Día oscuro, pronóstico meteorológico no muy bueno. En el autocar 23º. Calor. En el alto de La Cobertoria, 12 grados. No muy frío. Nos abrigamos. La perspectiva hacia las Ubiñas tapada por la niebla. Peña Rueda presidiéndolo todo. En diez minutos estamos en el pico. ¡Nuevo record mundial!. –“Eh, tú, que sólo hemos subido sesenta y tres metros”. Ya decía yo.
Continuamos por la pista a caballo entre los valles de Lena y Quirós. El camino es muy cómodo, aunque embarrado a tramos. Las vistas hacia el este y hacia el
norte son buenas. Destaca delante de nosotros el pico El Gorrión, presidiendo la zona del embalse. Delante de nosotros omnipresente Peña Rueda entre jirones de niebla que se vienen y se van. Hacia el oriente hay otros picos que tras las consabidas discusiones alguien decide bautizar “Pico como se llame.” Atravesamos el bosque en el Monte Mofoso que, haciendo honor a su nombre, está cuajado de musgos (mofos) de un intenso verde. Tras una prolongada subida damos vista a la carretera de Pajares.
Tras bordear el pico La Balsa tenemos a la vista el valle de Lindes debajo nuestro. Llegamos a la Collada Porciles. Se imp
one bajar al pueblo. El viento en lo alto del cordal arrecia fuerte y frío. La senda de bajada está clara en el plano pero no se distingue en el terreno. Mandamos exploradores. No encontramos el paso, la vegetación lo ha tupido todo. Nos marcamos la meta de llegar a las cabañas del mayau y tirándonos mucho a la izquierda hacemos la “xanada” típica. Y “agárrate a las úrcias que las cotoyas pinchan”. Así poquito a poquito llegamos al primer reguero del Calechu. Hace rato que orvalla.
El bosque tiene su recompensa. El viento aquí no molesta. Es un hayedo que vive a su aire sin que la mano del hombre se note apenas. Claro, otro pueblo abandonado. El regato es auténtica “cinta de plata” entre las hojas marrones que tapizan el suelo. Parece un belén de navidad, sólo que aquí tiene que haber trasgos en vez de pastores. Al fin una senda clara por el bosque. Nos come una duda: ¿podremos cruzar el río Lindes? Para ir abriendo boca vamos
saltando varias riegas, incluida la de El Castro. La travesera del bosque es muy placentera. Fayas centenarias, algunas vencidas sobre el camino que a ratos es una carrera de obstáculos. Salimos a una pradería con una inmensa cabaña de muy buena factura. Todavía hay restos de bebercio de las navidades pasadas para alegrar la mañana.
Se impone desde aquí una bajada directa al río. Alguien ha vislumbrado un puente. Desde
arriba se ve una corriente muy fuerte y caudalosa. Bajada en la modalidad patín-barro. Estamos enfrente del puente. Bueno... de lo que queda de él. Dos vigas bastante podres con algunos travesaños de tabla en relativo buen estado. Todo cubierto de liquen. Resbala. Hay que poner el pie con cuidado y dar un primer salto. Por supuesto de uno en uno, que se cimbrea. Luego mejor por el centro por si acaso. Suspiros de alivio al llegar al otro lado.
Subimos a Lindes. Llueve fuerte. Nos sobran dos kilos de barro en cada bota. Al lavadero a
aligerar peso. Luego buscamos una antojana para cambiarnos con permiso de las chinches. El bar de los Pulcros cerrado, el pueblo desierto. El reloj de la iglesia marcando las siete en punto desde hace una eternidad. “Marcan esa hora porque un día de la segunda mitad del siglo XX llegaron a la conclusión de que la vida en aquellos lugares se había detenido. Trabajo vano; para qué girar de continuo pregonando las horas cuando el tiempo se esfumó.” Hermosas palabras de Alberto Polledo en la Nueva España.
Sólo nos queda entrar de nuevo en calor. Bajamos por la desierta carretera junto al restaurado molino de Cortes y la traída de agua a Oviedo. Paramos en Bárzana en el Bar Nuevo que, vaya por Dios, no lo es mucho. La dueña nos acoge muy amablemente y entre murmullos de conversaciones, que pronto se vuelven risas y voces, nos hemos vuelto a encon
trar en este año que estrenamos. Sólo queda repasar el día y sacar punta a todo. El gracioso que bautiza “Picos como se llamen”, concluye la discusión: cuando en el calendario de Las Xanas aparece una “F” en la ruta, no significa que esta sea fácil, sino que es más bien fastidiosa.
Para terminar: los que tenemos mono d
e monte tenemos otra F para el sábado: entraremos desde Arriondas al Alto del Fitu (575 m) para subir (bajando) al Pico Gobia (538 m) y el Pico Robleu y acabar en Playa de Vega, para ver si hacemos de una vez ese famoso calendario que tantas neuronas nos consume.
Atención que para el tercer sábado de enero hay un pequeño cambio en la programación: en vez de las Jornadas de Montaña previstas, que se vuelven a posponer por problemas de infraestructura, haremos el espectacular desfiladero de los Calderones en la tierra leonesa de Portilla de Luna. Muy aconsejable.
FRESINES
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