15 de
junio de 2013
Según
Ballesteros pocos conocen esta escondida región de Ponga. Es un paraíso en lo
profundo del monte, que hay que descubrir. Una modesta cumbre pero con
magníficas vistas. Bueno, sería así en otras circunstancias porque hoy el manto
de niebla nos impedirá unas panorámicas claras.
Subimos
hasta La
Uña. Un kilómetro antes, para ser exactos,
siguiendo la magnífica descripción que escribió Peña hace cinco años. Por el
puente Las Vegas cruzamos el río Valdosín, yendo siempre hacia el Norte (PR-
LE-20). La hierba está alta y una solitaria cigüeña picotea en los llamardales.
Este camino nos llevaría en poco tiempo a Ventaniella. Pasamos la majada de
Valdosín accediendo al puerto de Ventaniella. Pasamos dos portillas entrando en
las amplias camperas rebosantes de buen pasto. El río va formando sus ollas y
cascadas.
En
un momento dado hay que tirarse a la derecha para ascender a la
Colladina. No es fácil la orientación con
la espesura de la niebla. Llegamos más o menos siguiendo la riega ‘L Sabañón,
por el monte Los Mazos. Hay un pastor suspirando por ver el sol. No paramos a
penas, queda una larga cuesta que superar hasta la
Collada Pradera. Un grupo se lanza a subir
hacia Les Pandes, creo que al Picu el Polleru. Otros dos cruzamos, sin perder
altura, todo el fondo de valle para subir por la derecha avistando la mítica
Cazoli, en el lado de Peloño. Todos, cuando nos juntamos bajo la falda del
Porrón de Viañu somos convenientemente abroncados por separarnos del grupo
principal (¿Dónde están las mejores tradiciones de este grupo?)
Desde
la Collada Pradera,
se abre una ventana que enmarca el Maciédome por un lado y Pileñes por otro.
Pileñes está aquí mismo, al alcance de la mano. Una cuesta magnífica, verde,
exigente, muy montañera. Pero hoy la ruta es muy larga y no podemos hacer más
añadidos. Bajo nuestros pies la majada Viañu, magnífica, solitaria, silenciosa,
escondida. El grupo baja rápidamente. Atravesamos el valle orientados siempre
al norte. La niebla vuelve a
envolvernos. El grupo sube al Porrón y se produce el milagro: durante unos diez
minutos se abre el horizonte para disfrute de los observadores.
Volvemos
a bajar. Así va a ser todo el día hoy. Rompe piernas asegurado. Descenso a
media altura para poder remontar luego a los puertos de Sus. Dura la cuesta.
Por fin una cabaña enclavada literalmente en la roca. Estamos en terreno
conocido. No se ve Peloño, lástima. Desde los puertos el camino está bien trazado
sin perder mucha altura, salta bajo el Pico La Seta.
Tendríamos que estar viendo el Zorro. La majada de
Valdevilleñi casi vacía de ganado. Bordeando todo el semicirco de montañas
salimos a las estribaciones del Pico Luengo, atravesándolas por el hermoso
camino de Las Ovejas. Alcanzar desde aquí la collada Pumerín es casi un paseo,
aunque el cansancio pesa. Dos fuentes, las dos secas, qué raro en este año tan
lluvioso. El resto del camino es bien conocido. Nos queda la Collada
Caldes, atravesar su majada,
para tirar por Les Llampes a la pista de Peloño que en tres patadas nos
deja en Les Bedules donde afortunadamente está el autocar, cuyo conductor nuevo
en estas lides se ha atrevido a subir. Bajamos a Sellaño donde como siempre estamos muy a
gusto. Formamos una larga mesa con todos. Por desgracia hay prisa por aquello
de los horarios, y comemos en media horita, y salimos pitando con el café a
medio tomar, que está muy caliente. Es una pena que la niebla nos haya impedido
disfrutar plenamente de esta sensacional y larga travesía. Han sido siete horas
muy densas.
Para
el sábado 22 subimos a la Farrapona
y desde allí queremos llegar a La
Llávana, más al norte del Albo occidental, para desde allí
pasar a la Fana Brava y bajar
luego a Valle de Lago, donde concluiremos esta magnífica ruta. No va a llover y
puede salirnos un día perfecto.
FRESINES
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