Os incluyo en esta
sección el artículo de opinión del montañero, escritor y librero, ALBERTO
CARLOS POLLEDO ARIAS, aparecido el día 16 de este mes en LA NUEVA ESPAÑA, con el fin de que toméis conciencia del desastre que se
puede perpetrar en nuestro bosque emblemático: EL BOSQUE DE MONTEGRANDE, a los pies
de nuestro querido Ferreirua.
Desde este modesto
órgano de noticias, el GRUPO DE MONTAÑA "LAS XANAS", quiere hacer oír
su voz en contra de todo lo que pueda ser perjudicial para este espacio natural,
por otro lado rodeado de todos los mecanismos en contra de su deterioro:
"Parque Natural de las Ubiñas-La Mesa, es territorio declarado Reserva de
la Biosfera, Lugar de Interés Comunitario (LIC), Zona de Especial Protección
para las Aves (ZEPA) y zona de uso restringido.
Sería gracioso que
se pusiesen trabas a los montañeros para moverse por estos lugares y luego la
misma administración lo degrade de una forma mecánica y total. No consentiremos
ninguna actuación en este espacio protegido y de una belleza y vida fantástica.
Esperemos que todo sea un equívoco. Espero vuestros comentarios al respecto.
Montegrande, degradación de un espacio maduro
Ante el proyecto para explotar forestalmente el hayedo situado entre Quirós y Teverga
16.05.2013 | 00:00
Alberto Carlos Polledo Arias. Los
montes en general, y los bosques en particular, han provocado, provocan y
provocarán actitudes polémicas y sentimientos encontrados entre las personas
comprometidas con la conservación de su ecosistema y las que pretenden el
aprovechamiento forestal. Cuando utilizamos la palabra bosque podemos
referirnos a un espacio vital dominado por pinos, encinas, robles, castaños,
rebollos, chopos, álamos? en plantaciones dirigidas, desde su inicio, a la
explotación comercial. Cuando así sucede no hay confrontación posible porque
son plantaciones programadas; sus gestores siempre intentarán tomar decisiones
adecuadas para un halagüeño porvenir económico. En las antípodas nos situamos
si se trata de un bosque mixto maduro: este sí que es intocable y hay
respetarlo íntegramente porque las actividades humanas sobre él, no es que
puedan provocar cambios transcendentales en el funcionamiento de su ecosistema,
es que trastornarán el papel que cada ser vivo desempeña con el resto de los
componentes. Está demostrado que la intervención humana sobre estos espacios
influyen en la fauna. Cada árbol, planta, hoja, flor y fruto dentro de una
umbría más o menos profunda proporciona unas particulares condiciones de vida y
favorece a determinadas especies animales, porque para cumplir sus necesidades
vitales necesitan determinadas estructuras vegetales.
Viene esto a cuento porque parece que quieren «aprovechar» forestalmente el
hayedo de Montegrande. Todos ustedes saben que está situado entre los concejos
de Quirós y Teverga, aunque en el primero de ellos ocupa una mínima parte. Lo
que quizás no conozcan es que dicho bosque, Montegrande, forma un conjunto
indivisible con los montes de Corros, Troncu, Braniella y La Puerca. Preside y
vigila su estructura el altivo Ferreirúa y cierran sus lindes La Focella,
Páramo, Puerto Ventana y el cordal correspondiente hasta Braña las Navariegas.
Si no la primera, segunda mancha forestal de Asturias. Crecen por sus agrestes
laderas abedules, acebos, hayas, robles, tejos, espineras, cerezos, avellanos,
arces, arandaneras, piornales? bosque milenario con troncos espectaculares y
rincones de ensueño que guardan lo más representativo de la fauna y flora
asturiana. Osos y urogallos -dos especies en peligro de extinción-, lobos,
ciervos, corzos, rebecos, jabalíes, zorros, jinetas, nutrias, perdices,
torcaces? conviven bajo un manto sobrevolado por todo tipo de aves rapaces.
Este sobresaliente espacio geográfico se encuentra integrado en el Parque
Natural de las Ubiñas-La Mesa, es territorio declarado Reserva de la Biosfera,
Lugar de Interés Comunitario (LIC), Zona de Especial Protección para las Aves
(ZEPA) y zona de uso restringido. Parece ser que toda esta catalogación, toda
esta rimbombante protección no sirve para nada porque hablan de «ordenar» este
monte de titulación pública y, por experiencia, debemos ponernos en lo peor.
No sé si cuando hablan de «ordenar» Montegrande quieren decir cortar, arreglar
o barrer debajo de la alfombra. Puede ser que nos vengan con la manida monserga
de limpiar el monte y a la vez lograr un aprovechamiento, cuando el hábitat de
oso y urogallo, especies en las que, para su recuperación, se han invertido y
se prosiguen invirtiendo importantes cantidades de dinero, es, a todas luces,
sagrado. El sotobosque bajo las hayas suele estar despejado pero alberga ramas
y troncos caídos por doquier que, además de cobijar numerosas especies,
conforman el medio ideal para el urogallo. Nunca faltan zonas de matorral en el
que se resguardan otros animales y son imprescindibles para la supervivencia.
Por ello, mal que les pese a algunos, el monte debe estar «sucio»; siempre en
el buen sentido de la palabra.
Vienen a mi mente los nefastos
trabajos silvícolas realizados hace tres o cuatro años en el Parque Natural de
las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias para «mejorar el hábitat del urogallo»,
en donde fueron utilizadas excavadoras tipo araña que desbrozaron y eliminaron
la vegetación, de tal forma que convirtieron el alrededor de los cantaderos en
puro desierto. Si a esto añadimos la construcción de pistas que facilitarán la
caza furtiva y los derivados de su utilización en áreas críticas de oso y
urogallo, es fácil predecir que estamos a la puerta de un descalabro ambiental.
Mira que no habrá en Asturias bosques para «ordenar» y clarear. Pues no señor,
como el sentido común escasea, tienen que destruir, precisamente, uno
monumental. Olvidan que la óptima consolidación de un espacio natural, de un
bosque, requiere cientos de años. Por el contrario, la actividad humana es
capaz de perturbar un ecosistema forestal en días.
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