22 de
junio de 2013
Por
fin un día gozoso. Ya tardaba en llegar. Hasta ahora el larguísimo invierno no
daba tregua. Pero un día seminublado, con viento constante que barrió la nubosidad
nos dejaron disfrutar de una buena jornada montañera. Nuestro primer destino es
la Farrapona, inicio
de un montón de rutas diversas. La nuestra de hoy se refiere a la Ruta de los lagos somedanos, el PR
AS-15. Primer lago de La Cueva,
magníficamente restaurado después de una activa explotación de hierro. Todavía
conocimos las instalaciones hace ya bastantes años. Las fotos reflejan bien el
cielo, el viento levanta crespas en la superficie. Los montes que circundan
esta cubeta están revestidos de un verde de gala.
Subimos
al pequeño lago de Almagrera. Tiene agua en abundancia. Todos estos lagos
tienen un muro artificial para recrecer el nivel de las aguas. La mina
necesitaba mucho líquido para las labores de extracción y limpieza. Por la
parte alta hacemos un pequeño desvío en dirección al pico Calabazosa. En esa
dirección sur este hay tres lagunillas más visibles al final de la temporada de
lluvias. Volvemos a la pista de la Majada Cerveriz. De
camino todavía podemos admirar el pequeño lago Cebolléu que dura mientras no
aprietan los calores.
Y
casi sin querer queriendo empezamos la subida por Los Pozos a la Llávana.
La subida, aunque esforzada, es cómoda si sigues la senda.
Rodeando por la sur llegamos pronto. Dos horas hasta aquí, paradas incluidas.
Como observatorio es una sensacional atalaya de todos los montes circundantes: La Chana, La Orniz, el Cornón, La Penouta… Los Lagos de Cerveriz y
Calabazosa y al fondo los Huertos del Diablo, Los Fontanes, Castillines y las
dos Ubiñas. Cierra su cara oeste el paredón de Murias Changas. Espectacular, de
verdad.
Continuamos
la travesera haciendo un pico intermedio en los altos del Corralón marcados con
unos buenos 1871 m.
en el mapa. Casi la misma altura que la Fana Brava que vamos
a hacer a continuación. Descansamos un momento en su base y en una fácil subida
nos encaramamos a otro mirador de primera. Se ve desde el Lago del Valle,
inmenso, son su tranquila islita en medio, dando una gran sensación de sosiego,
hasta Valle de Lago en la distancia. Es fácil comprender que todo este inmenso
valle ha sido modelado por las lenguas de hielo que acumularon gran cantidad de
materiales que a su vez se compactaron formando las murallas que protegen de
los vientos La Pradera
del Valle.
Muy
por debajo se ve la pista a la que tenemos que llegar. Hay unos trescientos
metros de desnivel en línea recta. Pero nos va a llevar mucho más tiempo porque
tenemos que bajar a Camayor y dar una amplísima vuelta para enlazar con el
camino de Valle de Lago a la altura del Alto la Braña.
Durante todo el camino se pueden ver las inmensas rocas que
rodaron desde La Solana
y la Peña el Cueto, alguna
reciente de esta alocada primavera. Conectamos con el camino. Nos llaman la
atención los cierres de las fincas, hechos a conciencia. Las praderas pujantes
de fresca hierba esperan su ganado. Todo da una gran sensación de paz.
En
el pueblo hay bastantes coches aparcados. Por fin hoy el buen tiempo ha traído
turismo. Cuando bajamos de Peña Chana todo eran quejas por la desolación que
produjo el mal tiempo. Paramos brevemente en el barrio de abajo, La
Ribachuenga. Casi hay más instalaciones
para el turista que casas de vecinos. Una cervecita rápida alivia nuestra mucha
sed. Sin casi descanso continuamos. Si las cosas fueran de otra manera la larga ruta habría terminado aquí
felizmente. Pero como hoy hemos traído el autocar grande porque somos un montón
de gente, este no puede dar la vuelta en la curva.
Así
que tenemos que seguir viaje hasta el Coto de Buenamadre. A la altura del
pequeño pantano artificial, superada la iglesia y unas casas pintadas de rojo
torcemos a la izquierda, cruzando el río. Hay que subir un pequeño trecho, lo
que es una lata, pero así evitamos la penosa carretera. El camino, algo
embarrado, es maravilloso. Vamos bordeando cuidados prados. Mirando hacia atrás
hay un magnífico ojo de buey en la Peña Furada, como su
propio nombre señala.
Vamos
bajando con tranquilidad aun sabiendo que hay compañeros que nos esperan hace
rato pues se saltaron las dos alturas del día. En el Coto dos amables señoras
se divierten distribuyendo la población de montañeros que patea sudorosa por su
calle. Unos acaban en la carretera y otros, más afortunados, bajamos por el
camino antiguo hasta dar un kilómetro más abajo con el autocar.
Ya
quedaba sólo rematar bien la jornada. La eterna pregunta:<< Lito ¿dónde
comemos?>> Lito que si aquí o allá, hay que mirar a ver… Total que
bajamos a la Pola y
evitando el hotel donde aquella vez nos trataron como si fuéramos millonarios,
encontramos un agradable bar con terraza en el que una joven pareja nos atendió
de primera. Digno remate para una hermosísima jornada montañera, de las que
será difícil olvidarse.
El
día 29 tenemos en el horizonte otra magnífica excursión en la que queremos
saltar del valle del Nalón en Orlé hasta Taranes después de haber hecho las dos
foces, la maravillosa Foz de Melordaña y la siguiente para acabar en la collada
Campigüeños y desde allí acceder a la Becerrera San
Pedro o Campigüeños de 1838. La excursión promete y me recreo con gusto pensando
en bajar por las solitarias y maravillosas majadas de Daón y Piegüé.
FRESINES
1 comentario:
otra que me perdí y que me apetecía muchisssimo
me alegro que por fin hiciera bueno
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