Si vienes de hacer monte por Asturias puedes pensar ingenuamente que lo has visto todo. Pero lo que sobran son
montañas, especialmente en el norte de nuestra vecina provincia. En una ojeada al mapa cuento en un momento veinticinco picos que pasan de los dos mil entre las Ubiñas y el Cornón. Y todos están en León. Montes agudos, quebrados, con caídas vertiginosas y estratos retorcidos. Son algo parecidos a Somiedo en lo retorcido pero con valles más amplios. Pero vayamos por orden.
Empezamos en La Cueta. El pueblo está enclavado en un circo montañoso. Estamos rodeados. Seguimos el curso del Sil abandonando el pueblo por el antiguo molino. Es una ruta bien señalada que lleva a las Fuentes del Sil en Las
Morteras. Tenemos posibilidad de subir en directo por Vallinaluenga hacia el collado Las Fuentes. Como nadie conoce bien esta parte preferimos seguir el curso del río para bordear completamente el pico Cugucheiro, vuelta que nos lleva una buena hora. En los Puertos de Calderones giramos al oeste entrando entre el Altu Calderones y Pena Chana de Babia. El valle es espléndido, todavía verde, pedregoso. Tenemos la Punta La Sierra enfrente. Un grupo se decide a subir a las bravas por el pedrero y la pindia ladera. Pasa un numeroso grupo de rebecos provocando caída de piedra. Un aviso a los arriesgados. Otros, más prudentes nos tiramos hacia la derecha subiendo por los recuestos en dos amplias lazadas. Cuando alcanzamos el serrote, todavía hay que
seguir para buscar la verdadera cumbre. La vista bien vale el esfuerzo de la dura subida. El día es brillante. La brisa fresca un alivio. Hasta aquí dos horas y media. Al Oeste el Muxivén y el Cornón; al Norte Los Albos, el Cuetalbo, La Orniz, La Cervata (de mal recuerdo), Calabazosa, Congosto, Ferreirúa, Morronegro, y todo el conjunto del parque natural: Colines, Prau, Fontanes, Siete, Ubiña grande... Podríamos estas así horas y horas.
Desde aquí conquistar la Peña Los Años lleva unos diez minutos. E
l paisaje impresiona. Las inmensas cortadas, los filos agudísimos, las canales de caída, los circos glaciares, los estratos que se doblan sobre sí mismos. Ahora nos llaman la atención las cimas más genuinamente leonesas: La Crespa, La Malvosa y la Malvosina, con el Salgueiro, y la Peña Redonda, justo a nuestra derecha. Y casi al alcance de la mano el temible Montigüero que arrancando desde la Laguna Las Verdes emerge gigantesco, muy escarpado en todas sus caras. Adivinamos el arranque del Canalón que lleva a la cima. En octubre nos mediremos con el gigante.
Salimos de la cima bajando hacia el sur. Hay que ir a buscar el valle
de la Fonfría. Bajamos hacia el collado de Las Malvosinas. La hierba que pisamos es un mullido tapiz vegetal. Con cada pisada cien saltapraos vuelan. La brisa empieza a soplar racheada. Un hito delante de la Crespa señala el canal de bajada por la zona del collado del Pasto Común (qué nombre más guapo) hasta el valle de la Fonfría. Se ve al fondo el pueblo de La Riera. Hay que seguir la larga pista. Al otro lado del valle, tras el Montigüero, el Picón de las Coloradas y las Eras. Aquí hay montañas para no parar en dos semanas.
Un grupo de seis, seguimos a la Crespa. No cuesta demasiado subirla por la arista. La antecima es el pico La Malvosa. El farallón
cortado mete miedo. La caída es vertical, vertical. Todavía hay dos falsas cimas más antes de la verdadera. Cuando estamos llegando el viento restalla en el cambio de ladera. Precaución. Luego no es para tanto. Las hormigas voladoras dan su lata y paramos poco en el pico. Son las tres de la tarde. Dominamos todos los valles: La Riera, Las Murias y sobre todo Lago de Babia con su laguna artificial, para la explotación minera. Una sugerencia para el año que viene: ¿qué tal hacer la Peña Grachera (1925) que está encima de la Laguna Grande?
Larguísima cuesta de bajada. Damos un rodeo hacia el sur buscando lo más tendido. Luego revolvemos al este para encarar la bajada a la Fonfría. Pequeñas destrepadas por vericuetos verticales, y salimos al fondo del valle. ¿Cuántas alambradas saltamos? No encontramos el paso que nos hubiera cruzado el río acortando la ruta bastante. Por el valle ya no corre mucho la brisa. Poco a poco y por senderos casi abandonados vamos buscando la pista superior que dando un rodeo y subiendo otra vez hacia los recuestos del pico Cabras, finalmente nos saca al puente donde nos espera el resto de la gente. Son las cinco menos diez. Ya aprieta el hambre y sobre todo la sed, necesidad de beber algo que no sea sólo agua ¡caramba!. Salimos a
la carretera general. Desde la misma La Crespa es la gran vigía de toda la Babia Alta. Paramos en el restaurante que es fábrica de embutidos. La cecina extraordinaria, pero el salchichón un lujo.
El día seis una ruta conocida y amable para todo el mundo. Empezando en el Alto del Palo recorremos el camino que pasa por la Almagrera, la Mesa y la Tesa y bajaremos a Telledo por la magnífica Foz de Cadichera. Un día para tomar el camino con toda la calma del mundo. Sólo necesitamos que nos acompañe un poco el tiempo, porque algún día de estos empezará el verano en Asturias.
FRESINES
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