miércoles, mayo 29, 2013

HISTORIA DE UNA INVERNAL A FINALES DE MAYO. DE CÓMO EMPEZAMOS ENVUELTOS EN GRUESOS ANORAKS Y TERMINAMOS EN CAMISETA



25 de mayo de 2013

Continúa el cielo encapotado. El jueves llovió, el viernes también. Para hoy nubes y claros. De momento sólo nubes y más nubes. Vamos a Tarna. Parada en Abantro, donde Casa Linares, para hacer algo de tiempo para ver si mejora. Desde el pueblo de Tarna no se ven las cimas. Al salir del autocar el viento corta en dos. Hace muchísimo frío. La primera operación es ponerse toda la ropa posible.

Subimos, como es de recibo, por la linde de alambre que marca el límite provincial. Luego el senderillo va girando hacia el sur encarando unas terriblemente pindias cuestas. El suelo está lleno de unos misteriosos cristalillos de hielo en forma de mangos de navaja. ¡Qué intriga! ¿De dónde saldrán estos hielos alargados y cóncavos? –“Oye, fíjate en los alambres. Están cubiertos de hielo. El viento arranca estas fundas heladas”.

Algo más altos son las matas de hierbas blanquecinas las que están heladas. Siempre  por la cara sureste. Esta noche ha tenido que soplar una cellisca impresionante. La temperatura, no exagero, no sube a esta hora de los cinco o seis grados. Al menos la sensación térmica que tenemos; es que si te quedas quieto te congelas. El viento se cuela por cualquier rendija. Subimos rápido, muy rápido, casi sin aliento. Pero es que no hay quien se pare a contemplar.

Por fin el pico. Manuel divisó a un ciervo. Debajo de la cima y al abrigo del viento se puede estar un poco al abrigo. Sigue todo cubierto. Maldecimos nuestra mala suerte. Los optimistas insisten: -“Confiad, que va a abrir”. Casi sin recuperar el aliento estamos caminando otra vez. Seguimos la cuerda montañera a los Porrones de Moneo

Se esta abriendo una ventanita azul en la espesa masa de nubes. Hacia el Maciédome se empieza a vislumbrar el horizonte de montañas. Por los Porrones no hace tanto frío, estamos protegidos en la hondonada. Grandes masas de nieve que atravesamos. Un montañero solitario hace ski de travesía a gran velocidad. Nos asomamos al impresionante circo que se abre sobre el valle La Verde. La aldea de Tarna minúscula en el fondo. Unos rebecos corren por la nieve. Bajamos a Les Llastres. El tiempo sigue mejorando ya de manera clara. Detrás, al sur, el Pico Lago que subimos en una invernal durísima, y poco a poco, descorriéndose la cortina de nubes, majestuoso El Mampodre. Muy nevados todos los valles que suben de Isoba: Rapaína, Rapaona, un pequeño triángulo, que debe ser la Peña El Viento, Y sobre todo cerrando el horizonte oeste, la afiladísima cresta del Canto del Oso. Otro día de recuerdos inolvidables: ¡qué bajada hicimos por esta ladera entrando en el monte Fabucao!

Con estos recuerdos y casi sin darnos cuenta subimos al Moneo para descender vertiginosamente al Collado Musquiellu, por la arista entre los dos valles. El camino que deberíamos haber seguido está cubierto por una espesa pala de nieve, así que nos toca buscarnos la vida. Mientras nos agrupamos en el Collado, un grupillo con ganas de más suben al Cueto Requexada que no deja de ser más que una inmensa ladera de subida y aún más larga de bajada. La señal del PR-60 en el Collado nos confirma que estamos en el buen camino. Descendemos por el sendero siguiendo las marcas. Saltamos varias riegas. La principal en el medio del valle forma una airosa cascadilla. El valle es una preciosidad. Lentamente vamos llegando a la majada Mongallu tras haber descendido 600 metros desde el Remelende. Efectivamente en las ruinas de la cabaña una flecha amarilla indica que hay que bajar paralelos a la riega para entrar correctamente a la cascada por su izquierda.

Empieza una nueva aventura. El descenso es rápido y hay que andar con ojo sobre la piedra húmeda. Hace hasta calor, cosa de agradecer. El río va precipitándose a saltos. En cuanto doblamos algo al oeste aparece un roquedo impresionante con una vira inferior que nos mete en el buen camino de bajada. Cuando salimos de la inclinada pared la travesera por el bosque se hace más fácil hasta que toca atravesar una intrincada zona de escobas, pelea a la que estamos más que habituados.

Saliendo de este túnel vegetal hay que saltar al otro margen de la riega Mongayo y bajar algo más. Acabamos por salir a la zona descubierta desde la que se puede ver una buena parte de la caída de agua. Subimos a hacer las fotos de rigor aguantando la pulverizada llovizna que refresca hasta “les cascarries”. (Javier dijo).

­El resto de la ruta es muy sencillo pero tan hermoso o más que las cumbreras. Llegando a La Campona tenemos que coger la buena senda que nos meterá al monte Saperu. Maldita sea, hay que volver a subir algo. No hay mucho problema. Avanzamos con toda la calma posible. El bosque está esplendoroso, vestido con sus nuevas galas de primavera. El color de la hoja nueva, digno de la paleta de un buen pintor. Todo huele a limpio, a renovado, el milagro se ha vuelto a producir. La vida empuja inevitablemente y es un delito que nos perdamos la ocasión de comprobarlo en el mejor de los sitios, el Concejo de Caso.

Pasamos el primer puente, con su mesa de descanso y merienda. El agua salta varias veces al camino. Pasado el segundo puente del río Requexada, que saltamos alegremente muchos metros más arriba, y que ahora es un señor torrente, alimento del Nalón junto al Mongayu, hay una riega que atraviesa la ahora pista, por una canaliza hormigonada. Tiene su peligro en un escondido verdín que resbala lo suyo y que casi nos traslada a Tere a la presa De Tanes. Un sustillo de nada; bien por el fornido rescatador. Cinco minutos más tarde entramos en Tarna con calor, sed y hambre. Todo lo cual vamos a remediar a Casa Linares en Abantro, donde somos de sobra conocidos. Llegamos a pensar que alguno va hasta allí por los mantecados, viendo lo que le gustan al niño.

En resumen una gran expedición montañera, un paisaje bellísimo, un paisanaje mejor. Todo casi perfecto. La próxima semana cambiamos de puerto. Vamos a San Isidro para hacer el Toneo y el Agujas, los dos buenos dosmiles. ¿Habrá pasado ya el invierno para entonces?

Atención los del Refugio de Jermoso: a partir de esta semana empezamos a cobrar por adelantado el precio de la pernocta, el autocar y el teleférico. Son 58 euros para los federados nacionales y 67 para el resto, independientemente de la licencia autonómica que se posea. Tened en cuenta que en caso de no ir por una causa no justificada tendría que abonarse el autocar de dos días y el 10% de la estancia. En total 28 euros.

FRESINES

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