jueves, mayo 29, 2014

LA CABEZA L’ARCU, FANTÁSTICA BALCONADA A TODOS LOS CORDALES DEL CENTRO DE ASTURIAS



24 de MAYO de 2014

Va acabando el mes de mayo y el tiempo que fue muy bueno empeora haciendo las tardes más frías y obligándonos a desempolvar la ropa de invierno ya metida en el fondo del armario. No seamos pesimistas. Durante toda la semana nos amenazaron con torrentes de agua para el sábado. ¿Y cómo resultó? Apenas diez minutos de llovizna leve en las estribaciones de Caleao.

Habíamos salido muy pronto de Oviedo, por aquello de la costumbre ya que no es una ruta excesivamente larga. Así que a las nueve de la mañana cruzábamos Caleao para emprender la subida por el tranquilo valle Xulió, a la vera del río del mismo nombre. La subida es digna de recordarse; tranquila, con suaves recuestos, de fácil orientación porque está muy bien señalizada. La travesera del bosque maravillosa, a la altura de los grandes bosques de Asturias. Salimos de la espesura para cruzar el río que al poco se sume quedando a la vista nada más que el inmenso pedregal, de lo que en su día fue sin duda una lengua de hielo, cayendo desde el Retriñón. Cruzamos la riega seca varias veces hasta coger definitivamente la margen derecha hasta las cabañas de la mayá Xulió. La temperatura es buena, más bien fresca, invita a caminar fuerte. Subimos a la collada, sin más complicaciones.

Desde la collada el Arcu hay dos caminos practicables. Vamos a intentar hacer un circuito para dar más variedad a la expedición. Subimos por el camino de la izquierda que zizaguea entre rocas ascendiendo rápidamente. Saliendo al primer colladín hay que seguir un buen corredor, bastante inclinado, que arrimado a la roca, se alza ya de manera definitiva sobre el fondo del valle. Luego algunos prefieren seguir por la arista que sin tregua lleva, filosa, a la cumbre. Los demás preferimos bajar a la amplia ladera por la que discurren varias sendas de animales de dos y de cuatro patas. Es una subida menos arriesgada y la seguimos con tranquilidad. Arriba encontramos a una pareja que está haciendo el concurso de cumbres de la federación.

Naturalmente nos enrollamos a identificar cumbres rodeados como estamos por todas las esquinas. Curiosamente la más difícil de encontrar, al menos para mí, fue el Cuyargos. Pero tenemos al alcance de la mano Ten y Pileñes, El Canto Cabronero, El Tiatordos, El Campigüeños, el Vízcares, por no hablar de los muy cercanos Muezca, Tabierna, Retriñón. Restos de la última nevada de esta semana en todas las cumbres altas, especialmente en el Torres. No tenemos ninguna prisa y aquí estamos de vicio. Como la alegría no puede durar unas negras nubes se van metiendo por el horizonte inmediato. Esto unido al viento que se ha levantado nos aconseja emprender a tiempo la retirada.    

Bajamos por el valle del medio. Este grupo subió francamente bien, con estilo y fuerza. Parece que estamos bien pertrechados de forma de cara al duro verano montañero que tenemos por delante. Pero bajando esta gente casi vuela. Qué ritmo de bajada. El sendero está muy bien jitado y gracias a eso no nos tiramos de frente hacia el profundo valle, de difícil paso, sino que vamos bordeando hasta tres cantiles de la larga falta de la Cabeza L’Arcu. Pasado el último empieza el descenso definitivo. Y mejor lo hacemos en diagonal evitando los molestos restos de las árgumas quemadas en un incendio reciente.

Así salimos a la collada L’Arcu de nuevo y para ahorra tiempo bajamos por la riega de la izquierda que acaba empalmando con el GR antes de las cabañas de Fresneu. A partir de aquí es una continua bajada, entre robles, acebos y fayas. El camino bastante embarrado por las últimas lluvias y por el paso del ganado. Finalmente pasado el último pilón el camino gira casi en ángulo recto a la derecha bajando ya claramente al camino de los Arrudos.
Siempre es cosa impresionante bajar paralelo al río que impetuoso deja oír su voz desde muchos metros más arriba. Siempre es un espectáculo la sucesión de cascadas y ollas, la excavación del agua sobre la roca. Pero como las nubes están muy, muy negras bajamos francamente deprisa, deteniéndonos a penas para hacer unas fotos en las dos o tres cuidadísimas cabañas que están al margen de la senda. La proximidad de los prados anuncia la cercanía del pueblo, cuando empieza a llover débilmente. No hay que asustarse, después de todo lo recorrido nos da casi igual. Pero la lluvia nos es más que un amago porque dura apenas diez minutos y cuando nos queremos enterar ya estamos en el aparcamiento de la senda de los Arrudos donde está el autocar. Bien por Luis que nos quitó la odiosa subida hasta la plaza del pueblo. Nos podemos cambiar junto a la fuente, siempre da gusto ir fresquitos a comer.

Comemos en Casa Linares, donde como siempre nos reciben requetebién. Nuestro propósito es marchar  pronto para que la gente pueda ver el final de la Champions, que hay más deportes que la montaña.

Terminamos el mes con una clásica que el año pasado no pudimos hacer por la niebla: es la subida por el Alto La Llama para ascender al Pico la Múa y al Mirueñu y desde allí saltar al Pienzu y bajar por la Texera a Gobiendes. Es una ruta larga pero sin ninguna complicación y además agradecida de realizar a poco que el tiempo acompañe. No hay que dejarse asustar por los agoreros, ya veis que esta salida por Caleao fue totalmente en seco, a pesar de lo negro que nos lo ponían las televisiones. No hay excusa para salir de casa.

FRESINES


miércoles, mayo 21, 2014

EN LOS ALBOS CON UN SOL RADIANTE Y EL ESTALLIDO DE LA PRIMAVERA



17 de MAYO de 2014
           
Si la bajada al Oyo L’Madre fue maravillosa, esta excursión no le quedó a la zaga. Juntamos tres elementos claves para que todo saliera bien: el espléndido día de sol, el paisaje de Somiedo y el buen ambiente del Grupo Las Xanas. Con esos mimbres es difícil que las cosas pudieran salir mal. El resultado: uno de esos días imborrables que siempre recordarás como una explosión de optimismo.

Empezamos en La Farrapona. El viaje en autocar se nos hizo un poco eterno. Pero llegamos y salimos con ganas. Viento frío, que destempla, pero también que barre las nubes. Vamos al lago la Cueva. Luego la conocidísima subida a los lagos superiores. Vamos virando del segundo lago, Cerveriz, al tercero La Calabazosa. Hasta aquí la ruta es un buen paseo al sol. A pie de lago se observan las construcciones artificiales para elevar el nivel del agua.

Comienza la subida. El Albo Oriental es una afilada arista. El ataque es sencillo en el inicio: subir por la loma en su parte menos inclinada. Una balconada en la primera colladita es ya el primer mirador en el que a la fuerza hay que pararse a contemplar. Las lejanas Ubiñas y los inmediatos Calabazosa y Solarco que subimos en el otoño pasado. En la vega, rabiosamente verde,  vivero natural de mil flores, hay una serie de pequeñas lagunillas que no se suelen ver más que en primavera.

Volvemos la vista a la pared. La canal por donde se podría subir está totalmente cubierta de nieve formando una pala muy inclinada que no deja de tener su peligro. Decisión: el grupo sube por un conjunto de rocas a la derecha de la canal, haciendo continuas trepadas en buena caliza, y divirtiéndose, de paso, un rato. Hay quién se lo toma como un entrenamiento para la subida que nos espera en setiembre a Torrecerredo. Y que como no nos portemos un poco mejor dice que no nos va a llevar. Tenemos que parar de la risa, Milio, qué le vamos a hacer.

Gracia no las tiene todas consigo por aquello de la verticalidad y dos caballeros voluntariosos le ofrecen por subir por la rimaya de nieve, cruzando el nevero por su parte más estrecha. Resulta una aventura sencilla, como algún paso algo expuesto en un corredor corto y de buenos agarres. Chica te estás superando. Al fin todos arriba. ¡Qué gozada! El mundo a nuestros pies. Lo primero el Lago Calabazosa, con las Ubiñas de fondo; luego, circunvalando el Lago del Valle que no vemos, la Muria Brava, La Torre de Orniz y las Morteras. Delante La Chana, El Canalón (al que deseamos ascender en el 2015),  La Penouta, el Cornón…

Qué bien estamos aquí arriba. Un buen rato más que a gusto. El sol ya calienta, pero no molesta en absoluto. La brisa es refrescante. Hay grupos de montañeros por todos los lados.

Por fin decidimos marchar de esta cima. El paso al Albo Occidental es un juego de niños. La vista es igual de buena y mientras estamos aquí Miguel y su gente se ha ido al Pico Rubio. Esta pirámide truncada es realmente “rubia” en la distancia, por el color tostado de la roca. Finalmente todos acaban viniendo a nuestro pico porque casi hemos aparcado aquí. Ya estar juntos nos vale para hacer una foto de recuerdo en este nuevo marco incomparable. Un grupo muy largo de andarines se dirige a Torrestío, otro bajo nuestros pies se dirige a La Cueta. Y muchísima gente alrededor del gran Lago del Valle. Qué raro verlo sin su habitual bruma. Contamos desde esta atalaya historias de damas enjoyadas que al ir a lavar pierden su tesoro en las aguas. Nos vamos al Pico Rubio.

Este tiene una subida de lo más entretenida si en lugar de rodear por la antecima, emprendes la subida directa. Hay una losa de buena piedra bastante inclinada, pero llena de muescas y grietas para poner pies y manos. Subimos por lo difícil, como no podía ser menos. Prácticamente las mismas vistas y a estas alturas, ya tenemos borrachera de montañas. Un día como el de hoy hace afición de la buena.

Bajamos por la directísima al Lago del Valle. Es algo prohibido en las ordenanzas de regulación de uso del parque natural, pero nosotros tenemos el correspondiente permiso para utilizar los senderos antiguos de los pastores. La bajada es entretenida hasta llegar a la orilla misma. Muchos montañeros descansando por aquí. Miguel que ha bajado por otra canal nos cuenta que se encontró con Luis, nuestro amigo de Laciana que anda con su gente haciendo montaña también por aquí. Es una pena que no nos encontráramos. Me llama por teléfono para saludarnos y de paso, para quedar en la subida a Los Fontanes. Que os vaya bien por estas nuestras montañas.

La vuelta a Valle de lago, ya se sabe: cansados, con la monotonía de la pista y cinco kilómetros por recorrer. Se hace algo pesado. Pero todo queda mitigado por la inusitada belleza del paisaje y por la entretenida conversación. Al fin en el pueblo, después de superar el barrio de L’Outeiro y al bar de siempre a por una bien fresca cervecita que se agradece con el calor. El bar está lleno de montañeros comiendo así que bajamos hasta el autocar que está en la primera recurva esperándonos.

Con pesar abandonamos los valles altos de Somiedo pero, qué se le va a hacer, es la hora de comer y eso no lo perdonamos. Pasan de las cinco de la tarde, esto es habitual en Las Xanas. Bajamos a la Pola a aquel restaurante que descubrimos el año pasado y que tiene hasta una terracita para los amantes del sol. Allí estamos un par de horas bien a gusto. A los postres empiezan a surgir de misteriosas bolsas las exquisiteces: el bizcocho por un lado, las rosquillas por otro y de postre el gran bollo de Pascua con el que nos obsequia Lía.

Ha sido un día montañero de lo más completo y aprovechado. Queremos que haya muchos más así. De encargar buen tiempo se encarga Lito aunque no siempre hecha las monedas adecuadas en la máquina del clima. Esta vez sí acertó. La próxima semana atacaremos La Cabeza L’Arcu en ruta circular desde Caleao. La excursión es sencillamente maravillosa y disfrutona como pocas aunque haya que darse una paliza. Sólo necesitamos que Lito vuelva a acertar con el tiempo. 

FRESINES

miércoles, mayo 14, 2014

BAJAMOS AL OYU LA MADRE



10 de MAYO de 2014

Un regalo de ruta. Empeño personal de Gelu que desde hace tiempo intentó bajar al grupo aquí. Hoy se le logró. Muy buen día, un recorrido muy completo. Por la carretera de los Lagos sube una buena punta de ganado renqueante; no les gusta el asfalto.

Hicimos las etapas como estaban previstas: primero La Buferrera, para bajar después a Belbín, campera verde con los primeros terneros del año pastando la hierba fresca, intenso colorido verde.  Luego a la collada y desde allí subimos al Cantón de Texeu, el que empieza a ser el pico más ascendido por el grupo en los Picos de Europa. La subida guapa, fácil. Nos dedicamos a buscar otra canal distinta y la encontramos en una horcada más a la izquierda de la tradicional. Luego en la cima del monte el paso está lleno de trampas, pero ya se sabe, esto es caliza de Picos de Europa.

Buena contemplada sobre el Cornión: Enol, Los Asturianos, Los Traviesos, la Torre Blanca, la aguja Gregoriana, Peña Santa… no mucho más porque una nube cubre el resto. Pero vaya vista. En verano gatearemos por allí. Bajamos buscando un poco los mejores pasos, teniendo en cuenta que no hay mucho donde escoger.

Nada  más llegar el collado rodeamos el Cantón de Texeu para empezar un rápido descenso por la primera embocadura de la derecha. El camino empieza a estar bien marcado. Alguien añadió pinturas rojas en los árboles. La bajada es rápida, el descenso bastante abrupto. Pero se hace bien. El tronco quemado sigue siendo una buena referencia y más vale seguir por su derecha. Muchas revueltucas más abajo, agarrándose a los jóvenes troncos para hacerlo más fácil. Ya se oye el rumor del agua.

Tardamos todavía veinte minutos en llegar a la orilla del Casaño. Tal parece que estuviéramos oyendo la canción:
 “yo quiero caminar donde no haya sendas
   Yo quiero seguir por la vereda
   Junto a un río que mañana nacerá”

El rumor es intenso. Avanzando hacia la cabecera del río están allí esperándonos los compañeros que no subieron al Cantón de Texeu. Apostados, contemplando la increíble salida del agua en chorro desde una roca elevada. Se pulveriza el agua en mil direcciones. Este sitio es muy especial. El rumor del río puede hasta con las conversaciones que se acaban apagando para sumarse al incesante parloteo del agua que lo invade todo.  Trabajo para las cámaras en el intento de recoger toda la belleza del lugar más especial del Cornión.

Tenemos que subir. Hace calor. La agradable brisa quedó muy arriba. Se hace penosa la subida. No hemos hecho cima, pero esto es igual de duro. Vamos remontando tranquilamente. Uno de los caminos pasa por un corral de cabras formado por hasta trece somieres de cama. Hay que sacar a los objetos el jugo hasta el final. Cuando una vez vine a preparar esta salida un jabalí emergió entre dos cantos y visto y no visto.

Desde arriba volvemos la vista atrás. Se ve perfectamente la Vega Espines entre la Peña Ruano y el lejano Jascal. ¿Tendrá comunicación este río tributario del Casaño con el Oyu La Madre? Creemos que sí, probablemente por la Canal del Picho u otra similar.

En lo alto la brisa. Muy llevadera. Bajamos a Comeya por las sendillas del ganado, hasta encontrar la senda grande que atraviesa todo el valle carbonífero. Ya sabéis que es una turbera en formación. Virando hacia la izquierda, pasando varias veces el riego, cogemos el camino que sube al Escaleru. Las minas de manganeso. La Vega de Comeya luce todas sus galas primaverales. Repleta de flores recibe al primer ganado de la temporada, entre la algarabía de los pájaros que anidan en los majuelos.

Entretenida subida por la rampa que lleva al túnel. Allí nos alcanza Miguel y su grupo que vienen de hacer una arriesgada y hermosa canal por un lateral del Cantón de Texeu. Atravesamos el túnel ¿artificial? Para volver a subir al otro lado hacia las vallas que cierran la Buferrera. Allí podemos quitarnos un poco la sudada, primera de la temporada. Empieza a hacer calor. Los días crecen. Empieza la buena temporada para   hacer montaña.

El bar de Sohornín está abierto. Llegamos con ganas de beber y se desviven por atendernos con la urgencia que mostramos. Agradabilísima comida en un marco inmejorable. Volvemos a despedir a Pablo, esta vez ya de verdad y casi se nos cae la lagrimita.

El día 17 repetimos una de las clásicas: Desde el alto de la Farrapona subiremos al lago Calabazosa para atacar desde la vega los dos Albos y el Pico Rubio que está en medio. Luego bajaremos a El Coto, por la pista que hay a sus pies. Promete ser una magnífica excursión.

FRESINES

martes, mayo 06, 2014

LAS XANAS EN LA GARGANTA DIVINA



36 de MAYO de 2014

Hacía tiempo que no visitábamos el Cares de una forma relajada. Normalmente siempre lo pillamos al final de una ruta y después de bajar mil quinientos o mil ochocientos metros, la senda del Cares se convierte para nosotros en un pasillo que hay que liquidar cuanto antes y más, teniendo en cuenta que vienes de estar en la extrema soledad de los picos, y al llegar aquí abajo te metes en la aglomeración.    

Pero hoy era el día para disfrutar de esta larga senda. Así que con autocar grande, niños y adolescentes incluidos, salimos de Posada con un reluciente día de sol que ya anima lo suyo en esta nuestra actividad pedestre.  Nos organizamos bien y todo está bajo control. Salimos al Mirador del Tombo. Las siluetas de montes conocidos como la Pica de Asotín y la de otros menos conocidos como el Jancao nos valen para discutir un poco, que nos gusta. Luego la incisiva pregunta del preguntón nos pone a buscar la Aguja María Luisa en aquel caos desorganizado de cumbres. La encontramos. Los ojos se nos van a la plataforma de la nevada Palanca.

Seguimos hacía Corona. Breve tramo de carretera y la gozada de cruzar por majadas que estallan de verdor. Estampa inolvidable. Casi más guapo que el resto que nos queda por ver. Pequeña duda y salimos por el Puente Santiján a la carretera. El Cueto Agudos impone su rotunda silueta y obliga al río a doblarse en un tajo difícil de atravesar hasta para las bravas aguas. Vamos muy atentos a las canales de bajada. Los estratos de roca de la garganta son alucinantes. Quebradas, plegamientos, puro plástico en manos de un alfarero loco. El agua gotea por numerosos huecos de la pared.

Paramos en Caín. Este pueblo de pastores ha sufrido una profundísima transformación. Ahora el maná somos nosotros, el turismo. Todo se ha convertido en servicios, y queda poco de aquella aldea de la que hablaba Saint-Saud llena de piojos, en la que la gente moría joven. Amigos, esto es el progreso.

Vamos a los Llanos, atravesamos a la otra margen; mucha gente. Pero no estorba. Es más nos alegra ver que el turismo de naturaleza ha tomado una fuerza inusitada y que la filosofía es que lo natural es un bien de todos y para disfrute de todos, si es que sabemos medirnos un poco (creo que más bien, no). Volvemos a atravesar por encima de la presa. La salmonera que hay trazada es inútil por lo empinada que está.
Dimos en el autocar una hoja guía del Cares que nos ayuda a ver detalles singulares que no se suelen apreciar. Así en el primer túnel, al abrirse el mirador se ven los agujeros trazados para construir una nueva salmonera de madera.

Pero lo que de verdad obsesiona a este esforzado y valiente Grupo de Montaña son las canales. Todos los difíciles caminos hacia las cumbres, de nombres míticos. Los caminos antiguos, las complicadas sendas mineras… Arzón, Las Puertas de Moeño que se ven desde Caín, La Jerrera, Oliseda, la riega de Hojas (esta la subimos el año pasado), Dobresengos, el cuchillar de Mabro, Ría, la Cueva de Cámara, Trea (para el año que viene, espero)… y tantas que me dejo en el tintero. Mención especial de La Tranvía y el camino viejo a Bulnes que alguna gente tiene muchas ganas de recorrer y que, espero, lograremos pronto.

La ruta es una sucesión de discontinuidades, el agua excavó el lecho de la roca y sigue haciéndolo. Un geólogo me cuenta que ha comprobado que rocas recientes en su proceso de meteorismo han quedado 90 metros por encima del cauce actual del río. Significa que la erosión del río continúa con fuerza. Es curioso por dónde lograron meter la canal del agua. La senda (cincuenta años posterior) a veces se encuentra por el camino, a partir de Culiembro va por encima de él, pero en lo profundo y más estrecho del desfiladero circula por debajo de nosotros. Teniendo en cuenta que la caída desde Camarmeña tiene unos setecientos metros, qué estudio tuvieron que hacer aquellos ingenieros vascos. Que trabajo el de aquellos 45 cabraliegos, que atados a cuerdas tendían puentes, rompían la roca, dominaban la bravura del agua. Setenta y un puentes salvan el incesante paso del agua.  

El camino está armado, incluso con altos arcos en forma de puente, en muchos tramos. Mirando hacia atrás de vez en cuando, se ven muchas cosas. Por ejemplo, lo peligrosísima que es esta senda con pavorosas caídas sobre el abismo. En la Huertona argayó. Lo arreglaron con un puente clavado en la roca. Podrían cobrar un simbólico euro por cruzarlo. Han tenido el acierto de dejar una parte del suelo con rejilla para que la gente entienda que está sobrevolando el río que divisas 100 metros por debajo.

En Culiembro descansamos un poco. Aquellos cabrones están enseñados a pedir comida y meter el hocico en las mochilas. Otra posible ruta: Subir por La Raya hasta Ostón y bajar por Culiembro. Habría que ojear primero como está de vegetación la inclinada canal primera. En la Viña el espectáculo de los espectáculos es ver la surgencia de agua del Farfao, que brota intenso, en chorro potente, con aguas prácticamente blancas, enfriando notablemente la temperatura de las del río. Un regalo de los Traves.

Una sección se desgaja del resto y baja por la ladera al primitivo camino que sigue junto al río. Tiene su cosa delicada por la posible caída de piedras provocada por las cabras. Pero bajan en un pis-pás y sin ninguna duda. Subimos Los Collaos, con su famosa piedra en forma de bulbo, pasamos a la altura de El Joracao, famoso arco de una sima que quedó al descubierto cuando el río hizo su labor erosiva. Juro que nunca lo he visto y tendré que fijarme la próxima vez.

Bajamos a Rexes y la Trapa sin más novedades dignas de mención. Antes habíamos pasado por el puentecillo de madera que salva la riega de La Valuga. Hay una compuerta de regulación, y el tramo de canal está también aquí numerado. Aquí se ve muy bien el valle glaciar que abrió en principio este hueco de forma suave y continuada, antes de que el río loco de furia por estar preso entre rocas, rasgara el bonito valle excavando un tajo tan profundo que casi no se ve el surco del agua. Como uno no tiene otra cosa que hacer y vino aquí en el día de hoy, nada más que a contemplar, le dio por contar las curvas de la senda resultando a la derecha 41 revueltas y a la izquierdas o cóncavas treinta y ocho. En fin que los que trazaron la senda eran gente superior.

Lo hemos pasado muy bien. La comida en Poncebos es muy agradable. Nos queda el itinerario geológico de la senda del Cares, porque siempre hay que dejar algo pendiente para tener la excusa de volver. Lo importante: que la próxima semana tenemos otra maravilla natural con el río Casaño como protagonista único. Bajamos al Hoyo La Madre, en un auténtico privilegio para los que se atreven a meterse en las honduras de los Picos de Europa. Advertencia: habrá barro probablemente.

FRESINES