22 de ENERO de 2011
Comenzamos el día con un buen madrugón pues nuestro objetivo de hoy está lejos. Vamos a intentar el famoso desfiladero de Los Calderones en la
zona de la Magdalena. Llegamos pronto y el frío nos obliga a abrigarnos bien. Ha helado en todo en el Norte y en este pueblo leonés de Piedrasecha la temperatura ronda los tres bajo cero. Además sopla un viento cortante que hace bajar mucho la sensación térmica.
Enfilamos hacia Los Calderones. Es un prodigio de desfiladero, un punto de interés geológico. Las calizas tableteadas forman estratos doblados en posturas increíbles como modeladas por los dedos de un gigante. Esta garganta pasa por ser la más estrecha del mundo en altura y longitud.
Tal como está hoy la climatología hay charcos de hielo p
or todas partes. Antes de entrar en el desfiladero subimos a la Cueva de las Palomas con su bonita capilla. Estamos allí un buen rato resguardados del cierzo mientras varios compañeros exploran el inicio del desfiladero impracticable por las capas de hielo. Tras probar la fuente del Manadero construida en 1705, y probar la gelidez de las aguas del río Luengo, decidimos subir por la falda del monte para poder salvar el tramo más comprometido. La falda del pico Amargones
ha visto subir a cinco de nuestros compañeros lanzados como aviones a su aventura (no estaría de más avisar cuando nos separamos del grupo). El olor del tomillo es intenso.
Atravesamos la garganta. Está inundada y buscamos pasos por las piedras y las rocas. El río está lleno de esculturas de hielo con mil formas caprichosas. A veces brilla el sol intensamente sobre algún grupo de ramas heladas. Son preciosas. Y durarán hasta que el poco calor del sol las derrita. Puro arte efímero.
Adelantando el camino llegamos a las
cabañas de Santas Martas, antes un pueblo. Se dice que murieron todos a la vez por la ingestión de un pan en mal estado. Nos reagrupamos. Miramos con preocupación hacia el Pico Portilla, a nuestra derecha, porque se le ve rodeado por una corona de rocas haciendo que el paso sea difícil. Seguimos ahora por un sendero entre escobas. En el collado Tijero observamos
incluso las terrazas con prismáticos para ver por donde atacar esta cumbre. Diez montañeros deciden subir. A la vuelta nos cuentan que el paso era muy fácil, la vista inmensa y encima observaron numerosas trincheras circulares. Estas, construidas en cantería y con gran esfuerzo, fueron tomadas en un solo día (9 de septiembre de 1937) sin encontrar gran resistencia. Por el cortafuegos que había antes del collado se accede a la zona de Corrales Viejos (17
92 m de altitud), donde hay un gran fortín cuadrangular que no vimos. Recuerdos de unos tiempos horribles.
Los que seguimos la ruta prevista vamos bordeando el pico por un sendero de cabras. Al poco tiempo encontramos el aprisco construido contra un anticlinal que forma cueva, un lujo de sito, asoleyado y con vistas inmensas hacia el horizonte. El embalse de Selga de Ordas brilla intensamente. Se ve la cinta de la
autopista muy cercana, aunque por otro lado lejanísima en estos valles en los que el tiempo y la modernidad se han detenido. Aquí no tiene sentido la prisa y el hombre se vuelve necesariamente un contemplador. La bajada la realzamos por senderillos tupidos por matas y algunas calvas de roca molida por la erosión. Estamos enfrente de la Sierra Negra y bajamos rápidamente hacia Portilla de Luna. Por el camino existe un sabinar de montaña de un verde muy intenso. El pueblo aparenta estar vacío. Volvemos a la fachada este donde no da el sol. Otra vez esculturas de hielo. Probar la frígida
agua de la fuente ya merece la pena una visita.
Por el sendero de Villar entramos en la pista que nos llevará a Piedrasecha. Pasamos debajo de una gran roca que llaman la Peña La Viruela, curioso nombre. Afortunadamente la helada hace que el suelo esté granítico. Si no fuera así el barro nos habría cubierto. Sobre las cinco horas y media llegamos al pueblo. Dicen los mapas que el recorrido era de 10 Km. Pues sinceramente nos han parecido bastantes m
ás. Los montañeros que subieron nos están esperando. Su recorrido más exigente les ha permitido acortar.
Hace mucho frío. Está empezando una nueva helada. Montamos rápido y empezamos un pequeño recorrido turístico por los pueblos de la zona de la Magdalena buscando donde nos permitan comer con un buen vino a mano.
No lo encontramos. Todo ocupado o cerrado. Lito tiene razón y es mejor irse a Campomanes. Con hambre canina aguantamos con humor y alguna cabezada. Media hora y nos reciben maravillosamente.
El día muy frío, pero con una intensa luz azul. Estos montes de León nos han parecido bellísimos. Confesamos nuestra ignorancia. No los conocíamos y nos prometemos volver no tardando mucho.
La próxima semana terminamos el recorrido por la costa llanisca que habíamos emprendido el año pasado. Este tramo es el de Llanes a Niembro pasando por las playas de Portillo, Celorio, Borizo y Barro. Son 10 ,7 Km. No olvidéis el traje de baño.
FRESINES
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