4 de
mayo de 2013
Por
fin disfrutamos de un día soleado. Tenemos por delante una larga marcha, sin
ningún pico programado. La ruta en sí tiene los suficientes atractivos para ser
una de las grandes que hagamos durante este año. Así que decididos vamos hasta La
Pesanca. El conductor logra pasar por la estrechura de las casas de Riofabar y
tardamos muy poco en llegar al área recreativa. Por cierto, la carretera de
acceso está en un penoso estado de conservación. Pero nos hemos prohibido
hablar de crisis. Crisis ¿qué es eso Sr. Rajoy?
Sin
bromas. El día amaneció despejado. Ya era hora, que tenemos escamas en la piel.
A las 10 de la mañana en marcha. Por el conocido camino del río del Infierno.
Nos comentan que al puente Mercadín se lo ha llevado el agua. Pero no es cierto
se pasa bien, como siempre. El itinerario discurre por encima del arrroyo
Degoes que baja fuerte de agua. Nos vamos internando en las laderas del
Vízcares. Está levemente cubierto de nieve. Pero nuestro objetivo es el Collado
Traslafuente, superada la majada Cureño. Hasta aquí más de quinientos metros
superados.
El
llegar aquí ya merece una recompensa. Y la tenemos bien a la vista. No tendríamos
que movernos de aquí. Un grupo sube rápido al Maoño. No deben haber leído la
hoja de ruta, porque al final pagaran el sobreesfuerzo. Nosotros a lo nuestro:
vistas a la Peña Santa,
cargadísima de nieve. Y con la mirada hacia atrás, siempre recordaremos el día
que cruzamos la Pasada
del Trayán, subiendo desde la Foz
de los Maserones.
Si
nos centramos en la ruta de hoy su parte más delicada es la bajada a la foz de
Llivarda por que el sendero no está muy claro en los mapas. Afortunadamente el
monte está cada día más urbanizado y toda la bajada está pintada y jitada a
tramos con lo que no hay ningún problema en atravesar el bosque. Bajada
profunda hasta alcanzar el arroyo Llivarda que por dos veces se sume en el
suelo. Todo el bosque está renaciendo con la primavera. Esta travesía es un
auténtico regalo.
Al
salir del bosque la vista se aclara dejando transparente toda la zona de Valle
Moro. Sobre la una y media llegamos a Valle Moro. Vaya enclave natural. Puede
que no haya en toda Asturias otra aldea mejor ubicada. Y eso es mucho decir. El
pueblo está enmarcado entre La Bolera
de los Moros, imponente, y el inmenso Porro. Y por delante cerrando todo el
horizonte sur, inmensa, La Llambria
salpicada de nieve en sus innumerables escalones. Vaya espectáculo. A la
entrada del pueblo hay una bolera de reciente construcción. Casi todas las
casas del pueblo están arregladas. Qué tranquilidad se respira. Nos sentamos un
ratito para descansar.
Todavía
queda muchísimo por subir. Para empezar la segunda parte del día subimos a
echar una ojeada a la Paré Rubiello, encima
de Valle Moro, con una cortada aplomante sobre la canal Nozales. Una sucesión
de valles cerrados por el Pico Pondio. Se puede ver también el Pierz. De
postal, oiga. Tiramos por una calle a media altura para empezar un vertiginoso
descenso al río Semeldón. Antes paramos para hacer fotos delante de la foz de
Saolla, tan recordada (y que tenemos en el calendario de este año,
concretamente en junio. Ruta r-e-c-o-m-e-n-d-a-d-í-s-i-m-a). Otra imagen que
queremos dejar grabada a fuego en la memoria.
Llegamos
al río. Hacemos las fotos de rigor en el antiguo molino. Hemos realizado un
buen descenso y ahora toca remontar. El puente sobre el Semeldón está en buen
estado de conservación. Ahora todo el camino es prácticamente pista. Pero no
nos hagamos ilusiones. Hay que remontar los quinientos metros que hemos perdido
en el descenso de Valle Moro. Es la hora en la que hace más calor y la marcha
se hace lenta. A media altura divisamos a los esforzados del Maoño que están
llegando a Valle Moro. Les llevamos hora y media. Pensamos que pronto nos
adelantaran pues vamos bastante despacio. Nos convertimos en amigos de las
sombras, agradecidos de contar con ellas. Primero la cabaña de Rotelles, luego
mucho más arriba la majada de Cuadramoño. Otro premio: La mejor vista del
Cornión, intensamente cubierto de nieve, que puedas encontrar. Hemos ganado
altura: el resto tiene que estar chupado. Pues no.
Aunque
ahora llaneamos más. En la Collada Llués
reponemos agua. Estamos girando sobre el vértice de la Llambria, que hoy se ha vestido de
gala para nosotros. Al ir doblando La
Llamaría, el Tiatordos se deja ver, completamente cubierto. En medio la
Foz de la Escalada,
tajo inmenso entre montes. Nos encontramos en la Collada Taranes y las vistas
aquí son inmejorables.
De
izquierda a derecha tenemos el Pierzu y el Cornión completamente blancos; por
delante la Cruz de Valdore y la Huerfana. Siguiendo a la altura del Cornión, el
Cantu Cabroneru y la Peña Beza; después el Jario, una mancha blanca destacada
en el cielo azul. Luego unas cuantas cumbres menores y el Recuencu. Aquí la
nieve no se puede mantener por su cortada figura. Seguimos y al poco aparece el
Pico Luengo unido al Collar Zorro. La nieve los cubre a los dos al igual que el
Pileñes y la Peña Ten. Y por fin, aquí, muy cercano, el Tiatordos y sobre su
cumbre helada, me pareció ver la sombra de nuestro añorado Jorge.
En
estas estamos cuando recibimos una llamada de los del Maoño: hay una persona
con problemas que pide rescate. Se organiza la correspondiente parada y
empezamos a quemar los móviles para contactar con Luis que acaba de llegar a
Taranes. Le pedimos un vehículo que pueda subir por lo menos hasta el argayo.
En estas sentimos el sordo y atemorizante ruido de un alud de nieve que se ha
venido abajo en abanico. Día peligroso en las canales.
Con
estas paradas volvemos a descansar otro poco. Mandan un cuad de rescate.
Agradecidos, porque si no, lo íbamos a tener bastante crudo. Contactamos con
los primeros del último grupo, que no saben que está pasando atrás.
Afortunadamente no es grave, sólo cuestión de calambres. Al poco rato la moto
de cuatro ruedas nos pasa de ida y vuelta a buena velocidad. Nosotros, metidos
en la pista hormigonada emprendemos un largo descenso con Taranes siempre a la
vista. A la entrada del pueblo nos comenta un agricultor que ha helado por la
noche con lo que el manzano, en flor incipiente, tiene pocas posibilidades de
prosperar. Poco a poco va llegando todo el mundo. Una mujer nos pregunta
cuantas horas llevamos andando:
-“Señora,
exactamente ocho horas y cuarenta minutos”.
-“Seguro
que lo hacéis para adelgazar.” Jua, jua, jua…si funcionara la receta tendríamos
un tren de gente cada sábado.
El
autocar ha podido subir a Taranes después de las últimas obras en el acceso. Lo
malo es que tiene que salir a las siete y media, con lo que tenemos apenas
veinticinco minutos para engullir algo a toda prisa, y sobre todo para beber.
Eso que la tarta de queso y la tortilla de pan estaban extraordinarias. Un poco
más de tiempo hubiera venido bien. Fue una ruta muy completa, muy del gusto y
del estilo de Jorge, de quien nos acordamos numerosas veces en éste su terreno
favorito. De alguna manera somos sus herederos en la montaña. <<Esta ruta va por ti, amigo>>. Dura ruta para el cuerpo, larga, larga
travesía, puro alimento para el alma. Volvemos cansados pero nuevos.
El
sábado 11 queremos hacer la travesera del Aramo entrando por el Gamoniteiru
para subir de sur a norte los picos Barriscal y Gamonal, y bajar por la ruta de
las Xanas, tan nuestra, tan de la casa. El grupo Las Xanas no se la puede
perder.
FRESINES
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