras penas se puede leer, “Al Alto Palancas”.

La pista camina al principio entre fincas para adentrarse algo más arriba en un bosque de ocalitos. Varias revueltas y una inclinación continuada nos sitúan en el alto del Pico Paradiella fácilmente reconocible por las antenas que hay en su cumbre. Antenas, una antigua caseta del servicio de montes y la nueva construcción de comunicación de las antenas. Además está el vértice geodésico.

El pico es feo pero sus vistas son muy interesantes. Al norte el Mar Cantábrico y la rasa costera de Valdés y Cudillero. Al sureste, el Aramos y cumbres de Somiedo. Por el oeste distinguimos bien el Estoupu, no muy lejos de nosotros, además e la costa que se difumina ya por tierras gallegas.

Permanecimos un buen espacio de tiempo en la cumbre. La ruta es corta y no hay prisas. Ya cansados y tras hacer las fotos de rigor, emprendimos el descenso por el mismo lugar por el que llegamos, pero dejando al poco la pista que traíamos a la derecha, para continuar de frente. Ya desde la cumbre veíamos todo el recorrido que nos faltablos blancos picos de las Ubiñas. Más al sur, asoman las también blancas a por hacer.

Pegados a un cierre de alambres del Principado, descendemos por la pista hasta la altura del Pico Cabornín. La pista continúa rodeándolo por la derecha, pero nosotros seguimos a la izquierda por un poco marcado camino que asciende al lado del mismo cierre, hasta la cumbre del Cabornín. Al otro lado descendemos por un cortafuegos para alcanzar una carretera asfaltada por la que a la izquierda, caminamos hasta la campera de San Roque, donde hay una ermita y un hórreo.

Previamente, algunos de los componentes del grupo, subieron a La Arquera, una loma a la derecha dela carretera. La subida no tuvo problemas, pero en el descenso se encontraron con un bosque de cotoyas que les dejaron buenas señales.

Tras un buen rato de descanso, continuamos por la carretera hasta desembocar en la N-632, que pasa bajo la nueva autovía del Cantábrico y tras dos rotondas, se dirige al pueblo de Ballota, donde en principio teníamos previsto finiquitar la ruta. Pero dado que es muy temprano, decidimos avisar al autocar para que nos fuese a buscar a Castañeras.

Por la antigua carretera N-632, que a la izquierda de la actual y de la autovía del Cantábrico, comunica los pueblos costeros, reanudamos la marcha con rumbo primero a Santa Marina y posteriormente a Castañeras. A la entrada de este último, pudimos contemplar una exposición al aire libre, de máquinas y útiles antiguos de labranza.

Una vez a las puertas de Castañeras, descendimos por la carreterita que baja a la Playa del Silencio para contemplar esta maravilla de la costa asturiana, aún libre de las masificaciones que sufren otros puntos costeros en el verano. La Playa del Silencio o Gavieiro, es una recoleta cala situada en el acantilado y preservada de las corrientes por un espolón rocoso que se adentra en el mar por el este, sirviéndole de abrigo.

Tiene poca arena y son los cantos rodados los que cubren la mayoría de la cala. Por el extremo occidental un grupo de rocas emergen del agua, dándole a la calita una extraña composición. El silencio solamente interrumpido por las olas del mar al batir contra la costa, lo da la apacible tranquilidad que se disfruta en este paraje.

Finalizada la carreterita, unas escaleras de piedra con nueva barandilla de acero inoxidable, dan paso a la playa y a las juguetonas olas del mar, que depositan su blanca espuma sobre la arena y las piedras.

Tras la contemplación de este bonito lugar, volvemos sobre nuestros pasos por la carretera asfaltada por la que bajamos. A la izquierda sale otro ramal que también nos lleva al pueblo y para no hacer el mismo camino lo tomamos y finalizamos la ruta en Castañeras donde nos espera el autocar.

Para el día 13 tenemos ruta casi por la misma zona. Nos vamos a San Pedro de Paredes para efectuar el recorrido de Las Foces del Río Esva. La ruta que queremos realizar es:

San Pedro de Paredes (155 m) – Adrado (550 m) – Cabanón (400 m) – Calleras (210 m) – Ese de Calleras (210 m) – Cabanón (400 m) – Central del Esva (205 m) – El Faeu (193 m) – Bustiello de Paredes (200 m) – La Pumariega (125 m) – El Caleiru (191 m) – San Pedro de Paredes (210 m)

El plazo de inscripción ya está abierto para realizar esta interesante ruta por uno de los espacios naturales más abruptos del centro de la región. La salida es desde la Plaza de Toros en Oviedo a las 7 de la mañana, para continuar por todas las paradas normales que podéis ver en la primera página de este blog. Espero vuestras llamadas.

miércoles, febrero 03, 2010

LLUVIA, VIENTO, FRÍO Y BARRO

Eso fue la ruta del pasado sábado por tierras de Belmonte. Ya nos lo decían en El Llagarón que había mucho barro y se resbalaba en la bajada. Pero nosotros necios, nos fuimos para la ruta con todas las consecuencias.

El autocar nos subió por la carretera de Boinas hasta una curva muy cerrada a la izquierda, de la que salía una buena pista. Allí comenzamos a andar y a mojarnos, pues ya estaba lloviendo.

La pista atraviesa un arroyo y continúa hacia la derecha. Nos encontramos una bifurcación y seguimos por la que en ascenso, sale a la izquierda, ya sin pérdida hasta alcanzar lo alto de la Sierra de Begega. La pista es amplia y va ganando altura en estiradas revueltas. Es una pista realizada para la instalación de los molinos de la generación de corriente eléctrica que ya divisamos por encima de nuestras cabezas.

A parte de los molinos, las torres de alta tensión son nuestras compañeras de ruta, diseminadas a lo largo de la pista hasta finalizar en la caseta de transformación y distribución que hay arriba.

Cuando alcanzamos la parte alta de la sierra, el gélido viento que hacía mover las grandes palas de los gigantes eólicos estuvo a punto de tumbarnos a nosotros. Viento y agua nos acogieron obligándonos a correr en busca de la protección de las paredes de la caseta de transformación donde nos resguardamos. Tino intentó acercarse a la Peña el Gallo, primera tachuela de la ruta, a la derecha, norte, según se alcanza la collada, pero debido a la fuerza y el frío del viento, tuvo que dar la vuelta.

Así las cosas, optamos por continuar la marcha con dirección opuesta, sur para torcer al poco hacia el este siguiendo un sendero que dejando la crestería de la Peña Rozada a la derecha y por encima de nosotros, se dirige al Pico Castillo al que algunos osados llegaron a subir, pese al mal tiempo y la dificultad de la ascensión a la pelada roca.

Descendimos a la derecha siguiendo un sendero bien marcado que camina primero con dirección sur, para ir girando al oeste al traspasar un espolón herboso. Luego el sendero baja decidido hasta desembocar en la carretera, en el Collado del Muro, entre los pueblos de Carricedo a la izquierda y Las Estacas a la derecha. Allí hay un cartel indicador de la Ruta de las Brañas de Belmonte, que es precisamente la ruta que debemos realizar para poder llegar a la capital del concejo. Pero nosotros no seguimos ese camino indicado, nos vamos carretera a la izquierda del cartel, para coger un camino paralelo y asfaltado, esto es, sin barro, que nos lleva al mismo sitio ya que más adelante confluyen ambos caminos.

La ruta discurre entre verdes praderas y algunas instalaciones agropecuarias, para adentrarse poco a poco en el campo sin más. Comienzan los barros y no nos queda más remedio que dejar la pista para caminar por los prados. Este será nuestro cometido durante casi todo el recorrido. El camino va enclaustrado entre dos muros que cierran las fincas colindantes, en las que vemos algunas diseminadas cabañas, siempre acompañadas de algunos árboles, casi siempre fresnos.

Nuestro cometido para evitar el barro, es como ya dije, saltar el muro y caminar por los prados saltando entre cierre y cierre. De otro modo es prácticamente imposible caminar. Seguimos en todo momento paralelos al camino que es donde están las marcas del PR, que a veces son rojo y blanco y otras amarillo y blanco. Supongo que se unen un PR y un GR en el mismo recorrido.

Así llegamos al pueblo de Cezana que atravesamos para salir por el camino antiguo junto a la ermita de San Bartuelo y Santa Fátima, también señalizado y con barro, pero solo al principio, ya que según va descendiendo, el barro desaparece. Tras unas cuantas revueltas comenzamos a ver a bajo a la izquierda, las casas de Belmonte y poco después estamos caminando por sus asfaltadas calles, olvidándonos del barro, pero aún lloviendo.

Para el día 6 de Febrero tenemos ruta por la Sierra de Palancas, entre los concejos de Valdés y de Cudillero. La ruta que queremos realizar es:

Mones (443 m) – Collado el Rebollal (483 m) – Brañabona (534 m) – Pico Paradiella (716 m) – Alto de las Peñas del Bolado (636 m) – Alto de las Congruzas (578 m) – El Pocin (493 m) – Pico Cabornin (537 m) – La Tierra (425 m) – La Teixera (421 m) – Alto San Roque (367 m) – Ballota (123 m)

Esta es la ruta en principio. Son unos 11 kilómetros que si el tiempo es bueno, nos resultaran muy cortos. Por eso la propuesta, ya digo, si el tiempo lo permite, es alargarla un poco y ese alargamiento sería:

Estación de Ballota (123 m) – Santa Marina (120 m) – Castañeras (108 m) – Playa del Silencio (31 m) – Castañeras (108 m)

Con esto llegaríamos a los 17 kilómetros y podríamos disfrutar con un entorno precioso en la pequeña y entrañable cala de la Playa del Silencio o de castañeras. Para los que ya la conocemos será un reencuentro añorado y para los que nunca disfrutaron con este entorno será un descubrimiento que no olvidarán en mucho tiempo.

Espero que podamos realizar la ruta completa tal como la tenemos prevista y así ganaríamos dos cosas: el tiempo sería bueno, que ya lo merecemos y disfrutaríamos con la imagen de la Playa del Silencio. Espero vuestras llamadas.

jueves, enero 28, 2010

EL PIENZU POR LA BIESCONA Y DESCENSO POR EL BOSQUE DE TEJOS

La sierra del Sueve es un enclave maravilloso para la realización de rutas montañeras, especialmente en esas épocas en las que la Cordillera está cubierta de nieve y a Picos solo nos queda mirarlos desde lejos. Y que mejor mirador que la sierra del Sueve y en particular su máxima altitud, el Pienzu.

Con esas premisas y con la intención de conocer el bosque de La Biescona, el hayedo europeo más cercano al mar, preparamos esta ruta con el aliciente extra de descender por la cara norte, atravesando la mayor mancha forestal de tejos también de Europa.

Así las cosas, el autocar nos deja en lo que fue el bar Casa Julia en la carretera que sube al Fitu desde Gobiendes y a unos 4 kilómetros de este lugar, donde se está reformando y arreglando lo que en su día fue el bar. Un ancho camino se dirige a una cercana cuadra en cuyas inmediaciones comenzamos a pisar el barro que ya no nos abandonaría en toda la ruta hasta retornar a Gobiendes.

Atravesamos un cierre de varales y continuamos por el embarrado camino dejando al poco otro que sigue de frente, continuando por el que sale a la derecha entre zarzas y cotoyas y que poco a poco va ganando altura al tiempo que se adentra en el bosque. Debemos cruzar un arroyo que nos acompaña durante un tramo del camino

Antes de penetrar en lo más umbrío de La Biescona, pasamos entre las ruinas de lo que fue la Mina de La Toya y podemos ver la bocamina a la izquierda del camino. Nuestro sendero continúa y se adentra en la espesura del bosque. Estamos en invierno y los árboles aparecen pelados de hojas y con los troncos cubiertos de musgo que pone la nota de color junto con las hojas secas del suelo.

La luz penetra mal entre las ramas y la humedad es muy alta. No obstante el arroyo que nos acompañaba se sume en las cercanías de la mina y el camino toma su cauce en muchos tramos. Caminamos en un continuo sube y baja entre los árboles y pisando el resbaladizo barro. Cruzamos el cauce seco del arroyo y por el margen izquierdo, nuestra derecha, vamos ascendiendo por la ladera que baja del Babú siguiendo paralelos al río.

La niebla nos acompaña poniendo tintes de misterio y dando le al bosque la apariencia típica de las leyendas de trasgos y xanas. Pero a pesar de todo, no tiene pérdida. El sendero está bien marcado y comenzamos a ver algunos jitos. Vamos poco a poco viendo algo más de luz y nos aproximamos al final de la vallada boscosa. Los árboles se van diseminando y dan paso a las praderas. Pero no obstante aún podemos contemplar un magnífico ejemplar de haya, La Fayona. Se encuentra la derecha del camino muy cerca del cruce con el sendero que proviene del Fitu y a la altura de lo que fue la majada de Presueches, hoy un prado y una cabaña.

Salimos a la majada de Bustacu y damos vista por primera vez al Pienzu, identificable por su enorme cruz. Al mismo tiempo podemos observar las estupendas vistas que desde este punto ya tenemos de la Cordillera y de Picos, con la mole del Cornión completamente nevado.

Seguimos por las verdes camperas de Bustaco hasta su única cabaña en estado ruinoso y allí nos detenemos unos minutos para descansar y recrear la vista con el paisaje que las nubes nos permiten ver. Un mar de nubes cubre toda Asturias y solamente las más altas cumbres sobresalen de él. Las mismas que amenazan con cubrirnos a nosotros, acercándose por el mismo camino por el que nosotros llegamos.

El movimiento de la niebla y el aire frío que corre, nos hacen continuar el camino ascendiendo al norte por las camperas de Bustaco para encontrarnos con la pista que sube al Collado Beluenzu que vemos al oeste. Superada la cuesta y las camperas anteriores al collado, llegamos a la majada de Mergullines en la que hay un abrevadero sin agua y una pequeña cabaña. Desde aquí no resta más que subir los últimos doscientos metros que nos separan del pico.

Algunos senderillos que aparecen y desaparecen, nos ayudan en la ascensión. No es muy complicada, todo es subir con dirección norte, dejando a nuestras espaldas el Collado Beluenzu. De vez en cuando un descanso no está de más y nos sirve para poder contemplar cada vez mayor cantidad de cumbres. Ya vemos todo el Cornión y los Urrieles. Es todo una gran masa de nieve con las nubes a sus pies. Se distinguen Peña Santa, Cantu Cabroneru y Beza, así como el Valdepino. Más a la derecha el Pozalón y el Niajo son una misma cumbre; Tiatordos es una inmensa mole blanca y a su lado el Campigüeños y la Llambria y ya más al oeste, el Vizcares. Si aún miramos mas al oeste, detrás del cercano Mirueñu podemos ver las Ubiñas y el Aramo.

Entre mirada y mirada alcanzamos la cumbre del Pienzu y su gran cruz y el vértice geodésico. Allí están ya hace algún tiempo, nuestros compañeros que subieron desde el Situ. Las nubes que nos cubrieron durante toda la mañana, comienzan a abrirse y unos cálidos rayos de sol vienen en ayuda de nuestros ateridos cuerpos. El mar de nubes lo cubre todo y la costa está desaparecida por su causa.

El lado por el que debemos descender está completamente cubierto de nubes y ya sabemos que la niebla nos va a acompañar el resto de la ruta. Cubrimos la tarjeta y nos hacen unas cuantas fotos antes de emprender el descenso al que en parte somos reacios gracias a la compañía del sol. Pero todo llega a su fin y tras una larga estancia en la cumbre, decidimos adentrarnos en la espesa niebla.

Abandonamos la cumbre por el oeste descendiendo hacia unos árboles que veíamos desde la cumbre. Aquí nos tragó la niebla y comenzaron los conflictos. Ya solo nos queda el GPS para continuar el descenso y así lo hacemos. Poco a poco vamos adentrándonos en le bosque que al principio es de acebos y espinos acompañados de brezos. Pero pronto empezamos a encontrarnos con los tejos. Ellos y los acebos son los únicos árboles con hojas y eso nos ayuda a distinguirlos aún entre la niebla.

Es precisamente la niebla quien le imprime un carácter especial al bosque. Parece que en cualquier momento nos podemos encontrar con los trasgos y las xanas y hasta el cúelebre. Descendemos por intuición y aprovechando los mejores pasos. No hay un camino totalmente definido y si múltiples senderos del ganado. Pero el GPS nos da la dirección y el resto lo pone la experiencia.

Entre tejos y acebos llegamos a la fuente de la Texuca y eso nos demuestra que a pesar de la niebla no estábamos muy descaminados. Desde aquí, en vista de que precisamente lo que menos teníamos eran vistas y la niebla parecía no acabarse nunca, decidimos ir en busca del Pico Sol de Miguel todo lo de frente que nos permitiese el terreno. Y así lo hicimos. Caminamos con dirección noroeste un buen rato descendiendo por los mejores pasos y dejando a la derecha la sombra del Cordobana. Cuando comenzaba a despejarse el bosque nos encontramos con un buen camino que seguimos durante un buen trecho hasta que este desapareció entre la maleza. Pero ya estábamos casi fuera del bosque y alguien que ya había pasado por allí, recordó que poco más abajo había un camino que nos llevaría al Sol de Miguel. Buscamos dicho camino y lo encontramos.

Enseguida apareció ante nuestros ojos la inconfundible figura del Pico Sol de Miguel emergiendo de entre la niebla. Ya el resto era seguir la pista durante cerca de una hora. La ancha pista que baja por la ladera este del Sol de Miguel, atraviesa poco más abajo un cierre metálico para continuar el descenso por un terreno muy embarrado y pasando junto a lo que fue casa de Robazu y adentrándonos a continuación en un bosque de ocalitos tras el cual, tenemos que hacer un tramo cuesta arriba que no agrada a nadie. No es mucho, pero después de una ruta como la que estamos a punto de finalizar, se nota. Alcanzamos las primeras casas de Gobiendes y enseguida el autocar que nos está esperando.

Nos deshacemos como podemos del barro de las botas, aprovechando las fuentes del pueblo y con una mirada le decimos adiós o hasta pronto a la Sierra del Sueve.

El sábado día 30 nos vamos a tierras belmontina para ascender entre otros el Pico Caunedo. La ruta que tenemos preparada es:

Carretera de Belmonte (2 kilómetros antes) (184 m) – Estilleiro (400 m) – Los Collados (878 m) – Pico Caunedo (1.087 m) – Los Collados (878 m) – Pico la Rozada (1.034 m) – Pico Castillo (961 m) – Collado del Muro (735 m) – Dornón (810 m) – Cezana (620 m) – Belmonte (200 m)

Quedan muy pocas plazas para esta ruta. Así que si estás interesad@ en hacerla, no te demores o te quedarás sin plaza. Espero vuestras llamadas.

jueves, enero 21, 2010

PICO GRANDES, O LA DISCULPA PARA VISITAR CASA MENENDEZ

Se trata de una de esas rutas de invierno que de lo bueno que tienen es que no llueva y alguna que otra buena vista de la Cordillera o una bonita majada. Como altitud, 1135 metros, no tiene mucha consistencia y los accesos con una mayoría de pistas, solo se ven salpicados de zonas embarradas que nos obligan a poner los cinco sentidos para evitar mancharnos demasiado.

Vistas así las cosas, sabíamos que el aliciente estaba al final en la comida que habíamos encargado en Casa Menéndez, nuestro segundo hogar por lo bien que nos tratan.


Iniciamos la ruta en la carretera que sube a El Pueblo, una localidad a un par de kilómetros antes de llegar a Piñeres viniendo de Moreda. La estrecha carretera sube endiablada y atraviesa El Pueblo saliendo con dirección a otros dos puntos, Bello y Arteos, lugar en el que abandonamos la carretera (¿) para coger un camino muy embarrado al principio y más seco a tramos.


A todo esto, comenzábamos a tener unas buenas vistas de la Cordillera completamente blanca y abajo, casi en vertical, la carretera de Ujo a San Isidro y los pueblos que habíamos pasado. Tengo que decir que hay muchos caminos y pistas por toda la zona, lo que dificulta en parte el tránsito, pero casi todos se comunican de una u otra forma. Nosotros, para no variar, en un momento determinado dejamos en no se donde el camino y comenzamos a atravesar prados, para evitar el barro y a ascender casi de frente, que en realidad es lo que hay que hacer: subir a lo alto del cordal que tenemos sobre nuestras cabezas, para alcanzar el Collado Espines.


El Collado Espines es una amplia campera entre dos pequeñas cumbres, el Cueto Orgoso y el Pico Gumial, este último en nuestra cartera de cumbres del día. Así que lo mejor es ir al collado propiamente dicho y al dar vista al valle de Turón, ascender por la cuerda al Pico Gumial.


Como no, nosotros lo hicimos sin subir completamente al collado y antes seguimos una pista entre las murias de los prados, en tramos embarrada, otros anegada de agua y los menos secos, para ir rodeando al Gumial por su cara norte y al pasar al otro lado, este, ascender campo a través hasta hoyar su cumbre. En realidad creo que solo Carrete y yo lo hicimos, pues al resto del grupo los vimos caminar hacia el Culladiella directamente.


El Gumial es un grupo de rocas cubiertas de hierba y maleza, con unas muy buenas vistas del Aramo, por el oeste; al sur la Cordillera, mientras por el este aparecen las blancas cumbres de la zona de San Isidro con el Torres en primera línea. Mas al norte vemos Peña Mayor y a nuestros pies, al norte, el valle de Turón con Rubíes como población de mayor entidad de la zona.


Al estar solos, fue poco el tiempo que permanecimos en la cumbre. Unas fotos y a seguir para descender-ascender al collado Cruces, desde donde subimos al Pico Culladiella, también conocido como Navaliego, donde ya nos esperaba el grueso del grupo, rodeando el vértice geodésico que lo corona.


Las vistas casi las mismas, con la excepción de que desde aquí podemos ver nuestra última cumbre, el Pico grandes, que estaba tapada por el Culladiella. También disfrutamos de unas estupendas vistas de Peña Mea a muy poca distancia nuestra, relativamente. Tras las fotos de rigor y la firma de la tarjeta, se formaron dos grupos: uno, ante la presencia de la lluvia, que pronto pararía, optó por descender sin subir al Pico Grandes, mientras que el segundo grupo los acompañaba hasta la Collada Cabeu siguiendo después a la cercana cumbre del Pico Grandes.


Más de lo mismo. Las mismas vistas y poco más. Con esto, solo cubrir la tarjeta y hacer las fotos para seguir camino. Y lo hicimos descendiendo directamente a las ruinas de la majada de Grandes, con todas sus cabañas derruidas, sin tejado. Los prados estaban cuidados y las murias en pie, lo que habla de su utilización para alimento del ganado.


Un sinfín de pistas y caminos nos obliga a tirar del GPS para poder dar con el verdadero. Nuestros compañeros que no subieron al Grandes, nos llaman pidiendo aclaración. Los vemos desde un collado y les decimos que van mal, pero finalmente deciden hacer su ruta particular y descienden por el valle contiguo a la izquierda del que nosotros seguimos.


Por caminos a veces, pistas en otras y campo a través en algunas, vamos descendiendo a buen ritmo guiados en la velocidad por las dos cabras locas que nos preceden. Esa fue la causa de que en vez de bajar por el pueblo de Longalendo que ya veíamos, lo hiciésemos por otro lado hasta llegar a Murias y por carretera a Villar, donde una vecina nos dijo que podíamos bajar por un camino sin falta de ir por la carretera. Así lo hicimos y nos ahorraos unas cuantas curvas de carretera y sin pasar por El Escobio, llegamos a la carretera de San Isidro, muy cerca de la Estación de Piñeres, donde nos esperaba el autocar.


Pero lo bueno del día estaba por suceder. Después de esperar por el resto del grupo que se retrasaron una media hora, entramos al comedor y allí nos dieron una muy rica sopa de marisco, unes fabes con pulpo, escalopines al cabrales con patatas y carne guisada. De postre tarta de queso, riquísima y flan casero. Todo ello bañado con vino y los consabidos cafés y chupitos a tutiplé. ¡¡¡Y todo ello por tan solo por 12 euros!!! ¿Es o no es nuestra segunda casa? Y además nos dieron una camiseta a cada uno. ¿Quién da más?


Ya sin comida pantagruélica, para el próximo sábado día 23 tenemos una muy interesante ruta por el Sueve. Esperemos que el tiempo acompañe, pues queremos subir por la Biescona al Pienzu y bajar a Gobiendes por la tejeda del Sueve, posiblemente una de las últimas veces que se puede hacer este recorrido, ya que la pretensión de los ecologistas es preservarla prohibiendo el paso(¿). La ruta propuesta es:


Casa Julia (cerca de Pie de Potro) (150 m) – Piedrallana (200 m) - Mina de la Toya (250 m) – Bosque de La Biescona – Presueches (605 m) – Bustaco (680 m) – Mergullenes (930 m) – Pico Pienzu (1.161 m) – La Texuca (800 m) – Collado Cordobana (745 m) – Llanu la Cuesta (681 m) – Cueto Sol de miguel (417 m) – El Bazar (335 m) – Robazo (140 m) – Gobiendes (79 m)


Una preciosa ruta en la que podemos tener unas estupendas vistas de Picos completamente nevados. Creo que son suficientes los alicientes de esta ruta para que no te la pierdas, no como otras, Espero vuestras llamadas. Ya quedan pocas plazas.