El pasado viernes día 12 emprendimos camino a Posada de Valdeón a las 7 de la tarde, para realizar la que puede ser nuestra última ruta nocturna. Las perspectivas climáticas se presentaban bien y teníamos asegurada una casi luna llena.
Tras una parada técnica en Oseja de Sajambre, arribamos a Posada a las 10,45 de la noche. Posada nos recibió con su semipenumbra acentuada por los faroles de luz amarillenta. Nos dirigimos al Asturiano y en las mesas que tiene a la entrada del bar, dimos buena cuenta de las provisiones que portábamos.
Tras los cafés y algún que otro chupito, iniciamos la ruta a las 12 en punto de la noche, por el camino de Corona, señalizado con las marcas del PR.
Nada más abandonar el amarillento alumbrado de Posada, la luz de la luna comenzó su función. No necesitábamos las linternas y los frontales para poder caminar y a nuestro alrededor, cual fantasmas, iban apareciendo las cumbres del Central y del Cornion, con un extraño color pálido que les daba un aspecto especial.
Se iniciaron así las alabanzas al día escogido, mejor dicho a la noche, que s
e fueron repitiendo una y otra vez durante todo el recorrido. Un recorrido distinto al de hace dos años en nuestra primera ruta nocturna, también por el Cares. En aquella ocasión y por precaución, la hicimos por la carretera, en obras, hasta Caín. Esta vez, ya como veteranos, optamos por seguir el sendero que pasa junto a la ermita de Corona, donde nos encontramos con un casi botellón, para retornar al final a la carretera para hacer los dos últimos kilómetros hasta Caín.
Caín nos recibió con el característico tono amarillento de su alumbrado público y con el silencio que nosotros rompíamos con nuestros comentarios y con el ruido de los bastones. Nos reagrupamos a la entrada del pueblo, junto a la iglesia y tras un pequeño descanso para beber un poco de agua, continuamos por las calles de Caín hasta atravesarlo completamente para cruzar el río a su orilla derecha y retornar nuevamente a la izquierda tras atravesar la presa.
Nos adentram
os así en el mundo de las tinieblas, en los túneles del principio de la senda, que nuestros frontales iluminaban proyectando extrañas sombras. El silencio se apodera de nosotros, sobre todo de los nuevos en estas lides. Es verdaderamente un momento especial y comienza realmente lo que es la ruta nocturna en sí.
Al final de los túneles, la oscuridad es completa. Ya la luna nos abandona por las dificultades que encuentra para introducir sus rayos por la estrecha vía. Los frontales y nuestros pasos se convierten en una hilera de pequeños puntos blancos que le dan un aspecto fantasmagórico al espacio.
Dejamos a la derecha el puente de Casielles que cruza el río para enfilar la pindia Canal de Dobresengros y nos disponemos a cruzar nosotros por el Puente de los Rebecos que sustituye al antiguo de Trascámara, para circular durante unos metros por la margen derecha del Cares. El contiguo Puente Bolín nos devuelve ya definitivamente a la orilla izquierda, muy cerca del inicio de la subida a Vega de Ario por la
Canal de Trea.
A ambos lados vamos dejando canales que ascienden casi verticales buscando los altos collados que nos miran extraños. Las estrellas tintinean en el ahora, más oscuro cielo y el camino continúa. A la derecha, un profundo pozo negro a cuyo final no llega la luz de nuestras linternas. Y allí, sin verlo, sabemos que se encuentra el Cares, hacedor de lo que vemos o imaginamos. En el silencio de la noche, solo roto por nuestros pasos y algún susurro, da tiempo para pensar en muchas cosas. Cada uno en las suyas. Pero compartidas en silencio gracias a nuestro objetivo común: el andar en las tinieblas.
La Canal de Culiembro nos marca nuestro primer descanso real de la noche. Al otro lado la Canal de Piedra
Bellida, de grato recuerdo. Una parada para recuperar fuerzas y entrecruzar nuestros sentimientos del camino hasta ahora recorrido. Con las luces apagadas, miramos al cielo recordando cuando nuestros padres o nuestros abuelos nos decían el nombre de las estrellas y de las constelaciones. El Carro, la Osa Mayor, las Tres Marías… Todas nos miran desde lo alto y nos hacen guiños de complacencia.
Reanudamos la marcha ahora pensando que nos espera la subida de los Collaos. Pero antes pasamos por La Viña donde finaliza o empieza, la Canal de la Raya; y junto al Casetón de Saigu, también con la canal del mismo nombre donde dicen que encontraron hace unos días a un inglés herido. Luego está la Canal del escalera y comenzamos a subir a los Collaos.
No es un gran desnivel, pero al final de una ruta, representa un esfuerzo añadido que ya casi no se puede pagar. Luego un largo descenso por un camino lleno de piedras
y con muchos escalones. Apuramos que ya es el final y nos espera le descanso. Las luces de Poncebos nos marcan el camino. Ya estamos en la carretera y por ella, llegamos por fin al autocar que nos está esperando. Son las seis de la mañana.
El desayuno en esta ocasión lo hacemos en Arriendas, pues queremos llegar pronto a Oviedo para poder aprovechar también el sábado. El día se plantea bueno y siempre se puede ir a dormir a la playa. A las 9 ya estamos en el garaje de Autos Jano. La ruta nocturna ha terminado.
Para el próximo sábado, nuestra ruta de dos días. En esta ocasión en el Refugio José Ramón Lueje en el Jou de Cabrones. Algunos valientes quieren intentar la conquista del Pico de los Cabrones. La ida la realizaremos desde Fuente Dé, siguiendo a Verónica para continuar por la Horcada de Caín hasta la Horcada Don Carlos. Luego atravesaremos el Jou de Cerrado y dejando atrás los últimos vestigios de un glaciar en Picos, descenderemos al Jou de Cabrones y al refugio. Al día siguiente bajaremos por la Cuesta del Trave y Amuela hasta Bulnes y de aquí a Poncebos por las Salidas de Bulnes.
JAFPA
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