8 de
junio de 2013
El
calendario reza: Subida al Cuito Negro, al Negrón y a los Puertos de la
Bachota. Guapa la planificación. Llueve el jueves por la tarde, llueve todo el
viernes, llueve toda la noche, madrugamos y sigue descargando agua. ¿Es que no
se va a parar nunca? ¡Qué fastidio! Es igual, a las montañas vamos, ¡por que
nos gusta!
Subimos
Pajares, es muy pronto, hay mucho tráfico. En Bralliñín, no coge un coche más.
Cientos de bicis se preparan para una dura prueba. Se nos había olvidado que
hoy es el Desafío Pajares. Miramos hacia el horizonte inmediato. Imposible
subir con esta nieblona. Mejor nos preparamos para la alternativa, que cada vez
empieza a ser una propuesta más socorrida. ¿Es que el grupo va a cambiar a
rutas más cómodas? La verdad es que está difícil para subir y por tercera o
cuarta vez se impone la prudencia. Media vuelta al puerto de Pajares en donde
vamos a comenzar el larguísimo descenso por la ruta de San Salvador, GR-100.
Bajamos un pequeño tramo
de carretera hasta la casa de Tibigracias.
Por el tramo de carretera bajan manadas de ciclistas a buena velocidad
haciendo rechinar los frenos. La carretera está mojada y tiene peligro, más
teniendo en cuenta que suben coches por el carril derecho. Gracias a la
prudencia de los conductores se evita más de un accidente casi seguro.
Desde la casa de
Tibigracias empieza el descenso con un cartel que marca el inicio de la ruta de
peregrinos, la famosa ruta del Norte, saliendo del Camino Francés. Lo que desde
aquí se puede ver es una maravilla. Eso que la línea cumbrera esta tapada. Pero
¿el monte Valgrande?…”¡Qué escenas tan sublimes! ¡Qué montañas tan
augustas!. Todas se ven como unos enormes trozos derrumbados de las más altas.
En las inferiores, el monte de Valgrande, poblado de hermosas hayas… Lo cierto
es que, un sitio tan señalado como este donde la Naturaleza es
tan grande y vigorosa, todo contribuye a aumentar la sublimidad de las escenas.
El sol es aquí más brillante, los vientos más recios y impetuosos, las mudanzas
del tiempo más súbitas, las lluvias más gruesas y abundantes, más penetrantes
los hielos y todo participa de la misma grandeza. Si se hace este camino será
el encanto de los viajeros, singularmente de aquellos que sean dados a la
contemplación de la
Naturaleza” (Gaspar Melchor de Jovellanos)
La ruta confluye con otras
que vienen del Parador y del Alto La Veiga. También con la prestosísima senda
que desde el Ruchu llega hasta la autopista a la altura del Negrón. ¡Qué
bailoteo aquel día después de una durísima caminata de más de ocho horas! Hemos encontrado el cauce del río Valgrande y
vamos a acompañar su precipitado descenso durante unos cuantos kilómetros.
Descendemos por la pista hasta San Miguel del Río. Precioso está el pueblo,
adornado con antiguas muelas de algún molín cercano. Continuamos por una
prestosa senda, oculta pero limpia, que bordea al tiempo que el río da sus
revueltas. Una cascada viene ruidosa del Altu las Tixeras. Con un pequeño
esfuerzo más, por que ahora hay que ascender algo llegamos a Llanos de Somerón.
Descanso bajo el
centenario texu. La iglesia está abierta y las campanas llaman a sus fieles.
Nuestra peregrinación va por otro lado: carretera adelante, paralelos como debe
ser al río Payares, el antiguo Valgrande que ya va crecido con las aguas que se
recogen desde las dos laderas del alargado valle. La carretera se hace pesada y
se salva con buena velocidad y mejor conversación.
Teniendo ante los ojos el
Puente Los Fierros se aprecia con toda claridad un desvío por la izquierda tan
señalado que es imposible no verlo. Más de diez flechas avisan al despistado
que hay que subir. Algunos nos abandonan para buscar al autocar que anda por
aquí. Escapan de la lluvia que golpea con fuerza los chubasqueros.
El camino en franco
ascenso sube por estrecho paso hasta Fresneo para llanear por las praderías.
Mirar desde aquí la estación de Puente Los Fierros. No solemos verla desde esta
perspectiva. Es muy interesante. Se ven trazadas en el monte las múltiples lazadas
que permiten ascender al tren con gran esfuerzo. Un homenaje a aquellos
arriesgados trabajadores que tuvieron la osadía de saltar la cordillera con sus
máquinas de fierro. En el bisel de la montaña está bien asentado el pueblo de
Navedo con su bella ermita de Nuestra Señora de las Nieves. Habría que
organizar alguna ruta a los túneles de la vía.
Estamos muy altos sobre el
río y la carretera. El camino se va metiendo en una espesa arboleda de bosque
atlántico, en la que abunda el fresno, el ablano y el castaño. El siguiente
paso de este rompe piernas es El Cabañón. El camino está muy bien señalado,
aunque, por poner alguna pega, las marcas del GR, blancas y rojas, se mezclan
con las rojas y amarillas de los PR AS-94, 95, 96 y 99. Pero es lo de menos, el
camino está limpio, salvo algún cruce de arroyo, algún árbol cruzado, y el
sempiterno barro que empieza a ser protagonista.
Es un camino fácil, pero
largo. Pasamos el lugar de San Miguel donde se cree que hubo un monasterio con
albergue de peregrinos. Luego un duro repecho en Las Cuestas nos hace sudar
tinta. Vuelve a orbayar delicadamente. Muy guapa Herías, con su casona señorial
que están retejando. Buena fuente para el peregrino sediento, se supone, en un
día de calor. No es el caso hoy. El invierno no puede escapar del territorio.
Rasgando las nubes está detrás la primavera. Falta muy poco para nuestro
destino. En realidad la ruta alternativa estaba prevista sólo hasta Los
Fierros. Todo esto que estamos haciendo es una propina para hacer algo de
cansancio. Y sí, ahora ya estamos un poco hartos de este guapo camino, que no
acaba nunca.
Con la lluvia y la umbría
el barrizal se espesa a tramos. Caminamos por una de nuestras especialidades:
el barro pegajoso que quiere absorberte una bota. Llueve fuerte. La bajada a
Campomanes está muy inclinada y resbaladiza. Superado este tramo nos podemos
cambiar la ropa mojada y ponernos presentables para comer. Han sido veintidós
kilómetros y medio y casi siete horas de buen descenso. Nuestros pecados están
perdonados.
Después de comer,
sorpresa. Son las seis y media. El autocar se niega a dar un paso más. Es uno
de los grandes de la casa. Pero los dinosaurios también tienen achaques. Que le
vamos a hacer: volver al bar a por unos culinos de sidra. Llega el socorro desde
Oviedo. Y arranca a la primera. Cosas mágicas de la técnica. Llegamos a Oviedo
a unas horas que parece que estemos en verano. Que va, dan agua para el lunes,
no sea que vayáis a acostumbraros mal.
El día quince repetimos
una ruta que ya hicimos hace años. Atravesar desde La Uña al puerto de Ventaniella para subir al
modesto pico del PORRÓN DE VIAÑU que tiene unas excelentes vistas sobre Ponga y
los Picos de Europa. Es una ruta larga, pero no difícil pero que merece mucho
la pena. Que alguien con influencia encargue un poco de sol.
Atención
los del Refugio de Jermoso: a partir de esta semana empezamos a cobrar por
adelantado el precio de la pernocta, el autocar y el teleférico. Son 58 euros
para los federados nacionales y 67 para el resto, independientemente de la
licencia autonómica que se posea. Tened en cuenta que en caso de no ir por una
causa no justificada tendría que abonarse el autocar de dos días y el 10% de la
estancia. En total 28 euros.
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