Todas las señales apuntan a que hoy vamos a tener un gran día de montaña. El cielo está despejado y de un azul intenso. Hace frío en
Sama donde hacemos parada de repostaje. Continuamos la larga subida a la Faya de los Lobos. Hay alguna duda sobre donde iniciar la bajada para poder encontrarnos con el autocar. Lo mejor seguir la ruta prevista. Claro que con tal cruce de “pistas” es fácil “despistarse” (¡qué juego de palabras me ha salido!).
Un poco más allá de la Faya, concretamente en La Casilla, junto al bar “La Faya” empieza el PR-139 en suave ascenso bordeando el pico del Raso que queda a nuestra izquierda. Son las 10 y media. Vamos caminando hasta el letrero
que indica un área recreativa. Nuestro andar está orientado a un sol bajo y potente que está subiendo con el día. Molesta en los ojos. Tenemos que quitar ropa. Subimos a buen ritmo. Pasamos junto a la Fuente Fría, de exquisitas aguas. A la altura de los Sierros de la Baúa la nieve empieza a ser una compañera de viaje. Ya no la vamos a abandonar hasta muy abajo, al regreso.
Mientras nos reagrupamos un poco nos adelantan dos jóvenes ciclistas dispuestos a hacer ruta por encima del hielo. Al poco les volvemos a adelantar. No
s vuelven a pasar, pero tienen que desmontar otra vez, el hielo en la sombra resbala mucho. Nosotros también tenemos que cambiar continuamente de carril porque las placas de hielo son soberbias.
La vista de toda la Cordillera y de los montes del Aller y las Ubiñas es digna de un cuadro. Toda la silueta de los picos blancos, brillando al sol, destacando sobre un cielo
azul intenso. Vista que grabamos en nuestra memoria. Las fotografías se parecen al original, pero éste es mucho más grandioso. Subimos hasta la campera de la Bahúa. Unos quince centímetros de nieve. El característico crujido de la nieve helada al pisarla. Seguimos el rastro de un montañero que provisto de raquetas hizo huella esta mañana. (¿Tino subió por aquí?). Gracia a estas marcas la subida es más llevadera.
Tras la última cabaña entramos en las laderas de Peñamayor. El grupo que va en cabeza decide aprovechar este rastro para subir cómodamente al collado. Nos perderemos el pozo Funeres, pero qué le vamos a hacer. Incluso hay un tramo de nieve virgen que pisar y es agotador, aunque María José está fuerte. Otro grupo, más ortodoxo, armado de GPS y con conocimiento del terreno (y que además se ha leído toda la hoja de ruta hasta el final), continúa a Funeres. Ya sabéis la historia: es una sima natural a la que fueron arrojadas el 13 de abril de 1948 unas
22 personas no muy amigas del mandamás de turno. Existe una placa conmemorativa de 1984 que nos recuerda estos hechos.
Llegamos al Collado Llagos a 1229 metros de altura. Esperamos al grupo que viene por abajo, como lagartos al sol. Siete personas deciden que hay que hacer un pico. El Triguero queda un poco lejos y hay mucha nieve, unas tres cuartas en algunas zonas. Subimos al serrote del Cerro Trigueros a 1276 metros. Pero con cuidadín que la pala de nieve está muy helada. Además el terreno kárstico es muy traidor bajo la nieve. Debajo
de nosotros, no muy lejos, debe estar la Cueva de Mozacín y unas antiguas minas de cobre.
Ya todos juntos, nueva división de opiniones. (“¿Para qué pondremos el mapa en el blog, señores?”) Un pequeño grupo baja por la pista de las antenas de telefónica, que haciendo zig-zag baja por la Campa Fresneu y el Cordal. Los demás, mayoría disciplinada y más o menos silenciosa, sigue a la majada Breza. Allí están Tino y sus amigos descansando de la pateada de la mañana.
Larga bajada hasta la iglesia del Condado. Guerra d
e bolas de nieve entre mozos y mozas aguerridos. El reportaje gráfico nos dirá quién ganó. Bajando y atajando, seguimos hasta encontrar el reguero del Monte que ya nos encamina hacia el Condado, "hermosa aldea toda en un llano, bañada por el río, adornada de frondosa arboleda; suave, coqueta y silenciosa..."(La aldea perdida). Unos 800 metros más abajo nos espera la ropa seca que falta hace ya. El Condado en la margen derecha del Nalón fue pueblo ejemplar en 1969. Destaca su Torreón. En Cimalavill
a se conservan restos de la antigua fábrica (1884) -La Fábrica- de fundición de cobre, "instalada con todos los adelantos modernos en su maquinaria, incluso la luz eléctrica, y puesta en comunicación con las minas de cobre, situadas al otro lado del río, en las alturas de Llampaces, por un cable sin fin de mil metros", en palabras de E. García Jove; Hay material para presumir de pueblo bonito, como dice la copla:
“Tres coses tien el Condaú
que nun les tien Xixón
Piedrablanca, La Xamoca
y La Cueva'l Barriyón.”
Llegmos a las 5 de la tarde. La ruta estaba prevista para menos horas. Nos ha lleva
do seis horas y media, pero con una larga parada y la dificultad añadida del suelo blanco. Javier G. Lavín tiene contados los pasos en su podómetro de bolsillo y son nada menos que 23.000 redondos. Eso es precisión y lo demás cuentos.
En La Pomarada nos reciben muy bien, como siempre. La comida de hermandad y los cumpleaños de María Isabel y de Angel (en la distancia) redondean un día que ha tenido un poco de todo. El Sol nos ha dado de lo lindo y las caras están coloradas, y hasta puede que de la solana. Estamos felices, tonaducas con Senén y risas de autocar garantizadas.
La próxima semana un agradable paseo para contemplar la costa desde el Mofrechu en Ribadesella, con 437 metros de subida y 745 de bajada a Santianes de Ola. Puede ser una bonita excursión invernal. Es una ruta fácil y con una cómoda pista de subida.
FRESINES
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