lunes, enero 31, 2011

EN LAS PLAYAS LLANISCAS BAJO EL TEMPORAL

29 de ENERO de 2011

Todos los pronósticos avisaban que iba a llover. ¡Pero no tanto! Nos cayó toda la lluvia acumulada desde hace dos meses. A pesar de todo merece la pena visitar Llanes y su concejo. Aparcamos en la estación de autobuses. La villa está vestida como para una exposición. Subimos a la punta San Pedro. El puerto está ahora con mil colorines. El Cuera hoy con una boina de nubes arremolinadas. Nos sentimos como aquellos pescadores llaniscos que oteaban el mar en busca de ballenas o de barcos piratas. Este paseo está construido en 1847. Pensar que hubo un tiempo en el que era más fácil llegar a Llanes por mar mejor que por la carretera...

Como somos así no podíamos ir por el camino normal. Nos tiramos a los praos que bordean la costa de acantilados. Mucho barro en la punta Jarri, y algún pastor eléctrico conectado que hacen las delicias de los saltadores menos ágiles. Pasamos frente al Castro, islote principal de un pequeño grupo. Buen sitio para anidamiento de gaviotas. Todo está verde. Sinfonía de colores: el mar gris acero, el cielo color plomo, la rasa costera tapizada de verdín, las sierras planas opacas en la distancia, y algunas cárcavas marrones cayendo de las alturas del Cuera.

Salimos a la Playa de Poo y tardamos un rato en bordear toda la ría que forma el arroyo Vallina. Fina arena. Restaurantes y chiringuitos cerrados. Desde los acantilados vemos las islas de Poo y de Castro Pelado. Poco a poco nos acercamos a la Playa de San Martín, cerca del castro de San Martín. Se aprecian los restos de la antigua ermita que están pegados a la costa. Es una de las playas nudistas de la zona, pero el día no está para bromas. En bajamar se pasa al islote de Poo donde los adoradores de la “hierba” tenían un santuario.

Siguiendo la senda avistamos la playa de Palombina. Entramos en Celorio. Dicen los libros que tiene 400 habitantes. Está vacío. Con el día que hace sólo nos aventuramos cuatro locos. Nada más entrar nos topamos con la iglesia y el monasterio de San Salvador, reedificados en 1660. Su torre cuadrada es románica y dicen que se ve desde la torre de la catedral de Oviedo. Este monasterio fue importante en el camino de Santiago como refugio de peregrinos.

Seguimos viaje, imperturbables al viento helado que ahora nos azota. Pasamos la Punta del Picu para entrar en la playa del Borizu, con su isla de Arnielles en medio de la ensenada. Recorriendo la senda pasamos la península del Borizu y nos topamos con la playa de Barro. Admiramos las magníficas casas tradicionales.

A nuestra derecha asoma la ría de Niembro con su iglesia y cementerio como proa de un barco que desafía al mar. Dejando entre acantilados las pequeñas calas de Troenzo y Sorraos, rodeamos la ría. Nos llama la atención el camping de caravanas, que hoy parece un auténtico cementerio de elefantes blancos. La iglesia muy hermosa, perdida en el tiempo. Vuelve a diluviar. Es tiempo de recogerse. Tras girar en la ermita encontramos el autocar de Jano con ropa de repuesto seca, por fin. Nos vamos a comer a Colunga, porque por aquí todo está cerrado. Ha sido un día duro en lo meteorológico. Pero nuestros ojos están llenos de mar y arena, y en nuestro recuerdo estas costas han dejado su huella. Hay que pensar en estas playas en clave de verano.

El día 5 vamos a subir hasta el Pozo Funeres de tan honda memoria de un pasado que nunca debe volver a nuestras vidas. Subiremos por la Faya los Lobos y La Bahua. El final está previsto en El Condao, pasando por la Collada Breza. Ruta de interés histórico y sentimental. Esperemos que esta vez el tiempo acompañe.

FRESINES

1 comentario:

Anónimo dijo...

Nun taba cerrado en Niembro, ye qu'el del bar nun quiso dexanos comer allí.