lunes, marzo 16, 2009

¡¡¡Y TODO QUEDÓ EN UN SUSTO!!!

En esta ocasión no hay relato de ruta, ya que a la que el grupo realizó el pasado sábado día 14, no pude asistir y por tanto no puedo hacer una crónica de algo que no hice.


Por ello, desde estas líneas, apelo a la amabilidad de alguno de los que participaron en la ruta, para que nos cuente todo, y digo ¡todo!, lo que pasó ese día, que fue más de lo que parece.


Simplemente y para dar hilo a lo que a continuación escribiré, os comento lo que me contaron. La ruta propuesta por Maravio, ascendiendo a las Peñas Sala y Gradura para bajar posteriormente a Las Ventas por Fabar, no tiene ninguna complicación desde el punto de vista montañero y además es una ruta conocida por un buen número de participantes en la misma. El tiempo fue bueno, por lo que desde Gradura casi se ve toda la bajada. El caso es que por un despiste, uno de los componentes del grupo se metió sin darse cuente ni él ni nadie, en el Valle Cerezales, que desciende vertiginosamente a la carretera de Teverga, a la altura de los túneles previos a Entrago. En un momento determinado, no pudiendo seguir con el descenso por las circunstancias que fuesen y encontrándose también sin posibilidades de dar marcha atrás, comenzó a pedir ayuda a las gentes que pasaban por abajo, por la Senda del Oso, con la buena fortuna de que una pareja que transitaba por allí le oyó y dio aviso a la Guardia Civil para que preparasen el rescate. Se avisó al 112 y un helicóptero se desplazó a la zona y en un alarde de manejo de la máquina y valentía del piloto, consiguió depositar a dos aguerridos rescatadores que ayudaron el montañero a subir al helicóptero, dando fin así, a un accidente que quedó en potencialmente grave, ya que no se produjeron heridos de ninguna clase.


Hasta aquí el relato somero de lo que pudo ser una desgracia y que quedó afortunadamente en un susto.


Y yo me pregunto: ¿Hemos aprendido algo? ¿Sacaremos algunas conclusiones positivas de este percance? Me gustaría responder que si, pero tengo muchas dudas. Las cosas se olvidan fácilmente. Quizá durante unos días, pero no más, nos acordaremos de este asunto, pasándolo posteriormente a esa memoria interna que tenemos y que pocas veces utilizamos.


En este episodio se cometieron varias imprudencias que son muy normales en los grupos de montaña y que deberían desterrarse para evitar precisamente lo que aquí ocurrió


Nunca, bajo ningún motivo, se puede dejar a nadie atrás y siempre debe haber alguien pendiente de quienes por cualquier circunstancia se retrasan o se tienen que apartar del camino para realizar alguna necesidad perentoria.

Tampoco nadie debe salir de la ruta que sigue el grupo sin avisar de que lo va a hacer, para que, bien todo el grupo, o bien una parte de este le espere. Nunca hay que seguir caminos que no se conocen y siempre hay que estar dispuesto a dar la vuelta antes de que el problema sea inevitable.


¿Os dais cuenta de mi obsesión por llevar al grupo lo más agrupado posible? ¿Comprendéis ahora porque me desespero cuando la mayoría escapa corriendo? ¿Os dais cuenta de la necesidad de hacer paradas intermedias para agruparse? ¿Comprendéis que no se finaliza una ruta hasta que todos llegan al autocar?


Podría seguir haciendo preguntas pero no creo que sea necesario. En el fondo todos conocemos las respuestas pero no las aplicamos y eso es lo que nos pierde. No hay peor cosa que la confianza. ¿Os dais cuenta que este problema se produce en una ruta sencilla y conocida por la mayoría? Eso es por la confianza y es esa confianza la que nos da los mayores disgustos. Nunca hay que despreciar al enemigo por ser pequeño. Muchas veces desconocemos sus armas ocultas.


Un despiste en un momento determinado lo puede tener cualquiera y cuando se quiere dar cuenta es tarde para enmendarlo. Por eso es importante no quedar nunca solo y si por alguna circunstancia esto ocurre, hay que hacérselo saber al resto del grupo. De ahí la importancia de llevar un teléfono móvil, o un simple silbato con el que alertar a los que van delante, de que alguien tiene algún problema.


Pero lo más importante es que el grupo esté cohesionado y que alguien esté pendiente de donde se encuentran todos. Y esta última no es una labor de unos pocos, es de todo el grupo.


No pretendo daros una lección de moralina y si así lo veis lo siento. Lo que quiero es que comprendáis que estas cosas ocurren y que debemos evitarlas por todos los medios y la respuesta es muy simple: Salimos en grupo y tenemos la obligación de llegar en grupo.


Quiero desde estas líneas dar las gracias a los miembros del 112 que participaron en el arriesgado rescate, felicitándolos al mismo tiempo, por la magnífica maniobra realizada, para que el helicóptero pudiese dejar a los rescatadores y recogerlos posteriormente. Muchas gracias.


Para el próximo sábado tenemos una ruta que nos quedó pendiente el año pasado por culpa de la nieve. Nos vamos a Cantabria con la intención de subir al Cueto Dave por la Canal de Osina. La Ruta que queremos hacer es:


La Hermida (110 m) – El Fresno (450 m) – Collado de Osina (556 m) – Sendero Bermejo (685 m) – Cueto Dave (828 m) – Collado de Osina (556 m) – Sierra de Bejes (850 m) – Collado de Hojas (822 m) – Bejes (590 m) – Barrio de Quintana (550 m) – Collado de Pebe (699 m) – El Castillo (430 m) – Los Mollares (290 m) – La Hermida 110 m)


Por todo lo acaecido enla ruta anterior, poara esta ruta no tengo a nadie apuntado de los participantes en la ruta anterior, con lo que aquellos que quieran ir al Cuetu Dave, tienen que llamarme o bien apuntarse por correo electrónico, jafpa51@gmail.com.


Espero vuestras noticias.

martes, marzo 10, 2009

¡QUE BLANCA ESTABA LA PEÑA BLANCA!

A causa de las últimas nevadas caídas sobre las cumbres de nuestra cordillera, tuvimos que sustituir la ruta programada para el sábado día 7 al Puerto de San Isidro, para hacer el Pico San Justo, por la imposibilidad de acceder por carretera hasta Isoba. Por ello, preparamos la ruta que teníamos para el día 28 por tierras de Caso, para ascender a Peña Blanca.

El autocar nos llevó hasta el punto de partida, un puente a la izquierda de la carretera que une Covalles con Caleao, unos 800 metros después de pasar el puente sobre el inicio del embalse de Tanes. Nada más pasar el puente, dejamos la pista que sale a la derecha para seguir por la de la izquierda que rápidamente gira en ascenso a la derecha, junto a una riega, que debido a la gran cantidad de agua que transportaba, nos obligó a buscar un paso por el lateral, ya que la pista se encontraba totalmente inundada.

El camino, con bastante barro, asciende vertiginosamente permitiéndonos ver entre el ramaje, la importante altura que en pocos metros ya teníamos sobre el punto de partida. Poco a poco nos vamos introduciendo en el bosque del monte de Coto Covalles y al volver la vista atrás, contemplamos algunas de las casas del pueblo que le da la titularidad, Covalles.

Un nuevo cruce de caminos y seguimos a la derecha nuevamente, encontrándonos al poco la primera cabaña a nuestra izquierda. Desde aquí en adelante iremos encontrando cabañas de mayor o menos porte a lo largo de todo el camino, unas veces a la derecha y otras a nuestra izquierda. Algunos sendero y hasta caminos parte del nuestro, pero debemos dejarlos todos y seguir ascendiendo siempre. El camino se empina cada vez más dando vueltas y revueltas. A nuestra derecha tenemos la riega de Cuevas con abundante caudal de agua y nosotros ya pisamos nieve en abundancia. El camino discurre tal como se narra en el relato que publicamos en la página NUESTRAS PROXIMAS RUTAS de este mismo blog.

Alcanzamos una torrentera por donde primero debía seguir el camino y en medio de ella, observamos una empalizada. Cruzamos la torrentera y seguimos subiendo por los prados hasta encontrar nuevamente el camino por encima de la empalizada. Nos costó un poco encontrarlo debido a la nieve y una parte de esta ascensión, la realizamos campo a través, hasta que la pista, que va por la izquierda del arroyo, se hizo más evidente. Así llegamos al Collau La Bandera, una isla, el sábado blanca, entre la arboleda.

La niebla no nos permitía ninguna contemplación a lo lejos y solo el camino a seguir a la izquierda de nuestra entrada en la collada, introduciéndonos nuevamente en un precioso fayeu, eso si, muy empinado. Algunos jitos nos marcaban el camino a seguir y alcanzando una tras otra las sucesivas terrazas, llegamos por fin a la cresta de la sierra. Aquí giramos a la izquierda. La niebla nos echó una mano, pues tapaba a nuestros ojos la profundidad de los abismos que teníamos a uno y otro lado. Grandes rocas se nos presentaban cual fantasmas obligándonos a vadearlas por la empinada ladera de nuestra derecha. De esta forma y tras cruzar una cresta herbosa y un nuevo paseo por la ladera nevada, retornamos por un momento al bosque de nuestra izquierda para alcanzar un colladito desde el que por fin ganamos la cumbre de la Peña Blanca.

Por todas partes nos rodeaban abismos infranqueables en las condiciones que teníamos. Mucha nieve y una inclinación muy importante. Además, la niebla impedía que pudiésemos contemplar lo que había más abajo. Con todos estos inconvenientes, decidimos retornar por el mismo camino por el que habíamos venido. Así que, tras cubrir la tarjeta de cimbres y hacernos la foto de rigor, emprendimos el descenso siguiendo las huellas de nuestros propios pasos.

Ni que decir tiene que el descenso fue un poco más delicado que la subida. La nieve y la resbaladiza hierba que se escondía debajo, hizo que más de uno diera con sus posaderas sobre el blanco manto. Pero poco a poco fuimos ganando cada uno de los puntos por los que habíamos pasado unas horas antes y alcanzamos la collada La Bandera donde hicimos un pequeño alto. Lo que nos restaba ya era camino muy definido y si que teníamos el engorroso barro de la última parte, donde la nieve desaparecía, pero el resto del descenso fue un poco más rápido.

Poco antes de llegar al puente aprovechamos le abundante agua de la torrentera que ocupaba el camino para limpiar botas y polines y presentarnos así un poco más pulcros para subir al autocar. Un poco de espera en el puente, ya que el autocar se encontraba en La Encruceyá y fin de la ruta.
Para el próximo sábado día 14, la ruta se desarrolla por nuestra zona. Los Puertos de Maravio serán el escenario de nuestras próximas correrías. Además, parece ser que con buen tiempo. La ruta propuesta es:

Ermita de Santa Ana (1.000 m) – Cantu Padiella (1.090 m) – Peña Sala (1.226 m) – Collada la Mucherina (1.057 m) – Peña Gradura (1.159 m) – Lago de Vega Castro (1.012 m) – Cogollo (700 m) – Fabar (500 m) – Las Ventas (240 m)

Ese día comienzan unas jornadas gastronómicas en Teverga, lugar al que se baja a comer. Por ello, aquellos que quieran hacer la ruta y disfrutar de un menú a base de fabes con jabalí, caldereta de cabritu y un buen postre de avellana, que se acuerden de decírmelo a la hora de apuntarse. También os tengo que decir que a esta ruta no puedo asistir y que el plazo para apuntarse a mi teléfono (985 78 51 10) finaliza el jueves. Los que se quieran apuntar el viernes, si quedan plazas, deberán hacerlo a los teléfonos de Lito (985 78 67 75 y 669 18 95 69)

No lo dejéis para última hora que os podéis quedar sin plaza.

lunes, marzo 02, 2009

POR EL PROFUNDU HACIA PEÑA CABRERA

Definitivamente, es preferible caminar por los desolados vericuetos de Picos antes que por las carreteritas y pistas del estilo a la que hicimos el pasado sábado. Una ruta sencilla sobre el papel, pero complicada en la práctica. En esta ruta se unen por algún tiempo dos PR: el 51, el nuestro, de la Peña Cabrera y el 173 de los Molinos del Profundu. De aquí que sea un poco complicado el inicio y con muchas posibilidades de confusión.

Comenzamos a caminar en el aparcamiento de Villaviciosa, poniendo rumbo a Amandi por la carretera que sale hacia Santa Olaya de Cabranes. Enseguida comenzamos a ver la grande y preciosa iglesia románica de San Juan de Amandi a cuyo lado pasamos para poder contemplarla con más detalle.

Seguimos por una carreterita que sale a la derecha de la iglesia y que entre casas solariegas va ascendiendo un poco, pasando por Lugarín y Los Campos. Algunas marcas del PR, rayas amarilla y blanca, nos indican el buen camino.

Sin abandonar la carretera, llegamos a una bifurcación con un indicador que nos direcciona a la derecha hacia Vitienes o Bitienes, de las dos formas lo veremos escrito. Siguiendo las indicaciones del PR cogeremos un camino que se dirige a una finca, pero antes de llegar a ella, debemos bajar a la derecha por un sendero muy cerrado, que más parece una riega que un camino. La acción del vendaval que nos visitó recientemente, la veremos a lo largo de buena parte del camino, con los numerosos árboles arrancados y partidos. Por este camino, que un poco más abajo mejora, alcanzamos por fin el Río de la Ría, como lo nombra el topográfico, que más adelante será el Río del Profundu. Aquí podemos contemplar los restos del Molín de Griselda.

Llegamos a una amplia bifurcación de caminos con carteles indicadores. A la derecha el camino se dirige a Valbucar, inicio del PR de Los Molinos de Profundu y a la izquierda, nuestra dirección, se dirige a Buslaz, pasando por el Caserío de La Vega, fácilmente reconocible, además de por el letrero que hay en la casa, por los dos perros que no cesarán de ladrarnos hasta que nos alejemos del lugar. El camino, ancho y embarrado, transcurre paralelo al río por su margen derecho, el río a nuestra derecha, cuando no por encima suyo. Hay que tener precaución con la temporada, pues en caso de lluvias abundantes, seguramente que en más de un lugar será difícil pasar, pues debido al abandono de este camino, los márgenes del río perdieron sus defensas y este encuentra mejor paso por la pista.

Si nos fijamos, podremos contemplar los restos de algunos molinos con el indicador de su nombre. Hay que prestar atención, pues la maleza casi tapa las cuatro piedras que aún se conservan de pie. El camino nos transporta de nuevo a la carretera que habíamos abandonado en Vitienes y por ella alcanzamos la buena finca o caserío de Villaverde a nuestra izquierda.

Aquí se debe dilucidar el camino a tomar. Si nos fijamos bien, más o menos a la altura de la finca y a nuestra derecha, veremos un pequeño puente de madera. Si lo cruzamos, un sendero en el que iremos encontrando algunas marcas, nos introduce en un bosque del que saldremos a la carretera de Lugás, justo al enlace entre la que sube al monasterio de Santa Maria y el que se dirige al pueblo. El camino no está muy bien conservado, pero cuando yo lo realicé se podía seguir sin mayores problemas. Hay al final, una dura subida por un sendero terroso que posiblemente sea lo peor de este recorrido. Es algo más corto que el que a continuación describiré.

Nosotros optamos por cruzar el río después de pasar el caserío y tras atravesar una portilla que da acceso aun prado por el que se llega a un puente de hormigón. Por el otro lado, un buen sendero se adentra junto al río en una cerrada y bonita foz. El sendero está señalizado y en algunos lugares tiene barandillas de madera y hasta escaleras para vencer los desniveles. También hay algunos árboles caídos que interrumpen el paso. Es muy entretenido y bonito pese a la suciedad del río, que da la sensación se emplea como desagüe de los pueblos y fincas colindantes. En sus márgenes seguimos contemplando algunos molinos como el del Profundu, Trabanco o el Pitu. Precisamente a la altura de este último debemos hacer un cambio de dirección. En este punto tenemos varios indicadores y uno de ellos nos llevó a error, pues dirige el PR 51 por detrás de él, izquierda hacia arriba, donde precisamente hay un sendero que nosotros cogimos, pero que tras una larga ascensión por buen terreno, nos lleva al barrio de Callao del pueblo de Coro, desde donde podemos contemplar al otro lado, derecha, la Peña Cabrera. Allí nos sacaron de nuestro error indicándonos que lo que teníamos que hacer era cruzar el río hacia el molino del Pitu y pasando tras de él, cruzar una pequeña riega que da acceso a un prado y por la izquierda buscar un camino que se empina para subir al cercano pueblo de Lugás, concretamente al barrio de Arrabal.

Ya en Lugás, debemos buscar las indicaciones que por la derecha del pueblo nos van subiendo entre las remozadas casas, hasta llegar a una pista maderera que suele tener bastante barro. Por ella y ya casi sin pérdida si seguimos las indicaciones del PR, iremos ganando altura entre ocalitos y algunos robles. Pasamos junto a la casa del Veyu, que nos queda un poco por debajo de nuestro camino a la derecha y llegaremos a una zona que estaba recién levantada y talada. El camino describe una amplia curva a la derecha y se produce una bifurcación de tres pistas. Debemos abandonar la que sigue de frente para seguir por la izquierda y dejando otra que sale en ascenso a la derecha. Veremos las marcas primero en un árbol y un poco más allá en una piedra en el suelo. La pista desciende un poco para volver a ascender más adelante y ya enseguida alcanzaremos la carretera que sube desde Viñón y Niao, al Área Recreativa de Peña Cabrera.

Desde los miradores del norte del área podremos contemplar toda la rasa costera de Villaviciosa con las abigarradas casas de la villa y buena parte de nuestro recorrido. Mientras por el sureste, si el tiempo lo permite, tendremos unas bonitas vistas de Picos, cosa que no ocurrió en esta ocasión, ya que la espesa bruma nos privó de gozar de las buenas vistas.

Tras un merecido descanso, reemprendimos la marcha siguiendo los indicadores del PR, para dirigirnos hacia el este, sobre el pueblo de Niao, por un marcado sendero que pasa bajo la redondeada loma de la Peña Cabrera en la que hay un vértice geodésico. Alcanzamos la pequeña cumbre para dejar la tarjeta y hacernos las fotos y continuar luego camino en la misma dirección, siguiendo los indicadores. Bordeamos por la izquierda el bosque de Cotobellera.

La pista, en muy buen estado, pasa por Brisandi y entre prados y bosques comienza a descender por el caserío de Argamia y Sendín, hasta finalizar en las calles de la capital de Cabranes, Santa Olaya. Junto a la magnífica iglesia y no menos magnífico restaurante sidrería La Lonja, donde nos atendieron estupendamente.

Para el día 7 de marzo tenemos ruta por San Isidro. Veremos que es lo que podemos hacer. Nuestra intención es subir al Pico San Justo desde Isoba, pero las inclemencias del tiempo y el estado de la nieve serán quienes digan la última palabra. La descripción de la ruta no puede ser más sencilla:

Isoba (1.370 m) – Collado Pinzón (1.525 m) – Pico San Justo (1.956 m) – Isoba (1.370 m)

Si el tiempo acompaña, podremos disfrutar de un agradable día en la nieve y si no es así, disfrutaremos de la compañía de los miembros del grupo, que tampoco es mala cosa.

Espero vuestras llamadas.

Por cierto, que ya están publicadas las descripciones de las rutas que tenemos para este mes de marzo. Las podréis consultar en el apartado NUESTRAS PRÓXIMAS RUTAS.

lunes, febrero 23, 2009

CONTEMPLANDO EL CORNION

Gracias a la persistencia del anticiclón, los augurios meteorológicos para el día 21 eran halagüeños y por la pinta que tenía el amanecer parecía que se presentaba un buen día de montaña. Y así fue.

Variamos un poco la ruta a causa de que el autocar de 55 plazas no puede entrar en Aballe y por eso iniciamos la ruta en Caño, cruzando el río por el puente sobre el que transita la carreterita que se dirige, al igual que nosotros a Andrín.

Unos buenos repechos que nos sirvieron para ir abriendo boca, pensando en lo que nos esperaba. Gracias a la carretera y a que la temperatura era agradable, cubrimos el desnivel hasta Andrín sin mayores problemas y casi sin sudar. Andrín es un pequeño y coqueto pueblo de amables moradores y con unas vistas de ensueño. Pronto, entre la niebla que trataba de disiparse, iban apareciendo las recortadas siluetas del Carria, Pierzu, Cantu Cabroneru y Beza y por fin, como haciéndose de rogar, la inconfundible silueta de la Torre de Santa Maria con las Cebolledas.

Abandonamos Andrín donde finaliza la carretera, y seguimos por una pista que sigue ascendiendo entre prados y pequeños bosques, dejando algunas cabañas a ambos lados. Pasamos junto a los restos de una cabaña de piedra donde una amable mujer del pueblo nos había dicho que deberíamos seguir en ascenso, pero no nos dimos cuenta y continuamos por un sendero en la misma dirección que llevábamos. Más tarde nos dimos cuenta que teníamos que haber seguido otro sendero casi perdido, que ascendía junto a la cabaña a nuestra derecha. Pero el caso es que seguimos de frente hasta la altura de un collado, Camperina de Coroña, que dejamos a nuestra izquierda. Aquí el sendero casi desaparece y optamos por ascender por la dura ladera de nuestra derecha, sin camino definido entre las gorbizas.

La ascensión se hace penosa a pesar de que un sendero del ganado nos va guiando casi hasta la cumbre, desde la que contemplamos, abajo, en la otra vertiente, el lugar por el que debíamos haber pasado, el Collau les Espines. Pero lo que si teníamos claro es que nuestro próximo objetivo se encontraba ya cerca. A nuestra izquierda, sur, teníamos el Pico Caxigu al que accedimos traspasando la cuerda que nos unía a él.

Desde esta atalaya la vista se abre y aparecen el Tiatordos, Maciedome y la Llambria. Y al este, medio cubierto por la bruma y la mala situación de la luz del sol, el pastel de merengue que hoy es el Cornión. Bajo nosotros, al sur, La Fresneda y un buen número de apretados retales verdes con su cabaña correspondiente. Por el oeste, al otro lado de una profunda y bonita vallada, el cordal por el que pasaríamos unas horas más tarde, en el que reconocíamos el Pico Cormelón al sur, seguido de la Cruz de Fanu y más a la derecha el Cogolla. Un bonito paisaje que nos acompañaría durante toda la ruta.

Tras las consabidas fotos y luego de dejar la tarjeta de cumbres, continuamos camino descendiendo un poco hacia el Jorcau Caxigos dejando el Cantu la Muezca y el Cantu de Dobros a nuestra izquierda. No se si hubiese sido mejor seguir por la cumbrera de estos dos cantos, ya que la ladera por la que transitamos era sumamente inclinada, lo que nos obligó a caminar con muchas precauciones, haciendo más lenta la marcha.

El caso es que alcanzamos el Collado Tebrandi, al decir de los lugareños o Trebandi, como lo nombra el Mapa Topográfico Nacional. Un marcado sendero por la ladera norte del Cerro Espino y por la sur del Canto Tebrandi, nos permite llegar al Collado Cormelon sin necesidad de ascender a ninguna de las dos tachuelas mencionadas, cosa que algunos del grupo si que hicieron.

Desde la collada Cormelon en corta ascensión ganamos el pico del mismo nombre. Las vista son casi las misma que las del Caxigo, pero la luz del sol está mejor colocada para poder apreciar la majestuosa figura del Cornión y del Central, completamente blancos por la nieve. Más cerca de nosotros y al otro lado del valle, vemos nuestro recorrido hasta el momento, con el Caxigu bien identificado. Hacia el norte vemos en primer término el Pico la Cruz de Fanu con un sendero por su ladera oeste, por el que se puede acceder a la Collada Moandi, nuestro próximo objetivo.

Tras hacer las fotos y cubrir las tarjetas, descendemos más o menos por el mismo sitio por el que minutos antes habíamos subido, hasta la collada Cormelone. Luego por el sendero que vimos desde la cumbre, llegamos fácilmente al Collado Moandi, del que desciende un camino a una cabaña situada al oeste del Pico Cogolla, al que nosotros ascendemos por lo que parece un sendero del ganado. El pico tiene poca superficie y casi está ocupada por el vértice geodésico. El tiempo de estancia fue el imprescindible para cubrir la tarjeta y comprobar la mejor forma de descender.

Siguiendo con dirección norte, descendemos del pico buscando el mejor paso entre las cotoyas para acceder a un bosquecillo que atravesamos para llegar a la pista que veíamos desde el Cogolla. Solo resta continuar por la pista en descenso. Alcanzamos una especie de collado donde la pista hace una pequeña subida y desde allí contemplamos una vez mas las preciosas vistas del Cornión.

Luego caminamos un rato entre pinos y cuando ya vemos muy cerca la ciudad de Cangas, la pista da un giro a la izquierda después de dejar una bifurcación por la derecha. Intuyendo que ese giro nos aleja mucho de nuestro destino, optamos por cruzar una alambrada y descender por un prado bajo el que nos encontramos con un camino. Lo seguimos a la derecha y pasamos junto a una cabaña para introducirnos en un bosque por el que discurre un sendero que al final termina en una pista. Seguimos por ella y alcanzamos una urbanización de chales desde la que por unas escaleras bajamos justo al Puente Romano de Cangas de Onís. Tras cruzar el puente, nos dirigimos a la estación de autobuses, donde se encuentra nuestro transporte esperándonos, después de siete horas y cuarenta minutos de ruta.

Ruta larga y de cierta dureza, compensado todo por las magníficas vista que tuvimos y la benignidad de clima. Nos apuntamos a que todas las rutas que nos quedan sean tan satisfactorias como esta.

jueves, febrero 19, 2009

EL CAPIELLA MARTIN CON EL BENEPLÁCITO DEL BUEN TIEMPO

Aunque no creo que nadie lo echase de menos, aquí llega, con mucho retraso, la crónica de la ruta que el pasado sábado día 14, día de los enamorados, hicimos por tierras entre Tineo Villayón y Luarca, para ascender al Capiella Martín y al Estoupo.


Después de una larga andadura en autocar, pasando por La Espina, Tineo, y Navelgas, pisamos las praderas de la Campa Brañuas, en los límites entre Tineo y Villayón, para con rumbo noreste comenzar la larga caminata del día.


La mañana es fría pero soleada. Por una buena pista y dejando a nuestra derecha el Pico del Monte y Peña Calabre, alcanzamos una collada llena de torres de alta tensión, que nos da vista nuevamente al sur, donde queda nuestro punto de partida y el pueblo de Burgazal, que habíamos atravesado con el autocar. Al fondo se ve la Cordillera completamente cubierta de nieve. La brisa que nos da de costado, está helada, lo que nos obliga a permanecer bien tapados a pesar de que el sudor comienza a aparecer por el esfuerzo desarrollado.


Retazos menos marcados de pista continúan hacia el este siguiendo la cuerda de la sierra. Comienzan los desniveles ya por tierras entre Luarca y Tineo. Podemos seguir el sendero bien marcado que por el norte de la Sierra de Buseco va dejando a la derecha la Peña la Gallega, la Campera el Llanón y La Chanetona o bien seguir por la cresta, para acceder al Collado Llano de Bobia donde iniciamos la ascensión al Capiella Martín.


Superados los ciento cincuenta metros de desnivel desde la Collada, alcanzamos la cumbre dando vista plena al Mar Cantábrico y a la villa de Luarca. Al sur, la Cordillera que llevamos viendo casi desde el inicio de la caminata, se mantiene como una raya blanca en el horizonte. Podemos distinguir fácilmente Peña Rueda, la zona de los Huertos del Diablo, Los Fontanes, delante Peña Manteca, las Ubiñas, Los Bígaros, Orníz, Peña Chana, toda la montaña somedana y el Cornón. Más a la derecha distinguimos la gran mole del Cuetu Arbás y creo que hasta el Miravalles.


Después de cubrir la tarjeta y hacer las consabidas fotos de grupo, reanudamos la marcha siguiendo la cuerda y con rumbo este hacia el Estoupo, que no es otro que la gran mole que tenemos ante nosotros y que tiene una caseta con antenas en el vértice más norteño.


Seguimos por lo alto de la sierra y pasamos por Peña Prieta para descender al Collado de Brañanueva, una bonita campera a los pies del Estoupo. Cruzada la campera nos esperan las verticales paredes del pico. Una pista continúa a la izquierda y es posible alcanzar la cumbre siguiéndola, pero nuestras piernas nos piden lucha y abocamos la ascensión por el senderillo que sube vertical hacia una zona con algunos pinos. Las rampas son de lo más duro. Son setenta y cinco metros de desnivel pero con una inclinación considerable. Sacando fuerzas de nuestras reservas, logramos alcanzar la parte alta de la muralla. Un sendero con rumbo norte, nos lleva a la caseta que veíamos desde la lejanía y al vértice geodésico que corona el Estoupo. Las vistas son similares a las que teníamos en el Capiella. El mar y Luarca al norte y la Cordillera al sur. Vemos desde un poco más cerca nuestras añoradas Ubiñas completamente blancas al igual que toda la cinta de montañas que nos separan de León.


Tras las consabidas fotos, emprendemos el descenso del Estoupo, que en nada tiene que envidiar al ascenso. De nuevo una vertical pared herbosa obliga a trabajar a nuestras rodillas. Parece aún más vertical que la de la subida, lo que nos hace caminar con mucho más tiento, para evitar las caídas. Una vez recuperada la horizontalidad, seguimos un sendero dejando a nuestra derecha un bosquecillo de pinos, para llegar a una pista desde la que vemos el pueblo de Escardén ocupar las laderas que bajan del Estoupo. La pista tiene alguna desviación, aunque creo que todas van al mismo sitio. Pero como precaución, debemos seguir las que descienden. Así llegaremos a la carretera que une el Alto de Aristébano, izquierda, con Escardén, derecha.


En pocos minutos llegamos al Alto de Aristébano donde hay un bar y donde nos esperaba el autocar. Fin de la ruta.


Para el próximo sábado día 21, tenemos ruta por Parres en las inmediaciones de Cangas de Onís. Digo por parres, ya que en ningún momento ponemos los pies en el concejo de Cangas. La ruta propuesta es:


Aballe (92 m) – Andrín (398 m) – Collau Les Espines (653 m) – Pico Caxigo (856 m) – Collado Trebandi (716 m) – La Colladiella (723 m) – Pico Cormelón (855 m) – Pico La Cruz de Fanu (848 m) – Collada Moandi (768 m) – Pico Cogolla (838 m) – La Llampa (609 m) – Prestín (74 m) – Soto de Dego (78 m) – Aballe (92 m)


En el calendario oficial la ruta está puesta como fácil, y por lo poco que sabemos lo debe de ser en lo que se refiere a su recorrido, pero tenemos que tener en cuenta que debemos salvar un desnivel de 764 metros, lo que puede ser interpretado como de dificultad media. De todos modos, lo que si es cierto es que el plazo de inscripción está abierto y ya tengo bastantes inscritos. Si quieres ser uno de ellos, llámame.

lunes, febrero 02, 2009

UNA RUTA POR LA COSTA MAS ORIENTAL

La ruta por la costa, desde Bustio a Pendueles, estuvo pasada por agua en su primera parte. Después de un viernes muy bueno, con ascenso de temperaturas y hasta sol, el sábado amaneció lloviendo y gris; como dijo Fernando, había una sola nube, pero llegaba desde Castropol hasta Bustio, al menos.

Armados de paraguas y chubasqueros, iniciábamos una vez más la ruta con la esperanza de que en algún momento dejase de llover. Salimos de Bustio por la calle en la que hay un cartel que anuncia el itinerario del puerto y al poco nos encontramos con el cartel anunciador de la ruta un poco deteriorado. Pasando por debajo de un puente, caminamos por una carretera que abandonamos en la primera bifurcación, para continuar por una amplia pista a la izquierda, que va paralela a la vía del FEVE. La pista empieza a empinarse dando vista en lo alto a Pimiango. A la izquierda, en el otro extremo del amplio valle vemos Columbres y distinguimos la Quinta Guadalupe, ahora convertida en Archivo de Indianos.

Encontramos un cruce con un indicador a Pimiango y a la Cueva del Pindal apoyado en la maleza. Seguimos la indicación por el camino que sale a la derecha y nos adentramos en un bosque de ocalitos por una buena pista. Estamos por las estribaciones del Pico Cañón al que no subimos a causa del mal tiempo. No para de llover.

Cuando llegamos a la parte alta de este muro que nos separa de la costa, la vista se abre y aparece el mar. También vemos que tenemos Pimiango a menos de un kilómetro a nuestra izquierda, pero nosotros seguimos a la derecha para bajar al Monasterio de Tina. La pista desciende con fuerte inclinación. Están hormigonándola y de momento solo tiene varios tramos terminados. Desembocamos en otro bosque de ocalitos, pero antes pudimos contemplar la parte alta del faro de San Emeterio. Siguiendo por el bosque llegamos a la entrada de las ruinas del Monasterio de Tina. La portada principal con su espadaña, un arco de la nave central y la zona del altar mayor con la girola, son los únicos restos que quedan de lo que fue el monasterio. En los alrededores las ruinas de otros edificios escondidos en el espeso y antiguo bosque de encinas. Poco más allá, se termina la tierra en un salto al vacío para llegar al mar. Es la agreste costa del Oriente de Asturias.

Abandonamos Tina por el camino que ahora desciende en fuerte inclinación para cruzar un arroyo que se encamina al mar, tras caer en cascada lamiendo la roca. Toca ahora ascender lo que habíamos bajado y enseguida comenzamos a ver a nuestra derecha la silueta de la ermita de San Emeterio o Santu Medé, casi tapada por los árboles. Se encuentra en la Campa San Emeterio muy cerca de la Cueva del Pindal, donde duerme el sueño de los siglos el mamut del corazón rojo, junto a otras representaciones de animales.

Dejamos la Campa San Emeterio por la carretera que a la derecha se dirige al faro y seguimos en ascenso a la izquierda para llegar al mirador del Pico de Pimiango desde el que podemos contemplar una bonota vista de la costa hacia Llanes. A nuestras espaldas, sur, se encuentra el pueblo de Pimiango al que llegamos en poco tiempo.

Ahora abandonamos momentáneamente la costa para descender por la carretera que une Pimiango con la N-634 y hacia ella nos dirigimos. En el lugar de El Peral, justo junto al restaurante Junco, cruzamos la carretera mencionada y pasando por detrás del restaurante llegamos a la carretera RD-3, después de pasar ante la ermita de El Cristo. Seguimos por esta carretera a la izquierda ascendiendo a una lomera que nos permite contemplar buenas vistas de la Sierra del Cuera y los campos y pueblos que descansan a los pies de sus laderas. Pasamos junto a un lujoso hotel, cuatro estrellas, con campo de golf y continuamos camino hasta llegar a un camino a la derecha que pasa por las cuadras del Aixa y Serra, para descender al pueblo de La Franca en la carretera antes mencionada. No cruzamos la carretera y seguimos las marcas del Camino de Santiago por una pista de tierra que cruza un puente sobre el Rio Cabra y en el segundo cruce, seguimos a la derecha por un camino que llega a la N-634, que cruzamos en las inmediaciones de Santiuste. Retrocedemos unos cuentos metros por la carretera en dirección a La Franca, este, para cruzar sobre el túnel del FEVE y acceder a las praderas que nos separan de la costa.

Ya no nos resta más que seguir pegados al borde costero, librando las cotoyas que cubren los campos abandonados. Una vertical muralla nos separa del mar que ruge en el fondo del acantilado. Aquí y allá, huecos en el terreno nos recuerdan las formaciones típicas de esta s costas, los bufones por los que el mar deja escapar sus lamentos en los días de mar embravecido. Hoy se encuentra más calmado, pero no es óbice para que en una de estas grietas, muy cerca de Cobijero, el aire impulsado por el agua el mar, bufa al salir a la superficie.

Cobigero. La playa interior de Cobigero, al igual que su homónima Gulpiyuri, esta en las cercanías de Naves, es un fenómeno natural digno de ser contemplado. Hoy la pequeña dársena de arenas y cantos rodados, se encuentra sin agua. La marea baja la deja en secano, pero no es disculpa para no echarle una mirada. Por el norte, el paso natural para poder continuar hacia Buelna y Pendueles, se realiza sobre el Puente Caballo. Un puente de roca que tenemos que contemplar descendiendo al otro puente más cercano a la playa. Desde este lugar podemos darnos realmente cuenta de la formación geológica que es el Puente Caballo y su bonita fotografía con el mar cubriendo su arco.

Cruzado el puente accedemos a Canales, un entrante de mar que forma una pequeña piscina antes de la Ensenada de Buelna. Enseguida llegamos a la Playa de Buelna donde contemplamos la curiosa figura del Picón, una roca que parece querer salir volando como un cohete. Bordeando la playa seguimos por la pista cruzando por La Atalaya para desviarnos un poco a la derecha y poder contemplar desde las alturas la Playa de Pendueles con sus dos picones para no ser menos que Buelna.

Ya se percibe el final de la ruta. Nos acercamos a Pendueles pasando junto a un antiguo muro hasta llegar a lo que debió de ser un palacio, hoy completamente en ruinas. Allí nos esperaba el autocar.

Para el próximo sábado día 7 tenemos ruta por el Camin Real en su último tramo en Grado. Iremos desde Las Cruces a Grado pasndo por los lugares que a continuación enumero:

Las Cruces (626 m) – Los Lodos (593 m) – La Cabaña (560 m) – Pico Grande (813 m) – Llano Grande (717 m) – Los Llagunales (680 m) – Alto del Pedroiro (788 m) – Moutas (533 m) – El Putril (522 m) – Santa Cristina (446 m) - Picalgallo (185 m) - Grado (49 m)

Ya estoy a la espera de vuestras llamadas.

martes, enero 27, 2009

AL DIA SIGUIENTE DE LA GRAN BORRASCA, LA CORONA DEL CASTIELLU

Las predicciones meteorológicas no podían ser menos halagüeñas. La gran borrasca con vientos de más de 150 kilómetros por hora había pasado la noche anterior, dejando un rastro de árboles caídos y dando paso a las tormentas y las lluvias en general. No veíamos con muchas posibilidades el hacer la ruta pero al menos lo intentábamos. Estando en Arriendas, una gran tormenta acompañada de aparato eléctrico se descargaba en la zona a la que nosotros pretendíamos ir. Pero nuestra moral seguía intacta.


Cuando abandonamos el autocar en las cercanías de Llordón, justo en el seudo aparcamiento existente junto a la pasarela o puente colgante de la Uña, el tiempo tendía a mejorar y sobre nuestras cabezas podíamos ver la airosa figura del Corona del Castiellu recortada contra el cielo cubierto de nubes.


Cruzamos el puente colgante sobre el Sella y en la otra orilla cruzamos las vías de FEVE por un senderillo que allí se dibujaba. Luego seguimos el sendero que atravesando un pequeño bosque, se abria paso por entre las altas hierbas ascendiendo con cierta verticalidad, para tender luego a la derecha cuando el espacio está más espejado. Vamos dejando tras nuestro la silueta del Corona y nos vamos acercando a las estribaciones finales de la pequeña Sierra de Toraño.


Algunos de nuestros compañeros optaron por subir casi de frente por la canal herbosa que se forma a la derecha del pico, para alcanzar un pequeño collado a los pies del Corona. El resto preferimos el camino menos duro para conseguir el mismo objetivo. El sendero se pierde en algunos momentos pero pronto se recupera. Al llegar a la altura de una gran roca la pasamos dejándola a nuestra izquierda, y la superamos caminando hacia el noroeste para alcanzar un collado a los pies de la cumbre más norteña de la sierra.


Algunos optaron por ascender esta cumbre para luego girar a la izquierda, sur, dirigiéndose hacia el Corona Castiellu. Otros optamos por seguir el sendero un poco menos marcado que pasando bajo la ladera este del picacho, se dirige casi en llano hasta las inmediaciones del colladito en el que nos esperaban quienes subieron de frente.


En este punto se impone una nueva dualidad de posibilidades y los más fuertes prefieren seguir por la canal subiendo a la cumbre casi en vertical, mientras que los menos osados lo hacemos por el camino que desciende ligeramente al sur para cruzar una pedrera y girar a continuación a la derecha tomando rumbo a una horcada que se ve a la izquierda del pico. Llegados a esa pequeña brecha y pasando a la cara oeste del Corona, comenzamos a ascender entre la piedra, por un sendero bien marcado y con algunos jitos de señalización, alcanzando cómodamente la cumbre coronada por un buzón montañero.


El pequeño promontorio de solo 542 metros de altura, nos ofrece unas estupendas vistas de la costa en la que las olas rompen con fuerza contra los acantilados. Si nos fijamos, podemos ver los bufones de la zona de Pria. Nos imaginamos las vistas que puede tener esta cumbre, de la zona de Picos, hoy totalmente cubierta de nubes. De vez en cuando podemos adivinar la silueta nevada del Pierzu y del Carria y por un instante, también la del Canto Cabronero. Pero nada más. En la cumbre hace frío. El viento arrecia y no podemos permanecer en ella por mucho tiempo. Hacemos las fotos y después de cubrir la tarjeta de cumbres, iniciamos el descenso con dirección este por la ladera más norteña del pico.


Descendemos a la horcada desde la que iniciamos nosotros la ascensión y dejándola a la izquierda, continuamos por el senderillo del ganado que va recorriendo toda la ladera norte de la sierra. El camino se pierde en algunos momentos debido a la hierba que está muy alta y a la maleza, pero enseguida nos reencontramos con él nuevamente. Toda esta parte de la ruta la realizamos casi en llano sin grandes subidas ni bajadas. Ni que decir tiene que existe la posibilidad de hacer lo por la cresta de la sierra, pero entonces no nos quedará más remedio que sufrir más de una bajada con subida a continuación. Como el tiempo no está nada católico y el viento es fuerte y frío, preferimos hacerlo por la ladera al resguardo del aire. Así y todo, no tuvimos más remedio que sufrir una tormenta de agua y granizo acompañada de viento, que en poco tiempo nos dejó pintando. Se daba la paradoja de que a nuestra izquierda estaba la tormenta con sus obscuros nubarrones y a la derecha teníamos un hermoso cielo azul, rasgado pro jirones de blancas nubes y el sol.


Pasada la tormenta el día se despejó y pudimos disfrutar de la corta mejoría. Si, corta. Pues al poco, cuando estábamos llegando a la Jorcada, una nueva borrasca se descargó sobre nosotros. La Jorcada la reconoceremos por las antenas que hay en ella. A la collada llega una pista desde el cercano pueblo de Tresmonte, para servicio de las antenas y de las praderas que las circundan. Nosotros seguimos por la pista hasta las primeras antenas, rebasándolas para acercarnos a una más pequeña que se encuentra al borde este de la sierra, casi sobre las casas de Toraño. Pero aún nos resta la peor parte de la ruta.


Desde la antena sale un camino por la izquierda que desciende a una bonita pradera en la que hay una cabaña medio derruida. La pradera se encuentra en el límite de la sierra por todos sus lados y rodeada árgumas en el descenso. Se impone estudiar el lugar. La mayoría, menos pacientes, optan por descender por la izquierda, noreste, a buscar un camino que parece dibujarse entre las punzantes y altas cotoyas. Los que tenemos menos prisas buscamos entre la maleza los vestigios de algún sendero que nos permita atravesar la espinosa barrera. Vemos un sendero abrirse paso por entre las cotoyas e iniciamos el descenso por él. Pero enseguida desistimos al ver a los que nos preceden envueltos entre las ramas peleándose por buscar un paso. Regresamos a la pradera y descendemos por el prado hacia el sureste por debajo de las laderas de Peña Llana. La inclinación es importante y lo resbaladizo del terreno nos obliga a tomar precauciones. Un incipiente sendero nos da confianza y tras pasar una cabaña derruida entre árboles, seguimos a la derecha un camino que poco a poco se va haciendo cada vez más evidente. Algunas cotoyas tratan de cerrarlo pero el paso está franco y podemos seguir. Parece que vamos en la dirección contraria pero pronto cambia de orientación y comenzamos a descender por el bosque sin problemas ya de maleza ni tan siquiera de barro. Enseguida alcanzamos los prados que rodean a una finca que se encuentra en la carretera de Toraño, con lo que nuestras preocupaciones desaparecen. Ya en la carretera no resta más que seguir a la izquierda, este, para llegar a Toraño, después de dejar a la derecha el puente sobre el Sella. En Toraño, donde llegamos después de algo más de 5 horas de caminata, nos espera el autocar. Aquí ponemos fin a una ruta que no pesábamos poder hacer pero que sin mayores dificultades la completamos unos años después de nuestra primera intentona. Ni que decir tiene que los que bajaron por los otros lugares sufrieron en sus carnes las mordeduras de las cotoyas. Más de uno estará aún sacándose pinchos de varias partes de su cuerpo.


Para el próximo sábado tenemos ruta suave para resarcirnos de las picaduras de esta. Nos vamos a la costa más oriental de Asturias. Concretamente a su límite este, a Bustio, en el concejo de Ribadedeva, para hacer una ruta costera que terminaremos en Pendueles. La ruta propuesta es:


Bustio (40 m) – La Texera (50 m) – Pico Cañón (199 m) – Santa María de Tina (100 m) – Ermita de San Emeterio (50 m) – Mirador Pico Pimiango (146 m) – Pimiango (158 m) – El Peral (71 m) – Capilla del Cristo (76 m) – Cuadras de l’Aixu (107 m) – Serra (100 m) – La Franca (60 m) – Playa de La Franca (25 m) – Bufones de Santiuste (39 m) – Playa de Cobijeru (20 m) – Ensenada de Buelna (29 m) – Buelna (50 m) – Playa de Entremares (11 m) – Playa de Pendueles (10 m) – Pendueles (40 m)


Aunque son muchos los nombres de lugares, no os asustéis. La cosa está en menos de 20 kilómetros y sin grandes desniveles. Así que ánimo y a apuntarse .Espero vuestras llamadas.

lunes, enero 19, 2009

RUTA SIN PALABRAS

La ruta del pasado sábado por tierras de los Oscos, no merece mayores comentarios. Entre las inclemencias del tiempo y los pobres paisajes que difícilmente podíamos avistar, tienen entidad suficiente para gastar palabras sobre esta ruta.

Solo comentar que no tiene pérdida, ya que en el comienzo se indica como Ruta de la Bobia, PR AS-103 y aunque no se ven más indicadores hasta llegar a los pies de La Bobia, es todo seguir la pista entre los molinos, sin desviarse hacia ninguno de los caminos que de ella salen y que tienen una señal de prohibido el paso. Tampoco lo podrían hacer, si tal como nos pasó a nosotros, los vigilantes jurados que hay en la zona, hacen siempre el férreo marcaje que nos hicieron a nosotros.

La pista desemboca en la carretera que saliendo de la Garganta se dirige entre otros lugares, a Illano y Boal. Llegando al Pozo de la Nieve o Campo de la Bobia, donde hay un indicador vertical que marca la ruta, tenemos ante nosotros las antenas que coronan nuestro objetivo. Solo nos resta iniciar el ascenso final, dejando un pequeño y espeso bosque de pinos a nuestra derecha e ir ganando altura poco a poco. La cumbre, donde se encuentra el vértice geodésico y hasta cinco cruces, varias con buzón, se sitúa un poco más al norte, junto a una antena y antes de una pequeña caseta.

Las vistas deben ser muy interesantes, pero yo no os las puedo describir, ya que nuestra llegada a la cumbre coincidió con el de una oscura nube que nos cubrió a nosotros y lo que nos rodeaba, al tiempo que un fuerte aire gélido nos dejaba ateridos. Solo cubrir la tarjeta y hacer como pudimos la foto de rigor y tirar para abajo en estampida.

Cuando bajábamos comenzó a despejarse la Bobia y la pudimos ver así como la estupenda vista que intuimos de la costa al menos de la zona de Ribadeo.

El descenso lo realizamos por la carretera hasta La Garganta para evitar que el conductor del autocar se pasara de las horas estipuladas de conducción. Verdaderamente no era necesario, pues a la cumbre llegamos en dos horas y media, contando la media hora larga que perdimos por ir a ver lo que creíamos la Cascada de Seineira pero que se debe tratar de alguna hija de esta. Luego el descenso lo realizamos en una hora y media aproximadamente.

Para el próximo sábado día 24, esperamos tener mejor suerte para una nueva ruta repetida. Nos vamos cerca de Llovio para ascender al pico La Corona del Castiellu, que hace un par de años ya intentamos y coronamos, pero envueltos en una nube y rodeados de nieve. Nada podemos decir ni del pico ni sus alrededores ya que en aquella ocasión nada vimos. La ruta que proponemos es:

Llordón (30 m) – Güeruña (100 m) – Collado sur (418 m) – Corona el Castiellu (542 m) – Collado Ancho (370 m) – La Jorcada (290 m) – Toraño (40 m) – Carretera (35 m)

Ruta corta con una ascensión un poco fuerte pero con un desnivel pequeño. Apta para un amplio abanico de personas. Espero contar con todos vosotros, por ello, no dejéis para mañana el reservar plaza o podéis quedaros sin ella. Os espero.

lunes, enero 12, 2009

EL PICO MOREA TRAS EL TEMPORAL DE NIEVE

Para este sábado teníamos buenas perspectivas meteorológicas después del fuerte temporal que atravesó toda España, dejándola cubierta de un blanco manto helado. Pero el amanecer no podía ser menos halagüeño. En La Felguera nevaba, según nos comentaron nuestros compañeros de fatigas y en Oviedo llovía, suavemente pero el suelo estaba mojado. Camino de Pola de Siero y según se abría el día, pudimos comprobar la gran cantidad de nieve que había caído. Incluso los márgenes de la carretera mostraban su blancura. No solo eso, también había nieve en la carretera, lo que nos hacía temer de la imposibilidad de hacer la ruta por no poder llegar a Alles.


De todos modos decidimos seguir camino y ya veríamos que se hacía en el caso de que la carretera estuviese tan mal como para no dejarnos pasar. El primer susto lo recibimos después de pasar Las Estazadas, pues nos encontramos con la guardia civil dirigiendo el tráfico, lo que supusimos que era debido a la nieve. Pero no fue así. Un gran bloque de piedra se había caído de la montaña y se encontraba en medio de la carretera. No hubo más problemas. Conseguimos llegar a Alles y con eso, la mitad de la ruta ya casi la dábamos por hecha.


El autocar nos dejó en Alles y comenzamos a caminar por la carretera pasando junto a la ermita de San Roque y saliendo por entre las casas del barrio hasta coger la pista que se dirige a Llabandames. La pista ere todo nieve con las rodadas de un vehículo y muchas pisadas, tanto de personas como de animales. Lo que nos indicaba que era muy transitada a pesar de sus condiciones.


Las vistas con todo nevado, eran preciosas, pero la ausencia de luz dificultaba el poder plasmarlas con nuestras hoy numerosas cámaras fotográficas. El día estaba nublado y no presagiaba una mejoría inmediata. La subida a Llabandames no presentó ninguna dificultad más que la de la pendiente de la pista y en una hora nos encontrábamos caminando entre las cabañas y saliendo por el camino que se dirige al Cagigu la Campuca, después de pasar junto a la cabaña de Doña Toba. Allí, arriba, frente a nosotros podíamos ver el deshojado árbol que marca el lugar del Cagigu. Luego, la subida se empina y toma una decidida dirección norte para acceder al Collado de Los Llanos de Morea. El camino ha desaparecido y somos nosotros los que lo abrimos mancillando la blancura de la nieve que lo cubre. Un gran surco queda tras de nosotros a medida que vamos ganando terreno.


La subida al pico no presenta dificultad ninguna cuando su ladera se encuentra limpia y visible. Pero con la gran cantidad de nieve que hoy tiene, son los esforzados serpas del grupo, los que nos marcan el camino. Una gran ese se talla en la nevada ladera del Morea y por ella vamos accediendo todos a la cumbre. El día comienza a despejar y podemos subir viendo la costa y Llanes y Purón, San Roque del Acebal, y… un montón de pueblos y lugares.


La llegada a la cumbre es una maravilla: hacia el este, todo el cuera se nos presenta cubierto del inmaculado manto que le donó la nieve y el sol hace brillar los múltiples cristales de hielo que lo forman. El cielo azul y algún retazo de blanca nube le da el marco deseado por cualquier fotógrafo. Las cámaras echan humo.


De todos modos y a pesar de la mejoría del día y de el sol, la temperatura es baja y nos obliga a abandonar la atalaya. Tras cubrir la tarjeta y hacer las fotos de rigor, comenzamos el descenso hacia la vertiente este, por el lado contrario al que accedimos a la cumbre. Vamos siguiendo un rastro dejado por alguna persona y la verdad es que descendemos muy bien a pesar de la gran cantidad de nieve acumulada en esta zona. En algunos sitios hay más de medio metro de nieve y no son medidas de las de Tele5.


Según descendemos vemos en el fondo de la ladera, al norte, un grupo de cabañas que interpretamos son el caserío Roncadas y a él dirigimos nuestros pasos, buscando el mejor lugar posible para ello. La cantidad de nieve desciende según vamos perdiendo altura, lo que facilita el encontrar senderos, pero dificulta el caminar, por la formación de barro y zonas resbaladizas.


Alcanzamos el valle en el que se encuentran las cabañas y desde allí, con dirección este, seguimos un sendero muy marcado que veníamos observando en el descenso y que nos lleva al Collado del Jorcón donde empalmamos con una buena pista que desciende a La Braña y por la derecha dejando el caserío al lado contrario, seguimos por buen camino y sin perdida hasta la confluencia con la carretera a la altura del pueblo de Gancioso. Seguimos a la derecha, este y pasamos por el pueblo de El Prado, al lado de una casa que reconocemos por la cruz que tiene en uno de sus muros. Ya por la carretera sin pérdida, alcanzamos La Borbolla donde nos espera un buen plato de pote y carne gobernada, con los que quitamos además del hambre, el frío de nuestros cuerpos. Fueron cinco horas de camino por la nieve y consiguiendo finalizar una ruta que hace dos años no pudimos terminar a causa de la niebla.


Para el sábado día 17 tenemos ruta por el occidente. Nos vamos a los Oscos para conquistar la Bobia, cumbre perteneciente a las 100 montañas más guapas de Asturias, al decir de Ángel Fernández Ortega. La ruta propuesta es:


Ponte Penacoba (780 m) – Cascada Sieneira (820 m) – Lagunas de Brañanova (1.026 m) – Campo de la Bobia (1.018 m) – Pico La Bobia (1.197 m) – Caserío de Bobia (810 m) – Picón (820 m) – San Cristóbal (751 m) – Ponte Penacoba (780 m)


Ya se encuentra abierto el plazo de inscripción y os recuerdo que después de las cinco de la tarde del jueves anterior a la ruta, no se asegura la existencia de plazas. Con ello os quiero decir que no dejéis para última hora el inscribiros. Espero vuestras llamadas.

lunes, enero 05, 2009

LA CALZADA ROMANA DE PIEDRAFITA

Comenzamos Nuevo año y nuevo calendario de rutas y no con muy buen pie. El día amanece lloviendo pero según nos acercamos a nuestro punto de inicio en Llanes, va mejorando. Al menos no llueve, pero las nubes bajas y la humedad nos acompañaran todo el día.


El autocar nos deja en Venta del Probe, junto a Puente Nuevo y comenzamos a caminar por la carretera en dirección a Los Callejos, cuyas casas vemos sobre un altozano. Sin querer decir que ese era nuestro camino, al llegar a la entrada del pueblo tomamos un ancho camino a la izquierda, que bordea una tapia de hormigón que cierra una finca. Seguimos las indicaciones del GPS pero que no coinciden con la descripción de La Curuxa, según la cual hay que entrar en el pueblo y tomar un camino junto a la iglesia.


Dejamos un camino a la izquierda que se dirige a una cabaña y continuamos en ascenso bordeando un prado con algunas otras cabañas diseminadas. Según los carteles que nos encontramos, estamos en el Camino Bonito o Camino de la Regatina. Nos adentramos en un bosque de ocalitos y proseguimos por una buena pista que ser bifurca a la izquierda descendiendo para atravesar u arroyo. Aquí se cierra la pista aunque sabemos que por encima nuestro continúa otra a la que buscamos la manera de acceder. Peleando con la maleza y la madera cortada medio podre, conseguimos alcanzar la otra pista y comenzamos el descenso por ella.


Pero la pista llega a las inmediaciones del Río de San Miguel y no hay puente. Mientras algunos buscan un puente para vadear el río, la mayoría ya se descalzó para cruzarlo. Solo unos pocos decidimos dar marcha atrás por un prado hasta las inmediaciones de una casa junto a la que encontramos un paso sobre el río, hecho de troncos y sin barandilla, pero que nos sirvió para alcanzar la carretera muy cerca del cruce que se dirige a Ardisana y al lado de la ermita de San Miguel.


Por la carretera con dirección oeste nos acercamos a Riocaliente, un bonito pueblo de casas cuidadas y con algunas estatuas de madera como La Manona en la carretera y La Castañera en medio del pueblo. Seguimos por la carretera hasta el cercano pueblo de Mestas, donde, al lado del Hotel Benzua, sale una carreterita que se dirige al pueblo de Teyeu, pasando al lado del Molino del Esplon. Por aquí comenzamos a ver las marcas roja y blanca de un GR que nos acompañará el resto de la ruta. Después de Teyeu la carreterita se convierte en pista y continúa en llano al lado del Río Piedrafita. Pasamos junto a una nave amplia en una zona bastante embarrada y nos adentramos en una zona donde en otros tiempos debió haber un bosque de pinos. Ahora solo quedan algunos diseminados.


Seguimos un buen camino sin pérdida posible y poco después de cruzar un arroyo sobre unas grandes piedras en su lecho (también hay un tronco a modo de puente), comenzamos a ascender hacia el Collado Vega del Puerto. El camino se convierte en una calzada romana bien empedrada y en estupenda conservación. Alcanzamos un primer collado, Muesca del Acebal, por el que nos adentramos en un intrincado mundo de valles que se entrecruzan y que nosotros no podemos situar debido a la escasez de visibilidad a causa de las nubes que amenazan con descender aún más. Seguimos el camino por la ladera que se descuelga hacia el Reguero del Acebal, hasta alcanzar una zona con algunos árboles y ya en la parte alta de la sierra, en la que abandonamos el camino que continúa, para auparnos a las praderas del Collado de la vega del Puerto.


A pesar de que la niebla prácticamente nos tapa, se hace necesario un descanso, pues la cuesta es dura y llevamos todo el día sin parar. La ruta es larga y teníamos que alcanzar el collado lo antes posible. Ahora solo nos queda descender hacia Cuerres. Para ello descendemos del collado por la parte opuesta a la que llegamos sin un camino definido al principio, pero es todo seguir la riega para encontrarlo, al principio un estrecho sendero, que poco a poco se irá convirtiendo en camino ancho y también empedrado en muchos de sus tramos. Descendemos rápido y comenzamos a ver las luces de Cuerres entre los árboles. Las marcas del GR nos indican que debemos seguir a la izquierda en descenso, pero ese camino se encuentra medio cubierto por la maleza, con lo que decidimos seguir a la derecha en ascenso hasta alcanzar la carretera que de Cuerees se dirige a Llenín.


Ya por la carretera descendemos con el arroyo de Piedrafita a nuestra izquierda hasta Llenín, atravesando el pueblo y saliendo en dirección a Tárano, dejando por la izquierda la carretera que se dirige a la AS-114, entre Mestas de Con y Corao. Nuestro camino pica hacia arriba y aún lo sigue haciendo cuando pasamos de Tárano. La carretera pista sigue ascendiendo hasta una casa que vemos a los pies del Cerro Iguedo que es el coronado por unas antenas que bordeamos dejándolo a nuestra izquierda. Ya desde la casa, la pista-carretera comienza un fuerte descenso que en poco tiempo nos lleva a Corao Castillo, pequeño pueblo en el que hay hasta cuatro casonas señoriales.


Seguimos descendiendo y llegamos a la carretera AS-114 que debemos atravesar para finalizar la ruta en el pueblo de Corao. Junto a la iglesia nos espera el autocar, después de 5 horas y 45 minutos, para recorrer alrededor de 20 kilómetros. Una bonita ruta a la que le faltó el aliciente del buen tiempo, para poder contemplar las hermosas vista que según algunas descripciones tiene.


Para el próximo sábado día 10 tenemos ruta en Peñamellera para visitar el Cuera una vez más. Nos vamos a la capital del concejo, Alles, para subir al Pico Morea y descender al pueblo llanisco de La Borbolla. La ruta a seguir es:


Alles (263 m) – Llabandames (640 m) – Cagigu la Campuca (800 m) – Llanos de Morea (891 m) – Pico Morea (1.002 m) – Llanos de Morea (891 m) – Caserio Roncadas (454 m) – El Jardón (326 m) – La Braña (198 m) – Gancioso (138 m) – El Prado (204 m) – La Borbolla (218 m)


Ya está abierto el plazo de inscripción para esta ruta. Los que queráis hacerla, no os demoréis demasiado pues os podéis quedar sin plaza. Espero vuestras llamadas.