26 de julio de 2014
Rematamos este mes montañero de
la mejor forma posible. El tiempo por fin acompaña y nos disponemos a disfrutar
a tope. El madrugón que nos dimos merece una recompensa y de buena mañana ya
estamos pateando la archiconocida pista que va del Jito Escarandi hasta el
Casetón de Ándara. Una nube baja impide
ver las cumbres cercanas pero hace calor bastante. Ya superado el Casetón de
Ándara, por el atajo que tan bien practicamos, empieza la galopante subida por
el trazado de la pista, flanqueado de bocas de mina por arriba y por abajo.
Alguna parada hacemos, porque los
que van por delante ni se acuerdan de este sencillo detalle. Quieren comerse el
monte y cuando nos damos cuenta están en La Rasa de la Inagotable. Poco a poco
vamos llegando los últimos a las praderías verdes que inician la prodigiosa
canal de Las Arredondas. Tenemos todas las cumbres a un golpe de vista. Y hay
gente que quiere hacerlas todas. Sube un grupo desde Lon, otro grupo cántabro
va a la Silla del Caballo Cimero. Se ve gente en Samelar, en el Sagrado
Corazón.
Llegados los últimos emprendemos
el siguiente ataque a la base de la Morra. Queda un mundo todavía. Lo primero
es descender algo por Las Arredondas para entrar a la canal por su parte
inferior. Luego el trazado continúa en subida constante hasta un colladín donde
se gira claramente a la vertiente cántabra. Un grupo sube directamente al Grajal de
Arriba, otro se dirige a toda máquina a la Silla del Caballo Cimero. ¿Qué pasa hoy aquí? La gente vino pletórica
de fuerzas. El esforzado grupo que sólo aspira a hacer la ruta prevista, nada
más ni nada menos, está desbordado por esta actividad montañera incesante. Se
ve que los refuerzos que recibimos hoy del Vetusta, del Alpino y de la Calzada
nos han dado un aliciente suplementario. La verdad es que el día está
magnífico, las cumbres casi, casi al alcance de la mano, la brisa suficiente
para dejarnos respirar. Cada uno según sus fuerzas, parece que es el lema para
hoy. Afortunadamente todos subimos acompañados por alguien.
Vienen por detrás de nosotros,
haciendo toda la travesera de la Pica del Jierro, también llamado del
Evangelista, pues preside su famoso Hoyo del Evangelista, una sucesión de barrancos
y neveros en caída constante hacia un lateral de las Arredondas. Me paro a
hacer una foto, la línea cumbrera que marca el final del Caballo Bajero es una
sucesión de pequeñas agujas, sorprendentemente afiladas contra el cielo azul.
Del lado de Cantabria no se ve nada hacia el valle.
En el Jou del Evangelista hay que
atravesar un nevero para progresar. El hielo está duro y seguro, pero muy
pisado y en pendiente. Habrá que tomar precauciones al descender. Sólo queda un
resalte y luego un cambio de valle para asomarnos, primero a Áliva y luego para
ver todo el central enmarcado por nubes bajas pegadas a los Picos. Saludo a la
silueta impresionante del Urriello, acompañado por todo un grueso de picachos. Nos
enteramos el lunes por la prensa del fatal accidente que se produjo en la
Corona del Raso casi a la misma hora en la que llegábamos a la base de la
Morra.
Observo una cosa extraordinaria:
a pesar de la dispersión geográfica que hemos tenido por toda la circunvalación
de cumbres aparecen todos en el momento en que el grupo principal posa la
mochila en la base. Vaya sincronización. Y es que la gente no ha olvidado el
objetivo del día. Y ahora lo atacamos.
Por el camino nos han venido
contando los montañeros que descendían la dificultad del paso y cómo superarlo.
Escuchamos a todos. Vamos subir a los primeros del grupo y nos decimos: Esto es
el Grupo Las Xanas: ¡ningún problema! El cordino amarillo ayuda a superar el
pequeño extraplome de la roca empotrada en la canal. Cada uno con su técnica:
hay quien apoya la rodilla derecha, otros prefieren usar los tres estribos de
roca para apoyar los pies, los más valientes desprecian la cuerda, y Manuel
sube por otra canaliza más a la derecha.
Estamos arriba. Todo el central a
la vista. Y la Canal del Jierro, el Valdominguero y su collada… por el otro
lado El Cortés y el Prau Cortés, que tanto nos costó subir en un día terrible
de calor. Volvemos a tener la sensación de estar por encima del mundo, oteando
horizontes lejanísimos. Es una sensación de bienestar muy grande, a pesar de
que las piernas se quejan. Firmamos, nos felicitamos, todo el mundo contento. Diecinueve
montañeros en esta cumbre.
Bajamos con prudencia.
Aprovechando para el reportaje fotográfico que siempre resulta menos
espectacular de lo que uno imagina. Pero es curioso porque cuando se lo enseñas
a alguien “normal” al día siguiente el comentario es casi unánime: “ Estais
locos”. Bendita locura que nos ha prendido en el alma de amor inmenso por estos
Picos de Europa. La bajada se realiza sin problemas, mucha técnica de rapel. Se
están confabulando para subir también al Valdominguero.
Formamos grupitos de bajada,
abandonando a estos iluminados de las tropecientas veinte montañas en un solo
día. Descenso por el mismo camino. El nevero mejor lo pasamos por debajo. Yo
pensaba que la gente iba a comer aquí, pero me dicen que no que mejor al
Casetón de Ándara. Es lo que me faltaba por oir: es que tampoco comen nada
serio, sólo picoteos.
Bajamos atajando las grandes eses
de la pista. Cada vez más rápido, casi corriendo, estilo Xanas. Por el camino
encontramos al grupito que baja de la Pica del Jierro, naturalmente nos superan
al poco rato. En el Casetón estamos ya casi todos. Llega Manuel a la carrera y
al poco rato los otros tres del Valdominguero. Sensacionales sensaciones las
vividas hoy. Una pega: la cerveza del refugio no muy fría. Y es que casi lo que
de verdad apetece es beber líquido. Va saliendo la gente poco a poco al Jito
Escarandi.
Angel, que se está convirtiendo
en un auténtico experto en Picos de Europa, nos propone a los últimos bajar por
la Canal de las Vacas. Me entusiasma la idea de conocer una ruta alternativa de
las que siempre estamos hablando. Al poco rato ya me sacan casi un kilómetro y
eso que bajo casi corriendo. ¿Estás mayor, chaval? ¿Con qué espadas mides
fuerzas, hombre? Acabamos llegando al Jito Escarandi. Nos sobra media hora para
que arranque el autocar, que lleva aquí parado ocho horas y media. Lo que
quiere decir que sin la parada de Ándara a la vuelta habríamos ventilado esta
exigente ruta en menos de siete horas y media.
Recogemos a los tres que bajaron
antes a Sotres. Vamos a tomar unas sidras donde se puede porque está todo
petado de coches. Al final el sitio bueno fue Benia de Onís.
El próximo sábado de agosto
tenemos una de las clásicas del grupo: La Ubiña Grande, nuestro particular
homenaje al amigo Jorge, al que esta vez añadimos la propina de la Ubiña
Pequeña. Animaros a subir que de verdad merece la pena.
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