martes, julio 29, 2014

COMO DISFRUTAR A TOPE EN LA MORRA DE LECHUGALES: CADA UNO SEGÚN SUS FUERZAS



26 de julio de 2014

Rematamos este mes montañero de la mejor forma posible. El tiempo por fin acompaña y nos disponemos a disfrutar a tope. El madrugón que nos dimos merece una recompensa y de buena mañana ya estamos pateando la archiconocida pista que va del Jito Escarandi hasta el Casetón de Ándara.  Una nube baja impide ver las cumbres cercanas pero hace calor bastante. Ya superado el Casetón de Ándara, por el atajo que tan bien practicamos, empieza la galopante subida por el trazado de la pista, flanqueado de bocas de mina por arriba y por abajo.

Alguna parada hacemos, porque los que van por delante ni se acuerdan de este sencillo detalle. Quieren comerse el monte y cuando nos damos cuenta están en La Rasa de la Inagotable. Poco a poco vamos llegando los últimos a las praderías verdes que inician la prodigiosa canal de Las Arredondas. Tenemos todas las cumbres a un golpe de vista. Y hay gente que quiere hacerlas todas. Sube un grupo desde Lon, otro grupo cántabro va a la Silla del Caballo Cimero. Se ve gente en Samelar, en el Sagrado Corazón.

Llegados los últimos emprendemos el siguiente ataque a la base de la Morra. Queda un mundo todavía. Lo primero es descender algo por Las Arredondas para entrar a la canal por su parte inferior. Luego el trazado continúa en subida constante hasta un colladín donde se gira claramente a la vertiente cántabra.  Un grupo sube directamente al Grajal de Arriba, otro se dirige a toda máquina a la Silla del Caballo Cimero.  ¿Qué pasa hoy aquí? La gente vino pletórica de fuerzas. El esforzado grupo que sólo aspira a hacer la ruta prevista, nada más ni nada menos, está desbordado por esta actividad montañera incesante. Se ve que los refuerzos que recibimos hoy del Vetusta, del Alpino y de la Calzada nos han dado un aliciente suplementario. La verdad es que el día está magnífico, las cumbres casi, casi al alcance de la mano, la brisa suficiente para dejarnos respirar. Cada uno según sus fuerzas, parece que es el lema para hoy. Afortunadamente todos subimos acompañados por alguien.

Vienen por detrás de nosotros, haciendo toda la travesera de la Pica del Jierro, también llamado del Evangelista, pues preside su famoso Hoyo del Evangelista, una sucesión de barrancos y neveros en caída constante hacia un lateral de las Arredondas. Me paro a hacer una foto, la línea cumbrera que marca el final del Caballo Bajero es una sucesión de pequeñas agujas, sorprendentemente afiladas contra el cielo azul. Del lado de Cantabria no se ve nada hacia el valle.

En el Jou del Evangelista hay que atravesar un nevero para progresar. El hielo está duro y seguro, pero muy pisado y en pendiente. Habrá que tomar precauciones al descender. Sólo queda un resalte y luego un cambio de valle para asomarnos, primero a Áliva y luego para ver todo el central enmarcado por nubes bajas pegadas a los Picos. Saludo a la silueta impresionante del Urriello, acompañado por todo un grueso de picachos. Nos enteramos el lunes por la prensa del fatal accidente que se produjo en la Corona del Raso casi a la misma hora en la que llegábamos a la base de la Morra.

Observo una cosa extraordinaria: a pesar de la dispersión geográfica que hemos tenido por toda la circunvalación de cumbres aparecen todos en el momento en que el grupo principal posa la mochila en la base. Vaya sincronización. Y es que la gente no ha olvidado el objetivo del día. Y ahora lo atacamos.

Por el camino nos han venido contando los montañeros que descendían la dificultad del paso y cómo superarlo. Escuchamos a todos. Vamos subir a los primeros del grupo y nos decimos: Esto es el Grupo Las Xanas: ¡ningún problema! El cordino amarillo ayuda a superar el pequeño extraplome de la roca empotrada en la canal. Cada uno con su técnica: hay quien apoya la rodilla derecha, otros prefieren usar los tres estribos de roca para apoyar los pies, los más valientes desprecian la cuerda, y Manuel sube por otra canaliza más a la derecha.

Estamos arriba. Todo el central a la vista. Y la Canal del Jierro, el Valdominguero y su collada… por el otro lado El Cortés y el Prau Cortés, que tanto nos costó subir en un día terrible de calor. Volvemos a tener la sensación de estar por encima del mundo, oteando horizontes lejanísimos. Es una sensación de bienestar muy grande, a pesar de que las piernas se quejan. Firmamos, nos felicitamos, todo el mundo contento. Diecinueve montañeros en esta cumbre.

Bajamos con prudencia. Aprovechando para el reportaje fotográfico que siempre resulta menos espectacular de lo que uno imagina. Pero es curioso porque cuando se lo enseñas a alguien “normal” al día siguiente el comentario es casi unánime: “ Estais locos”. Bendita locura que nos ha prendido en el alma de amor inmenso por estos Picos de Europa. La bajada se realiza sin problemas, mucha técnica de rapel. Se están confabulando para subir también al Valdominguero.

Formamos grupitos de bajada, abandonando a estos iluminados de las tropecientas veinte montañas en un solo día. Descenso por el mismo camino. El nevero mejor lo pasamos por debajo. Yo pensaba que la gente iba a comer aquí, pero me dicen que no que mejor al Casetón de Ándara. Es lo que me faltaba por oir: es que tampoco comen nada serio, sólo picoteos.

Bajamos atajando las grandes eses de la pista. Cada vez más rápido, casi corriendo, estilo Xanas. Por el camino encontramos al grupito que baja de la Pica del Jierro, naturalmente nos superan al poco rato. En el Casetón estamos ya casi todos. Llega Manuel a la carrera y al poco rato los otros tres del Valdominguero. Sensacionales sensaciones las vividas hoy. Una pega: la cerveza del refugio no muy fría. Y es que casi lo que de verdad apetece es beber líquido. Va saliendo la gente poco a poco al Jito Escarandi.

Angel, que se está convirtiendo en un auténtico experto en Picos de Europa, nos propone a los últimos bajar por la Canal de las Vacas. Me entusiasma la idea de conocer una ruta alternativa de las que siempre estamos hablando. Al poco rato ya me sacan casi un kilómetro y eso que bajo casi corriendo. ¿Estás mayor, chaval? ¿Con qué espadas mides fuerzas, hombre? Acabamos llegando al Jito Escarandi. Nos sobra media hora para que arranque el autocar, que lleva aquí parado ocho horas y media. Lo que quiere decir que sin la parada de Ándara a la vuelta habríamos ventilado esta exigente ruta en menos de siete horas y media.

Recogemos a los tres que bajaron antes a Sotres. Vamos a tomar unas sidras donde se puede porque está todo petado de coches. Al final el sitio bueno fue Benia de Onís.

El próximo sábado de agosto tenemos una de las clásicas del grupo: La Ubiña Grande, nuestro particular homenaje al amigo Jorge, al que esta vez añadimos la propina de la Ubiña Pequeña. Animaros a subir que de verdad merece la pena.

FRESINES

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