11
de mayo de 2013
Nos
dimos otra paliza. Pero mereció la pena. El monte estaba precioso con retazos
de nieve y una pujante vegetación recién estrenada. Desde el principio esto es
lo que pasó: Primero, parada para desayunar en Proaza. Hoy el autocar vuelve a
estar completo. Así da gusto. Y la gente, por lo que se ve, con muchas ganas de
monte. Además hoy es un día histórico: Ha vuelto con nosotros Manolo. Hará la
ruta por la parte final. Pero lo que importa es que está aquí con su grupo y no podemos de
contentos.
El
autocar sigue hasta la Cobertoria
y Luis, nuestro conductor de hoy, es bravo y tira para adelante ahorrándonos
unos cuatro kilómetros de carretera. Nos quitamos hora y media de encima. Y
logra dar la vuelta en un sitio inverosímilmente pequeño. Un aplauso espontáneo
se lleva. Con estos ánimos y con el gran
madrugón empezamos prontísimo a caminar. Las nueve y veinte. Llegamos al
Gamoniteiro. Bajamos por la pista para buscar el mejor paso al Barriscal.
Cuatro o cinco caminos distintos para un objetivo único. Nos apartamos algo del
track previsto que era subir por el collado entre los dos picos próximos.
Algunos vienen desde el Xistras, hubiera sido la ascensión más razonable. Una vez
en el Barriscal hacemos acopio de alimentos para reparar la energía gastada y
prevenir la mucha que todavía queda por gastar.
Para
bajar al valle del Angliru hay que hacer primero un largo descenso, luego
enfrentar un estrecho paso nevado y luego llegar al aparcamiento previsto para
uso ganadero. Desde allí la subida a La
Gamonal está bien trazada aunque hay más de una senda
entrecruzada en la ladera. Coronamos en relativamente poco tiempo. Breve parada
de descanso y mucha discusión sobre los montes que se ven, las canteras del
fondo, la nevada Rueda y el lejano Cornón. Todo de una belleza aplastante.
La
parte más dificultosa de la excursión viene ahora. Para evitar dar un gran
rodeo a Pan de la Forca,
hay que bajar en diagonal dirección noroeste para salir por un sendero en el
fondo de valle entre los picos Mortera y Cazá. Ocho valientes, incluida la
sección infantil se lanzan a conquistar el Monrasiello y el Cazá. El resto vamos
cayendo a la canal del fondo del valle. Estamos todavía a 1402. Según Lito está
canal es la de TRAS-TRAS-TRAS Y A LA DERECHA. Efectivamente, la bien trazada
senda va bajando de forma ondulada y al segundo TRAS ya se adivina un
senderillo que se introduce en el bosque. Un poco de barro, unas cuantas
pinchosas cotoyas, algunos saltos de regatos y ya entramos en las praderías de
abajo. Todavía queda un mundo. Hemos descendido por los Puertos de Andrúas. Me
paro varias veces a mirar las siluetas de los agudos cuetos que dejamos atrás.
Este Aramo sigue siendo un gran desconocido, esta zona para la mayoría es
totalmente nueva. Y por cierto bien, pero bien, guapa.
Pasamos
por los lugares de la Fonfría
y de Fontazán . Ahora el camino más evidente va enfoscándonos a un paso
Entrecuetos. Angel aprovecha para subir al picudo Cutiay, acompañado por la
sección infantil. ¡Esti guaje no cansa nunca, rediez! Cuando les volvemos a
encontrar pasada la Rebollada
llevan entre los dos una inmensa cuerna de ciervo de siete puntas. Un buen
ejemplar debe ser para portar semejante adorno en la testuz.
Cuando
ya por fin enfocamos el camino de La
Rebolla, nos adelanta un ganadero que quiere bajar una punta
de caballerías al pueblo. Con el macho y las tres hembras van dos potrillos
recién nacidos. Mejor no molestarles. El macho es bravo e indómito y como va a
lo suyo intenta la monta de una hembra tirando a un indefenso potrillo cuneta
abajo. La guiá de Luis hace milagros para obligarle a seguir su descenso. En La Rebollá, un joven leñador nos
pregunta por sus seis vacas, bastante famélicas porque no hay hierba que comer.
Largo
descenso a lo fondero de la foz de Coveyada. Un paisano mayor armado con dos
muletas desciende lento a cerrar un prado. Nos pregunta también por sus seis
vacas. El río cae presuroso junto a los restos del molín de Secundino. El desfiladero
magnífico, como siempre. La vegetación lo invade todo. El rumor del agua se
hace más tenue, a medida que avanzamos. El canto de los pájaros también ha
desaparecido. Hacemos estos últimos kilómetros lo más deprisa posible. La placa
del G.M. LAS XANAS, da pena, pide una buena limpieza.
Dando
la consabida vuelta llegamos, por fin, al aparcamiento del Molín. Ocho horas y
media. Mil quinientos treinta y cinco
metros de desnivel directo. Nos espera otra sorpresa: José Juan nuestro
accidentado de Vallemoro, nos está esperando armado de dos buenas empanadas con
dulce y salado. Damos cuenta de todo en el bar Las Xanas, empieza a hacer frío.
No hemos tenido mucho calor por las cumbres, pero ahora hay que meterse dentro
del bar para los postres. Y de paso hacer alguna canturriada con Manolo de
tenor improvisado. Como en los viejos tiempos, ¿eh?
El
día 18 de mayo tenemos por delante otra travesera pistonuda: toda la sierra del
Pienzu: Alto la Llama- Pico La Mua -
P. Mirueñu - Pico Pienzu y bajada por la
Texuca (no dejar de admirar el tejedal de montaña más cercano
al mar de toda Europa) para llegar finalmente a Gobiendes. Es una ruta conocida
en buena parte. Pero hoy la queremos hacer entera. Está calificada con la A, de andar p’alante. Esperamos que
disfrutéis.
FRESINES
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