miércoles, marzo 05, 2014

EN LOS CAMINOS DEL AGUA POR VEGA DE HORRO



1 de marzo de 2014

Que somos fundamentalmente agua es bien sabido. Y que en agua nos convertimos también. Así que del agua venimos y al agua vamos. El agua que nos espera abundante en el cielo, en los regatos, en los caminos. Nos bajamos en la curva posterior a Veiga de Horro, llueve. Sólo nos llueve una vez: empezó a las tres de la mañana y no lo dejará hasta las doce de la noche. Agradable día para un paseo.

Pero la afición tira. Y el camino está ahí. Subimos por la hormigonada pista. Es una subida tendida pero continua. El camino se ha convertido en río. Las laderas que estamos viendo tienen profundas cataratas que desaguan impetuosas en el arroyo Rogueiro. Son hilos brillantes que se suceden unos a otros. Subimos por la Sierra de Oballo que separa el río Monasterio del valle del río Coto. Por lo demás es un suelo muy pobre: el trabajo antiguo de la minería, la tala indiscriminada y los incendios han favorecido la continua erosión dejando las vetas de roca al desnudo. Encontramos una primera braña, La Pasada. Techos de pizarra y alguna uralita desentonando. Se aprecian desconchados de antiquísimas explotaciones auríferas. Siguiendo hacia arriba en media hora llegamos a la braña Folgueirosa, en un entorno idílico. El temporal arrecia, pero aguantamos a pie firme. Esperamos a un rezagado que no acaba nunca de llegar. Angel le espera, esto se está convirtiendo en práctica habitual y es un problema para el grupo.

Subimos un poco más para entrar en calor. A la Collada Veigas. Hay trazas de un antiguo pozo usado por los romanos en su labor extractiva. La cima está oculta por las nubes grises. Hacemos una amplia lazada para ir cogiendo altura. Perdemos la pista por seguir el track, algunos preferimos seguir la pista que bordea la cumbre. La mayoría sigue por lo alto del cordal. Confluimos al otro lado, en el valle de la Cimera. Todavía hay charcos de nieve.  

Se ve la siguiente majada, a la que pronto vamos a llegar. El paseo por la ladera es casi agradable. Se tendría que ver un paisaje envidiable. En la Braña de La Viña estamos un rato. Los pequeños hórreos son magníficos, todo un ejemplo de adaptación al entorno. Todavía tenemos que bajar hasta la carretera. Preferimos rodear por la pista, subiendo un poco, para no tener que atravesar el reguero del Yacéu que baja bravísimo. Rodeamos, pues, toda la amplia ladera, por buena pista, en la que corre abundante el agua. Vamos bajando en lazadas sucesivas hasta llegar a la altura del arroyo. Está desbordado a tramos. El agua bulle agitada cayendo incesante, muy salvaje.

El último tramo del camino está empedrado y bastante resbaloso. Tras pasar por La Viña, salimos a la carretera. Nos quedan un par de kilómetros. En la pequeña aldea que marca el inicio Los hórreos crecen en cualquier pequeño espacio, incluso hay uno encima de un tapial, apuntalado por los lados para que no deslice. La carretera siempre es una lata. Junto a la ermita de la Virgen de Los Remedios, está un cementerio, muy elegante, muy tranquilo, mirando el salvaje espectáculo del río Coto, a punto de desbordarse en varios puntos. Llegamos a la Vega de Horro. El Alberge es un buen edifico, rehabilitado en lo que fueron las escuelas. Su zaguán nos sirve para cambiarnos al resguardo de la intensísima tormenta.

Ha sido un día difícil, pero superado con buen humor y con “aguantoformo”, dos buenas recetas para las crisis. Comemos en Penlés donde nos atienden muy bien.

El día 8 próximo vamos al Aller a subir el Pico Solengues y el Pico El Naval, para bajar luego a Pelúgano. Parece que el mal tiempo remite durante unos cuantos días. Aprovechémoslo.

FRESINES

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