7 de abril de 2012
Todo lo bueno se acaba en algún momento. El buen invierno que hasta aquí habíamos disfrutado se torno en, por otra parte, la deseada lluvia. La primavera y sus aguas mil. Bienvenida sea la bendita agua, aunque nos fastidie.
Como ya amaneció con lluvia intensa nos tomamos la cosa con calma. Paramos en l’Acebal, a 5 km. de Laviana, pueblo que llegó a contar con 9 horros de los cuáles sólo sobreviven dos. Además había una instalación de bataneo. Otro día más seco prometemos curiosear por las calles.
Salimos del pueblo siguiendo la carretera a Fombermeya. Casi inmediatamente nos cruzamos con el PR que va desde Ribota a Puente L’Arcu. Hoy no nos interesa este bello recorrido. Nuestro objetivo son las Foces de Covellayu. Primera dificultad de interpretación: aquí todo son foces y regatos. Si seguimos la carretera de Fombermeya acabamos a la vera del río Cañaínes que forjó la bonita foz que abre a los tres vallejos bajo el Cogollu mismo.
Si seguimos el río Raigosu, que es nuestro propósito, tenemos que entrar a esta foz de Covellayu. El Raigosu nace en el riachuelo de los Infiernos, y por la derecha recibe las aguas del río La Braña, y por la izquierda del reguero Tozu l’Osu, del Río Acebalín, del Río Gallu y del regato que baja de los Tornos.
Nosotros enfundados en plásticos y prendas técnicas, armados de guantes y paraguas. Atravesamos el puente por la margen izquierda. El río baja muy bravo. Literalmente da mieu. La carretera a Forbermeya pasa junto al molín de Taraña, con dos bocas abiertas al río. Una construcción potente que nos gustaría haber visto por dentro. Un kilómetro más arriba están los restos del molín de Pelusa. En el río hay una pasarela de madera algo arrumbada hacia la derecha. ¿Pasaríamos por ahí en caso de ser necesario? Cosas más raras hicimos alguna vez. Pero no deja de ser una temeridad tal como está hoy la corriente.
En la bifurcación de les Mestes se encuentran el Cañaínes y el Raigosu en un turbulento arrebato de espuma. Si siguiéramos carretera arriba a unos 600 metro se encuentra la cascada en forma de cola de caballo y detrás la captación de agua para Laviana. Pero en Les Mestes seguimos el curso del río principal. Se pasa junto a una casa de dos pisos habitada. Por allí discurre la pista que sube a la aldea Los Tornos que algún día habrá que explorar. Una pasadera formada por dos ramas cruza sobre la corriente, el río bañando el palo inferior.
Unos tres kilómetros más allá hay una casa con antojana en la que nos refugiamos para dar alivio a nuestros muy cargados paraguas. Cabemos todos. Es notable la borrina que tapa todas las alturas, impidiéndonos ver Peña Mea y nuestra cumbre de hoy, el Pico Gargallones. ¿Habrá bajada por el otro lado a la foz del Cañaínes? El sitio bien merece una excursión.
El río sigue creciendo, los arroyos laterales del camino están “arroyando” la pista cada vez más encharcada. Unos trescientos metros más y en un curioso abrigo de cabras, juegan tres bebés mastines que hacen las delicias del personal. El pastor nos advierte que el puente se lo llevó la corriente y cruzar sobre el hormigón tiene su peligro. En este punto delante de la casa de ladrillo de dos pisos y dos puertas decidimos dar la vuelta y bajar a secar. Esta vaguada es brava y angosta. Estamos literalmente bajo la falda de Peña Mea. Hoy no podemos ver mucho más. El torrente sigue creciendo y es momento de darse la vuelta. Silvino nos espera con el autocarín en l’Acebal. Marchamos a Casa Linares a entrar en calor. Los humeantes callos ayudarán.
El día 14 de abril, histórica fecha del calendario nacional, volvemos al Aller para salir de Santibáñez de Murias y subir al Pico Xugosa y los Pozos que forman el cordal derecho del valle del río Negro. Para poner final de ruta en Casomera. 818 metros de subida y 639 de bajada. Igual hay suerte y no llueve mucho.
FRESINES
No hay comentarios:
Publicar un comentario